De regeneracionismo y bachillerato

Por Luis Arias

“Los españoles no nos aprovechamos del esfuerzo ni del saber de nuestros antepasados; todo lo fiamos a nuestro escarmiento personal. Será que la cultura en España es discontinua, inconexa; será que cada generación desaparece para siempre en un abismo de olvido. Todas las que siguen pierden un tiempo precioso en averiguar por su propia cuenta lo que en llegando a la edad de la razón debieran poseer por herencia. Los españoles no heredamos ninguna sabiduría. Cada cual aprende que el fuego quema cuando pone las manos en las ascuas”. (Azaña)

“Es inútil callar la verdad. Todos estamos mintiendo al hablar de regeneración, puesto que nadie piensa en serio en regenerarse a sí mismo”. (Unamuno)

Las declaraciones de Pérez Reverte afirmando que uno de los males de nuestro tiempo en España consiste en que muchos políticos no tienen estudios de Bachillerato despertaron mucho interés mediático. No es para menos. El problema, sin embargo -perdón por la perogrullada- no está en poseer el título de marras (sobre todo si se obtuvo desde la LOGSE a esta parte), sino en tener suficientes inquietudes para adquirir unos conocimientos mínimos que nos desasnen lo más posible. Y lo que al respecto debe entenderse es que la sociedad tendría que ser mucho más exigente con una mal llamada «clase política» cuyo nivel está yendo a menos de forma preocupante.

Cierto es también que esa cultura del Bachillerato, tal como debería ser, podría llevar también a la comparación entre el episodio galdosiano que se ocupa del mismo momento histórico que la última novela del señor Pérez Reverte, y, en ese caso, es más que posible que don Arturo deslumbrase a menos lectores. Pero ésa sería otra historia.

Lo que en verdad se ventila aquí es el abandono de la excelencia en el conjunto de la vida pública, no sólo política, en España. Y, estando obligados a seguir con perogrulladas, conviene huir de discursos demagógicos. La excelencia no es clasista. No se trata de que los más capaces sean los que están en posesión de más títulos. Pero se agradecería mucho que todo el mundo, más si se está en la vida pública, fuese consciente de sus limitaciones e intentase aprender todo aquello que le tendría aportar los instrumentos necesarios para discernir los asuntos que dicen administrar.

Entre las muchas cosas que esta sociedad necesita se encuentra, a no dudarlo, un mayor nivel de exigencia de la ciudadanía hacia aquellos que dicen ser nuestros representantes democráticos, mayor nivel de exigencia que (sin salirnos de las obviedades) está muy por encima de las cuestiones partidistas. Y este nivel de exigencia se encuentra estrechamente relacionado con la necesidad de regeneración en la vida pública.

A este propósito, nos viene pintiparada la cita de Azaña que encabeza este artículo. Nadie parece darse cuenta, ni siquiera en muchos de los ámbitos de opinión publicada, de que este país lleva demasiado tiempo pidiendo a gritos una regeneración. Como mínimo, desde Costa y Ganivet en adelante. Está claro que España ha cambiado mucho desde entonces, lo que no es óbice, por desgracia, no sólo para que siga existiendo un caciquismo nocivo para la vida pública, con sus inevitables dosis de corrupción, repartidas más o menos por un igual entre los dos grandes partidos. Negar esto, como se hace con discursos mercenarios desde ambas trincheras, significa incurrir en un maniqueísmo insultante a la inteligencia y afrentoso contra la excelencia que reclama con razón el creador de Alatriste.

Cuando leí en el editorial de LA NUEVA ESPAÑA la necesidad que tiene esta sociedad de una regeneración política para salir del continuo deterioro que sufre la vida pública, no pude no recordar el último libro de José Carlos Mainer, «Modernidad y nacionalismo», que se ocupa con tanta erudición como sagacidad de ese período de nuestra cultura al que llamamos la Edad de Plata.

No es admisible que, a la hora de analizar nuestro presente, no se quiera, por desidia y por intereses bastardos, tener en cuenta esa época de nuestra historia llena de melancolía y pesimismo por los males que aquejaban a la España de entonces, pero que, al mismo tiempo, contaba con los mejores literatos y pensadores que hemos tenido en nuestra España contemporánea.

Lo que tiene que afligirnos es que si de un lado el caciquismo, aunque muy cambiado, sigue ahí, no existe la contrapartida de contar con una serie de grandes escritores cuyos estandartes eran su talento e independencia y que, por otro lado, no dudaron en combatir las miserias de su tiempo.

¿Acaso es imaginable que, ante lo que nos sucede, una figura como don Miguel de Unamuno, cuyas palabras que encabezan este artículo las escribió en 1898, permanecería en silencio?

En efecto, no es ésta la España aquélla en la que Costa propugnó la despensa y la escuela como las principales recetas contra el hambre y el atraso que entonces se padecían. Por fortuna, las cosas son de otro modo. Ahora bien, no tenemos a aquellas grandes figuras como desquite ante las miserias que se están produciendo un día sí y otro también en la vida pública.

Lo más terrible que escribió Ortega en aquel famoso artículo sobre el error Berenguer fue que el pueblo español era «mansurrón» y «lanar», que se dejaba llevar fácilmente y que se conformaba con casi todo. Sería deseable pensar que hoy no afirmaría algo así. Pero, en todo caso, resulta inquietante que este país se resigne a convivir con la corrupción en la vida pública y que, en muchos casos, no pequeña parte de la ciudadanía vote tapándose la nariz.

Y, para colmo de insatisfacciones, no contamos con un Valle- Inclán que plasme lo que está ocurriendo, ni con un mundo universitario que prepare a los mejores como en su momento hizo la Institución Libre de Enseñanza.

Lo terrible es que, teniendo necesidad de regeneración, no haya regeneracionistas. Es que, teniendo necesidad de referentes, la orfandad intelectual en la que vivimos sea tan desoladora.

Categoría: Enseñanza Comentarios(10) abril 2010

10 Respuestas a “De regeneracionismo y bachillerato”

  1. Aquiles Says:

    Ambas cosas están muy ligadas entre sí: la ignorancia de los profesionales de la política y la necesidad de regeneración de la vida pública. De ambas cosas se deduce, como bien se dice en el artículo, que urge que la sociedad eleve el listón de su exigencia, empezando por ella misma.
    Excelente artículo.

  2. Republicano Says:

    Como usted sabe mejor que nadie, ese regeneracionismo por el que aboga, tan necesario y unido a unas aspiraciones intelectuales mayores, tiene en nuestro país un nombre: República.
    Por cierto, hoy es 14 de abril.

  3. Jugo de Unamuno Says:

    Unamuno no estaría callado, desde luego, ante tanta ignominia y chabacanería en la vida pública.
    Mirar para otro lado, o hacer de opinante mercenario de la trinchera que sea, es miserable y ruin,
    Y cobarde.

  4. Barón rojo Says:

    Esto se arreglaría también con libros, es decir, con cultura, empezando por la historia de España, que nadie recuerda ni quiere recordar.

  5. Tarquina la humilde Says:

    El intríngulis es muy sencillo. La gente de mayor valía y con mayor vocación de servicio público fue dejando la política, al tiempo que los profesionales, como parásitos, la fueron tomando.
    Ante ello, sólo caben dos caminos. O que la sociedad se rebele y plante cara, o que sigamos como estamos, aunque puede que vayamos a peor.

  6. Hector Says:

    Leete la novela de Reverte,compañero,antes de meter a Galdós en danza. Acabo de leerla hace dos días, y con todo el respeto para el abuelo Benito, lo del Reverte es una novelaza. A cada cual lo suyo. Y ojalá escribiendo novelas y artículos hubiera más Revertes en este paíos de mediocres, de cobardes y de mangantes. Salud y república, hoy 14 de abril.

  7. Piecho categorial Says:

    No sé si será tan extraordinaria la novela de Reverte; en todo caso, las tesis del artículo son asumibles de principio a fin.

  8. R.M. Says:

    El chorizo no va a mejorar porque se le cambie el envase. Mi lema es “cultura, trabajo y libertad”. Prefiero una monarquía-republicana,
    como la actual, a una monarquía o república absolutistas, ejemplos existen . No obviemos la Historia.
    salud y monarquía.

  9. Sally Says:

    Los comentarios de los lectores son aplicables a los partidarios de los dos partidos politicos mayoritarios. En realidad de qué hablan? ¿qué está ocurriendo ahora mismo con Garzón? Por qué esa necesidad tan belicosa de juicios a individuos del franquismo muertos? ¿por qué tanta división despues de tantos años? Para mi hay una manipulación por una parte de la izquierda,del dolor sufrido por los vencidos. Creo que sin estos temas la izquierda perdería muchos votos, porque todos están como muy bien dice el articulo igual de podridos, se dedican a la política porque no valen para nada. Deberíamos ser más exigentes con nuestros politicos y avanzar en la democracia y si existe una parte de la población que quiere justicia pues que me digan ¿cómo?

  10. Ceballos Says:

    Lo que más escasea en este país, y en esto el artículo acierta de lleno, es el afán de esfuerzo. Alguien debería explicar a la concurrencia que hay muchas cosas por las que vale la pena esforzarse, si no se quiere ser borreguil.

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