¿El cirujano de hierro, en horas bajas?

Por Luis Arias

Cirujano de hierro costista cuyo protagonismo en la vida pública y publicada es inconmensurable, sobre todo, a partir del momento en que decidió reabrir el sumario de los GAL. Cirujano de hierro costista que puso al felipismo contra las cuerdas, tras haber abandonado su escaño en el Congreso de los Diputados que había obtenido como «número dos» en la lista encabezada por Felipe González. En aquel entonces, los ámbitos más conservadores lo elogiaban de continuo y, a día de hoy, son los que con mayor virulencia arremeten contra él. En aquel entonces, fue un conocido articulista y tertuliano muy próximo al felipismo quien lo empezó a llamar «el juez campeador».

Mucho han cambiado los tiempos, vive el cielo que sí. Quienes tanto lo ensalzaron lo tienen ahora en el punto de mira. Y los ámbitos que más lo denostaron son los que ahora se erigen en los principales valedores suyos.

Y esto podría llevarnos a pensar en primera instancia que el magistrado de la Audiencia Nacional siempre estuvo en su sitio, toda vez que su trayectoria parece avalar que sus actuaciones no siguieron siempre la misma dirección política o que, en todo caso, cosechó persecuciones mediáticas de uno y otro lado, lo que podría interpretarse como prueba de inequívoca imparcialidad.

Sin embargo, las cosas parecen ser más complicadas y caleidoscópicas. Por ejemplo, nunca se pudo entender del todo que en su momento hubiera aceptado sumarse al felipismo cuando el caso GAL había pasado por sus manos, y que lo reabriese después de haber salido más o menos chasqueado de su experiencia política, por mucho, como se demostró después, que motivos legales había sobrados para reabrir aquello poniendo en su sitio a responsables del terrorismo de Estado. Nunca podrá olvidarse que aceptó ir en la misma lista al Congreso de los Diputados en la que figuraba también José Barrionuevo.

Y, si acudimos al presente, lo que más llama la atención del momento que está viviendo este juez estrella es que se le juzgue por haber intentado llevar a cabo una investigación judicial sobre el franquismo. Paradójico parece que la misma España que le dio amparo legal a este magistrado para retener en Londres al dictador Pinochet lo procese ahora por una actuación judicial contra la dictadura que sufrimos en España durante cuatro décadas.

No seré yo quien me pronuncie sobre la legalidad o no del asunto, puesto que carezco de conocimientos jurídicos para manifestarme al respecto. Dicho esto, resulta en apariencia extraño que una democracia teóricamente consolidada como la española ponga reparos a que se pueda juzgar una dictadura, reparos que llevan a este juez a un proceso que, según dicen, puede llegar a inhabilitarlo. Y, en ese sentido, no me sorprende lo más mínimo que allende nuestras fronteras se considere esto una anomalía.

Es decir, se antoja contradictorio que el país que retuvo a Pinochet en Londres y que se ocupó de asuntos relacionados con los crímenes de la última dictadura que sufrió Argentina no pueda juzgar al franquismo, por mucho que a estas alturas fuese imposible pasar de lo testimonial, lo que no deja de tener su importancia.

Pero el juicio al franquismo no es el único problema al que se enfrenta el juez Garzón en la actualidad. Ahí están las actuaciones contra las escuchas del llamado «caso Gürtel», así como los honorarios que durante su estancia en Estados Unidos cobró don Baltasar.

En cuanto a la primera de estas cuestiones, a nadie le sorprende que los encausados y sus defensas utilicen todos los recursos legales a su alcance. Tan claro como eso es que parece fuera de toda duda que en el llamado «caso Gürtel» hubo corrupción política y que en este sentido estamos hablando también de un golpe más contra el latrocinio.

Sea como sea, la trayectoria de este juez estrella, más allá de las simpatías y las antipatías que concita en lo personal y en lo profesional, no sólo da cuenta de sus avatares, en más de un caso sorprendentes, sino también de lo que vino siendo la vida pública de este país desde el 93 a esta parte.

Y es que la Audiencia Nacional lleva más de 15 años acaparando la atención mediática, entre otras y perogrullescas razones, por los muchos delitos que se cometen por parte de personas que están en el primer plano de la vida política. Y eso no es imputable a Garzón, sino a la calamitosa vida pública de este país.

Quiere decirse que el problema no consiste sólo en el excesivo afán de protagonismo que pueda haber en este juez, sino en que la vida pública es la principal causante de que un día sí y otro también la corrupción política, mejor o peor instruida, sea noticia de primera plana.

Y es esto, precisamente, lo que propicia que personas como el juez Garzón desempeñen el papel de cirujanos de hierro que procesan a personas con la suficiente relevancia pública no sólo para abrir los telediarios, sino también para haber aumentado su duración desde la década de los noventa, aquella en la que el jefe de los guardias se marchó con el dinero y en la que el gobernador del Banco de España ingresó en prisión.

Con una vida pública tan ejemplar y ejemplarizante, parece inevitable que surjan cirujanos de hierro aplicando el Código Penal, aunque de paso den rienda suelta a su vedetismo, si lo tienen, como parece que es el caso.

Categoría: Opinión Comentarios(10) marzo 2010

10 Respuestas a “¿El cirujano de hierro, en horas bajas?”

  1. Esteta de Pumarín Says:

    Me admira la facilidad con la que usted pasa de la lectura de poesía, con envidiable lucidez y pasión, a la reflexión política de este país, en este caso, a la semblanza de un personaje omnipresente en la vida pública, y, al final, resulta que el análisis politico lo hace también con lucidez e indepedencia, y, por fortuna, con referencias literarias.
    A Garzón lo llamaron muchas cosas hasta ahora, pero sólo usted da en la clave españolísima de crujano de hierro.
    Enhorabuena

  2. Irene Says:

    Estoy de acuerdo con el Estetam, pero prefiero al Luis Arias más literario.

  3. Rayo que no cesa Says:

    En efecto, por mucho que sea un artículo político, las referencias y el modo de abardarlo son literarias, muy literarias.

  4. Selene3000 Says:

    O sea,
    en un país de políticos de pandereta como es el nuestro, es natural tener figuras estrellas como la de este señor.
    Como diría mi madre:
    Trigo limpio es lo que hace falta

  5. Pedregalín Says:

    Muy en su sitio la visión que da de un personaje que es en gran parte consecuencia de la descerebrada vida de este país.

  6. Escolástica Says:

    Muy al caso la refrencia literaria. Muy brillante la visión del personaje.

  7. Margarita Camelia Says:

    Si se tiene en cuenta la catadura moral de la vida pública española, nada de extraño tienen que haya tantos desfiles de celebridades por lo juzgados. Lo llamativo es que sea este señor el que parece juzgar a todo el mundo. Y en plena era mediática, la carne es débil y la vanidad, humana.

  8. Krausista Says:

    Había en Costa, junto a otras admirables cualidades, una innegable propensión al caudillismo: el cirujano de hierro viene a ser una especie de hombre providencial contra el caciquismo de la época de don Joaquín.
    Y no es descartable que la vanidad de este juez le lleve a cierto providencialismo.
    Desde esta óptica, el artículo es muy bueno.

  9. Izquierdista de café Says:

    En lo que coincido con usted al cien por cien es en que resulta vergonzoso que en este país se ataque a un juez por haber abierto un proceso contra el franquismo.
    Vergonzoso e incomprensible.

  10. Noventayochista Says:

    Yo también opino que está muy traído lo de creerse el providencial personaje costista. De todos modos, hay una guerra sucia contra este hombre que demuestra lo que es este país, lo que tampoco quita lo mucho que tiene de criticable la trayectoria de este juez.

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