Cuadro de invierno a orillas del Narcea

Por Luis Arias

«¡Sobre la tierra fría la nieve silenciosa!» (Machado)

«Y cuando ella me hable / de un cielo oscuro, de un paisaje blanco, / recordaré / estrellas que no vi, que ella miraba, / y nieve que nevaba allá en su cielo» (Pedro Salinas)

Llegó ayer, con el sigilo que acostumbra, cuando había oscurecido, convirtiéndose en agua al desplomarse sobre el suelo. Sólo se quedaba en el Pedrorio y en el Courío. Cuando escribo estas líneas cae aguanieve, con voluntad de cubrir los tejados y de ir asentándose cada vez más abajo.

Nieve silenciosa que, según las previsiones, irá a más a medida que la noche se vaya acercando. Nieve que es un regalo a la vista. Nieve que todo lo paraliza salvo las miradas que la siguen. Nieve que constituye también el recordatorio generalizado de tantas y tantas películas que se situaban en fechas navideñas con su presencia como principal rasgo distintivo.

A veces, su silencio sufre la brusca sacudida de un trueno. A veces, su blancura se electrifica con relámpagos lejanos que le salen al paso. Y es entonces, en momentos como éste, cuando se intensifica más, cuando baja con mayor ímpetu, cuando muestra voluntad de cubrir estas vegas tan bajas a orillas del Narcea.

Como algodón en las desnudas ramas de los árboles, como merengue sobre alguna piedra a la que decora, como nata sobre los tejados de casas que parecen de chocolate. Como un auténtico obsequio para los sentidos, como un festín para la vista.

Silenciosa y, en la mayor parte de los casos, efímera nieve que el cielo nos trae. Le cuesta asentarse, es resbaladiza en nuestras manos, se desliza como el tiempo y la vida, según dijera Quevedo en memorables versos.

Al contemplar su caída, queremos que vaya a más, deseamos que se extienda, que cubra todo aquello que se encuentra a nuestra vista. Se diría que la estábamos esperando, que anhelábamos que su proceso culminase envolviéndolo todo.

Nieve que nos detiene y que, al mismo tiempo, se erige en nuestro principal foco de atención. Nieve a la que acompañan las chimeneas y el crepitar de sus fuegos. Llamas que generan humo que sube al cielo encontrándose con ella, como nuestro aliento cuya trayectoria observamos abstraídos.

Desde aquí, la única arboleda que aún tiene algo de hoja son los carbayos, cuyo otoño parece prolongarse en una estación que ya no es la suya, y, en el suelo, esa hojarasca aún ocre parece tener voluntad de ser el lecho mullido para esta nieve que nos cae.

Veo un cuervo sobre la rama de un viejo y enorme manzano, que parece también expectante. Pájaros que vuelan bajo y que hacen muchos y cortos recorridos.

Nieve que, salvo que el hielo acuda en su ayuda para fortificarla, representa la conocida metáfora de Bergson del agua que se escurre en un cesto como la realidad cuando deseamos atraparla. Nieve que también representa el continuo cambio del que nos hablaba Heráclito.

Pero lo que nos llena y sobrecoge por encima de todo es que acuda, esta vez, puntual a su cita, casi en el último suspiro, pero a tiempo, cuando las Navidades acaban de irse tras el paso de los Reyes Magos.

Nieve que es, en consecuencia y en el caso que nos ocupa, el principal ingrediente de toda una estética de la despedida de un año que no comienza definitivamente hasta que la actividad regresa tras el breve letargo vacacional, con la fiebre de las rebajas de enero.

¿Cómo no disfrutar de su llegada? ¿Cómo no detenerse contemplándola?

Nieve, como dijera Machado, sobre la tierra fría, y aun así, con la calidez del recuerdo, con la tibieza de las imágenes vívidas que nos suministra la memoria.

En una crónica viajera que acabo de leer, el autor se refería a que, con el paso de los años, cada vez era mayor el número de ausentes que lo acompañaban en su recorrido. Y, al ver un paisaje, no podía evitar el afán de describirles aquello que tenía ante su vista, acaso porque en su momento lo habían transitado juntos, acaso porque deseaba devolverles estampas que le habían ayudado a descubrir.

Nieve que retorna y que nos lleva también a paisajes de infancia, gran parte de ellos servidos por el cine a través de su sábana gigante, aquélla en la que se proyectaron tantos sueños, tal y como describió con genialidad Fernando Vela.

Nieve silenciosa que, en algún momento, se endurece y se vuelve granizo. El trapo se transforma en piedra, y todo ello con la misma envoltura de un blanco que resplandece.

La noche que espera al día. Como la mágica noche de Reyes que, al irse, nos dejaba los regalos. La noche que aguarda una aurora nevada y fría, en la que todo se pasma y el paisaje por ella transformado es el único protagonista de una historia sin ruido, sin furia, con mansedumbre, con la tersura de lo que hemos sido.

Nieve que, en el momento de escribir estas líneas, envuelve el Pedrorio, nieve que acecha a la noche para que las farolas se vuelvan velas de una noche mágica que aguarda al alba, alba redundantemente blanca. Y silenciosa.

Como ella, como la nieve, que nieva en el cielo de recuerdos y olvidos que anidan en cada uno de nosotros.

Sólo nos falta que el viento haga sentir los rugidos del Narcea y que Vivaldi le ponga música a este clamor de silencio que nos conmueve con su quietud. Las llamas de las velas temblarán con los mismos compases que las estrellas que el cielo nos permita ver en las noches oscuras y nevadas del alma de cada uno de nosotros.

Categoría: Bajo Narcea Comentarios(30) enero 2010

30 Respuestas a “Cuadro de invierno a orillas del Narcea”

  1. Julia Says:

    Desconozco las reglas del periódico en cuanto a la extensión de los artículos. Puestos a poner pegas, sólo pondría una: podría ser un texto más corto. Aun así, es una hermosa descripción literaria que nos hace participar a quienes la leermos en esa bella estampa de un entorno al que conoces tan bien y quieres tanto.

  2. Pepa Doncel Says:

    Raro es encontrar ambición de estilo en un artículo de periódico, pero es más infrecuente aún una prosa como ésta, un texto literario de principio a fin.
    Me gustaría que escribiese más textos como éste y menos política.

  3. Semióloga Says:

    Coincido con Julia: el texto es quizás demasiado largo para la descripción paisajística que se hace en un artículo de periódico. Pero, al margen de eso, la riqueza de vocabulario y la cadencia de la prosa son más que meritorias.

  4. Dama, dama Says:

    ¿Eres consciente de que en tu preciosa estampa no había un solo ser humano? ¿Ni siquiera una dama elegante como aquella de la gran nevada en Madrid del año pasado?

  5. Esteta de Pumarín Says:

    Lo humano puede ser un elemento más del paisaje, pero, como tal, es prescindible, dama.

  6. Grano de Pimienta Says:

    Buen cuadro paisajístico sin una sola alusión a cuestiones políticas. Se ve que se da cuenta de que usted y sus lectores también necesitamos librarnos de ella, de la actualidad, al menos alguna vez que otra.

  7. Laura Says:

    Contar lo que se ve, decir lo que se siente, comparar lo que más nos llama la atención, ver el paisaje con la ayuda de recuerdos de lecturas, de películas y de vivencias.
    El resultado: un cuando de invierno hermoso.
    Gracias por haberlo escrito, así.

  8. MadameHazañas Says:

    Nos imaginé a todos nosotros, asomados a la ventana, junto a usted, observando abstraídos la trayectoria de nuestro aliento y escuchando el silencio de la nieve que purifica la tierra… No es poca gente y la compañía reconfortante ¿verdad?

  9. Doña Berta Says:

    No es fácil encontrar columnas periodísticas en Asturias en las que se describa con tanto preciosismo nuestro paisaje. Como tampoco es frecuente, que se reproduzcan descripciones de Clarín y Pérez de Ayala.
    Usted es la excepción a ambas cosas.

  10. Ferdinando Says:

    No hay sitio para el paisaje en el columnismo asturiano, sólo en el material gráfico. Usted tapa unos cuentas huecos, el referido por doña Berta, entre otros.

  11. Araceli Says:

    Feliz Año profesor. Continúo leyendo tus artículos.
    Un abrazo.

  12. Alberto del Río Says:

    Luis; me pega mucho que un artículo tan fino y afinado, como este tuyo, haya sido concebido -y escrito- bajo el imperio musical de Vivaldi. Il signore Antonio.
    “Nieve, silenciosa nieve”… como lo titulabas en la edición gráfica. O este “Cuadro de invierno”. Tanto da que da lo mismo, el título… porque el artículo no me deja frio. Todo lo contrario.

  13. Viajero astur Says:

    En efecto, como dice Alberto del Río, este artículo no nos deja indiferentes ni fríos, sino que reconforta mucho esta poética del paisaje asturiano que aquí se hace.

  14. Atalayu Says:

    Hermoso cuadro de invierno, sí, señor. A todos nos vienen bien textos sin factor humano, ni político.

  15. Antón Says:

    Ver las orillas de este río nevadas ya cerca de su desembocadura es excepcional, tanto en lo estadístico, como en la belleza que suponen.
    Buen artículo.

  16. Celia Says:

    Sí, el paisaje está espectacular. Gracias por describirlo y consignarlo con un estilo tan cuidado, con un amor tan grande por tu tierra.

  17. Dulce Galbana Says:

    Muchas gracias por poner calidez y calidad al frío que embellece estos días nuestro paisaje.

  18. Escolástica Says:

    Recuerdo, como usted describe, haber visto caer copos de nieve sobre las piedras y regodones a orillas del Narcea, muy cerca de su pueblo, concretamente en Cornellana, y le agradezco que me haya hecho recuperar esas imágenes tan especiales de una infancia que cada vez siento más lejana, aunque, de vez en cuando, llama a mi puerta demandando atención.

  19. Selene3000 Says:

    Qué guapa esta prosa poética que ha heccho sobre la nieve.
    Me ha hecho recordar la infacia. Cuando la blacura nívea de ella y los hórreos negros como el carbón convertían al pueblo en un tablero de ajedrez. Los críos entonces, nos convertíamos en los peones que se movían para lanzarse bolas de nieve y jugar al restillete.
    Gracias, gracies, moltes graciès

  20. OTEADOR Says:

    Sí, todo está muy hermoso. Uste lo ve la smontañas nevadas desde las vegas bajas; yo contemplo los valles desde un pueblo de montaña. Podríamos, así, completar el cuadro.
    De todos modos, su texto es primoroso.
    Y yo tambièn le doy las gracias.

  21. Vaqueiro en Madrid Says:

    Aquí en la capital del reino también nevó, pero prefiero pensar en mi paisaje nevado, muy cerca del tuyo, en el mismo concejo. Gracias por tu descripción, tan guapa.

  22. El Curión Says:

    Es verdad que la descripción de la nevada es muy guapa, también que gracias a ti salismos en el Google más veces, y se te nota la ley que le tienes a esto, que compartimos y agradecemos.

  23. Pinceladas astures Says:

    Buena descripción, amigo, sin pintoresquismos, sin tópicos, sin frases hechas.

  24. Sergio Huergo Says:

    Hago mías las palabras de Pinceladas. Uno, al leer la prensa, agradece que no todo sean muletillas, tópicos, expresiones siempre repetidad, etc, y, si además de eso, el texto dice algo y está bien escrito, entonces la gratitud hacia el autor es grande.

  25. Diáspora praviana Says:

    Como el vaqueiro, yo también vi caer la nieve en Madrid, pero no es lo mismo. Recuerdo que, en mi infancia, nada más levantar la vista, desde la plaza de Pravia, vi Corralinos cubierto de nieve, y, más lejos aún, el prau de Gomanil también nevado.
    Gracias por haberme ayudado recordar mi infancia, mientras en Madrid caía la nieve sobre el asfalto y los coches.

  26. R M Verdasco Says:

    Poner en palabras, o, como dicen ahora, “verbalizar” el momento en el que la nieve va cubriendo un entorno tan singular como el tuyo, que tengo la suerte de conocer, es meritorio, sobre todo cuando no se cae en chauvinismos, sino contando lo que se ve con las palabras adecuadas e incorporadas.

  27. Sacristán roxu Says:

    Tras la nevada, llega la hora de las protestas, más o menos fundamentadas, de cómo se llevó la gestión para evitar peligros y riesgos. Y, como siempre, los trastos de los tiran los unos a los otros.
    Nada nuevo, pues, tras el temporal.

  28. Florentino Esgrima Says:

    Razón tiene el sacristán. Es momento para las protestas. Es momento para analizar con qué eficacia funcionan las distintas Administraciones cuando los temporales nos invaden.

  29. Obona Says:

    Bueno, puede que se consiga que la discusión dure hasta la próxima nevada. Febrero está muy cerca.

  30. ARTO Says:

    De niño, recuerdo una tarde de invierno,en un charco formado por las lluvias caidas,se reflejaban las nubes en él.Cuando me cansé de mirarlas,observé a lo lejos,las montañas blancas,y soñé alcanzarlas con la mano,las retube en mi mente,con mis manos formaba bolas,creé un muñeco de nieve,y le dí calor y… se derritió,formándose un enorme rio,y por él saltaban,truchas,salmones,nútrias.Me inventé un nombre,y le puse…NARCEA.Para LUÍS.

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