Cuando los políticos son el problema

Por Luis Arias

A Celsa Díaz, por su corrosiva lucidez.
Ni el doctor Pangloss se atrevería a negar que estamos en crisis. Ni el más optimista de los seres humanos podría esgrimir argumentos sólidos ante la percepción generalizada de la desolación que provoca la decrepitud que sufre el occidente asturiano. Se diría, así las cosas, que se cumplen todos los requisitos para que en este momento irrumpiesen en la vida pública discursos y propuestas que aportasen la frescura necesaria.

Aquí, donde la ruptura del aislamiento sigue siendo una asignatura pendiente con obras de infraestructuras que van de retraso en retraso; aquí, donde la brutal reconversión del campo hizo de estos contornos una geografía de la tercera edad; aquí, donde el valor añadido del paisaje y la naturaleza está sufriendo agresiones continuas, lo único que no se renovó, ni parece llevar camino de ello, es la mal llamada clase política.

¿Acaso no sería necesaria una reconversión política, empezando por un cambio generacional que en la mayor parte del país empezó a producirse hace años? ¿Alguien se paró a pensar que, tras las reconversiones de la industria, la minería y el campo, la única que no se hizo, ni lleva camino de ello, es la política?

Son ellos, los políticos, la reconversión pendiente. ¿No es cierto que la mayor parte de las personas que están en la vida política perciben unos honorarios muy superiores a los que obtendrían en el desarrollo de su profesión? Y, siendo ello así, ¿es de extrañar que no estén dispuestos a dejar el paso libre a otras personas, y que tal estado de cosas conduce -velis nolis- al estancamiento y a la crispación?

Por si todo lo expuesto fuese poco, hasta el mismísimo doctor Pangloss advertiría también que aquí, para lo que es el occidente de Asturias, no hay proyectos que vayan más allá de vagas generalidades, expuestas, por lo común, con una retórica insufrible que no pasa de ser una retahíla de lugares comunes expresada con una jerigonza que atenta gravemente contra el idioma.

Y, si nos planteamos un juego de muñecas rusas, es decir, si la cosa la descomponemos por ayuntamientos, nos encontramos con una realidad que es cualquier cosa menos alentadora. De lo que se trata es de recaudar. Hasta ahora, mientras duró la llamada burbuja inmobiliaria, los estropicios resultantes de muchas recalificaciones fueron antológicos y mayúsculos. Añadamos a ello que, aquí en el Occidente, una de las maneras de obtener ingresos pasa por los parques eólicos y las canteras, que se instalan en la mayoría de las ocasiones no se sabe bien con qué criterios. De ahí que el mayor enemigo de los tesoros medioambientales sean, con más frecuencia de lo razonable, los propios consistorios.

Fíjense ustedes: en los últimos años se llevaron a cabo una serie de reconversiones en el campo que tuvieron como consecuencia la actual despoblación. Por si ello no fuese suficiente, resulta que hay quien se esfuerza por deteriorar el paisaje hasta el extremo de espantar también a los visitantes. Desde luego, no sólo se están haciendo acreedores a una estatua ecuestre sin jinete, como decía un pintoresco personaje del que habló don Valentín Andrés Álvarez en sus memorias, sino que además hemos llegado a una situación tal en la que no sólo no aportan soluciones, sino que ellos son para mayor baldón uno de nuestros grandes problemas.

Así pues, políticos para una crisis, que sean, primero, mínimamente resolutivos. Eso lo reivindicamos todos, sin duda, pero ¿dónde están? Siendo justos, por supuesto que hay honorabilísimas excepciones, que, como la propia expresión indica, son a todas luces insuficientes.

Insisto, políticos para una crisis. Y la realidad, sórdida y canalla como ella sola, lo que nos muestra no es sólo que son caros e ineficaces; es que además, sin salirnos de los ámbitos más pequeños, de los municipios en donde son, si no la principal empresa, sí de las primeras, se da la circunstancia de que, cuanto más cercanos están, mayor es su caciquismo, inversamente proporcional a su aguante con las críticas, máxime si proceden de independencias insobornables.

¿Puede haber mayor desafío y afrenta, desde una óptica caciquil, que una persona que ejerza la crítica con independencia y que no tenga tendida la mano esperando que ese dedo señale la decisión arbitraria tan anhelada en busca de favoritismos y enchufes? ¿Puede hablarse de una sociedad democrática cuando lo que se estila es el clientelismo? ¿Puede hablarse de un debate mínimamente democrático cuando la oposición municipal, salvo excepciones, no sale a la palestra ante el despilfarro de dinero público con fines propagandísticos, incurriendo de paso en ridículos espantosos por mor de una pedantería digna de producir el llamado mal de Flaubert?

Políticos para una crisis que sean la regeneración y no el problema. Políticos para una crisis que no tendremos en tanto no se haga esa reconversión pendiente, que no se está por la labor de poner en practica. Mientras tanto, privilegios inmerecidos, caciquismo y matonismo ante la crítica.

Aquí la rojez no sólo desapareció en las políticas, sino que además, lo que es mucho más grave, desapareció de los rostros, porque la capacidad de sonrojarse se perdió por el camino.

¿A qué esperamos para ir en su busca?

Categoría: Opinión Comentarios(16) marzo 2010

16 Respuestas a “Cuando los políticos son el problema”

  1. mencar Says:

    Efectivamente, Luis: los políticos son el problema. Tenemos una clase política que no nos merecemos: ávidos de poder por el poder, de llenarse de prevendas, y sin el más mínimo interes por atender a los problemas de los ciudadanos. Pero hay otra realidad: ¿Qué hacemos los que los sufrimos?:nada, o en el mejor de los casos una crítica de café y esperar que lleguen las siguientes elecciones para volverlos a elegir.
    Como tú, creo que se impone, no un relevo generacional, sino más aún un cambio de rumbo en la clase política española. ¿O hará falta tambien que la sociedad en su conjunto despierte de su modorra, y se sacuda este lastre que arrastra nuestra vida política?

    Excelente artículo, Luis.

  2. arto Says:

    Luis: Enhorabuena por ese coraje que te caracteriza.Los políticos desgraciadamente,son de un temple fuera de lo común,incluso el rostro delata su “jeta”.Es lamentable,como se pavonean,ante los sufridos votantes,una vez han alcanzado el cometido,de verse diferentes,desde esa estación “marciana”,llamado…PODERRRR.Mientrastanto,el PUEBLO SOBERANO,SOPORTAMOS como si no fuera la cosa con nosotros,con RESIGNACIÓN.Conque CARA dura,se presentan en el OCCIDENTE,prometiendo,incluso con fechas el Finál de la Autovia,etc.etc.¡¡APLAUDAN!!.lo de los parques Eólicos.(??)

  3. arto Says:

    Con permiso,Luís:Desde aquí,siento y el deber me obliga,recordár,sin olvidarme de los que lucharon contra la dictadura,para dejarnos una vida mas justa,y recordar a estos charlatanes,medradores sin escrúpulos,que por decencia a estos hombres,dejen los escaños y no se apropíen de lo que no les pertenece.A Marcelino Camacho y Horacio Fenández.EL PAISANO.Fieles a sus ideas,perseguidos,encarcelados.Por dignídad,no suplanteís a los tiranos,a cambio de vivír una larga temporada engañando a los que creemos,que la igualdad puede ser posíble.SOÑAR…NO es imposíble.¡¡VIVA LA UTOPIA!!

  4. Vaqueiro en Madrid Says:

    Una vez más, pones el dedo en la llaga. Los problemas de la vida pública en el occidente de Asturias se acrecientan, en este caso, por una gerontocracia que derivó en caciquismo del peor.
    Y bien es verdad que esa reconversión de la llamada clase política apremia por el bien de todos.

  5. Aquiles Says:

    Muy bien, señor Arias. La reconversión política es necesaria, al lado de otras muchas. El problema es que, de entrada, seguramente no se va a hacer. Y, de salida, caso de que se llevase a cabo, nada nos dice que se hiciese bien.
    Pero está usted en lo cierto.

  6. Obona Says:

    Así es. don Luis. Después de hacer una reconversión que convirtió al campo astuirano en un espectáculo de bardiales y en un asilo de ancianos, ellos siguen ahí, multiplicando sus privilegios.
    Gracias por ser tan claro.

  7. Tito Liviano Says:

    De lo que nadie parece darse cuenta es de que los reconvertidores que no se reconvierten son, quizás, el mayor problema de una sociedad envejecida que pone sus expectativas en estas gentes que sólo han sabido destuir y que ahora no son más que caciques del tres al cuarto, aunque se titulen de izquierdas.

  8. Sixto Says:

    ¿Y usted cree que existen ahora ciudadanos dispuestos a regenerar la vida política, participando en los partidos y sindicatos?

  9. Sinecuras sine die Says:

    Lo primero que tendría que haber, abundando en el comentario de don Sixto, sería ciudadanos que no tolerasen los comportamientos caciquiles que se estás produciendo. Luego, vendría todo lo demás.

  10. Margarita Camelia Says:

    Sí, son el problema. Pero, más que nada, son el síntoma. ¿No cree?

  11. Escolástica Says:

    Son, en efecto, el síntoma de una ciudadanía nada exigente y conformista en exceso, pero es tal la degradación a la que se está llegando, que, más temprano que tarde, habrá una respuesta ciudadana, tiene que haberla.

  12. R M Verdasco Says:

    Es cierto, a poco que la sociedad estuviese un poco más viva, muchas de etas gentes no tendrían más remedio que dedicarse a otras cosas.
    También es verdad que las cúpulas de los partidos, si quiesieran una sociedad más viva, hubiesen retirado hace años ya a muchos de sus candidatos.

  13. Murias Says:

    Antes de nada felicitarle por su columna, valiente como todas las suyas. Con el título: “Cuando los políticos son el problema” y entra en el ralato con esto: «A Celsa Díaz, por su corrosiva lucidez.» referido seguramente al desatinado intento de censura al más puro estilo nazi-fascista o estalinista escenificado por Dª Susana Álvarez, concejala de Asuntos Sociales en el Ayuntamiento de Salas; aquí no voy a ir más allá de estos calificativos, otros lo deberían hacer. Repasa usted una serie de cuestiones que lastran el desarrollo del occidente asturiano; dice usted que además de la administración central y autonómica, se producen unas –corruptelas, en el mejor de los casos- (esto lo añado yo) en muchos municipios; cita usted la manera poco clara de la introducción de la energía eólica, proliferación de canteras y minas -sin ningún control administrativo- (esto lo añado yo), Cambios en el proyecto de accesos a la autovía, pude que a cambio de manipular los accesos a algunas villas (esto igualmente lo añado yo). Naturalmente, me estoy refiriendo en este caso a su municipio y el mío D. Luís.

    Referido a los municipios, y desde mi ignorancia en los fundamentos de su ordenamiento administrativo, modestamente opino que las prerrogativas legales del alcalde dan pie a los problemas que usted enumera. Si a ello añadimos el hecho legal de que un alcalde con el 50 % de los concejales más uno propone una junta de gobierno de “su medida”, que luego ratifica el PLENO por mayoría, después viene lo de las liberaciones y los sueldos a los que muy acertadamente ha hecho usted referencia.

    Esto se evitaría en buna medida teniendo un control legal y efectivo la junta de gobierno sobre la mayor parte de los decretos del alcalde y, a su vez estando limitada la representación en ésta de manera proporcional a la representación de los grupos políticos, pero sin excluir a ninguno. Ganaríamos todos en transparencia democrática.

    Salud

  14. candido Says:

    La dedicatoria de este artículo tan certero no pasa desapercibida para muchos ciudadanos del occidente astur, cuando asistimos pasmados a ciertos hechos gravísimos protagonizados por los que se pavonean de ser demócratas y defensores de los ciudadanos. Algunas veces se descuidan y se les ve el plumero de forma manifiesta como es el caso que nos ocupa.

  15. Selene3000 Says:

    Tenía un borricu Antón,en la cuadra y a buen piensu, muy guapu y intelillente, llamabase Rigoletu.

    Un día, sacolu Antón y cuando taba montau, oyó la burru que dicía: “Yo quiero ser diputau”

    Dixoy Antón a Rigoletu: “¡¿Cómo dices coses tales, nun sabes que ne’l gobiernu, nun admiten aniles”!?

    Entre rebuznos y coces, dixoy Rigoletu a Antón:
    “Hay munchos más diputaos que son más burros que yo”

    Pues eso, para las próximas elecciones:
    Nada de políticos, propongo que se presente como candidato a la presidencia “Rigoletu El Jumentu. Al menos él no se mirará el ombligo, ni tendrá la ambición del poder y las pelas. Es más, nos devolverá la naturaleza perdida, al sentido común, la legalidad, fraternidad..

    Excelente artículo, Sr. Luis

  16. Desde la ría melancólica Says:

    Por estos pagos también andamos sobrados de experiencias de las cosas que usted apunta, señor Arias. Y cada vez tengo más claro que, no tardando mucho, conseguirán lo que siempre pareció posible: que el occidente de Asturias, a fuerza de tantos oprobios, les estalle en sus narizotas.

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