Miguel Solís Santos

Por Luis Arias

Cuando transita los archivos, lo hace con la meticulosidad, la perseverancia y el rigor propios del científico que es. Cuando pinta, sabe captar con envidiable intuición lo que expresa una imagen, deformada del natural, desde su hondón más revelador. Cuando escribe en asturiano, nos regala a sus lectores una asombrosa riqueza de vocabulario que sirve como vehículo no sólo de un idioma que agoniza, sino también de unos universos en los que no tienen cabida los bucolismos mohosos que muchos quisieran encontrar para mayor vilipendio de una lengua que, por enfermizos complejos, dignos de la historia universal de la infamia, es víctima de odios tan sangrantes. Les hablo de Miguel Solís Santos, un auténtico lujo en la Asturias de hoy, que acaba de obtener el premio «Padre Patac» de archivística y bibliografía asturiana, en la convocatoria de 2009 con un ensayo histórico sobre el avilesino barrio de Sabugo.

En una ciudad como Avilés, donde la tradición de historiadores locales tiene tanto arraigo, Miguel Solís viene aportando desde el cómic, la pintura, el ensayo y la narrativa auténticas obras de referencia que, al mismo tiempo, como sucede con lo mejor de Asturias, incurren de lleno en universalismo. Y, a este propósito, no puedo evitar referirme una vez más a una obra pictórica suya que da cuenta de parte muy relevante de sus grandes pasiones. Se trata del cuadro «Señardá». Para empezar, elige como título una de las más hermosas palabras del asturiano. Para seguir, lo que en él se plasma tiene como horizonte un paisaje industrial que destila decadencia. Podría identificarse fácilmente con Avilés, o con cualquier otro lugar del mundo, en el que quedasen las huellas de una actividad industrial que en su día fue pujante, con los sueños de progreso y modernidad que todo ello pudo implicar en su momento. Y, por si todo ello fuese poco, lo humano, en su sentido más literario, también está presente en el cuadro. Un individuo sin rostro contempla ese panorama desde un ventanal con la silla puesta del revés. Su cabeza apenas se sostiene, es puro entreguismo, ante lo real, ante lo irremediable. No es la Arcadia perdida en su vertiente más tópica, sino la añoranza de unos pasados esplendores que, aunque acaso con sentido siguiendo a Quevedo, ya son cenizas.

Así pues, la plástica palabra en esa lengua en la que sigue siendo uno de sus principales cultivadores, además de pionero. El declive de una actividad industrial que se puede identificar con Avilés. Añádanse a ello las técnicas pictóricas vanguardistas que manipulan la realidad deformándola para hacer de ella pretexto de la obra de arte, y, con todo ello, se obtendrá una idea de conjunto muy característica de lo que supone la obra de Miguel Solís Santos. El cuadro data de 2002.

En tiempos tan insultantemente mediocres como los que vivimos, la figura de Miguel Solís Santos, más que un lujo, es casi un milagro. Porque estamos hablando también de alguien que representa el mejor asturianismo que hemos tenido entre finales del XIX y principios del XX, de aquel grupo de notables profesores universitarios que, atesorando para su tiempo una erudición portentosa, no hacían ascos a lo genuinamente asturiano. Y, ante esto, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que aquella tradición, culturalmente gloriosa, pueda tener continuadores habida cuenta que se hizo y se sigue haciendo hasta lo imposible por borrar la huella de una Asturias que aún no había entrado, como dijo maravillosamente Pérez de Ayala en un prólogo suyo a una edición de relatos de Clarín, en la Edad de la improvisación.

Como un renacentista que cultiva las artes y letras, además de atesorar un saber científico que, a pesar de la LOGSE, de Riopedre y sus asesores, transmite a sus alumnos. Como un enciclopedista que no renuncia al Conocimiento con mayúsculas. Como uno de esos grandes tesoros con que Asturias obsequió al mundo, Miguel es capaz de asomarse a las realidades más universales con su espíritu poroso, con su proverbial memoria, desde su rincón avilesino del que rescata para todos singulares episodios históricos.

Sirvan estas palabras como muestra de admiración y afecto hacia una de las trayectorias asturianas más singulares de nuestro tiempo.

Categoría: Opinión Comentarios(11) abril 2009

11 Respuestas a “Miguel Solís Santos”

  1. Asesora riopedriana Says:

    ¿Cómo es eso de enseñar más cosas de las que mandan Riopedre y sus asesores? ¡Qué poco nos gusta que la gente piense y aprenda!

  2. Anónimo avilesino Says:

    Siempre ocurre lo mismo, don Luis. A un avilesino, aunque tenga la valía de Miguel Solís, lo reconocen mejor los no nacidos en la Atenas del Norte (¡qué pedantería!)
    En efecto, el talento y la versatilidad de este hombre son admirables. Puede que debido a eso no se moleste en demostrar nada. Tampoco le hace falta.
    De todos modos, bien está que alguien le haga justicia en la prensa. Solís se merec todos los parabienes.

  3. Lliteratu Says:

    Muy lamentable es lo que usted denuncia en torno a todos aquellos que sienten odio por el bable, de acuerdo. Lo que quizás tendría que haberse preguntado en su panegírico sobre Ñuberu es por qué los asturianistas intentan obviar su trayectoria, cuando es el escritor más premiado en bable desde la década de los 80.
    ¿Cainismo astur?

  4. Ayalino Says:

    También parece milagroso que, a estas alturas, alguien se acuerde del llamado “Grupo de Oviedo”. Lo triste es que, si el franquismo hizo cuanto pudo para sepultar su recuerdo, la izquierda gobernante no moviese un dedo por rehabilitar ese recuerdo, que, intelectualmente, fue lo mejor que hubo en Asturias.

  5. Alberto del Río Says:

    Muchas enhorabuenas, desde Avilés, al renacentista avilesino Miguel Solís Santos, una referencia categórica -sin duda- en la Asturias del siglo XXI.

  6. Ilustrador ilustrado Says:

    Todos los avilesinos le debemos mucho a este hombre polifacético que, como usted dijo, sabe asomarse desde lo local a lo más universal.

  7. Caveda y cía Says:

    Muy bien la doble reivindicación que hace del asturianismo más universal.

  8. Occidental Says:

    ¿Hay un avilesín del alma que odia al bable?

  9. Griescu Says:

    Soi un avilesín autoexiliáu n’otra ciudá, que tuvi’l privilexu de conocer a Miguel Solís fai ya cuasi trenta años. Préstame ver qu’ente tanta mediocridá irresponsable, depués de tantos trenes perdíos por una Villa que los dos amamos por igual, énte una clase política llocal que se masturba delantre d’un globu xigante mientres desapaecen (destrúin) tolos ñicios del so pasáu industrial , Miguel caltién l’actitú callada, sele, del que trabaya tolos díes con rigor y amor incondicional pola so ciudá, pa entrega-y lo meyor de la so creatividá y la so vida.

    En resumen: l’actitú de los que pasen a la Historia de los llugares, por decisión del tiempu (incorruptible xuez que pon a tou quisque nel so sitiu, especialmente a los inútiles). Un abrazu y norabona, Miguel.

  10. Piecho categorial Says:

    No puedo estar más de acuerdo con Griescu.

  11. Occidental Says:

    ¿A cuántos escritores conoce Griescu que actúen, como Miguel Solís, sin estar en cenáculos?

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