Malleza, un presente histórico

Por Luis Arias

En muy contadas ocasiones acontece que, más allá del significado de un concepto propiamente dicho, su mero enunciado resulte de asombrosa eficacia para referirse a muy distinto asunto. Digo esto, porque lo que más se acomoda a una definición de Malleza sería esto que nos sirve de título: un presente histórico. El viajero no se encontrará con las ruinas de un antiguo esplendor; tampoco se dará de bruces con algo desgajado de su tradición sin sabor alguno. Lo que Malleza ofrece al visitante es, en efecto, un presente histórico, donde las huellas del pasado relucen y donde el día a día transcurre sin exangües melancolías que sofoquen su ritmo.

No es necesariamente nostálgica la mirada hacia el pasado, siempre que éste suponga una raíz viva que nos sustenta y que nos conmina a afrontar el presente. Así es en el caso de Malleza. Recordar aquellas glorias comunes de las que Renan hablaba en su concepto de nación no implica volver la espalda al hoy que vivimos y que, queramos o no, galopa tan vertiginosamente. Así es también el caso de Malleza.

Estamos hablando de un pueblo, perteneciente al concejo de Salas, situado entre la capital del municipio y Pravia al que se accede por una de esas carreteras asturianas cuya singularidad no radica sólo en un trazado que, se diría, fue diseñado por una lagartija, o, también, por una imaginación enloquecida que fue perfilando delirantes formas de mujer. Ítem más: este recorrido entre Salas y Pravia en donde Malleza es visita obligada tiene un hechizo innegable. Es la Asturias tierra adentro que, sin embargo, presiente lo lejano al saber que el mar está sólo un poco más allá de los amables horizontes montañosos que nos resguardan. Y lo presiente también en la medida en que se da cita la presencia arquitectónica de algunas de las trayectorias de personajes del más acá que forjaron su proyecto vital muy lejos de sus orígenes. Estamos hablando, claro está, de los indianos.

De hecho, desde principios del siglo XX se denomina a Malleza como «la pequeña Habana». No sólo dan buena cuenta de ello las edificaciones indianas, casi todas ellas, de un interés arquitectónico relevante, sino también el hecho de ser lugar de veraneo de aquellos «americanos» que habían regresado ricos y que eran portadores de unas ideas de progreso que tanto redundaron en beneficio de la Asturias de entonces.

«La pequeña Habana». Indianos que hacían carreteras y que construían no sólo su palacete, sino que contribuían además a que se edificasen escuelas. Recordemos una vez más que durante las primeras décadas del siglo XX los indianos construyeron en los pueblos de Asturias más escuelas que el Estado.

«La pequeña Habana» en un pueblo de Asturias que tenía muy cerca, en su geografía y en su historia, las miserias y atrasos propios de un mundo que llevaba siglos sesteando. En un pueblo que, además, se encontraba muy cerca de las brañas vaqueiras donde la marginalidad formaba, lamentablemente, parte de las tradiciones.

«La pequeña Habana», donde se construyó además una singular iglesia con una cúpula bizantina en la plaza, para lo que fue imprescindible la ayuda económica de sus indianos.

«La pequeña Habana» entre Salas y Pravia, entre Pravia y Salas. Un pueblo de Asturias en el que, como tantos otros, hubo emigrantes a Cuba en la mayoría de las familias; pero, además, en el caso que nos ocupa, se diría que, a su regreso, trajeron en su impedimenta incorporada aquella ciudad de las oportunidades que era la capital cubana y la instalaron, a su modo y manera, en su pueblo de origen.

La iglesia al fondo. Observe el lector esa cúpula al fondo de la fotografía. Repare, asimismo, en el mosaico humano que posa para la posteridad en la plaza de Malleza en 1915. El personaje del sombrero a quien la vida, sin duda, le ha sonreído, al lado de unos niños que parecen simbolizar la apuesta de futuro. Las tres señoras sentadas, a quienes acompaña la que se queda de pie, representando acaso lo más festivo de la ocasión. A continuación, las niñas. A su vera, el lugareño endomingado a quien parece acalorarle la chaqueta, y, al final, el muro y unas niñas que tienen menor protagonismo en esta foto.

La fotografía está datada en 1915. Algunos indianos habían regresado triunfantes. Otros muchos estaban a punto de embarcar. Y la mayoría no conseguirían fortuna. Sólo unos pocos vivieron su final de cuento de hadas, regresando jóvenes y con salud, prestos a vivir desahogadamente su navegación vital más sosegada.

Pequeño pueblo, sí, pero con una amplia plaza, que no pierde su atmósfera atopadiza. Plaza, como el ágora, en la que todos comparecen, espacio común del pueblo, que había sido mejorado por los benefactores indianos para disfrute de todos.

Ensimismamiento. A poco que reparemos en la fotografía tomada extramuros del establecimiento, nos llama la atención que no hay tertulia. Los presentes están en parte ensimismados, en parte, posando. A decir verdad, la potencialidad literaria de la imagen es enorme. Cada cual es susceptible de ser novelado en el futuro, un modelo para armar literariamente un extenso relato. No es la juventud, sino la madurez lo predominante. Frente a nuestra mirada, los dos hombres con la cabeza cubierta; más absorto el primero, en quien se ve el peso de los años vividos; el que está a su lado mira a la cámara, no está tan recluido en sí mismo y se apoya en la mesa. Junto al marco de la puerta, un rostro en el que parece dibujarse un rictus mohíno. Luego, el chigrero, más atento que el resto, acaso vaya en el oficio. Otro lugareño solo, en un banco, también abismado en sí mismo. Y, por último, los dos hombres que se sientan cerca del árbol, mirando al resto de los contertulios, sin mezclarse con ellos, como quien está de prédica.

Seguimos estando en el ágora. Seguimos contando con personajes que plasman con pasmosa precisión ese momento histórico de principios del siglo XX en una aldea asturiana en la que el saber y el progreso no sólo tuvieron que ser arrancados con esfuerzo, sino que además fueron traídos desde muy lejos. Pero que se asentaron.

Malleza, a día de hoy, con una población que no alcanza el centenar de habitantes, mantiene vivo el espíritu emprendedor de aquellos que la convirtieron en la pequeña Habana. Es un vivero de empresas familiares. Es un pueblo que ha sabido y podido asociarse.

No hay, como dijimos más arriba, ruinas. Lo que en ella se forjó fue de una solidez tal que sigue en pie, sin estridencias, con el heroico y silencioso empeño del día a día.

Presente histórico de una Asturias que emigró a América, que no perdió nunca sus orígenes, que se fraguó sobre la base de incorporaciones que son siempre la mejor y más segura garantía de futuro.

Categoría: Asturias de ayer a hoy Comentarios(10) septiembre 2009

10 Respuestas a “Malleza, un presente histórico”

  1. Salense Says:

    Gracias por tan bello texto dedicado a uno de los pueblos más atractivos de este comcejo tan grande y desparramado. No sólo hace justicia con los indianos, sino que además le saca a las fotos un rendimiento literario envidiable.

  2. Viajero astur Says:

    Ciertamente, Malleza es un pueblo de un atractivo innegable. Además, ha estado muy acertado con el título: el legado de los indianos sigue presente en la atmósfera que envuelve a esa aldea salense que tiene tanto mérito arquitectonico, y, por lo que me dicen, tambièn gastronómico.

  3. Krausista Says:

    Buen texto, sin duda, dando en el clavo de algo que, según se mire, puede considerarse alentador, o, también, triste: lo que nos queda son reductos como éste, reductos de una Asturias que en su momento, toda ella decidió ser vanguardia.

  4. Xaldo Says:

    Aunque de pasada, toca usted la tremenda marginación que vinieron sufriendo los vaqueiros. Cuentan, hablando de Malleza, que la campana tocaba de distinto modo si el muerto era vaqueiro o xaldo. La cosas es más seria que las excursiones y pitanzas que hacen los Alcaldes de la llamada Comarca vaqueira.
    Por lo demás, su texto es muy bueno y las fotografías son muy representativas de la historia de este pueblo tan singular.

  5. Julia Says:

    La disección que haces de los personajes que detienen la tertulia para el posado es admirable. En efecto, tienen fuerza literaria que en muy pocas pinceladas has sabido explotar.
    Por otra parte, la plaza que sale en ambas fotografías tiene mucho encanto. Apetece visitar Malleza.

  6. Rosa Says:

    Me gustó mucho que te hayas ocupado de Malleza en tu sección de los domingos. Sólo me permito hacerte una observación. Además de la carretera entre Pravia y Salas, con Malleza como principal reclamo del camino, podrías haber hablado también de la que parte de la Concha de Artedo y acaba comunicándose con la ruta entre Salas y Pravia.
    Quitando esto, el artículo es precioso y los comentarios que haces a las fotos están en tu línea, ayudando al lector a adentrarse en los retratados.

  7. Hijo de indiano Says:

    Gracias por su artículo, por el tratamiento que da a los indianos y a su arquitectura. Emociona sentir que Malleza es un cromo de aquella Asturias que se fue tan lejos en busca de la modernidad.

  8. Chichi Enrocado Says:

    ¡Menos mal que en la prensa hay alguien que se ocupa de los indianos! De algo les valieron mis enseñanzas a algunos, aunque…. bueno, hay cosas que no me convencen demasiado.

  9. Gastrónomo astur Says:

    Yo, que de rojo tomaba café, agua y vino peleón, que, como mucho, iba a algún tapeo como mayor pitanza, puedo decirle y le digo que Malleza es parada obligada para los que disfrutamos de la buena comida, añorando aquellos años de inocencia.
    Y le agradezco que haya sintetizado tan bien el pasado de este pueblo explicando su presencia en el presente.

  10. José Manuel Says:

    Necesito conocer el destino de Flor Janet Rodriguez García, hija de Raul Rodríguez, de la casa junto al cementerio de Malleza. hace 22 años que no los veo.

    Espero que Janet esté bien, su padre era ya mayor cuando le ví por última vez.

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