Adioses al siglo XX

Por Luis Arias

«Pensamiento triste que se baila». Así fue definido el tango por Discépolo, que, a su vez, nos dejó su visión de la pasada centuria en un tango inolvidablemente amargo, que lleva por título «Siglo XX». Lévi-Strauss, en su libro «Tristes trópicos», no sólo da cuenta de sus investigaciones, sino también de un escepticismo amargamente lúcido. Francisco Ayala en «Recuerdos y olvidos» testimonia no sólo una importante parte de su trayectoria vital, sino también un fresco de lo que su memoria rescató del final de la llamada Edad de Plata de nuestras letras: su antes y después de la Guerra Civil. Y, como punto final, en estos ceremoniales de despedida, el 20.º aniversario de la caída del bien llamado Muro de la Vergüenza. Así pues, las muertes de dos grandes figuras de aquel siglo, que se producen en vísperas de la celebración de un acontecimiento que hizo a la humanidad más libre y que quitó vendas y arrancó máscaras.

Adioses al siglo XX. ¿Cómo no estremecerse ante la puesta en escena de un tango que lo evoca? Piernas de ensueño, movimientos de desgarro y excitación, deseo, ayes, y, al final, dos cuerpos que propenden a fundirse y confundirse en un rictus de dolor, que, sin embargo, tiene como bálsamo una sensualidad delirante.

Adioses al siglo XX. Lo que Claude Lévi-Strauss representa está muy lejos del momento que vive la Francia actual. Lo que la obra de Francisco Ayala significa, en tanto prosista de la mal llamada generación del 27, se encuentra, para desgracia nuestra, muy lejos de los rumbos que sigue la narrativa que hoy se publica en España. Pero, en todo caso, la parte del siglo XX a la que estos hombres remiten es, en primer término, aquélla que, tras las diversiones de las vanguardias y la década de los veinte, se despierta ante los horrores que se vivirían avanzada la década posterior: pesadilla que torturó a la humanidad.

Con la muerte de Lévi-Strauss se pone fin a una larga etapa en la que el pensamiento contaba con figuras, si no gigantescas, sí, al menos, de gran relieve. En la Europa de hoy pensadores que como Sartre y Lévi-Strauss, por mucho que sus planteamientos divergiesen enormemente, son impensables. Una Francia que estuvo en primera línea de las grandes corrientes de pensamiento posteriores a II Guerra Mundial. «El pensamiento salvaje», de Lévi-Strauss; «El grado cero en la escritura», de Barthes; «Montesquieu: la política y la historia», de Althusser, son, sin duda, todas ellas obras de referencia. Y hablando del siglo XX y de Lévi-Strauss, nos encontramos con un hombre al que, al proceder de una familia de origen judío, los horrores del nazismo no le fueron en modo alguno ajenos.

¿Y qué decir de Francisco Ayala? Permítanme que sólo evoque dos obras suyas: el relato que lleva por nombre «El hechizado», auténtica obra maestra del género, así como sus memorias, que llevan por título «Recuerdos y olvidos». Memorias que, más allá de los datos, más allá de la lucidez y de la magnífica prosa con que están escritas, remiten a algo que apenas fue advertido: a la mejor literatura autobiográfica, que se inicia con Unamuno y que prolifera en la Generación del 14. «Recuerdos y olvidos» no sólo son memorias, son también literatura, sobre todo por lo mucho que hay en el referido libro de aquello que dio en llamarse voluntad de estilo.

Prosista del 27, si hacemos caso a lo establecido por Petersen y Ortega acerca de la teoría de las generaciones, Ayala estaría al final de la suya, pues el que está considerado más viejo, Pedro Salinas, nació en 1891. Prosa de una generación que tuvo como gran maestro y editor a Ortega, del que tan pocas cosas se recuerdan, entre ellas, la pasión que sentía por el género biográfico, que no sólo cultivó con libros sobre Velázquez y Goya, sino que además teorizó sobre el género en su biografía sobre Velázquez poniendo la vocación, la circunstancia y el azar como principales componentes para conocer y entender una vida humana. Y que, además, «encargó» a grandes prosistas del 27 como Jarnés, Espina y Rosa Chacel que escribieran biografías de referencia. Por ejemplo, la de Bécquer, la de Ganivet y la de Teresa Mancha, respectivamente.

Francisco Ayala, pasión por lo biográfico y, también, por lo autobiográfico, que sigue una tradición que arranca con la Edad de Plata y que, a su vez, tiene, como bien escribió Marichal en el «Diario de Amiel», un punto de partida común. ¿Quién recuerda, por ejemplo, que al innominado narrador protagonista de la novela autobiográfica de Azaña se le llamó «El Amiel sin miel» de El Jardín de los Frailes?

Francisco Ayala dio cuenta en sus memorias no sólo de lo mejor de nuestra Edad de Plata, sino también de los horrores del siglo XX vistos con una lucidez envidiable.

Siglo XX, cambalache, que desde 1945 vivió la ceguera que en su momento denunció con admirable valentía Orwell. Aquella caída del Muro de la que se cumplen dos décadas significó muchas cosas, entre ellas, la cerrazón de dogmatismos y extremismos injustificables en personas que se reclamaban bien informadas y cultas.

¿Caída del socialismo real? Preguntémonos entonces cómo sería el ficticio. Todo el mundo sabía que el Muro derrumbado hace dos décadas sólo quería ser saltado desde uno de sus lados.

Aquel acontecimiento de noviembre de 1989 significó, con toda probabilidad, el fin del siglo XX, el fin de un período que, tras la II Guerra Mundial, permitió que una gran parte de Europa viviese bajo una tiranía que algunos se atrevían a llamar de izquierdas. Aquel acontecimiento que fue previo a la caída de un tirano, Ceaucescu, cuyo final resultó tan esperpéntico y cruel como su trayectoria.

Y, con todo, despedimos a uno de los grandes pensadores del siglo XX y, también, a un escritor, cuya obra es no sólo testigo y reflejo de un tiempo de esplendor en nuestras letras, sino que es también la plasmación de una literatura autobiográfica de la que es epígono, si tomamos como referencia a las generaciones del 98, del 14 y del 27.

Y, con todo, recordamos un acontecimiento que puso de relieve no sólo uno de los grandes fracasos de aquella centuria, sino también una de las mayores falacias de los últimos tiempos. Porque la caída del Muro no significa que no se pueda y no se deba luchar por un mundo más libre y más justo, sino exactamente lo contrario: que toda tiranía puede ser derrotada.

Adioses a un siglo no sólo de horrores, también de gigantes. Adioses a un siglo de sangre, sudor y lágrimas. Pero también de sueños cumplidos que supieron alejar y derrotar fantasmas y que dejaron sitio a la genialidad.

Adioses a los que despedimos con los acordes del tango de Discépolo. Con un pensamiento triste que se baila, con una voluptuosidad que nos hechiza, con unos ayes que nos estremecen y desgarran. Con un adiós que se desangra.

Categoría: Libros Comentarios(18) noviembre 2009

18 Respuestas a “Adioses al siglo XX”

  1. Laura Says:

    No sé, me parece que, mientras escribías, te imabonabas la puesta en escena de un tango que transporta a sufrimientos y placeres, que evoca lo mejor de aquel siglo XX en figuras como las que rescatas en tu artículo, conmovedor, como suele ocurrir en tus evocaciones.

  2. Lliteratu Says:

    Excelente visión de dos grandes del siglo XX que en el mundo de hoy no encajarían.
    Sólo le faltó añadir una cosa: la diferencia entre uno y otro entierro, el de Levi- Strauss y el de Ayala, está en que en el segundo hubo quien aprovechó para hacerse la foto. La diferencia no es baladí.

  3. Ayalino Says:

    Haga una encuesta que indague en el número de actuales lectores de Levi- Strauss y de Francisco Ayala.
    ¡Qué depresión sólo pensarlo!
    ¿No?

  4. Isabel Says:

    Nostalgia de lo mejor de un siglo, lugar para la sensualidad musicada y recordatorio de una infamia.
    Es mucho en un artículo. Pero lo has sabido ensamblar.

  5. Ana Says:

    ¿Y quién es la tanguista? ¿Cómo es ella?
    Ahora en serio: has sabido dar 4 pinceladas que combinas de forma admirable: el tango, Levi- Strauss, Ayala y el Muro de la vergüenza.
    Recordatorio y recorrido al ritmo de un tango.
    ¿Frenético de frenesí?

  6. Dama, dama Says:

    ¿Es el tango una despedida? Cienmatográficamente, sí. ¿Fue el siglo XX un tango? Según Discépolo, también. ¿Son imaginables en el siglo XX figuras como Levi- Strauus y Ayala? Yo diría que tampoco.

  7. Pepa Doncel Says:

    La definición que Discépolo da del tango es una auténtica maravilla. La forma en que trata a las dos figuras intelectuales recién fallecidas nos lleva a admirarlas más. La contundencia con que fustiga al llamado socialismo real y a sus fieles es de agradecer viniendo de una persona de izquierdas.
    Magnífico cóctel, que, con la agitación a ritmo de tango, es un regalo no sólo para el intelecto.

  8. Dra. Rauschii Says:

    Decía Borges que “El tango es la viva expresión de que la lucha puede ser un festejo.”
    ¿Qué mejor que esas piernas entrelazadas e insinuantes, del tobillo hasta el muslo luchadas? Añádasele a ésta mezcla vibrante una música melancólica,extática, depredadora, y … bailemos.
    Puede que así consigamos salir airosos del siglo que nos ha tocado vivir.

  9. Feijooniano Says:

    Los que, al final de la carrera, fuimos alumnos de C Bobes sí supimos de la existencia de los estructuralistas, aunque se hablaba mucho más de Barthes, lógicamente. Y, en cuanto a Ayala, era un autor por el que Cachero sentía predilección.

  10. Carbayonina Says:

    Una excelente despedida al siglo del tango, de las vanguardias literarias y del estructuralismo. Al siglo también de tantos clamores y horrores.

  11. Juanita la Corta Says:

    ¿Sería argumentar que los adioses al siglo XX empiezan con la muerte de Sartre, al inicio de la década que terminaría con el Muro? Se da el caso, además, de que, con él, se terminan los grandes intelectuales en Europa, cuyos epígonos pudieron ser las dos figuras que usted glosa.
    ¿Y el tango no termina con Marlon Brando, allá en los 70?

  12. Jugo de Unamuno Says:

    El primer “ismo” empezó el XIX, con el existencialismo: se lo debemos al hermano Kierkegaard.

  13. Semióloga Says:

    Me alegro mucho que se haya ocupado de Levis- Strauss, aunque sólo haya sido de pasada al abordar otros asuntos en el artículo.
    Espero que en algún momento escriba sobre Barthes de forma específica.

  14. Abrumada en Brumario Says:

    ¡Cuánto homenaje a ritmo de tango! ¡Cuántas remembranzas que a ti tanto te gustan!
    Aquí, más que un tono agridulce, que también, lo que se percibe es desgarro y amor a la vida, ambos por un igual.
    De verdad, está muy bien.

  15. Merche Says:

    ¡Qué maravilla es el tango! Música, dicen, de arrabal y que, sin embargo, alcanza a todas las capas sociales.
    ¿Quién no ha soñado con bailar un tango a la medida de sus fantasías?

  16. Tío Facundo Says:

    Sí, mucho sufrimiento, sobre todo para los que padecieron el totalitarismo, fascista o comunista, de esa centuria.
    Mucho sufrimiento y, a la vez, una gran apuesta por la vida de los que creyeron con mística en revoluciones que mejorarían el mundo.

  17. Repulida Says:

    Me pido, para bailar el tango, unas medias de ensueño. Y un hombre como Brando… Cuando rodó “Un tranvia llamado deseo”. Yo, peripuesta, y él en camiseta.

  18. Izquierdista de café Says:

    La Unión Soviética, los paises socialistas, el socialismo científico. ¡Cuántas falacias!
    Encima no habían leído nada, sólo hablaban de refrito y aludían a su lucha contra la opresión. Mal le iría al mundo y peor a los oprimidos si de aquellos charlatanes dependiese!
    T, con respecto a lo otros asuntos del artículo: la literatura del exilio, salvo Alberti, no existía para ellos. Y el único filósofo francés al que citaban sin haber leído tampoco era a Sartre.
    ¡Qué gente, Dios mío!

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