Cataluña y sus desapegos

Por Luis Arias

De un lado, el caso Millet sigue golpeando de continuo. De otra parte, algunos medios adelantan que la Sentencia que va a emitir el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña no resultará favorable. En medio de todo ello, sobresale el desprestigio de la llamada clase política, también la catalana, que no puede no desembocar en un fuerte desánimo en la ciudadanía.

Son golpes demasiado duros para la sociedad catalana que constata el deficiente funcionamiento de unas instituciones que no fueron todo lo eficaces que sería exigible en su control de lo que se hace con el sagrado dinero público. De una sociedad que tiene que soportar, otrosí, que sobre ella recaigan los viejos y mezquinos tópicos de siempre más acentuados que nunca por parte del reaccionarismo español más recalcitrante. De una sociedad que asiste al desolador espectáculo de confirmar que lo que se aprueba y se negocia entre los Parlamentos catalán y madrileño colisiona con la Constitución. ¿No hubiera sido más lógico y sensato plantear un debate con vistas a una posible reforma de la llamada Carta Magna en vez de aprobar algo que, a lo que se ve, no se ajusta a ella? Añádase a todo lo dicho la escasa participación ciudadana que hubo en el referéndum sobre el Estatuto. Y, en todo caso, se cumplan o no los vaticinios sobre esa Sentencia que tanto se está demorando, el hecho es que cunde el desánimo y que, como acaba de declarar Pujol en una entrevista, la autoestima en esa tierra está bajando demasiados enteros.

Si el Estatuto, como se encargó de manifestar repetidamente Maragall, iba a marcar un antes y un después en la historia de Cataluña, no se entiende que hubiese tanta urgencia en aprobarlo; o, dicho de otro modo, no parece muy pertinente haber empezado por ahí, y no por un debate tendente a negociar una reforma de la Constitución que garantizase que no iba a ser rechazado. Urgencia en el Gobierno de Maragall, urgencia también en el Parlamento español, así como en los partidos que pactaron la aprobación del texto, tal como quedó tras aquella larga reunión entre Zapatero y el líder Convergencia, que, de otro lado, desautorizó claramente a Maragall.

Además de lo hasta ahora expuesto, de por sí problemático y vidrioso, no podemos no preguntarnos por el día después a esa Sentencia que tanto se retrasa. ¿Podrá evitarse acaso que los ciudadanos de Cataluña no se sientan víctimas de una tomadura de pelo o de una chapuza por parte de sus representantes políticos? ¿Para qué se les convocó a refrendar algo que, según se prevé, va a ser, en lo más singular, rechazado por el Tribunal Constitucional?

Al tiempo que esto sucede, asistimos a enredos; sin ir más lejos, la consulta sobre la independencia que se llevó a cabo en la localidad de Arenys de Mar, así como la que se proyecta para Girona. No se debe perder de vista que el votante sabe que se trata de un juego. No tenemos, por tanto, la certeza absoluta de que fuese a pronunciarse de igual manera que si se tratase de un referéndum en el que el resultado final de la votación determinaría cambios significativos.

Sea como sea, lo que está sobre la mesa no es sólo aquella eterna conllevancia entre Cataluña y España de la que habló Ortega en 1932, pues también se ponen de relieve otros problemas no menos graves de puertas adentro, como la corrupción y la mediocridad de su clase política.

Con respecto a lo primero, tan grave fue la innecesaria y torpe crispación que creó Aznar en su última Legislatura, como asimismo lo fue la falta de perspectiva de Zapatero cuando prometió algo que al final no pudo cumplir. Lo que ocurre es que todo incumplimiento de la palabra dada solemnemente en público, sea o no inevitable, genera ineludiblemente frustración y malestar.

Cataluña en horas bajas. Se diría que, de un lado, la comprensión y la amplitud de miras, que nunca fue muy generosa, del resto de España hacia esta tierra está retrocediendo. Y que, de otra parte, los responsables políticos catalanes en su mayoría no son capaces de que fructifiquen unas negociaciones que cristalicen, no ya en una solución ideal y deseable, sino ni siquiera en una conllevancia plausible que satisfaga mínimamente las expectativas de las partes implicadas.

No vale curarse en salud diciendo que si el Constitucional se pronunciase invalidando parte importante del Estatuto eso no podría ser aceptado, toda vez que presupone que ese Tribunal tiene como misión establecer si el referido Estatuto se ajusta o no la Carta Magna. Y, si el problema reside ahí, tendrían que haber comenzado con propuestas encaminadas a reformarla, propuestas que buscasen de entrada el acuerdo necesario para que esos cambios pudiesen llevarse a cabo.

No cabe argüir como coartada que era inviable el objetivo de alcanzar un acuerdo encaminado a una reforma de la Constitución, pues ni siquiera se puede alegar que se intentó. Así las cosas, el día después de la pronosticada Sentencia desfavorable no podrán comparecer cargados de razón en tal sentido. Es, pues, pedir lo imposible que las cosas se hagan siguiendo los pasos de la lógica más elemental en lugar de poner en práctica huidas hacia delante que surgen de enfoques improvisados y atrabiliarios?

¿De verdad pueden pensar que la sociedad catalana no los castigará electoralmente?

Categoría: Opinión Comentarios(17) noviembre 2009

17 Respuestas a “Cataluña y sus desapegos”

  1. Analista Says:

    Impecable argumentación sobre una encrucijada que es consecuencia del miedo a reformar una Constitución que nadie se atreve a tocar.

  2. Notario Says:

    Estoy por completo de acuerdo con usted. Los Magistrados del Constitucional están obligados a pronunciarse en torno a la mayor o menos adecuación del Estatuto a la Carta Magna.
    Son ellos, los políticos, los que tienen la facultad de modificar la Constitución si lo consideran necesario.
    Todo lo demás es un ceremonial de confusión que pretende tapar el laberinto en el que se han metido unos y otros por no haber empezado por lo más lógico.

  3. Charnega Says:

    Cierto, lo que Maragall tendría que haber hecho hubiese sido arrancar del PSOE el compromiso de reformar la Constitución para evitar este galimatías que hay ahora.
    También es verdad que, de no haber pactado con ERC, nadie hubiese ido tan lejos.

  4. Catalana de Occidente Says:

    Está en juego, como decía el editorial conjunto de la prensa catalana, la dignidad de un territorio que no quiere bailar flamenco ni cantar pasodobles y que no va a renunciar nunca a expresarse en un idioma que se mantuvo a pesar de las prohibiciones de todos conocidas.
    No querer ver esto es posicionarse en lo imposible.

  5. Impresiones e ideas Says:

    La papeleta es difícil, pero el editorial conjunto de la prensa catalana da claramente a entender que hay cosas que se tienen que afrontar sin los dogmatismos rancios de siempre.
    ¿Vuelve la Política con mayúsculas?
    Ojalá fuese así.

  6. Generalato de la mollera Says:

    Su análisis es ponderado y original. Espero que se pronuncie sobre el editorial conjunto de los periódicos catalanes.

  7. Tito Liviano Says:

    El mayor de todos los problemas con respecto a la relación España- Cataluña es que, según parece, nadie aprendió nada de esa larga historia de desencuentros, ¡y mira que hay de dónde de echar mano!

  8. Jugo de Unamuno Says:

    ¿Puede haber algo más preocupante que una especie de guerra entre la prensa catalana y madrileña? ¿Es ésta la función de los medios?

  9. Pepa Doncel Says:

    ¿Por qué son tan chapuceros? ¿Por qué no se va, de nuevo, a un pacto de Estado?

  10. Rebeca Cobos Says:

    ¡Qué eficacia demostrada entre todos para enredar estúpidamente una madeja cuyas consecuencias serán molestas y omplicadas!

  11. Noventayochista Says:

    Es éste un país, como alguien dijo antes, que no aprende de su historia, de sus errores y los viejos problemas se diría que siempre parten de cero. Así nos va.

  12. Armando Cocaña Says:

    Lo malo, don Luis, es que entre Cataluña, España y Europa su venerado Ortega no encontraría a día de hoy dónde ubicar la solución, que ni siquiera está en Europa.

  13. Krausista Says:

    Lo peor de todo es que se está viviendo un momento decisivo a la hora de configurar España como nación y a quien toca intentar darle forma es una clase política mediocre hasta la náusea.

  14. Florentino Esgrima Says:

    ¿Se está jugando entre la prensa catalana y madrileña a algo serio, o se está frivolizando en demasía?

  15. Selene3000 Says:

    ¡Qué hartos nos tienen los políticos!
    Derecha e izquierda apelando y amenazando a los ciudados. Amenazar es de débiles, de cobardes y flojos, pero los partidos políticos lo siguen utilizando para perpetuarse en el escaño y mantenerse en el poder.
    Derecha e izquierda inventan juegos de palabras,repiten tópicos, prejuicios y rizan el rizo con lo de siempre: Que si la lengua, que si la nación, que si somos más o menos importantes que los otros; y los otros, la derecha de siempre que si hemos perdido poder o no podemos consentir que España se pierda..
    Pero, creo que a un porcentaje bastante elevado de barceloneses ya no nos calentarán más la cabeza. A la derecha y a la izquierda hace tiempo les hemos visto el plumero. Han convertido la política en una profesión de lucro. El dinero que roban, las pelas que no vemos y nunca veremos las seguirán llevando a Andorra, a Suiza, Mónaco..y mientras tanto unos y otros a marear la pediz con la caza de siempre.
    Contentos y fartucos nos tienen, sí.

  16. Ignacio Says:

    Así que de la ruptura de la conllevancia entre Cataluña y el resto de España tienen la culpa sólo Aznar y Zapatero. ¡Pues muy bien!

  17. Rafael del Barco Carreras Says:

    TRAS EL ENSAYO POR LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA… EL ESTATUT.

    Rafael del Barco Carreras

    Cuando se flota en una romántica, para los más, e interesada para unos pocos, irrealidad, se cae de bruces… y puede que alguien haya pinchado el globo. Nuestros políticos son únicos manipulando sentimientos. Manipulaciones a tres bandas, con interesado Tripartito. Toda la trompetería en danza, incluido el miedo de LAS ANTORCHAS y el éxito del BARSA. Quizá sería elevarlo a digno de Maquiavelo atribuir a Zapatero, o a su equipo, urdir y alentar esas consultas antes de soltar el ESTATUT, que dicho sea de paso nos trae al pairo a la MAYORÍA DE LOS CATALANES. Nadie se partirá el belfo porque en ese texto haya una o varias palabras sobrantes, y menos si en el reparto del ENORME DÉFICIT PÚBLICO Y ENREDO FINANCIERO CATALÁN Y ESPAÑOL les permiten meter más mano en la caja y aumentar el agujero. Es de notar que el Estatut se aprobó y votó en plena burbuja financiero-inmobiliaria, y sus promotores pudieran no gozar del predicamento de hace tres años. Una caja que depende más de la paciencia de los europeos que de los deseos de Zapatero por contentar a quienes pueden mantenerlo en el Poder o defenestrarlo. Y los europeos ni de lejos entrarán en el juego de cuánto deben por separado españoles y catalanes. Que el agujero catalán es insostenible se desprende subliminalmente del nerviosismo de los profesionales locales de la Política cuando amenazan con la debacle (y antorchas) de no aprobarse el texto por el Tribunal Constitucional. Y aunque se aprobara, con y por la crisis, recaudarían menos de lo esperado y necesario, por lo tanto la DEBACLE es posible con y sin Estatut. Elucubraciones tan válidas como otras.

    Después de lo visto en ese simulacro en que los románticos del catalanismo se han lanzado a la calle creyendo que tras ellos iban no el 30 por ciento del Pueblo sino el 100 por 100, me atrevería a asegurar que un ESTATUTO RECORTADO no provocaría mas allá de unas masivas manifestaciones de conducidos adictos. Con Barcelona, comarca y ciudades importantes, los trescientos mil, mucho para las cámaras y poco para la realidad y las URNAS. Recuerdo las de hace veinticinco años, con más o menos la misma cifra, ante la posibilidad de meter de nuevo en la cárcel a Jordi Pujol, y no por enaltecimiento del separatismo y la bandera catalana, sino porque Banca Catalana era una verdadera estafa. Perfecta manipulación. Aun guardo una póliza de compra de acciones que lo demuestra, y por lo que se condenó (condenas simbólicas) a su consejo de administración. La historia se repite, con otro disfraz y cifras multiplicando por decenas las de la Banca.

    Y llevando el ascua a mi sardina, aseguraría que si esa mayoría absoluta, convertida en SILENCIOSA por una entelequia democrática, pudiera votar para barrer a TODOS LOS PROFESIONALES ACTUALES DE LA POLÍTICA, lo haría con MAYORÍA ABSOLUTA, pero por desgracia no existe el camino legal, por lo de “atado y bien atado”, y al igual que los separatistas, deberemos seguir aguantando. ¿Hasta cuándo las PRIMARIAS Y LISTAS ABIERTAS?

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