Moras

Por Luis Arias

Lanio arriba, por una de las múltiples rutas que dan acceso a las cabañas y a los castañedos, haciendo un alto en el camino, el matorral que cubre el muro exhibe y ofrece moras en abundancia, se diría que en tres estados. Algunas, muy pocas, aún no han madurado del todo; otras están ya fuera de tiempo, resecas. Por fortuna, las hay en su mejor sazón. Su sabor agridulce y su frescor deleitan y reconfortan.

Es septiembre y el agostamiento domina no pequeña parte de lo que es pradería. Algunos erizos de los castaños ruedan, precoces, por el suelo. También se ven manzanas caídas antes de tiempo.

Es septiembre, es el anticipo otoñal. Parece que se adivina hasta en la luz del cielo, que, sin haber llovido, es de agua. Es septiembre. Frente al sobresalto por la rapidez con que acaban de irse los meses del verano, el paseante, a poco que repare en el paisaje, tiene a su alcance poder disfrutar de la atmósfera agridulce que preludia la seronda.

Es septiembre. El Narcea baja con escasísimo caudal. Acaba de quedar atrás una temporada de pesca que ni siquiera los más optimistas pueden negar que fue nefasta. Es septiembre y dentro de muy pocos días los cazadores estrenarán temporada. No es difícil que, en cualquier momento, se presente ante el caminante el bello espectáculo que supone contemplar los soberbios saltos de algún corzo, camino de alguna parte. Es algo que nunca deja se asombrarnos.

Es septiembre. Se supone que quedan, poco más o menos, dos meses para que se cumpla el plazo en que se anunció el fin de las obras de la autovía entre Grao y Doriga, que está llamado a evitar los tremendos atascos que se forman en la Cabruñana. Al mirar hacia las cadenas montañosas próximas a Doriga, uno no puede dejar de preguntarse si en cualquier momento recibiremos noticia de que habrá demoras en su puesta en servicio, por mucho que, según parece, se dé la circunstancia añadida de que estamos hablando ya de una prórroga.

Mejor será, no obstante, si es relajación lo que buscamos, si se trata de aprovisionarse de tranquilidad para lo inmediatamente venidero, regodearse en la delicia que supone comer moras, en el frescor que, en última instancia, nos dejan al deshacerse en la boca cuando están en su mejor momento para ser degustadas.

Mejor será, no obstante, aprovechar la hermosura que el paisaje nos regala en estos lares: paisaje singular y genuino el que ofrecen los castañedos. Paisaje que no sólo forma parte de nuestros recuerdos, sino que además sirvió en no pequeña parte de sustento a lo que somos y tenemos. De estos castañedos salió en su momento la madera para muchas casas, paneras y hórreos que siguen en pie, enormes y potentes vigas que forman parte de lo mejor de nuestra arquitectura. Lo mismo podría decirse de los carbayos que siguen teniendo presencia por estos contornos.

Moras, delicias septembrinas, que la Naturaleza, enredándose en los viejos muros, nos regala. Moras, anticipos de una seronda que nos traerá manzanas, nueces y figos.

Moras, que tiñen no sólo el paisaje. Moras, inconfundibles, a poco que se hayan transitado parajes como éstos, donde Asturias se fue haciendo como es a lo largo de su dilatada trayectoria.

Más allá del muro, una mariposa, de tamaño mayor al habitual, parece lo único que se mueve en un momento en que la brisa decidió detenerse, mientras la última mora que degusto refresca, con creciente satisfacción, mi paladar.

Más abajo, el Narcea, en el que árboles y praderías, más que mirarse al gracilasiano modo, lo que parecen anhelar es refrescarse.

Y es que ¡ay! las moras no están hechas para ellos.

Categoría: 1 Comentarios(14) septiembre 2009

14 Respuestas a “Moras”

  1. Julia Says:

    Hermosa descripción que da buena idea de lo que es el paisaje asturiano en esta época.
    Se agradece que hagas literatura. Lo haces muy bien.

  2. Dra. Rauschii Says:

    No, en efecto, no lo están. Las moras sólo están hechas para aquellos que saben cómo degustarlas gozosamente y disfrutar de sus aromas. Sólo para aquellos que, después de haberse deleitado con ellas saben comunicar el frescor y la dulzura que sintieron. Delicioso.

  3. Desde la ría melancólica Says:

    Se supone que desde las montañas de sus valles, en días esplendorosos, el mar puede verse, o adivinarse.
    ¿Es cierto?

  4. mencar Says:

    ¡Qué recuerdos me trae estupendo artículo, Luis. Remembranzas de alegrías infantiles cuando mi padre se iba “a moras” y nos traía un bolsón, del que dábamos buena cuenta enseguida. Manos manchadas, “morreras” y felicidad. ¡Qué bonito paisaje, nos hacer revivir!

    Gracias por seguir haciéndonos soñar.

  5. Ayalga de Salas Says:

    Me parece estupenda la cuña en la que usted se pregunta por la puesta en servicio del tramo Grao-Doriga, dentro de un bello texto literario.
    Gracias.

  6. Alicia Says:

    Muy guapa la descripción no sólo del paisaje, sino también de la delicia que supone degustar moras en su momento de madurez.

  7. Asceta Says:

    Es vd. de esas personas que se extraña y se maravilla ante cosas que otras personas consideran corrientes, y sabe, con ese estilo tan propio, plasmar, enmarcar y comunicar sus percepciones más intensas.

  8. Abrumada en Brumario Says:

    Me pido, como alto en el camino, hacer la excursión descrita y degustar una buena dosis de moras mientras contemplo el paisaje.
    Gracias por contar las cosas de ese modo.

  9. Inefable poetisa Says:

    Si este texto merece comentarios favorables por las sensaciones que describe y, a la vez, suscita, se debe sobre todo al buen manejo de los recursos expresivos en una prosa de taller de orfebre.

  10. Ulises Says:

    El texto es muy propio de alguien que maneja bien la carta de navegación… hacia su ítaca.

  11. Isabel Says:

    No es fácil expresar con tanta tersura un momento concreto de un paisaje concreto.

  12. Vela Says:

    Columnismo literario, sí, señor. Bienvenido sea.

  13. Semióloga Says:

    Sólo faltó hablar de lagartijas reptando sin parar por esos muros.
    Aparte de eso, buen oficio narrativo y descriptivo.

  14. Esteta de Pumarín Says:

    Con artículos como éste, también se hace asturianismo.

Escribir comentario