La poética de un territorio (En la muerte de Miguel Delibes)

Por Luis Arias

Nunca dejé de preguntarme qué interés pueden tener todas aquellas necrológicas que no van más allá de apresurados resúmenes sobre la vida y obra del finado que, ahora más que nunca, con las enciclopedias digitales, están al alcance de todo el mundo sin necesidad de emplear mucho tiempo en tales pesquisas. Y todo ello, en el caso de Delibes, es más claro aún. Nadie pone en duda su talla como narrador, ni tampoco su admirable trayectoria como periodista. Por si ello fuera poco, hay datos que avalan su honestidad y su coherencia, entre ellos, el haberse negado a escribir ex profeso una novela para un conocido premio que pretendía contar con su nombre en su inventario de galardonados. Otros, tanto de su generación como también más jóvenes, no pusieron reparos a ello. La poética de un territorio.Así pues, la grandeza como ciudadano del autor de «Cinco horas con Mario» no estuvo por debajo de las otras, lo que lo convierte, si no en una excepción, sí al menos en uno de los pocos casos que no incurrieron en contradicciones entre la prédica y los hechos. Y, en este mismo orden de cosas, anotemos que Delibes dejó de escribir en el momento en el que ya no se sentía con fuerzas para ello. Es decir, no hay en su obra unos últimos libros flojos, carentes de interés, viviendo de sí mismo, como hicieron otros novelistas de su misma generación, que, tras haber creado obras maestras en su momento, acabaron publicando auténticos bodrios. Pongamos que hablo de Cela.

Dicho todo ello, más allá de la constatación y recuerdo de todas las excelencias que hemos apuntado, acaso no esté de más apuntar, aunque sea casi de soslayo por los límites de espacio de un artículo periodístico, qué es lo más genuino de la obra narrativa de Delibes.

A este propósito, en el caso que nos ocupa, entre las muchas cosas que merecen un estudio profundo del conjunto de su obra, se encuentra sin duda un cotejo a fondo entre dos Castillas, tan distintas y tan distantes, que fueron la que forjó literariamente el 98, frente a la que se encuentra en muchas de las novelas del gran escritor recientemente fallecido.

Delibes hizo, en efecto, una poética de un territorio en su obra, en este caso, de Castilla, que no es la del 98, sino la suya propia, aquella que contempla, no con los ojos decadentes de un Azorín, ni con las visiones agónicas de Unamuno y Machado, sino como un universo que, literalmente, se está desnaturalizando y desgarrando, no por una decadencia histórica, secuela última de un imperio que se desmembró, sino por las imposiciones de una nueva sociedad de consumo que impone la deserción de un modo de vida. No son, en general, los ganapanes machadianos los que se llevan la peor parte en el universo narrativo de Delibes, sino una clase media en gran medida desnaturalizada.

Una clase media que no existía en el momento en que la Generación del 98 hizo de Castilla la doble metáfora de la decadencia material y espiritual de España. Una clase media que tampoco tenía protagonismo cuando el regeneracionista Julio Senador habló de aquella Castilla en escombros. Así las cosas, sería muy conveniente que se conociese a fondo la Castilla que plasmó Delibes en su universo literario, frente a la noventayochista.

Tras la lectura de la mayor parte de su obra literaria, el lector sale satisfecho no sólo por la maestría de Delibes como narrador, sino también y en una medida no menos importante, por haber asistido a un proceso de justicia poética con unos personajes que, aun teniendo casi todas las circunstancias en su contra, salen airosos existencialmente de la peripecia en la que se han visto envueltos.

¿Acaso Cayo, del que se pretende el voto en las primeras elecciones tras la muerte del dictador, no queda muy por encima del mundo que le rodea, al tiempo que deja en el lector un poso melancólico inevitable? Pero, en todo caso, gana la dificilísima batalla de la coherencia.

¿Y qué decir de Mario y de su mujer? No me refiero en este caso a las grandes dificultades que plantea la estructura de ese largo monólogo hecho novela, sino al interés y respeto que nos suscitan dos perdedores, tanto el propio Mario como su viuda, en un mundo que discurría muy ajeno a lo que ambos representaban.

Personajes los de Delibes que, como la atmósfera en que casi todos ellos se desenvolvían, no estaban contaminados por los imperativos de una contemporaneidad que se enfrentaba a ellos, en tanto implicaba un mundo en el que no tendrían sitio.

Personajes muchos de ellos de una coherencia y una pulcritud moral que estaban en consonancia con esa prosa más alambicada que sencilla y, sobre todo, tan limpia como el cielo de Castilla y la mirada de este narrador irrepetible.

Poética de un territorio poblado en gran parte por personajes que representan el fin de un mundo que se va con ellos, un mundo puede que más inocente, pero, insistimos, más limpio y más afín.

Poética de un territorio en un universo narrativo de referencia. No es menos rica literariamente la Castilla de Delibes que la Castilla noventayochista.

Poética de un territorio concebida y creada más acá y más allá de un gran oficio periodístico, el mismo que reivindicaba este diario en su último editorial.

No sólo hemos perdido a un gran narrador y a un gran periodista, sino también a un ciudadano en cuya trayectoria pública no hay nubarrones negros y procelosos, sino claridad, el gran imperativo ético y estético de un eximio escritor, de un auténtico maestro.

Categoría: Libros Comentarios(18) marzo 2010

18 Respuestas a “La poética de un territorio (En la muerte de Miguel Delibes)”

  1. Mayte Says:

    Magnífica semablanza, sin tópicos, con datos, con conocimiento de causa, con la buena literatura en vena.

  2. Observador Says:

    Delibes, sobre todo, un hombre bueno. Es lo único importante que hay que ser en este mundo.
    Descanse en Paz.

    Buenas noches.

    Lo he oido estos días.

  3. Estupefacta Says:

    ¡Qué profundo es usted, señor Observador! Me deja anonadada.

  4. mencar Says:

    Delibes es, sin duda, una de los grandes escritores del siglo XX, y creo que este artículo está a la altura que él se merece. Destila a conocimiento del personaje y como dice Mayte, buena literatura “en vena”. Gracias Luis.

  5. De superficialis Says:

    El primer párrafo es el anuncio de lo que no quiere ser el artículo. El resto, una incursión interpretativa plausible que, además, despierta la curiosidad del lector para acercarse a la obra de Delibes.
    Toda una sorpresa… agradable.

  6. Selene3000 Says:

    La primera vez que leí a Delibes, no me gustó. Me pareció un escritor soso, seco y contenido.
    Fue con la lectura de las “Ratas, Cinco horas con Mario y los Santos inocentes” cuando lo descubrí. Entonces, comprendí mejor ese lenguaje del pueblo castellano, el de esa Castilla sin coronas, rasa, casi sin colores, pero clara y limpia como dice usted, donde los personajes salen airosos de las ruinas.
    Yo no soy entendida en literatura, pero comparto con usted que Delibes ha sido un gran maestro de la palabra.

  7. Noventayochista Says:

    Todo un acierto el contraponer la Castilla de Delibes a la Castilla del 98. Y muy apropiado también lo de la poética de un territorio: La Galicia de Cunqueiro, la Cataluña de Pla y la Castilla de Delibes.
    Muy provechosa esta clase suya de literatura.

  8. Dra. Rauschii Says:

    ¡Cómo se nota que ninguno de lo que escriben en este blog son castellanos ni mucho menos cazadores!. Falta una nota fundamental: Delibes no sólo supo hacer de su amor por el paisaje,las tierras y las gentes de Castilla todo un arte narrativo, sino que a los que hemos cazado “a mano” alguna vez por esas tierras nos ha sabido llevar como nadie a sus territorios y paisajes. Una de las personas con las que me honra haber compartido una fría mañana escopeta y perro. Y de la que me admiró, sobre todo, su amor y su inmenso respeto por la naturaleza … pese a ser un cazador empedernido. ¿O precisamente por eso?

  9. Aquiles Says:

    Doctora:
    Su comentario es tan interesante como valioso. Primero, por su conocimiento vital de la Castilla que vive en la novelística de Delibes. Segundo, por haber vivido junto a él una jornada de caza, tal como usted dice. Y, tercero, porque es muy sugestivo el planetamiento de que cazadores y pescadores no son enemigos de la naturaleza, sino los más interesados en cuidarla.
    Cazadores y pescadores como Delibes y como todos aquellos que respetan la naturaleza, que son muchos.

  10. Ancha es Castilla Says:

    Muy lograda esta necrológica que, más que resumir, explica el significado de una obra y de una vida.

  11. Teófilo Says:

    Muy buena esta semblanza de la biografía de Delibes y mejor aún las claves, a modo de aperitivo, que explican su obra.

  12. Ancha es Castilla Says:

    Doctora Rauschi: No había leído su comentario, y es verdad que, para captar muchas de las novelas de Delibes, hay que conocer la atmósfera de muchos de sus rincones no sólo alejados del mundanal ruido, sino también clamorosos en sufauna y en su flora.
    Es muy pertinente lo que apunta.

  13. Veneranda Says:

    Muy oportuno todo, también la alusión a su honestidad frente al apaño al que se negó del Premio Planeta.
    Delibes tiene grandeza y no sólo literaria.

  14. Milana Says:

    Me ha gustado mucho este artículo, tan pausado y claro como la prosa de Delibes.

  15. Juanita la Corta Says:

    Me ha gustado mucho la claridad con que pone de manifiesto este artículo la grande moral de los personajes como Cayo. Grandeza moral que se corresponde con un mundo agonizante cuyo canto de cisne es la buena prosa de Miguel Delibes.

  16. Pepa Doncel Says:

    Nunca olvidaré el largo monólogo de “Cinco Horas con Mario”. Siempre tendré presentes las miserias de la época frente a un hombre que, con sus contradicciones, volaba muy por encima del mísero discurso oficial.

  17. Feijooniano Says:

    Hubo un tiempo en que la literatura de posguerra, en 5º de Fillogía española, la impartía una persona que, cada año, cambiaba de género. A nosotos no explícó el teatro, y quien daba la materia tenía mucha inquietud por ls salvación eterna del alma del personaje principal de “La Muralla”, de Calvo-Sotelo.
    ¡Qué tiempos!

  18. Ceballos Says:

    Hay una mística de la caza en Delibes que no sólo se explica desde planteamientos literarios, que usted maneja tan bien.

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