Malos tiempos para las pitas (y para la fábula)

Por Luis Arias

«Larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia, y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas, me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja, a maldecir para mis adentros y a hablar ambiguamente, poco y siempre de otras cosas; es decir, al uso de la ironía, de la metáfora, de la metonimia y de la reticencia»

(Ángel González)

A toda bestia que pretenda / perfeccionarse como tal / -ya sea / con fines belicistas o pacíficos, / con miras financieras o teológicas, / o por amor al arte simplemente- / no cesaré de darle este consejo: / que observe al homo sapiens, y que aprenda»

(Ángel González)

¿Hay algo personal entre las pitas y el señor Cuesta? ¿Está contra la fábula el nuevo director del Museo de Grandas de Salime? ¿Lo etnográfico es lo disecado, como diría Unamuno, y, por tanto, en un museo sobran los seres vivos aunque se trate de gallinas? ¿O es que allí donde hay pitas no hay lugar para el rigor científico? Seguramente, el señor Cuesta está decidido a dejar en Grandas su impronta desde el principio de su mandato, como si fuera Lévi-Strauss, y, claro, las pitas pintas y el gallo sobran. Y es que aquí los «Tristes Trópicos» se están convirtiendo en tristes alas, sobre todo, en el occidente astur.

Esto no sólo no es serio, es que tampoco resulta aceptable literariamente. ¿Qué iba a ser de nosotros sin la fábula? ¿Qué iba a ser de nosotros sin el gallo que había que devolver a Esculapio? ¡Qué menguada estaría nuestra narrativa sin el cuento de Clarín titulado «El Gallo de Sócrates»! Pero, por lo que se ve, las pitas fuera.

Vayamos al verdadero quid de la cuestión, señor Cuesta. Le invito a que lea los artículos que Celsa Díaz publica los martes en esta misma tribuna de la edición de Occidente de LA NUEVA ESPAÑA. A poco que se detenga usted en ellos, se percatará de que incurre en lo que el poeta Ángel González sugiere a los animales: que sigan al homo sapiens (o al homo erectus, quién sabe) y que aprendan. Y caerá en la cuenta también de la incisiva y corrosiva carga simbólica que tiene el gallinero de Paraxes, que, se lo aseguro, levanta pasiones, a veces con risotadas, y, a veces, todo lo contrario. Pero su efecto es de largo alcance, incluso para quienes carecen de él, que ya es decir. Pues bien, mantengo la esperanza de que, tras la lectura de los artículos de Celsa, todo es posible, incluso que reconsidere usted su decisión de desplumar el Museo de Grandas de Salime.

¡Ay! ¡Tanto conocimiento antropológico tenía que derivar en la más científica y rigurosa de las disposiciones imaginables en el Museo de Grandas de Salime, es decir, deshacerse de las pitas!

¿Y qué hacemos con Esopo, señor Cuesta? ¿Y qué hacemos con esa fábula que habla de las gallinas y la comadreja? Nada, nos quedamos sin fábula, sin moraleja y sin pitas pintas, es decir, desplumados de tan buena literatura.

Y es que, mire usted, don Francisco, con medidas como ésta, más allá de lo meramente anecdótico, creo que empezamos muy mal. Primero, le niegan la entrada a la persona que fue el principal artífice del Museo y, después, a la hora de hacerse notar, de dejar claro quién manda aquí, se opta por una decisión que, de entrada, se antoja jocosa a más no poder, pero que, bien pensado, muestra en no pequeña medida el verdadero estado de la cuestión.

En un museo que fue hasta ahora la muestra más completa del vivir asturiano rural, se decide que las pitas sobran. ¿Qué casería no tiene gallinero? Porque, fíjese usted, en los pueblos, gracias a las políticas que se vinieron llevando a cabo en las últimas décadas, apenas hay agricultura y ganadería: cuadras vacías y tierras abandonadas. Pero rara es la casa donde no cacarean las gallinas.

Vistas así las cosas, ¿se da usted cuenta de que con su científica determinación se adelanta a lo venidero, es decir, al momento en que no haya gallinas porque ya no quedará gente, porque la despoblación, como las bardas, las canteras y los eólicos, lo apoderará todo?

Mire, señor Cuesta, a una persona tan culta, erudita y titulada como usted, no hace falta explicarle la trascendencia que tiene lo simbólico. No sólo hablamos de lo imposible que resulta concebir el mundo rural asturiano sin gallinas, sin huevos caseros, sino que también nos referimos al significado de su gesto. Se diría que, en el inventario que se está haciendo, lo que están de más son las gallinas. Así pues, por mucho que haya sido el empeño puesto por ustedes en desprestigiar al señor Naveiras, se barrunta que no es tanto lo que sobraba allí, sólo las pitas.

De modo y manera que los visitantes foráneos, para completar su conocimiento in situ de lo que es la vida rural en Asturias, antes o después de pasar por el museo, deberán acercarse a un gallinero del pueblo para llevarse un recordatorio lo más completo posible de aquello que se ofrece a su vista.

¿Quién nos iba a decir que el rigor, que la gestión más eficaz de un museo etnográfico en Asturias tendrían como punto de partida la expulsión de las pitas de nuestro templo etnográfico?

¿Qué diría Lévi-Strauss? ¿Y qué pensaría el bueno de Sócrates? ¿Y qué relato hubiera escrito Clarín al respecto?

¿Por qué hay tantas conjuras contra la fábula? ¿No se estarán removiendo en su tumba Esopo, Iriarte, Samaniego y La Fontaine, incluso nuestro venerable y venerado Ángel González?

Ha zaherido usted muchas sensibilidades, se lo aseguro.

¡Viva la fábula!

Categoría: Bajo Narcea Comentarios(26) marzo 2010

26 Respuestas a “Malos tiempos para las pitas (y para la fábula)”

  1. Ayalga de Salas Says:

    Como artículo cargado de ironía, está bien. Como aviso a navegantes, tampoco se queda corto.
    Gracias por su independencia.

  2. Obona Says:

    O sea que el problema más grave de Asturias eran las pitas y el gallo de Pepe el Ferreiro. Esto tiene tela.

  3. somiedo Says:

    Siempre que escribe Luis Arias pienso lo mismo:
    No se puede decir mejor y mas claro los problemas de nuestra tierra
    Gracias por ser la voz de occidente
    Me gustaría que la plataforma de apoyo al Ferreiro nos se quedara sólo en este apoyo,que cuando pase este tema( espero que sea con la vuelta de Pepe a su museo)seamos la unión y la fuerza que tanto necesita esta zona de Asturias olvidada por los políticos y en el mejor de los casas como es mi pueblo,Somiedo,¡ Cuánto me gustaría que nos olvidaran!!
    Axa salú

  4. Aguas Mestas Says:

    Pitas fuera. Corbatas al poder. Saneamientos que no se hacen. Canteras que se abren sin parar. Eólicos tomando todas las montañas. Ayuntamientos que sólo se ocupan de recuadar.
    ¡Cuántos elementos a almacenar en el Museo del occidente de Asturias que en el futuro deje registrado este presente infame!
    ¡Haxa salú! También República, don Luis.

  5. ¡Dejadme la esperanza! Says:

    Don Luis o la verdad en la pluma.
    El destierro de las pitas no queda en lo anecdótico, trasciende a nuestra cultura y a la valorización de la experiencia.
    Fabulando encontré a Samaniego, quien afirma “Nos da naturaleza su doctrina.
    Así quien sus verdades examina
    Con la meditación y la experiencia,
    Llegará a conocer virtud y ciencia”.
    Gracias, de nuevo, don Luis.

  6. Castrillonense Says:

    Magnifico artículo, señor Argüelles. Vuelve usted a poner el papel lo que a muchos nos ronda la cabeza y no alcanzamos a expresar. Estoy de acuerdo en que trasciende lo anecdótico; no debemos infravalorar el asunto por la aparente nimiedad que encierra, para no caer en lo cerril. Después de este huracán de acusaciones resulta que llegamos a la conclusión que todo este tinglado fue creado para que las pitas sean sustituidas por extintores para el bienestar de vecinos de Grandas, asturianos y visitantes del mundo. Por eso, muchos sospechamos que las razones son otras y han ocasionado graves daños personales, crisis sociales y políticas, al margen de una carga contra el buen gusto que presidió ese escaparate de la vida rural que (al menos a día de hoy) es el Museo; al menos es lo que se ha demostrado hasta este momento, con una falta de tacto y de tino en las decisiones de la actual dirección. Si esta es la nueva línea que se intenta imponer creo que es lícito que aquellos que no estamos de acuerdo con este enfoque que se le está dando a nuestros equipamientos, alcemos la voz en contra, pues es lo propio en un sistema democrático. Las acusaciones personales entre los protagonistas se dirimirán, afortunadamente, en un juzgado.
    Sinceramente, muchas gracias, señor Argüelles.

  7. ARTO Says:

    NOTA DEL PITO:Ante la actitud de desprecio por parte del nuevo enviado por la consejeria,a nuestro gallinero, y,la forma de desahucio a la que nos ha sometido,este personaje,queremos hacer llegar a todos los asturianos,nuestra mas alada repulsa y comunicaros:A PARTÍR DE AHORA,por mis espolones y los huevos de mis compañeras las pitas pintas,nos someteremos, a una larga, HUELGA DE HAMBRE.

  8. ARTO Says:

    LUÍS: Me he permitido no poner una nota de seriedad,y sí,desde el estado de las cosas que cada vez se enrarecen más y más,sea el gallo el portavoz del gallinero,quien haya tomado las riendas,con la firme decisión,junto a las pitas,de esta HUELGA de HAMBRE.HAXA SALÚ.

  9. Balbino Says:

    ¡Así que el gran problema eran las pitas pintas! ¡Pobres pitas! Le sobraban al nuevo director del Museo de Grandas y le traen a mal traer a una concejala de mucho lustre en un Ayuntamiento del Occidente.

  10. Vaqueiro en Madrid Says:

    No puedo entender los que hicieron con Pepe el Ferreiro. Y ahora esta mentecatez de las pitas. ¿Quieren perder las elecciones?

  11. Belmontina Says:

    Todo por las pitas. Todo por los urbanitas. Todo contra la crítica. Todo por la mugre política.
    ¡Hay que ver cómo estamos!

  12. Pupila azul Says:

    ¿Y qué habrán pensado los enemigos de la fábula de las citas de Ángel González? Seguro que lo primero que les vino a la mente fue que se trataba de un ecologista molesto. Luego se enteraron de que Areces lo admiraba.
    ¡Qué desconcierto en el gallinero!

  13. Manolo Urquiola Says:

    Descansado se debió quedar el señor Cuesta. Esto es rigor científico, y lo demás cuento.

  14. Selene3000 Says:

    ¡Fabulosa, la comparación que hace con “el gallo de Sócrates”!
    El sacrificio de las gallináceas no servirá para limpiar la conciencia de los cruentos ministros de justicia.
    Esta fábula le viene como anillo al dedo. Como siempre, muy agudo usted.

  15. Salense Says:

    Es usted muy intuitiva, Selene, y eso que desconoce la tortuosa y torticera relación que hay entre ciertos ámbitos salenses y la fábula.
    Un saludo desde Soto de los Infantes.

  16. Canguesina Says:

    Tan preocupada estoy con el destino del gallo y de las pitas pintas, que me gustaría saber si van a ser expulsadas de su paraíso en el Museo, antes de que se reponga a Pepe en su puesto.
    Y, en todo caso, espero que no las manden muy lejos, para que el viaje de vuelta no las machaque.

  17. Armando Cocaña Says:

    Sería interesante preguntarse cuántos personajes de la vida pública actual estarían dispuestos a devolverle el gallo a Esculapio, y cuántos soportan la crítica con verdadero espíritu democrático.

  18. Rapigueiro Says:

    Hasta aquí llegó el clamor en solidaridad con las pitas pintas. Estamos dispuestos a cruzzar el Palo para ir en rescate suyo.
    Palabra.

  19. Xicu Says:

    Y en lugar de las pitas, ¿qué pondrá en el gallinero el señor Cuesta? ¿Una recreación en miniatura de la Laboral?

  20. Sixto Says:

    Un museo etnográfico en el que las pitas son piezas.
    ¡Este hombre es un genio!

  21. Pupila azul Says:

    El día en el que algunos políticos estén en condiciones de descubrir la belleza del occidente asturiano e indaguen en lo que vino siendo el modo de vida de sus comarcas habrá un milagro.
    Mientras tanto, a soportar a la Consejera y al director que puso en Grandas.
    ¡Pitas, pitas, pitas!

  22. Xuanón de Antona Says:

    Empiezan por las pitas y, sin tardar, estorbarán los vecinos. Cuanto menos humano, mejor.

  23. Piedrona Says:

    O sea, que el error monumental de Pepe el Ferreiro como director del Museo era que allí había pitas. “En este local se juega”. En este museo de cacarea.
    ¡Qué cosasª

  24. Pedregalín Says:

    Habrá que habilitar con urgencia un exilio para pitas pintas y su gallo. Si los militares arrestan un muro o una mesa, este nuevo director no es menos delirante que ellos.

  25. Bárbara Says:

    Bien está la ironía que se percibe de principio a fin del artículo. Quizá sea la respuesta más adecuada a los atropellos y abandono que sufre el occidente de Asturias continuamente.
    Lo triste es que haya que valerse de los recursos que sugirió un gran poeta para sobrevivir en una dictadura. Lo triste y lo grave.

  26. Aires del Palo Says:

    Me pregunto cómo serán, si las hace, las visitas de este señor a explotaciones rurales, que alguna todavía queda.

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