Cataluña: la dignidad y la pluralidad

Por Luis Arias

Permítame el lector que nos situemos por un momento en el Parlamento español en 1932. Azaña apuesta por un Estatuto de Autonomía para Cataluña que supere viejos capítulos de agravios y desencuentros. Ortega pone objeciones razonables y no se muestra tan optimista como don Manuel: nunca se resolverá del todo la relación entre Cataluña y España, entre España y Cataluña. El llamado «problema catalán» sólo se podrá «conllevar». Cataluña y España están condenadas a conllevarse, lo que no deja de ser una fórmula de entendimiento intelectualmente atractiva. Pasados unos meses, Azaña en Barcelona arranca que miles de gargantas den vivas a España, a la República y a Cataluña. Escenificación de un encuentro largamente esperado. Don Manuel y la República viven sus momentos más dulces. Llegarían tiempos mucho peores, los de la detención en Barcelona en octubre del 34 del que fuera principal artífice de aquel Estatuto; más tarde, los de la Guerra Civil, los de la tragedia española convertida en drama por Azaña en su obra «La velada en Benicarló», a la que le escribió un prólogo, no demasiado deslumbrante a decir verdad, un magistrado del Tribunal Constitucional, el señor Aragón. ¡Qué cosas!

Confieso que cada vez que se debate la relación entre Cataluña y España no puedo no preguntarme si quienes eso discuten tuvieron a bien documentarse al respecto, empapándose de este debate que representa uno de los momentos más brillantes del parlamentarismo español. Y es que tengo para mí que la historia para los políticos tendría que ser algo similar al error para los científicos. El político, cuando se ocupa de asuntos de gran calado, y éste es sin duda uno de ellos, tendría que echar mano de ese continuo proceso de ensayos y errores al que llamamos historia. Y no sólo el político, también lo deben hacer el intelectual que pretende analizar el asunto y el periodista que ambiciona explicarse ante sus lectores, cada uno dentro sus alcances y sus posibilidades, claro está.

Sin embargo, lamentablemente, se diría que cada vez que se discute algo así se parte de cero, es decir, que nadie tiene a bien estudiar el asunto más allá de algún refrito que le llega de oídas, y así nos va.

Y es que, ahora mismo, tras ese editorial conjunto de la prensa catalana, tenemos ante nosotros un problema realmente serio. Es cierto que si la ciudadanía de Cataluña se encuentra con que se desautoriza lo que aprobaron los parlamentos catalán y español y lo que ella misma refrendó puede sentirse estafada y atacada en su dignidad. Lo que ya no está tan claro es a quién sería imputable ese bochorno anunciado que no puede no traer desafección. Para empezar, a los políticos que, como escribí recientemente, se aventuran en la aprobación de un Estatuto cuando el punto de partida tendría que haber estado en una reforma de la Constitución. También es imputable a los políticos que ese Tribunal que demora tanto la esperada sentencia no se haya renovado en tiempo y forma y que, en fin, se hable de los magistrados en función de sus simpatías políticas y no de su profesionalidad. Quiero decir con esto que las responsabilidades de la desafección anunciada no tendrían que recaer exclusivamente sobre una España presuntamente cerrada en banda a pactar con Cataluña, sino a una clase política, catalana y española, que no afrontó el asunto de la forma más adecuada. Ítem más: la dignidad de Cataluña también sufre menoscabos por asuntos de puertas adentro como el «caso Millet», así como por determinadas actuaciones de sus propios políticos, ignominiosas en más de un caso.

En otro orden de cosas, son muchos los asuntos que están en juego en esta discusión. Habla el editorial conjunto de la necesidad de una España plural. Y es incuestionable que no hay otro modelo de convivencia democrática posible que no sea esa pluralidad que, en teoría, reconoce la Constitución. Al hilo de esto, un mero vistazo a la composición del Parlamento de Cataluña nos lleva al convencimiento de que son amplísima mayoría los partidos que apuestan por un techo autonómico muy alto. Por tanto, no cabe otra opción política que no sea respetar las reivindicaciones que Cataluña plantea dentro de la llamada España plural. Y es cierto que ya estamos hartos de que se sigan profiriendo los tópicos más vulgares contra Cataluña desde ciertos ámbitos políticos y periodísticos que no hacen más que deteriorar la vida pública. Más aún: tampoco es de recibo el desinterés histórico tan grande que continúa habiendo en España con respecto a la cultura catalana, especialmente hacia su literatura. Se da por hecho que todo catalán debe saber castellano, pero nadie parece plantearse que, en una España plural, un mínimo conocimiento de todas las lenguas y literaturas peninsulares sería, como tanto se repite ahora, «enriquecedor».

Dicho todo esto, que no es más que el reconocimiento de un problema que nunca llegó a resolverse del todo, también quiero hablar de la Cataluña plural, de aquella a la que tanto le debe la literatura escrita en castellano, con autores como Goytisolo, Marsé, Gil de Biedma, Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza y un largo e ilustrísimo etcétera, ello por no hablar de la importancia de grandes editoriales radicadas en Barcelona que publicaron obras maestras de la literatura escrita en castellano durante el siglo XX.

A este respecto, quiero creer que todos somos conscientes de que la pluralidad no sólo tiene que esperarse de España, sino también de Cataluña. Pluralidad que existe en lo lingüístico y en lo cultural y que, en consecuencia, debe tener también su cabida en el discurso político de Cataluña.

Pernicioso sería para Cataluña considerar que los menoscabos a la dignidad y a la pluralidad de su ciudadanía tienen como procedencia exclusiva a España. También es necesario un debate interno a este propósito en la sociedad catalana y que se le conceda el rango necesario en el discurso político.

Y, dicho todo esto, convendría que el debate sobre la España plural y el Estado de las autonomías tuviese lugar en toda España, más allá de los tópicos y más allá, también, de la opinión publicada, que no siempre recoge con exactitud lo que es la opinión pública.

Categoría: Libros Comentarios(24) diciembre 2009

24 Respuestas a “Cataluña: la dignidad y la pluralidad”

  1. Republicano Says:

    Un análisis tan claro y tan ecuánime hecho desde el republicanismo. Lo malo es que algo así apenas existe en la opinión publicada.
    Claramente, no interesa.

  2. Selene3000 Says:

    Excelente el artículo.
    Exacto Republicano, y no interesa sobre todo a los políticos. No les interesa ser claros, sinceros y limpios ni a los de aquí, ni a los de allí, porque creo yo, es el juego que los mantiene en la poltrona. Unos a otros se denuncia, se quejan, se hacen los listos, los tontos, los víctimas..al final nos entendemos mejor la gente de la calle que ellos.
    Comparto al cien por cien, la propuesta que hace, sobre el debate plural y el Estado de las autonías que tuviese lugar en toda España, más allá de los tópicos y de la opinión publicada.
    Haría falta que desde la radio, la tele, los diarios etc, nos fuerámos familiarizando unos con otros, para acabar escuchándonos con naturalidad.
    En estos tiempos de comunicación, nos falta trato.
    En España hay diferentes paisajes y geografías, lo que da lugar a difentes lenguas, lenguajes y tonos de voz muy distintos, que solo conocemos a través de los tópicos.
    Pero allanar eso, no les interesa a los polícos,
    ¿Con que nos iban a crispar, entonces?

  3. Atos Says:

    El estilo muy bueno, don Luis, como siempre. Pero parece que ha escrito la columna sobre papel de fumar, alejándose de la realidad. Claro que hay que partir de cero: comparar a los políticos del 32 con los actuales nos lleva a su amado Lampedusa,los leones y la garduña, ya sabe. Echo de menos que no perciba que esa “dignidad catalana” desprende un inequívoco y peligroso tufo a la “Lebensraum” nazi. No se vaya al 32, Tarradellas hablaba de “ciutadans de Catalunya” en el 77, ahora sólo queda “Catalunya”.
    Por último, tampoco estoy de acuerdo con usted cuando afirma que no cabe otra opción que aceptar las reivindicaciones de Cataluña. A lo mejor no caben en el actual Régimen y deberíamos antes, para no meter la pata todos, cambiar de Régimen (no caerá esa breva). Digo yo.

  4. Armando Cocaña Says:

    No diga eso del nazismo, señor Atos, por favor. ¿Va a resultar que la prensa catalana desprende ese tufillo, frente a la muy democrática de Madrid? Frentismos, no, por favor.
    Usted escribe bien, sabe esgrimir argumentos, tiene dialéctica, pero se diría que en en el presente asunto le puede la pasión.
    Razón tiene, eso sí, en lo de Tarradellas. Por algo, era la continuidad republicana.

  5. Observador Says:

    Estimado Sr. Arias, si aumentase un poco en el tiempo su estudiado refrito, sabría que esas miles de gargantas y muchas más, siete años después -no más, viejo- se rompieron gritando ¡Arriva España! y ¡Franco, Franco, Franco! brazo en alto, cuando las tropas rebeldes los liberaron de los “gozes” del gobierno legítimo de la República, de la que su amado Sr. Azaña era Presidente todavía.

    Me hacen ustedes mucha gracia con su republicanismo biológico, equivalente al monárquico biólogico, que en nada benefician a ambos sistemas políticos.

    Lo de prural es más de lo mismo, el General lo dijo hasta en su testamento, “España y sus ricas peculiaridades regionales”. Más de lo mismo.

    No queremos entender, es muy prosaico para un intelectual al uso e hijodalgo – a más a más- que todo es un problema de defender el vil metal. Antes cuando el famoso “arancel” ahora con el estatuto. Dinero al fin y al cabo. Mientras ellos se llenan la buchaca, nosotros seguiremos discutiendo, muy intelectuales y políticamente correctos por supuesto, si son galgos o son podencos.

    ¿Por qué sigue en ruinas y sin utilizar la famosa estación de Canfranc?

    Buenas tardes.

  6. Pedregalín Says:

    Señor Observador: ¡Qué mirada la suya tan pura, tan casta, tan cándida ella! O sea, que es comparable una manifestación ciudadana en un Estado democrático al “fervor patriótico” ante un general que ganó una guerra y que toma posesión de su conquista.
    Lo suyo es honestidad intelectual, y lo demás son bagatelas.

  7. Socialista chamuscao Says:

    Hablando de Tarradellas, es muy curioso, don Luis, que Azaña en sus Memorias cuenta que, según Prieto, era un canalla.
    Viperina lengua la de don Indalecio, la verdad.

  8. Observador Says:

    Compara usted, mi queido amigo Pedregalin, y ya sabe como son las comparaciones… . Por relatar unos comportamientos, que evidentemente le romperan sus esquemas, tampoco tiene por qué confundir la velocidad con el tocino. Fíjese que hasta me permito la licencia de poner Arriba con “v”.

    Si son “Las memorias íntimas de Azaña”, verá usted que quitándose a él mismo, no hay nadie aprovechable ni inteligente en aquella época. No solo Tarradellas. Qué soberbia, qué fatuidad, qué creido de si mismo destilaba el personaje. Seguramente que se “vistió de calzas bermejas”, al subir a las torres del Castillo de Villalba de los Alcores en Valladolid, propiedad de la familia de su esposa dónde pasaban y pasan los veranos, y creyéndose el Conde de Benavente, no se “desempanó” desde entonces.

    Buenas noches.

  9. Doctorando freudiano Says:

    ¡Cómo le traiciona su ello pecaminoso, Observador! Las “Memorias íntimas de Azaña” son un producto hediondo de un tal Arrarás que, valiéndose de lo publicado y lo sustraído, hizo su versión tan llena de odio que resulta no sólo un delito intelectual, sino también un vómito.
    Yo que usted solicitaría confesión especial, pues
    peca en demasía, y ya sabe lo severo que es Dios.

  10. Port Bou Says:

    El mero hecho de recordar aquel debate Parlamentario del 32 ya es de agradecer en medio de tanto insulto pueblerino entre unos y otros.

  11. Tito Liviano Says:

    La historia nunca es madrastra, ni siquiera en el caso de España, que ya es decir. La historia es más bien una madre abandonada por unos hijos y nietos que reniegan de ella sin haber sabido emanciparse.
    Y así nos va: inventando el fuego cada vez que se discute uno de esos problemas que llevan más de cien años discutiéndose, léase el llamado problema catalán.

  12. Julia Says:

    ¿No será todo esto una historia más en la que puede más el ruido que las nueces?

  13. Doña Berta Says:

    No, Julia, no sólo es ruido, aunque también; es un enredo más de los que empezó Zapatero, y a saber en qué dará.

  14. Libresco Says:

    ¿Alguien recordó la “Oda a España” de Maragall? Espero que algún día aluda usted a la correspondencia que este personaje tuvo con Unamuno. Lo espero porque sería muy interesante que lo hiciese.

  15. Grano de Pimienta Says:

    Convénzase, Libresco, son unos iletrados.

  16. Observador Says:

    Por lo que veo, para los “Cum Laude” hay que seguir bajando la cerviz.

    ¡Como sigue la “alma mater”!

    Buenas noches.

  17. Dra. Rauschii Says:

    Me parece tan cutre, tan triste, tan pobre, tan denigrante seguir debatiendo en el siglo XXI las cuestiones localistas ya debatidas en el XIX que sólo puedo manifestar mi estupor ante tanta gente interesada en el tema. Soy madrileña y nací en uno de los barrios más anticatalanistas de la ciudad, crecí entre el olor de la tinta del ABC y los gritos de “El Barça más que un club … es un puticlub”, y pese a ello me encanta pasear las calles de Barcelona y perderme en las calas de Girona cada vez que tengo ocasión. Y nunca, jamás, me he sentido ni extranjera ni mucho menos excluida, es más, ni siquiera la lengua autóctona ha constituido, no ya problema, sino traba ninguna ¿O es que a alguien le parece mal cuando va a Suecia que allí hablen o escriban en sueco?
    Señores: no seamos pueblerinos en el peor sentido de esa palabra, no dediquemos ni un minuto a debatir algo que en el mundo global de hoy en día no tiene cabida, no tiene ni sentido, y ese algo es que somos plurales, y de ahí nuestra riqueza, de ahí nuestra inmensa suerte. Y el que crea que su pueblo es el mejor del mundo tendrá razón, siempre que no tire la primera piedra para lapidar a los del pueblo de al lado con el fin de demostrárselo.

  18. Carbayón dulzaina Says:

    Estoy de acuerdo con la doctora. Negarse a la pluralidad es paleto, lo haga quien lo haga. ¡Hasta Oviedo, que ya es decir, es plural!

  19. Estudiantón Says:

    Lo del editorial conjunto tiene mucha importancia no por su contenido en sí, que es lo esperable, sino porque, como el parlamentarismo no existe, excepcionalmente, son los periódicos quienes asumen esa función.
    Por eso también, coincidiendo con el goloso vetustense, está muy traída la polémica parlamentearia entre Azaña y Ortega. hoy impensable porque la mediocridad es insultante.

  20. María Teresa Jáñez Says:

    Sí, estamos en un mundo plural y la incorporación a Europa tendría que haber servido, entre otras cosas, para orillar los conflictos nacionalistas. Pero, por lo que se ve, la “profecía” de Ortega se impuso a todo, y hay problemas permanentes en la relación entre Cataluña y España.
    Bien está que haya traído a colación aquella polémica parlamentaria.
    ¿Por qué levantará tantos sarpullidos que se recuerde lo que fue el parlamentarismo más brillante que hubo en este país?
    ¿La inteligencia sigue siendo el diablo?
    Se ve que sí.

  21. Observador Says:

    Me llama mucho la atención eso de la “brillantez” de esos parlamentarios. Tan brillantes no creo que fueran cuando cogieron una República Virgen, por incomparecencia del contrario, sin sangre y sin exilios, sólo la familia real a la que solo despide Romanones, y a los cuatro días ya estábamos practicando el deporte nacional por antonomasia, matarnos unos a otros. Y a los dos días uno decía “no es eso, no es eso” y el otro después de ser presidente del consejo de ministros, sacaba 5 diputados en las primeras elecciones, o sea, que no lo votaron ni la familia ni los amigos. Arrarás me parece que no andaba tan descaminado, ¿verdad?.

    El problema de Cataluña repito, no es de globalidades, es que se acostumbraron a que les compraramos todo, el famoso arancel, y ahora que eso ya no vale, quieren que les mandemos la pasta directamente, y no porque sean más emprendedores, sino porque tienen salida cercana a Europa por tierra. Lo mismo que los vascos. ¿Porqué nunca funcionó Canfranc? ¿Cuándo empezaron a ser nacionalistas? Pues cuando la industrialización. El dinero, poderoso caballero.

    Buenas noches.

  22. atos Says:

    ¡Vaya hilo! Todos hablando de cosas diferentes. Así no hay quien discuta a gusto. A mí- y a casi todos ustedes también- me produce auténtico pavor oír hablar de la DIGNIDAD de Lanio, Oviedo, Cataluña o del III Reich, así en abstracto y a palo seco. A casi todos los veo defender un ideal democrático-republicano en el que no tienen cabida rollos medievales como ese. Desde esa perspectiva, no entiendo que una parte del territorio- per se- tenga derecho a prerrogativas y derechos que el resto de ciudadanos de ese estado no pueden alcanzar. Termino que es sábado. O “semos” jacobinos o “semos” carlistas, don Luis. Las dos cosas a la vez no las veo posibles. ¿O ustedes sí?

  23. Repúblico Says:

    De acuerdo, Atos: los derechos son de las personas. La tierra sagrada y el pueblo sagrado son asuntos religiosos y, por tanto, bombas potenciales de todo lo malo.
    Y las personas que viven en Cataluña tienen derecho a manifestar democráticamente qué marco político desean. Y las personas del resto de España tambièn deben decidir si acepran ese modelo o no.
    No es carlismo, es democracia.

  24. landemesa Says:

    No me puedo creer la ignorancia de la gente, que encima opina como si fueran el oráculo. En la vida que yo conozco a la familia de Azaña, porque soy de Villalba de los Alcores, han venido de veraneo al castillo, que por cierto es una ruina. Sí me acuerdo de tiempos remotos en que quizá vinieron algún verano, allá por 1920 o así, pero nada más, res de res. Luego, vino un sobrino de Azaña un verano, durante ocho días y se volvió a marchar y no ha vuelto nadie más de la familia.Buenas noches.Doctorando freudiano Says.
    Y hasta mañana, Landemesa

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