Las colonias escolares de Salinas

Por Luis Arias

A través de mi buen amigo José Manuel Feito, doña Maite Sela me ha hecho llegar las fotografías que van a ser glosadas en el presente texto. A ambos les dedico este artículo, testimoniándoles, así, mi gratitud.

En algún sitio escribió Séneca que la ignorancia es una de las cosas que mayor resistencia ofrece a emprender su retirada. No estaba muy lejos de pensar lo mismo el conjunto de profesores de nuestra Universidad que pasaría a ser conocido como el Grupo de Oviedo cuando, pocos años antes de que se crease la llamada Extensión Universitaria, se pusieron en marcha las colonias escolares. Lluis Álvarez, en su libro sobre la historia de nuestra Universidad, consigna con admirable precisión: «Las colonias escolares universitarias -que, siguiendo directrices ginerianas, tanto se preocupó Aniceto Sela de fomentar, para futura residencia veraniega de niños, en las que se perseguía el fortalecimiento físico y la educación al estilo de Pestalozzi- recibieron desde el principio el apoyo de la Real Compañía Asturiana de Minas».

Las colonias, en efecto, fueron concebidas siguiendo las pautas de la Institución Libre de Enseñanza, que fundara Giner de los Ríos en 1876.

Adolfo Posada leyó el discurso de inauguración del curso 1884-1885. En él se manifiesta una concepción de la enseñanza manifiestamente institucionista, lo que llevó a Giner de los Ríos a decir: «La más pequeña de nuestras universidades parece dispuesta a iniciar un movimiento que sacuda el marasmo de nuestra enseñanza del Derecho. (…) Nada tendría de anómalo que tocase a la Universidad de Oviedo despertar la conciencia de sus hermanas, abriendo camino a la reforma pedagógica».

Se hacía camino al andar y sería en 1898 cuando se crease la Extensión Universitaria en la Universidad de Oviedo.

Aquellos profesores, imbuidos del espíritu institucionista, crearon, entre otras iniciativas, las colonias escolares universitarias de Salinas. Fue en el curso de 1893-1894 cuando se inició la andadura. Entre el elenco de docentes que estaban al frente de aquello, podemos citar al rector Aramburu y a los catedráticos universitarios Fermín Canella, Aniceto Sela, Adolfo González Posada, Adolfo Álvarez-Buylla, etcétera.

Lo paradójico es que, a pesar de la crisis política y social que entonces se vivía, aquellas gentes del institucionismo, al igual que los regeneracionistas, tenían el convencimiento de que este país estaba por hacer, como una tierra virgen que aún no había sido roturada. Y ese convencimiento lo harían suyo también las dos generaciones posteriores, la del 98 y la del 14.

Santiago Melón fija el período que va entre 1883 y 1910 como el más esplendoroso de la historia de nuestra Universidad. En 1883, toman posesión de sus cátedras figuras de la categoría de Clarín y de Adolfo Posada. En 1910, dos años después de las efemérides de la fundación de nuestra alma máter, se cierra esa etapa con el viaje a América. Y no nos olvidemos del gran protagonismo de Rafael Altamira en aquel tiempo irrepetible.

Prestemos atención a estas palabras de don Aniceto Sela, en un texto titulado «Misión moral de la Universidad»: «Las universidades distan mucho de hallarse a la altura de su misión… No puede asignarse a la Universidad como su único fin la cultura científica; debe formar hombres antes que sabios… Hay que dar cabida en nuestra Universidad al sentimiento y a la voluntad. Por no darle cabida, nuestra juventud abandona toda pasión patriótica».

Compromiso público, la forja de un patriotismo basado en el saber y en el difícil arte de la convivencia. Persuadidos de que el saber emancipaba y hacía más libres a los ciudadanos, los prohombres de aquella época dorada de la Universidad de Oviedo apostaron con toda su energía y su capacidad, que no eran ciertamente exiguas, por transformar el país formándolo no sólo a través del conocimiento, sino también fomentando la convivencia cívica.

Es el momento en que la figura del intelectual emerge en toda Europa con inusitada fuerza. Lo llamativo del caso es que, desde una Universidad de provincias, pequeña y que no contaba con grandes medios, se hubieran puesto en marcha iniciativas de este calibre por parte de figuras tan notables. No debemos perder de vista nunca que Clarín, recluido en su Vetusta, ejerció una autoridad en el mundo cultural español que no sólo no tuvo precedentes, sino que lamentablemente tampoco contó con sucesores. Desde su rincón fue de los primeros en ocuparse de Ibsen, de Nietzsche y de otros que marcarían los rumbos del pensamiento y de la cultura en el mundo occidental.

Hablando estamos de mentes perspicaces con capacidad de asomarse a lo que está sucediendo en el mundo y con irrenunciable vocación de transmitir cuanto saben y descubren no sólo en el aula universitaria, sino también en las conferencias, en los periódicos y en las iniciativas como las colonias universitarias escolares y la Extensión Universitaria.

Hablando estamos de un grupo de profesores de los que Pérez de Ayala, en un prólogo a un libro de relatos de Clarín, describió con envidiable acierto diciendo que, después de ellos, vendría la era de la improvisación.

1883-1910, edad de oro de la Universidad de Oviedo, que forma parte de los prolegómenos de lo que dio en llamarse la Edad de Plata de nuestra cultura. Pensemos que 1883 es el año en que nacen Ortega y Leopoldo Alas hijo, que, en cierta medida, tomó el testigo del llamado Grupo de Oviedo hasta el trágico y escandalosamente injusto fin de sus días.

Y en la foto que aquí se reproduce, con las niñas sentadas alrededor de unos árboles, datada en 1914, todavía continuaba aquel espíritu institucionista, heredero en la Universidad de Oviedo de esta época de mayor esplendor de la que venimos hablando. Bajo la batuta de estos grandes profesores, las actividades docentes de la colonia eran llevadas a cabo por maestros.

Invito al lector a un recorrido por esta época, haciendo, claro está, parada y fonda en sus principales figuras, pasando a continuación a reflexionar en torno a los frutos que dio aquello, que, más bien, estaba llamado a dar.

Invito al lector a que se sitúe en un tiempo y en un enclave en los que los «veraneos» eran, más que descanso, instrumentos con enorme potencial de futuro.

Invito al lector, en fin, a que se pregunte qué tendría que ocurrir para que esta tierra y su Universidad puedan convertirse algún día en pioneras, en vanguardias de un mundo que luchaba contra la pertinaz ignorancia, mucho más duradera y tenaz que muy mentadas y socorridas sequías que sobrevinieron años más tarde tras diluvios de olvido e infamia.

14 Respuestas a “Las colonias escolares de Salinas”

  1. Libresco Says:

    Parece un milagro que, en tiempos como éstos, haya alguien que recuerde a todos algunos de los logros de aquella Asturias que los unos y los otros sepultaron.
    Se agradece, señor Arias.

  2. Pedregalín Says:

    Gracias por habernos acercado en su momento el Avilés de principios del XX y completar eso ahora con esa isla universitaria del krausismo que fue Salinas.

  3. Esteta de Pumarín Says:

    Muy buenas citas, oportuno recordatorio para unas páginas dominicales que, en casos como el suyo, no son relleno.

  4. Elena de Goya Says:

    Tienen mucho encanto esas fotos. Me quedo con las niñas que aprenden algo más que labores, que, probablemente, no están muy lejos de descubirir algunas de ellas la de cosas que algunos libros cuentan.

  5. Díaz de Guzmán Says:

    Se trata de proyectos ideados por los que fueron pioneros en emnacipar conciencias y educar la sensibilidad.
    Muy bien traído su texto.

  6. Feijooniano Says:

    Hace muy bien usted en insistir en la que fue la mejor época de la Universidad en Asturias. Y, más que nada, lo cierto es que a aquellas gentes las condenaron al olvido los franquistas primero, y los progres marxistas después.

  7. Xovellanista Says:

    La letra no esntraba con sangre, sino con el esmero y dedicación de los inos y con el interés y respeto de los otros.
    ¡Cómo se echa de menos tan deseable conkunción!

  8. Xovellanista Says:

    Conjunción, quise decir.

  9. Krausista Says:

    Ideal de humanidad, tolerancia, liberalismo, afán de conocimiento.
    ¿En qué se parece aquélla Universidad a ésta?

  10. Inefable poetisa Says:

    La foto de las niñas es poesía en estado puro, apartadas durante un tiempo en aquella isla que fue la Colonia de un mundo en el que no contaba el aprtendizaje sobre todo para mujeres.

  11. Repulida Says:

    Qué Españas tan distantes, la de la Colonia de Salinas y la ciudad de vacaciones sindicalista y azul en Perlora un siglo después!
    ¡Con qué velocidad a veces retrocede la historia!

  12. Piecho categorial Says:

    ¿Se da usted cuenta, don Luis, que hemos pasado en poco más de cien años de una Universidad que salía extramuros a transmitir conocimientos a la sociedad, a ésta que tenemos que en su endogamia lo que hace es crear chiringuitos y fundaciones para recaudar más de los contribuyentes?
    ¡Tanto materalismo y tanto marxismo trascendiendo para paniaguados!

  13. Estudiantón Says:

    El estudiantón ayalino sería hoy un antiguo PNN que se hizo titular.
    ¿O no?

  14. Feijooniano Says:

    Yo también fui PNN.

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