En la muerte de Victoriano Crémer (1907-2009)

Por Luis Arias

«Para otros, el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y de toda serenidad». (Dámaso Alonso en 1944)

Tenía pensado escribir sobre Alfonso Sastre, sobre su más que inquietante artículo en torno a la prosa y la política que está dando lugar a tantos comentarios, muchos de ellos de urgencia, que no parecen conocer, ni siquiera de soslayo, la trayectoria de este dramaturgo. Había decidido, digo, escribir sobre el autor de «La Mordaza», el mismo que sostuviera aquella sonada polémica con Buero Vallejo acerca del posibilismo y no posibilismo cuando las tijeras de la censura estaban tan afiladas. Y quería hacerlo por lo pasmosas que resultan algunas trayectorias literarias, como la de Bergamín y la suya que, al final, y por desquiciantes razones, encontraron acomodo en el mundo del nacionalismo vasco más radical. Y, sin embargo, cuando estaba dispuesto a ello, me encuentro con la noticia de la muerte de Victoriano Crémer, el que fue, hasta el día 27 de junio, el poeta más longevo de nuestro país.

¡Qué año el de 1944, cuando sale a la luz la revista poética «Espadaña», cuando Dámaso publica «Hijos de la Ira», cuando Aleixandre comparece con «Sombra del Paraíso»! ¡Qué ciudad tan literaria, la de León, donde se fundó la revista a la que acabamos de aludir, donde transcurrió casi toda la vida del burgalés Victoriano Crémer, donde Eugenio de Nora, dos años más joven que Ángel González, tuvo tanta presencia, donde se ubican muchos de los recuerdos que ahora rescata Gamoneda en su libro memorialístico y en recientes entrevistas en LA NUEVA ESPAÑA!

Un cura leonés, lector de Bergson y Maritain, Antonio González de Lama, al que Eugenio de Nora definió como «un hombre profundamente arraigado y dolorosamente inadaptado», fue el fundador de «Espadaña». ¡Oscura y triste aquella España! ¡Sangrante y arrasada aquella Europa que estaba dando fin a una de sus pesadillas más horribles!

El mundo visto y vivido desde León, el mundo que, en el sentir y en el pensar de Crémer, no estaba bien hecho, frente a lo que sostenía el ovetense García Nieto, en una de las polémicas poéticas más renombradas durante aquella década en la que, a pesar de todo, la poesía echó a andar. Permítanme que reproduzca estos versos que le dirige Crémer a García Nieto: «La luna secará el pozo / ¡y no nos encontraremos! / Se ahorcará el pozo en el aire, / y no nos encontraremos… / Y no nos encontraremos / porque tu vida y la mía / crecen en barrios extremos». Le replicaría García Nieto. «Sí, nos encontraremos / porque quieras o no, codo con codo / los dos nos moriremos / sacudidos por todo, / lo digamos o no del mismo modo». Pudiera colegirse que, en esta polémica entre Crémer y García Nieto, nunca habían estado más lejos León y Oviedo, Oviedo y León, aunque, ¡ay!, acaso las distancias no fueran tan infinitas como sostenía el poeta leonés y, sin embargo, fuesen más largas de lo que consideraba su antagonista ovetense. Dos concepciones vitales y poéticas opuestas, que, como siempre sucede en estos casos, los estudios más sosegados y lúcidos acortan y acotan.

En la muerte de Victoriano Crémer, uno se pregunta, si más allá de la ciudad donde habitaba y comparecía con un artículo diario, si más allá de la vida literaria que conoció y en que le fue concedido en 2008 el XVIII Premio de Poesía en memoria de Jaime Gil de Biedma con el poemario titulado «El último jinete», hay sitio en la España de hoy para recordar y leer a este poeta que tiene un indudable protagonismo en la historia de nuestra literatura más reciente.

Crémer no fue acaso uno de los grandes poetas en lengua castellana del siglo XX, pero, sin duda alguna, es un nombre imprescindible en la historia de la literatura de posguerra, y es, por encima de todo, una voz de la dignidad.

Seguro que, como dijera Unamuno, el deseo de don Victoriano no es descansar en paz, ni recibir ñoñas loas a su muerte, sino seguir vivo, retumbando en sus versos ante los ojos de los lectores que lo rescatan del olvido.

Y, el otro Crémer, que es el mismo, el de la cita diaria en el periódico de su ciudad, cuya columna «Crémer contra Crémer», que, por su juego fonético recuerda una conocida, que no magistral película, nos evoca también a aquel Jaime Gil de Biedma que, en un memorable y excelente poema, se manifestaba contra sí mismo. Pues bien, quisiera leer más pronto que tarde una recopilación de sus artículos.

Y, en todo caso, lo inevitable es la orfandad que vive la poesía española tras su muerte, muerte que puede y debe ser combatida con ese acto supremo de rebeldía e inconformismo al que llamamos lectura.

Categoría: Libros Comentarios(10) junio 2009

10 Respuestas a “En la muerte de Victoriano Crémer (1907-2009)”

  1. Poesía de posguerra Says:

    En efecto, una voz de la dignidad, un poeta imprescindible, un compromiso con su tiempo en años en que ello, más que difícil, era heroico.

  2. Pasé por Filología Says:

    Hubo un Oviedo, incluido el entorno de la antigua Facultad, que era, como el hospicio machadiano, un caserón ruinoso de ennegrecidas tejas. Sin embargo, llegaba la poesía, puede que a pesar de las cochambrosas rendijas.

  3. Abrumada en Brumario Says:

    De modo que por aquellos años había gente como Crémer que se las ingeniaba para mostrar al mundo que la poesía tenía que ser entonces… combativa.

  4. Carbayona de pro Says:

    No olvidemos tampoco, en especial lo que anduvimos por Filosofía y Letras, que, años antes de que nos incorporásemos a la Plaza Feijoo, hubo un catedrático de Lengua, Alarcos, que se había acercado, con brillamtez y valentía, a la mejor poesía de la posguerra: a Blas de Otero y a José Hierro, por ejemplo.

  5. Atónito y sobrio Says:

    Los tiempos, Carbayona, cambiaron mucho, pero bien está que proporciones ese recordatorio, tan últil Y, ya de paso, me gustaría saber si en aquel momento García Nieto vivía y escribía en Oviedo, o si andaba por Madrid.
    Es un dato que no tengo.

  6. Asturcazurrina Says:

    Yo estudié Historia en Oviedo; en mis tiempos no había Universidad en León. Y es curioso que en los años 40 la voz de los poetas comprometidos estuviera en León, al tiempo que los maquis en ambas tierras, que son la misma, iban desapareciendo.

  7. Inefable poetisa Says:

    Buena lección de literatura, oportuno recordatorio de lo que fue a poesía en aquella época.
    Hay un Luis Arias que da clases de literatura de forma impecable, al que se le ve menos que al columnista polémico qu otros buscan.

  8. Elena de Goya Says:

    Estupendo artículo, Luis. Además, lo que se desprende de esa fotografía de Crémer, acompañada de tus palabras, es esa bondad sabia, machadiana, propia del antiguo maestro de escuela, que tiene un compromiso ineluduble con la verdad de su tiempo, con sus saberes.
    Antigua y entrañable semablanza,

  9. Piecho categorial Says:

    A más de un ámbito, que recibe subvenciones por sus rigor y sistemático pensamiento, les vendría muy bien leer toda aquella poesía que hace del tema de España eje central. A Crémer, Blas de Otero y Nora entre otros.
    También a esa izquierda iletrada que nos ha surgido últimamente,

  10. Vetustense Says:

    Espero que Oviedo no sea reconocida ni identificada con la poesía de García Nieto.
    He dicho.

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