Sobre Joaquín Ruiz-Giménez

Por Luis Arias

Lo malo de los obituarios de urgencia es que, por lo común, no van más allá de los elogios propios del género y de los resúmenes peligrosamente apresurados. Pues bien, en el caso de Ruiz-Giménez, tratándose de un personaje que estuvo al menos 50 años en la vida pública española, hay episodios que, yendo más allá de la propia peripecia personal, merecen, como mínimo, ser mencionados, máxime si se da la circunstancia de que estamos ante una figura histórica que no puede ser valorada prescindiendo de las complejidades en que se vio envuelta su generación.

Ministro de Educación en la muerte de Ortega

Si mi pesquisa no falló, puedo y debo decir que en las necrológicas de estos días apenas se aludió al hecho de que Ruiz-Giménez era el ministro de Educación en octubre de 1955 cuando tuvo lugar la muerte de Ortega. José Luis Abellán sitúa en ese acontecimiento el inicio de lo que fueron las protestas estudiantiles contra el régimen. (¡Qué tremenda sorpresa se llevarían muchos si tuviesen noticia de los nombres de algunos de los personajes que aprovecharon las exequias del filósofo para mostrarse díscolos y rebeldes!) Y mientras el Ministerio de Información y Turismo enviaba consignas a los diarios de cómo se debería tratar informativamente la figura del fallecido, que no podía ser llamado «maestro», Ruiz-Giménez, como ministro de Educación, no evitó, o no supo evitar, que no pequeña parte de la juventud universitaria madrileña homenajease al pensador más clarividente que hemos tenido en este país. Recuérdese que el funeral tuvo una asistencia masiva. Muchos universitarios madrileños se concentraron en la antigua Facultad de Filosofía y Letras y llevaron una corona de flores que tenía impresas las siguientes palabras: «Ortega y Gasset, filósofo liberal de la juventud española». Aquello al régimen no le gustó ni podía gustarle.

¡Qué tremenda paradoja supuso que el católico Ruiz-Giménez fuese el ministro de Educación en la católica España en la que el filósofo más brillante abandonó este valle de lágrimas sin hacerlo al católico modo! Los datos son éstos: Ortega muere el 18 de octubre de 1955 a las 11.20 de la mañana. Ruiz-Giménez convocó en nombre de la Universidad de Madrid una misa por el alma de Ortega. Sus hijos no asistieron y enviaron la siguiente nota:

«Nuestro angustioso cuidado, una vez descartada la posibilidad de restablecer su salud, se centró en respetar su conciencia, que, ya obnubilada, no nos podía decir nada correcto. Que nuestro padre puso toda su vida… el más pulcro cuidado, dentro del máximo respeto, de que todos sus actos -aun los que pudieran parecer más nimios- mostrasen su voluntad de vivir acatólicamente es cosa que no ofrece a nadie la menor duda. Y de que, aún horas antes de su operación, seguía en el mismo sentimiento y en semejante actitud no nos cabe duda tampoco a nosotros por cosas que nos dijo en esos momentos. Después de la operación, sólo Dios lo sabe. Atendimos el deseo ferviente de nuestra madre… la absolución “sub conditione”».

Si algo así no merece ser tenido en cuenta a la hora de glosar la trayectoria pública de Ruiz-Giménez, la opinión publicada de este país es, como mínimo, manifiestamente mejorable.

Tras la muerte de Franco

Y en lo que respecta al papel de Ruiz-Giménez en la vida política española, una vez muerto Franco, aunque sí he encontrado fugaces referencias a ello, algo tendría que haberse analizado en torno al estrepitoso fracaso político que sufrieron en España los partidos democristianos. Recuérdese que las formaciones políticas en las que estaban José María Gil Robles y Ruiz-Giménez no tuvieron respaldo, ni siquiera testimonialmente, del electorado en las primeras elecciones. Y eso sucedió en la católica España en un momento en que la fuerza de los partidos democristianos era omnipresente en Europa. ¿No merecería esto que digo un mínimo análisis? ¿O es que un artículo necrológico de un personaje con importante presencia en la historia de España sólo debe basarse en las fechas copiadas y pegadas de cualquier enciclopedia virtual?

Tras aquel fracaso, no tardaría muchos años Ruiz-Giménez en ser nombrado Defensor del Pueblo. Ministro con Franco y Defensor del Pueblo con el PSOE.

Con respecto a lo primero, hay que hacer justicia (esto sí se dijo) recordando que fue un político generoso con muchos enseñantes que habían sido depurados. En lo tocante a su etapa como Defensor del Pueblo, nadie puso en duda nunca su apuesta por los derechos humanos, con independencia de la mayor o menor eficacia de su gestión.

Un hombre que fue considerado demasiado blando y condescendiente para el régimen de Franco. Un político cuyo proyecto fracasó en la democracia. Y, también, insisto, que no esperó a la muerte del dictador para declararse demócrata y que tuvo iniciativas culturales importantes como «Cuadernos para el Diálogo».

Cincuenta años de vida pública dan mucho de sí. No pidamos lo imposible: que se valore en un artículo de opinión una trayectoria tan larga. Pero exijamos que, al menos, se mencionen los acontecimientos más decisivos en los que tuvo protagonismo el finado: durante el régimen, la muerte de Ortega. En democracia, el estrepitoso fracaso de su proyecto político democristiano.

Y es que, perdón por la obviedad, opinar es algo más que resumir.

Categoría: Opinión Comentarios(9) septiembre 2009

9 Respuestas a “Sobre Joaquín Ruiz-Giménez”

  1. Piecho categorial Says:

    ¿Se ha parado a pensar en las maldiciones que le echan por estos lares cada vez que cita a Ortega como el filósofo más clarividente de este país?

  2. Feijooniano Says:

    Vamos a ver, don Luis, recordará usted que en su etapa en la Facultad de Ortega apenas se hablaba. Si eso pasaba -y sigue sucediendo- en el ámbito universitario, ¿qué espera usted del columnismo?
    Por supuesto, que los artículos necrológicos sobre Ruiz- Jiménez fueron de una ligereza insultante.
    ¿Cabía esperar otra cosa?

  3. Reverendo demócrata Says:

    Demócrata cristiano entre naciolcatólicos que creían que Dios estaba también en los puños y en las pistolas, misacantano que no consuguió meter a Ortega, ni siquiera ya cadávez, en una eucaristía del régimen. Y, al final, demócata cristiano, se supone que a la europea, a quien no votó ni la familia.
    El PSOE lo puso de Hermana de la Caridad miesntras el GAL hacía de las suyas.

  4. Repulida Says:

    ¿Habrá alguien que en algún momento se haya ocupado de los libros publicados por Ruiz- Jiménez?
    ¿Quién los leyó?

  5. Sor Intrépida Says:

    Buen cristiano, comprensivo, abierto, que se encontró con una España, la suya, no sólo conservadora y devota, sino también violenta y fascista, frente a otra que demandaba algo más que consuelos celestiales. Combatió en la primera, fue ministro, y lo largaron.
    Esperó a la democracia, en la que no tuvo sitio: el PSOE le dio un confesionario donde repartió bendiciones e intercedió por los justos.
    Amén.

  6. Noventayochista Says:

    Lo que más me ha gustado de su artículo es que, como siempre, pone orden. Es usted de los pocos que no mete en el mismo saco a Ruiz-Jiménez que a Laín, de quien recueda que espero a que Franco se muriese para explayarse a su antojo.
    Le agradezco su claridad.

  7. Fray Junípero Says:

    La España de Sacristía tuvo en Ruiz-Jiménez a uno de sus personajes más presentables. Demasiado blando para los suyos; en exceso curil para los que lo acogieron.
    Como usted dice, un fracaso político estrepitoso, y un olvido generalizado en el país de Belén Esteban,

  8. Estudiantona Says:

    ¡Qué atípico fue Ortega: tan conservador, tan elitista y… tan laico!

  9. Rafael Garcia Says:

    La historia con Joaquin Ruiz-Giménez debe ser generosa, tiempos muy comprometidos y muy difíciles, yo siempre uno los personajes positivos que viniendo del Régimen fueron claves para la llamada transición, operación muy comprometida, pero en el caso del fallecido Sr. Ruiz-Giménez, el hecho de aceptar el cargo de Defensor del Pueblo, en el gobierno de Felipe González, era parte de espirítu y modos democratas que no se podian poner en momento alguno encima de una mesa en vida del Dictador, el aceptar el cargo también se debe decir era hombre valiente, el socialismo tiene muchos enemigos en la época mencionada mucho más.

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