De himnos patrios

Por Luis Arias

¿No es un cruel sarcasmo que luego de tres siglos y medio de descarriado vagar, se nos proponga seguir la tradición nacional? ¡La tradición! La realidad tradicional en España ha consistido precisamente en el aniquilamiento progresivo de la posibilidad España. No, no podemos seguir la tradición. Español significa para mí una altísima promesa que solo en casos de extrema rareza ha sido cumplida. No, no podemos seguir la tradición; todo lo contrario; tenemos que ir contra la tradición… Lo que suele llamarse España no es eso, sino justamente el fracaso de eso. En un grande, doloroso incendio habríamos de quemar la inerte apariencia tradicional, la España que ha sido, y luego, entre las cenizas bien cribadas, hallaremos como una gema iridiscente, la España que pudo ser. (Ortega en 1914)

“La angustia española de los subnacionalismos y los separatismos no tendrá alivio mientras los capítulos de agravios y dicterios no cedan el paso al examen estricto de cómo y por qué fue lo acontecido. El convivir de los individuos y las colectividades se basó en Occidente en un almohadillo de cultura moral, científica y práctica, pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Castilla no supo inundar de cultura de ideas y cosas castellanas a Cataluña, como hizo Francia con Provenza y luego con Borgoña» (Américo Castro).

A Larra le “dolía” (España). Cánovas, según cuenta Galdós, dijo que era español todo aquel que no había podido ser otra cosa. Ganivet buscó primorosas virginidades hispanas en su Idearium que, andando el tiempo, sería demolido por Azaña. Unamuno hizo toda una poética de España. Machado profetizó en no pequeña parte nuestra tragedia. Ortega se preguntaba en su primer libro qué cosa era España. Américo Castro estudió a fondo la historia de un país donde la angustia fue acaso su principal protagonista. Azaña hizo una apuesta por lo que había en nuestra historia de heterodoxia. Y, mucho más recientemente, hubo grandes poetas de la posguerra que escribieron memorables poemas a y sobre España, entre ellos, Blas de Otero con su desgarro existencial y Gil de Biedma que daba en la diana a la hora de señalar una triste, tristísima historia. (Entre paréntesis: ¡Qué ocasión pintiparada desperdició Patxi López para recitar en su toma de posesión algunos versos de dos grandes poetas vascos como Unamuno y Blas de Otero!)

España como problema, gloriosa tradición literaria, que acaba de tener una escenificación estridente en el Campo de Mestalla durante la final copera con presencia regia. Lo cierto es que, censura televisiva al margen, hubo una sonara pita por parte importante de ambas aficiones. Lo cierto es también que el antiespañolismo estridente puede ser otra forma de españolada. ¿Se imagina alguien un episodio similar en un partido que se celebre en Francia en el momento en que suene La Marsellesa?

Pero, más allá de folclorimos y anecdotarios, la terca realidad sigue mostrando que la idea de España como nación que aglutine a todos respetando la pluralidad hace aguas, sobre todo, en los últimos años. Algo que no parecía del todo inalcanzable a principios de la transición está muy lejos de lograrse.

Si nos remontamos a los últimos tiempos, es innegable que Aznar, en su última etapa de Gobierno, consiguió crispar los ánimos. No es menos cierto que Zapatero nunca tuvo una idea muy clara sobre el asunto, pues empezó con la España plural y últimamente no hace más que desdecirse.

Hace 95 años que Ortega se preguntaba en su primer libro: “Dios mío ¿qué es España? En la anchura del orbe, en medio de las razas innumerables, perdida entre el ayer ilimitado y el mañana sin fin, bajo la frialdad inmensa y cósmica del parpadeo astral, ¿qué es esta España, este promontorio espiritual de Europa, esta como proa del alma continental?… ¡Desdichada la raza que no hace un alto en la encrucijada antes de proseguir su ruta, que no se hace un problema de su propia intimidad; que no siente la heroica necesidad de justificar su destino, de volcar claridades sobre su misión en la historia! El individuo no puede orientarse en el universo sino al través de su raza, porque va sumido en ella como la gota en la nube viajera”.

Ni siquiera nos vale aquello, también orteguiano, de que si España es el problema, Europa es la solución, pues nuestra vertebración territorial no es algo que le competa resolver a Europa.

Por mucho que haya quienes se escandalicen y se rasguen las vestiduras, el hecho es que gran parte de la simbología oficial patria, como el himno y la bandera, no la hace suya gran parte de la ciudadanía. No estaría mal preguntarse a este respecto por las exclusiones, por otros himnos, por ejemplo, como el de Riego, que, protagonizó no hace muchos años un divertido episodio en una retransmisión deportiva muy lejos de nuestras fronteras.

En un momento como éste, en el que no hay ningún Gobierno autonómico presidido por partidos nacionalistas, pues sólo en Cataluña tiene presencia Esquerra Republicana en un Gabinete tripartito, la vertebración territorial de España sigue siendo un reto que está lejos de resolverse. Gran parte de la ciudadanía no se siente parte de ese “sugestivo proyecto de vida en común”, que, a juicio de Ortega, partiendo de Renan, es una nación.

Ciertamente, un problema histórico es algo demasiado grave y demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos. Ciertamente, no por ser más nacionalista, se es más demócrata, ni mejor ciudadano. Ciertamente, si la derecha ha sido siempre torpe en este problema, la izquierda, con el despiste monumental que lleva a cuestas, es incapaz de casi todo, incluso de poner sobre la mesa ese idea de España que está en nuestra mejor literatura, y que en su momento supo hacer suya.

Ni la patria como infancia, según Rilke. Ni la patria como el idioma con el que aprendimos a nombrar y a entender las cosas de este mundo. Ni algo tan racional como anteponer la ciudadanía al territorio. Todo esto, imprescindible en un debate riguroso, no se plantea a fondo, no está en el debate.

Yo me preguntaría no sólo por qué se desanduvo desde la transición a esta parte, sino que repasaría determinados acontecimientos históricos. Por ejemplo, el momento aquel en que Azaña, tras haber sido aprobado el Estatuto del 32 en Cataluña, consiguió que miles de gargantas se desgañitasen en un acto público en Barcelona dando, también, vivas a España, si bien es cierto que, con la República en guerra, lo que don Manuel dejó consignado en sus Memorias con respecto a los nacionalistas vascos y catalanes no fue muy favorable. Por ejemplo, la famosa polémica parlamentaria entre Azaña y Ortega con motivo del Estatuto de Cataluña del 32.

Un país donde a muchos les rechina el himno pone de relieve que esas “glorias y remordimientos comunes en el pasado”, que configuran una nación según Renan, no son vivencias ni sentimientos comunes y que, así, ese “plebiscito cotidiano”, también según Renan, sería un dolor que, como el himno, para muchos chirriaría.

Categoría: Libros Comentarios(12) mayo 2009

12 Respuestas a “De himnos patrios”

  1. Noventayochista Says:

    ¡Qué solo está usted, don Luis! ¿Se da cuenta de que, a la hora de dicutir grandes debates, ningún columnista reproduce textos de lo mejor que hemos tenido en el pensamiento contemporáneo, ninguno, excepto usted?

  2. Poesía de posguerra Says:

    Lo que dice Noventayochista con respecto al pensamiento es válido igualmente referente a la poesía. ¿Cómo es posible que nadie le haya recordado a López, cuando recitó aquellos versos en su toma de posesión que tendría que haber echado mano de dos grandes poetas vascos como Unamuno y Blas de Otero?

  3. Feijooniana Says:

    España, siempre España, la ignorancia propia y ajena. ¡Qué poco aprendemos!

  4. pepemonteserin Says:

    En plena forma te veo, Luis querido

  5. Piecho categorial Says:

    ¡Ay! Cita usted muchas, y muy buena literatura, sobre el sempiterno asunto de la idea de España, y osa hacerlo son nombrar a quienes ponen sus neuronas sistemáticas al servicio de no se sabe qué esencialismo patrio.
    Su heterodoxia es coraje.

  6. Jugo de Unamuno Says:

    ¡Cuánto le agradezco que haya sido usted el único que adivirtiese que Patxi López, puestos a recitar versos, nos obsequiase a todos, vascos y españoles, con versos de don Miguel!

  7. atos Says:

    Pues me va a perdonar, don Luis, pero hoy no lo entiendo. No sé adonde pretende llegar. Intentar explicar lo de Mestalla remontándose a Ortega, Castro o Renan es una exageración. Me parece que el caciquismo regional está más crispado con Zapatero que con Aznar (igual que lo estuvo más con Sagasta que con O’Donell).Quizás nuestra única heterodoxia y pecado sea una izquierda ignorante (¡Ay, Patxi!) convencida de que España es un invento de Franco. Y ya puestos, en el 92 el Nou Camp en pleno aplaudió a rabiar el himno español en las Olimpiadas. Cosas del fútbol, don Luis, no extrapolemos.

  8. Masa encefálica Says:

    No estoy de acuerdo con usted, Atos. Lo que ocurrió en Mestalla, por muy chabacano que haya sido, pone de relieve que los problemas que en su momento planteó Ortega siguen sin resolverse.

  9. Vela Says:

    A mí, desde posiciones racionalistas, que no nacionalistas, también me repatea la españolada, aunque estoy de acuerdo con usted en que aquella escandalera de parte de ambas aficiones fue otra forma de españolada.

  10. Su Notedad Says:

    Realmente la realidad de España lleva demasiado: “re”…y entre todas las ricas nomenclaturas que nuestro diccionario nos ofrece, desgraciadamente se encuentra una que por los siglos de los siglos amén…nos ha perseguido sin dejar brotar la identidad del ciudadano como español (rey…aunque se me olvidaba otra “palabreja” como re-ligión)…en una cultura tan rica como la nuestra se han cortado las alas de muchos para intentar inculcar el esperpento de la bota de vino, el bigotudo, la camisa abierta, el holgazán de secano tomando un cubatón por la mañana barriga al sol…
    Hay una diferencia muy clara entre nuestro himno y otros como la marsellesa…no tiene historia, no tiene consenso…es sólo un punto de inflexión entre dos españas: la auténtica y la impuesta.

    Un antiguo alumno tuyo de Tuña

  11. atos Says:

    No sé donde encuentran vuesas mercedes tanta españolada y españolazo casposo y holgazán, con la camisa abierta, me parece un tópico.En serio, no creo que la España actual sea la retratada por Ortega o Azaña(quien, por cierto, hizo varios retratos casi contrapuestos) en los años 30. Puede que sea peor, pero no tiene nada que ver.Don Luis apunta el gran enigma en algún lugar de su artículo. ¿Por qué ahora, cuando los “nacionalistas” o carlistas apenas tienen votos o poder, son los propios partidos “nacionales” los que fomentan ese desapego por un proyecto común? ¿Dónde están los pensadores españoles del siglo XXI?

  12. Nota Says:

    Siento contradecirte…pero ese tópico se respira a diario, contamina el aire de españolismo de banderín y ensalzamiento barato.
    España es un contraste de posturas aún enfrentadas y condenadas, en ciertos puntos, al desentendimiento eterno.
    Banales ejemplos podemos encontrarnos con una herramienta tan simple y a la vez tan ilustrativa como los comentarios de la prensa digital. Sólo cabe echarse las manos a la cabeza.

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