Lecciones de liberalismo (En el cincuentenario de la muerte de Marañón)

Por Luis Arias

«Otra generación se inicia en 1910. No necesitamos citar ningún nombre de estos jóvenes escritores. Representa este grupo un paso hacia delante sobre el de 1898. Si en el de 1898 hay un espíritu de renovación y de independencia –un espíritu iconoclasta y creador al mismo tiempo–, en el de 1910 este espíritu se plasma y encierra en métodos más científicos, en normas más estudiadas, reflexivas y modernas. Han estudiado más estos jóvenes de ahora, han disciplinado su espíritu, han estudiado en el extranjero; se han formulado, en suma, “el problema de España” en términos más precisos, claros, lógicos e ideales». (Azorín en 1912)
«La generación de los hombres maduros de hoy, que ha sabido inventar un proyecto de convivencia política, necesita más que nunca extremar su memoria histórica, y reactivar un legado cultural y político, el de los padres de la II República española, cuya virtualidad está aún por ver».
(Pedro Cerezo Galán)

LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES La biografía sobre Antonio Pérez, el ensayo que tiene a Amiel como protagonista, sus estudios sobre don Juan Tenorio, sus teorías sobre el liberalismo, tan bien explicadas con la amistad que mantuvieron Menéndez y Pelayo y Clarín. Hablamos de aquel médico al que nada humano le fue ajeno, especialmente, nada español. De aquel médico que, como su compañero de generación y amigo Ortega, tenía pasión por el género biográfico, que cultivó con profusión. De aquel médico que fue, sobre todo, un intelectual de su tiempo. De aquel médico que, con motivo del quincuagésimo aniversario de su muerte, vuelve a la actualidad.
Hablamos de aquel intelectual que en su momento tuvo un gran protagonismo en la Agrupación al Servicio de la República, aunque, una vez que se proclamó el nuevo Estado, no tardó en distanciarse. Y que, tras el estallido de la guerra civil, abandonó el Madrid republicano, camino de Francia, como había hecho su amigo Ortega. Que regresó a la España franquista en 1942, en la que murió en marzo de 1960.
A la hora de ocuparse de la trayectoria de Marañón, es insoslayable tener en cuenta la política de su tiempo, y no sólo por referir un contexto en el que se vio inmerso, sino también y, sobre todo, porque no se trata de una figura que se aisló de la realidad de su época, sino que, en momentos determinados, intervino en ella de forma decisiva. Se le acusó de intervenir en la «sanjuanada» contra Primo de Rivera. Años más tarde, como dijimos más arriba, se significó en la Agrupación al Servicio de la República. Y, tras la Guerra Civil, sus críticas al Frente Popular fueron inequívocas. A este respecto, es tremendamente estremecedora la carta que le dirigió en ese contexto María Zambrano.
De todos modos, lo deseable –y lo imposible– sería que, más allá del debate sobre su trayectoria política, se tuviesen en cuenta su obra, su ilimitada capacidad de trabajo y, también, sus planteamientos sobre el liberalismo, que son ciertamente muy distintos de los que se esgrimen cada día en la vida pública de este país.
Destacado miembro de lo que dio en llamarse «la tercera España», a la que pertenecieron, entre otros, Ortega y Pérez de Ayala, con la que en modo alguno estaba de acuerdo Azaña.
Más allá de los desacuerdos, legítimos y plausibles, que pueden seguir esgrimiéndose con respecto a sus posiciones políticas, de lo que se trata es de poner en su sitio la valía de una de las generaciones más brillantes que ha tenido nuestro país. Y, por muy extraño que esto parezca, sigue siendo una de las asignaturas pendientes desde la transición a esta parte.
¡Qué conveniente sería recordar entre otras muchas cosas la necesidad de volver sobre Amiel para entender no pequeña parte de lo que Pedro Salinas llamó, con envidiable acierto, a la hora de hablar del ensayismo español de principios del XX, «una lírica de las ideas»! ¡Qué interesante sería cotejar el concepto de «vocación» de Ortega y Marañón para explicar, entre otras cosas, la pasión que entonces se sintió por el género biográfico! ¡Qué ilustrativa fue la decencia que Marañón mostró al denunciar la miseria en la que vivían los habitantes de Las Hurdes, sin acudir a teorías esotéricas!
¡Qué provechoso resultaría acercarse a lo que Marañón dejó escrito sobre Feijoo desde una óptica liberal y, también desde la admiración a un hombre que supo asomarse a lo que sucedía en su tiempo desde una celda en una ciudad de provincias aislada de ese mundo que el benedictino supo captar!
Lecciones de liberalismo con las figuras a las que hemos aludido. Lecciones de una curiosidad sin límites. Lecciones de una generación que, como escribió en su momento Renan: «En tiempos como los nuestros, para tener la conciencia tranquila, uno debe poder decirse que no ha rehuido sistemáticamente la vida pública y que tampoco la ha buscado».
Lecciones de liberalismo. Al margen de los desacuerdos, con independencia de que son muchas las cosas que no pueden estar vigentes, este aniversario tendría que servir, al menos, para que nuestro país pudiese constatar que la vida pública no siempre estuvo marcada por la mediocridad y por los intereses más sórdidos y bastardos.
Que hubo un tiempo en el que se apostó por la excelencia y que no se incurrió en aquello que con tanta precisión llamó Ortega «la barbarie del especialismo».
Ojalá que las efemérides estén a la altura de las circunstancias.

Categoría: 1, Libros Comentarios(9) marzo 2010

9 Respuestas a “Lecciones de liberalismo (En el cincuentenario de la muerte de Marañón)”

  1. Noventayochista Says:

    Como es en usted costumbre, erudición, didactismo y belleza en el texto. Y muy bien traída la infinita distancia entre aquella España de la excelencia y ésta de la mediocridad.

  2. Aquiles Says:

    Se puede entender el horror que debió sentir Marañón ante las checas descontroladas; lo cuesta comprender – y justificar- es que soportase el franquismo desde el 42 hasta su muerte.

  3. Republicano Says:

    Totalmente de acuerdo, Aquiles, huyó de un horror y fue ciego ante otro. No obstante, a Marañón, como se dice en el artículo, no sólo hay que valorarlo por su trayectoria en la vida pública, sino también por su obra y por sus amplios saberes.

  4. Feijooniano Says:

    Por partes. El ensayo de Marañón sobre el personaje de don Juan sostiene tesis peregrinas. Hay en Marañón además mucha moralina poco menos que insufrible. Lo de su aceptación del franquismo como mal menor es, cuando menos, discutible. No hay que sobrevalorar a este hombre, que, por otra parte, fue una gran figura en tiempo de gigantes.

  5. Mnemosina Says:

    No va muy descaminado, Feijooniano, pero piense también en las biografías que Marañón escribió, bin escritas y admirablemente documentadas. Y piensen todos ustedes que Marañón fue la única luz de liberalimo en la dictadura. Nunca dejó de declararse liberal.

  6. Tito Liviano Says:

    Un gran hombre, una generación de gigantes y, en medio de todo ello, una época cruel y bárbara. Ésa fue una de las mayores desgracias de España: cuando alcanzó la excelencia en todas las ramas del saber, la sociedad se volvió loca y vivió el momento histórico más violento.

  7. Sartriano Says:

    Habría que detenerse en la obra de Marañón a partir de 1942 en el sentido de comprobar hasta qué punto estuvo apartado de la vida política oficial y se dedicó a su profesión y al estudio de asuntos de varia lección ajenos a aquella dictadura en la que vivía.

  8. Mayte Says:

    No conozco a fondo la obra de Marañón, pero soy consciente de que se trata del médico humanista más prestigioso de la historia contemporánea de España. Admiraba a Cajal, era amigo de los grandes pensadores y literatos de su época y fue un hombre de estudio hasta el último suspiro de su vida.
    Podrá haber, como se dice en el artículo, discrepancias de actuaciones suyas, pero en la balanza se ve que, por encima de todo, es digno de admiración.

  9. Impresiones e ideas Says:

    Dejando aparte el caso concreto de Marañón, lo común de esta época es que, al recordarla, nos quede un sabor triste, amargo, por lo mucho que se ha desperdiciado en nuestro país.

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