Poeta del amor y de la vida (En el centenario de Miguel Hernández)

Por Luis Arias

«Yo no quiero más luz que tu sombra dorada/ donde brotan anillos de una hierba sombría./ En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, / para siempre es de noche: para siempre es de día». (Miguel Hernández)

«No me conformo, no: me desespero/ como si fuera un huracán de lava/ en el presidio de una almendra esclava/ o en el penal colgante de un jilguero». (Miguel Hernández)

En este país nuestro de nunca jamás, se cumple, en el presente año, otra efeméride de primera magnitud, la de Miguel Hernández, la del poeta que terminó sus días en las cárceles franquistas. La del poeta autodidacta por excelencia que dio el siglo XX en las letras españolas, la del poeta que escribió una de las elegías más grandiosas de nuestra literatura, la del poeta cuya voz sigue viva si se trata de amor, si se trata de libertad, capaz de conmover incluso a los más insensibles.

Poeta del amor y de la vida, cuyo erotismo alcanza en determinados poemas una fuerza que, si no sobrepasa lo insuperable, sí está muy cerca de ello. Poeta del amor y de la vida, que, a fuerza de tanto amar, alcanza lo trágico sin dar posibilidad alguna a lo cursi y a lo melodramático. Poeta, ante todo, de estremecimientos.

Y no deja de ser desquiciante que, en un año como éste, marcado, más que por ninguna otra cosa, por una insultante mediocridad en la vida pública, se celebre el centenario de un poeta de la envergadura de Miguel Hernández. Y que hayan tenido que transcurrir más de treinta años de la supuesta democracia que gozamos para que, oficialmente, haya un compromiso de declarar nulo el juicio que en 1940 lo condenó a muerte.

Si precoz fue como poeta, su muerte, a los 31 años, no le impidió, sin embargo, haber escrito una obra de una calidad tan deslumbrante que le hará siempre figurar entre los grandes poetas en lengua castellana de nuestra literatura contemporánea.

Y, ante todo y sobre todo, más allá de los fastos que vayan a celebrarse, más allá de los reconocimientos oficiales, lo que hay que preguntarse es en qué condiciones puede recibir la España de hoy el legado de esta obra poética de primera magnitud. Miguel Hernández no es de esos poetas de los que se pueda hacer una lectura aséptica. Miguel Hernández no es de esos poetas que faciliten lecturas ñoñas.

Su dolor, como su amor, son de tal intensidad que, como diría Unamuno, retemblarán en las manos de sus lectores, bien sea en voz baja, bien sea en lectura pública para la ocasión como es de prever que suceda durante los muchos actos que se organizarán con ocasión de su centenario.

La España de 2010, que aún tiene muchos problemas pendientes con lo que es su memoria colectiva, se verá obligada a acoger y a celebrar el centenario de un poeta cuya obra no se lo pone nada fácil a todos aquellos que son decididos y entusiastas partidarios de la amnesia para con una dictadura que es responsable de la muerte de este hombre en sus cárceles, en 1942, tres años después de la victoria del bando franquista en la Guerra Civil.

Aquí no cabe hablar de incontrolados, aquí no cabe alegar ignorancia de lo que ocurría, aquí no es posible argumentar que aquel régimen, que decía ser la salvaguarda de la reserva espiritual de Occidente, tuviese el más mínimo resquicio de generosidad con un poeta que se había comprometido a fondo con la República, poniendo su poesía en primera línea de combate.

La muerte de Miguel Hernández, en las condiciones en que se produjo, es un episodio más no sólo de la historia universal de la infamia, sino también de la crueldad de un régimen totalitario que duró casi cuatro décadas, y, al que según parece, resulta muy complicado juzgar.

Dicho esto, no hay que perder de vista en ningún momento que es tanto el amor que hay en la poesía de Hernández, amor no sólo a la que fue su compañera, amor no sólo a su hijo en aquel inolvidable poema, sino también amor a la belleza y a la vida, que parece imposible, al evocar su vida y obra, no recordar aquel soneto de Quevedo titulado «Amor constante más allá de la muerte», que, según Dámaso Alonso, es probablemente el mejor de la poesía española.

En efecto, médulas que ardieron, venas que dieron fuego incandescente a tanto amor. Poemas los de Miguel Hernández que, como el amor, según Quevedo, van mucho más allá de la muerte.

Poeta que cantó a las explosiones primaverales, que se rebeló contra las condiciones de vida de un niño yuntero, que, ante la muerte de una persona muy querida, expresó que le dolía hasta el aliento. Poeta que volcó su amor hacia su hijo de una forma tan desgarradoramente profunda.

Poeta que captó la belleza del paisaje al que se asomó de niño. Poeta que transitó lo mejor de nuestra tradición lírica. Poeta al que no le fue ajena la tragedia que vivió su pueblo en la Guerra Civil. Poeta gigantesco de un tiempo y un país que asombró al mundo.

Poeta del amor y de la vida, cuya obra es un desquite no sólo ante las injustas y crueles circunstancias en que su muerte se produjo, sino también, y ante todo, ante la injusticia, ante la tragedia, ante todas las miserias de la vida humana.

Poeta del amor y de la vida cuyos clamores estarán eternamente vivos, porque toda su vida y obra cabrían bajo uno de sus títulos más conocidos, bajo un rayo que no cesa, bajo una explosión de vitalidad centelleante cuya llamarada es imposible apagar, cuya llamarada va en la antorcha que siempre estará en manos de la mejor poesía, aquella cuyo compromiso es vencer a la muerte.

Categoría: Libros Comentarios(21) febrero 2010

21 Respuestas a “Poeta del amor y de la vida (En el centenario de Miguel Hernández)”

  1. Laura Says:

    El que se deja ver en este artículo, más que el profesor de literatura, es el lector de poesía, es la persona que sabe muy bien adónde debe dirigirse para leer y amar la vida.
    Ya era tiempo de que abandonases la actualidad política en alguno de tus artículos.

  2. arto Says:

    Luis: Hoy no se hable de política.Mujer,mira una sangre,mira una blusa de azafrán en celo,mira un capote líquido ciñéndose en mis huesos como descomunales serpientes que me oprimen acarreando angustia por mis venas.

  3. Pasé por Filología Says:

    ¡Y pensar que,como M Hernández estaba entre la G del 27 y la poesía de los años 40, apenas se le hacía sitio en los programas de aquellos años, aunque nunca se puso en duda la aextraordinaria calidad de su obra!
    ¡Qué cosas!

  4. Rebeca Cobos Says:

    Miguel Hernández representa muchas cosas: no sólo se trata de uno de los grandes poetas de un siglo en el que el género brilló a gran altura, sino que además su trayectoria vital pone al franquismo en su sitio de manera inequívocamente incontestable.
    Como bien dice es su artículo, no cabe alegar que sus sufrimientos fueron obra de incontrolados: la cosa venía de arriba.

  5. Mayte Says:

    Sí, la fuerza de la poesía de Hernández abruma, avasalla, invade. En ese aspecto, hay otro poeta que llega al lector como un torbellino: se trata de Blas de Otero.
    Gracias por su artículo, que no es nada academicista ni profesoral,sino que plasma usted, como alguien le dijo antes, su experiencia lectora que es muy grato compartirla.

  6. arto Says:

    En el mes de enero,en el pueblo zamorano de VILLALPANDO,aparecieron pintadas en el monumento a los represaliados del franquismo.Nuevamente,los intolerables,e, incontrolados fascistas,con la cobardia que siempre les caracterizó,acudieron al camposanto,y como si nuevamente quisieran rematarlos,esta vez con pintura,los lugareños villalpandinos,están viviendo los recuerdos de antaño,con los COBARDES ASESINATOS,DE PERSONAS QUE TENIAN ENTRE 17 Y 59 AÑOS.TOTAL,28,ENTRE ELLAS,2 MUJERES.Mi más profunda protesta,contra la sin razón de estas serpientes,y TODA MI SOLIDARIDAD,CON LAS FAMILIAS DE LOS REPRESALIADOS.

  7. Impresiones e ideas Says:

    Lorca y Miguel Hernández son las más eximios representantes de un momento histórico en el que los designios de la poesía se condujeron siguiendo los cánones que la tragedia fija para los héroes. Y, por otra parte, si en Lorca la muerte es protagonista de su poesía y teatro, en Hernández lo es el amor trágico.
    Muy buen artículo, sobre todo, por su subjetivismo.

  8. arto Says:

    Mi sangre es un camino,es el título del corto poema de Miguel Hernández,que envié,esta tarde.Ahora:De”El HOMBRE ACECHA”.CARTA.Un trozo.Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño,volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo.Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos:papel anhelando,humano,sin ojos que puedan verlo.

  9. Tino Says:

    “Poeta, ante todo, de estremecimientos”…
    Debo confesar que a mis sesenta años sigo estremeciéndome cada vez que leo y releo su poesía.
    Mi admiración y mi humilde e íntimo homenaje se lo vengo haciendo desde que tuve la suerte de leerlo siendo poco más que un adolescente…
    Seguiré estremeciéndome…
    Gracias, como siempre, por su hermoso artículo.

  10. Dra. Rauschii Says:

    “Los olores persigo de tu viento
    y la olvidada imagen de tu huella,
    que en ti principia, amor, y en mí termina.”
    ¿Ese erotismo sutil?
    ¿O el de la ansiosa calentura de aquel que sintió la mordedura de una punta de seno duro y largo?
    ¡Y pensar que se nos fué desierto… y sin arena!

  11. mencar Says:

    Creo que has dado con la mejor definición de la poesía de Miguel Hernández: Poeta de estremecimientos. Ciertamente, esa es la sensación que siempre he tenido al leer y releer su obra.
    Tu artículo es un hermoso homenaje al poeta alicantino y una alegria para los sentidos leerlo.
    Gracias por escribirlo, Luis.

  12. Selene3000 Says:

    Qué decir, de este gran poeta, autor también de obras de teatro como la de “Los hijos de la piedra” inspirada en la rebelión de los mineros asturianos.
    Usted lo expresa muy bien en su artículo.
    Esperemos, exijamos que la historia le haga justicia y esclarezca su muerte.

    Hay un poema que me gusta mucho:

    “Nana de la cebolla”

    La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda…

  13. Poesía de posguerra Says:

    No sólo hablamos de un poeta extraordinario, sino también de un caso único en la poesía española: Machado es la poesía del 98; Lorca, la del 27. Miguel Hernández no es de un tiempo, sino que su poesía es él.

  14. Poetóloga y erectóloga Says:

    La Doctora Rauschi tiene razón: el erotismo de Hernández, más que sutil, es un torbellino que arrastra y tumba, tanto o más que el de César Vallejo.
    ¡Qué prodigio de poeta!

  15. Semióloga Says:

    Puro subjetivismo, lectura impresionista, pero bellamente expresado todo, de forma tal que despierta en el lector un deseo de volver a Hernánedea o de acudir a sus versos por vez primera.

  16. Xuaco Says:

    De alguien que sigue estremeciéndose con Miguel Hernández desde el primer verso, hace casi cuarenta años: Gracias Luis.

  17. Elena de Goya Says:

    Yo también te doy las gracias por este artículo sobre Miguel Hernández lleno de estremecimientos, por lo que se ve, muy compartidos.

  18. Panero Says:

    Sonreír con la alegre tristeza del olivo…..

    Sonreír con la alegre tristeza del olivo.
    Esperar. No cansarse de esperar la alegría.
    Sonriamos. Doremos la luz de cada día
    en esta alegre y triste vanidad del ser vivo.

    Me siento cada día más libre y más cautivo
    en toda esta sonrisa tan clara y tan sombría.
    Cruzan las tempestades sobre tu boca fría
    como sobre la mía que aún es un soplo estivo.

    Una sonrisa se alza sobre el abismo: crece
    como un abismo trémulo, pero valiente en alas.
    Una sonrisa eleva calientemente el vuelo.

    Diurna, firme, arriba, no baja, no anochece.
    Todo lo desafías, amor: todo lo escalas.
    Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo.

  19. Del yo al nosotros Says:

    Gracias por haber escrito un artículo como éste, presentando la fuerza arrolladora de la poesía de Hernández. ¡Qué gran antídoto contra la estupidez en la que vivimos!

  20. Rayo que no cesa Says:

    Pocos textos sobre Hernández tendrán las fuerza expresiva de este artículo suyo que sale desde muy adentro y que demuestra llevar a este poeta hasta en la entrañas.

  21. TierrA Says:

    Te escribo por primera un comentario. Y lo hago precismanete aquí, en este artículo tan vigoroso, tan entusiasta, tan atractivo. Da gusto leerte, amigo Luis. Y seguiré haciéndolo. Sigue escribiendo. Un abrazo.

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