A vueltas con el pacto educativo

Por Luis Arias

«La democracia que sólo instituye los órganos políticos elementales, como son los comicios, el Parlamento, el jurado, no es más que aparente democracia. Si a quien se le da el voto no se le da la escuela, padece una estafa. La democracia es fundamentalmente un avivador de la cultura. En los países donde el sufragio no ha ido antes a la escuela, se busca el descrédito y la falsificación de la democracia. Pero no se haga de esto un argumento para retirar los derechos políticos, so pretexto de que los ignorantes no pueden usarlos. Ésta es la argucia preparada, esperada por los enemigos de la libertad, que para algo dejan a los pueblos pudrirse en las tinieblas. Nada se aprende a hacer si no es haciéndolo. ¿Se prohíbe andar al niño mientras no sepa andar?» (Azaña).

«Principio de educación: la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido dentro de sus muros. Sólo cuando hay ecuación entre la presión de uno y otro aire la escuela es buena». (Ortega).

Alguien recordaba estos días, al cumplirse cien años desde que la mujer en España pudo acceder a los estudios universitarios, que en su momento Concepción Arenal se vio obligada a disfrazarse de hombre en el aula universitaria, así como las amargas y lúcidas reflexiones de doña Emilia Pardo Bazán sobre el particular. Cien años después de aquella conquista, lo que tenemos es un sistema de enseñanza que resulta insuficiente, sobre todo, en cuanto a su nivel de exigencia.

Hablemos claro: el llamado derecho a la educación no puede ni debe ser sinónimo de aparcar a niños y adolescentes en los centros de enseñanza. O partimos de la base de que la escuela y los institutos son sitios donde se va, sobre todo, a aprender, o estamos hablando de muy distinta cosa. Todo lo demás es demagogia.

Y es que, con la testarudez propia que arrojan una y otra vez los datos del llamado «informe Pisa», con el desprestigio que sufre la profesión docente, con la estulticia de una jerigonza que atenta contra el idioma y que insulta a la inteligencia, no se puede seguir aplazando una reforma a fondo en nuestro sistema de enseñanza.

Dar el voto y negar la escuela, como dice Azaña en el texto que encabeza el presente artículo, es una estafa en toda regla. Quizá no lo sea menos la existencia de una escuela que renuncia a la exigencia y al aprendizaje, que, tras aquella nociva y perniciosa LOGSE, en la que el esfuerzo se quedó proscrito y se pretendió hacer del profesorado una especie de colectivo bufonesco, la cadena de despropósitos no hizo más que incrementarse.

Habría que preguntarse si una sociedad que encumbra a personajes zafios que logran audiencias millonarias en programas televisivos concede al saber la importancia que en realidad tiene. Habría que preguntarse, por tanto, qué espera esa sociedad de la escuela. Habría que preguntarse también por qué hay un empeño tan grande en llamar educación a lo que en principio sería enseñanza. ¿Acaso se puede negar que son los medios, especialmente la televisión, quienes educan en lugar de la escuela? Y, siendo esto así, ¿cómo hay tantos discursos que, con un cinismo hiperbólico, se atreven a hablar de la «educación en valores» que debe dar fundamentalmente la escuela? ¿Valores en la escuela frente a una sociedad que, como hemos dicho, enaltece la chabacanería, frente a una sociedad cuya vida pública es un relato casi continuo de corruptelas, frente a una sociedad que no apuesta claramente por la excelencia?

A propósito de la cita de Ortega, ¿puede la escuela aislarse por completo de la sociedad en que vive, como una especie de oasis, frente a todo lo que la rodea?

Hubo un tiempo en que no se ponía en tela de juicio que el conocimiento no sólo era un instrumento imprescindible para la emancipación de las personas, sino que además nos hacía mejores. Pero no son ésas, por decirlo al orteguiano modo, las ideas y las creencias de nuestro presente.

Se hablaba, y se sigue haciendo, de la atención a una diversidad en el alumnado que no sólo existe, sino que es cada vez mayor. Se hablaba y se sigue hablando de la falta de medios, lo cual no deja de ser en gran parte cierto. Pero ¿por qué no se habla también de la falta de autoridad del profesorado en el aula? ¿Por qué se rehúye lo más obvio, es decir, que, mientras se pueda reventar el desarrollo de una clase impunemente, no es posible una enseñanza de calidad? ¿Por qué se soslaya que hablar de «resultados» en la tarea docente es tan demagógico como peligroso? ¿Cabe aberración mayor que considerar buenos resultados los aprobados generales?

¿Por qué no se quiere caer en la cuenta del grave problema que representan en la enseñanza los sindicatos del sector como palmeros de las humillaciones y de la falta de autoridad, como gentes que no imparten clase y se reconvirtieron en vendedores de lotería en Navidades en los centros docentes? ¿Es necesario explicar a estas alturas que, más que el dinero, lo primero que podemos reivindicar son condiciones dignas de trabajo?

El estado de la cuestión ha llegado a un extremo tal de deterioro que obliga a un pacto que apueste sin fisuras por una reforma educativa copernicana basada en el esfuerzo y en el respeto a unas normas de convivencia mínimas. ¿Se puede hablar de educación cuando no tiene consecuencias saltarse las normas de comportamiento que alteran el desarrollo de una clase? ¿Se puede hablar de la escuela como un ámbito ajeno al saber? Pues es éste, sin exageraciones, el actual estado de cosas.

Y yo me conformaría con que en estas cuestiones hubiese un acuerdo total. Todo lo demás, podría, aunque no mucho, esperar. Y juramentémonos todos para que el pacto, de alcanzarse, sea algo más que una cosmética para salir del paso. Y juramentémonos también para que las puertas estén siempre abiertas para aquellos alumnos que en un momento dado abandonan los estudios: siempre tiene que haber un camino de vuelta. Y, de otro lado, hablando de diversidad, que haya medios, no para segregar a los alumnos, pero sí para que los que tienen la suerte de fascinarse ante la aventura que supone aprender no se vean obligados a renunciar a ese itinerario de fascinación que supone ir, como también dejó escrito Ortega, «de sorpresa en sorpresa».

Confieso que entre todas las grandes compensaciones que tiene la docencia, acaso la mayor de todas sea ver esos ojos abiertos como platos de los alumnos que se estrenan en lo que es apasionarse y asombrarse por conocer y comprender.

No nos pidan ni les pidan que renunciemos y renuncien al eureka nuestro de cada día que, contra éstos y aquéllos, nunca dejó de entonarse, pero tiene que ir a más.

Categoría: Enseñanza Comentarios(24) marzo 2010

24 Respuestas a “A vueltas con el pacto educativo”

  1. Docente en frenesí Says:

    ¡Cuánta carga hay de principio a fin de este texto de amor por el oficio de enseñar!

  2. Profe para todo Says:

    Se carga de erudición primero y de razón después.

  3. Fray Riopedre Says:

    Se ve que usted no para de atacar a los sindicatos y a los socialistas, sobre todo en materia de enseñanza. Necesitaría usted unos ejercicios espirituales con nuestros más entusiastas partidarios de la LOGSE a ver si así dejaba de arremeter contra nosotros.

  4. Desertor de la tiza Says:

    Sí, vendo lotería en Navidades y no doy clase. Defiendo subidas se sueldo y la armo de vez en cuando para que no se diga que no hacemos nada, pero no echo de menos el aula.
    ¿Pasa algo?

  5. Maestrín de escuela Says:

    Bien se ve que es un artículo no sólo impecablemente argumentado, sino que también se manifiesta de principio a fin un amor por la prifesión admirable en los tiempos que corren.

  6. Ana Says:

    Gracias, una vez más, hablar con tanta lucidez y conocimiento de causa sobre la realidad de la enseñanza, desconocida para políticos y desertores de la tiza.

  7. Mayte Says:

    Gracias por tu artículo, profe. De verdad, muchas gracias.

  8. Julia Says:

    Hacer de la escuela y los institutos aparcamientos de niños es un despropósito que el Estado nunca debió aceptar. Pero es lo que hay.

  9. Selene3000 Says:

    Sí, claro que pasa Sr. Desertor.
    Si todos fuéramos tan ligeros, aprovechados, cínicos y desertores de nuestras responsabilidades, como parece ser usted, sería imposible vivir en sociedad. Es más, aún estaríamos en la edad de piedra o en la edad media como mucho.
    El artículo expone y critica un hecho, con el fin de mejorarlo entre todos. Si convertimos la enseñanza en una pajarería o tómbola el retroceso será claro y evidente.
    ¿Le gustaría a usted que sus hijos fueran mañana unos adultos ignorantes e imbéciles para que sean explotados como ovejas?
    En cuanto a Fray Riopedre, decirle que yo estoy en el ramo del metal y la experiencia con los sindicatos ha sido pésima. En un momento determinado, los sindicatos nos hicieron sentir culpables de la crisis de la empresa en la que trabaja, nos acusaron de coger demasiadas bajas(yo había tenido un hijo) y ser la ruina de los pobres capitalistas empresarios sufridos (con dinero en el extranjero que les salían hasta por las orejas)
    Ya ve, lo que son las cosas.

  10. Escolástica Says:

    Nadie se habría imaginado nunca que el PSOE fuese el partido que se cargase el prestigio del colectivo docente. Pero, como alguien dijo aquí, es lo que hay.

  11. Observador Says:

    D. Luis se olvida usted que su idolatrado D. Manuel Azaña cerró los centros docentes religiosos por decreto durante su mandato. Los de los pobres y los de los ricos.
    Que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo.

    Buenos días.

  12. Krausista Says:

    Aquí de lo que se habla es de calidad de enseñanza, Obsevador.

  13. La Seño Says:

    Se aparcó la memoria, se quitaron las tarimas. Ni había que aprender, ni la sesión docente tenía que ir revestida de solemnidad. Todo tenía que ser muy diver, muy guay, y, aun así, los había y los hay, que se sienten encerrados, y nos ven como carceleros. Lo siguiente, insultos, cuando no agresiones.
    ¿Van a cambiar esto?

  14. Observador Says:

    Ya se, querido amigo Krausista, que si hace honor a su alias le tienen que molestar las contradicciones, pero que le vamos a hacer, no todo en este mundo es bello, ni amoroso, ni natural ni se arreglan las cosas por si solas. Solamente quería indicar que citar a D. Manuel Azaña en estos temas, y en el encabezamiento, no lo considero lo más adecuado, por lo expuesto.

    Buenas tardes

  15. Noventayochista Says:

    Observador: Le recomiendo encarecidamente que se lea la novela de Azaña “El Jardín de los Frailes”, así como la crítica que hace Ortega de “AMDG” de Pérez de Ayala.

  16. Asesora riopedriana Says:

    Esta vez hablaré en serio, aunque mi nick debería indicar la ironía desde la que me dirijo a este blog. Lo llaman educación porque lo que se pretende es la ñoñez. La enseñanza es justo lo contrario, o, al menos, eso pone a disposición de quien la adquiere.
    ¿Se me entiende?

  17. Observador Says:

    o sea, mi querido Noventayochista, que por que se hayan escrito dos bellos libros sobre lo perversos que son los curas, agustinos y jesuitas, en sus centros de enseñanaza, hay que cerrarlos por decreto ley. A esos centros me imagino que los habran enviado sus padres o tutores porque serían los menos malos. La voluntad de alcanzar la convivencia, lo contrario al sectarismo, y defender elecciones limpias y sus resultados es lo que define a un demócrata. Eso se debería enseñar en la escuela. Si no se es una “aparente” demócrata, que es lo que desgraciadamente el Sr. Azaña era. Un aparente demócrata por sus hechos, no por sus escritos. Vamos que no creo que el Sr. Azaña sea el adecuado para dar consejos sobre estos asuntos. Igual que ahora ZP y por ejemplo el Pacto del Tinel que siguirá vigente.
    “Dime de que alardeas,…”
    Buenos días.

  18. Socialista chamuscao Says:

    Lo increíble y lo imperdonable es que hayan sido los que se reclaman socialistas quienes se hayan cargado una enseñanza pública que se concibe para corregir desigualdades y para hacer a las gentes más libres.
    Pero prefieren tener una ciudadanía aborregada. Encima lo consiguen.

  19. Teófilo Says:

    Lo llaman sistema educativo y ni se deja enseñar ni tampoco se concibe la educación más allá del aparcamiento de alumnos al que usted se refirió.

  20. Rebeca Cobos Says:

    Lo que pasó en el Instituto “Aramo” de Oviedo es muy indicativo de la situación de la enseñanza. Y nadie quiere pensar que, dentro de un tiempo, se hablará de la época en que el sistema educativo se concibió para masificar y vulgarizar, justo para todo lo contrario de aquello para lo que fue inventado.

  21. Grano de Pimienta Says:

    Muy en su sitio este artículo, muy claro lo que se denuncia, pero los sindicatos y los políticos siguen y seguirán a lo suyo.

  22. Armando Cocaña Says:

    Todo lo que dice acerca de la situación del profesorado es cierto. Pero también es verdad que se trata de un colectivo que tendría que moverse y luchar más, creando sindicatos profesionales y ejerciendo toda la presión para ser respetados en su trabajo.

  23. Ulises Says:

    Su Ítaca es aquel estado que apostó por lo enseñanza, dirigido por una generación marcada por su afán pedagógico. ¡Qué lejos nos queda eso, don Luis! Y no sólo en el tiempo.

  24. Estudiantón Says:

    Si lo que menos importa de un profesor es que dé clase, es que enseñe, y lo que se le pide es que entretenga al personal, ¿pueden sorprendernos los resulatdos del Informe Pisa?

Escribir comentario