De Feijoo a Larra llegando hasta Clarín

Por Luis Arias

“No tardó en cubrir mi frente una nube de melancolía; pero de aquellas melancolías de que sólo un liberal español en estas circunstancias puede formar una idea aproximada”.

(Larra. «El día de difuntos de 1836»)

“¿Por qué todo español que haya cultivado con amor y esmero el huerto sagrado de su españolidad se siente, al llegar a cierta edad, desterrado de su patria, despatriado?» (Unamuno en 1918).

«No deja de ser irónico que el nuevo avance espiritual fuera bautizado en un lugar totalmente inesperado: en el país que, más que ningún otro en Europa, había permanecido cerrado a la filosofía y a la cultura modernas» (Croce, a propósito del término «liberal»).

¿Cómo no conmoverse al tener noticia de la barbaridad que supone la desaparición de la celda de Feijoo? ¿Cómo no reparar en los magníficos artículos de Pepe Monteserín en su columna en este periódico donde da cuenta en tan pocas y densas líneas de buena parte de los grandes episodios de la vida y obra del fraile? ¿Cómo no relacionar a Feijoo con Larra, del que se cumple el bicentenario de su nacimiento, precisamente el 24 de marzo? La pregunta no es qué tienen que ver, sino por qué hay entre ellos tanto y tanto en común, más allá de los burdos topicazos que, con ocasión de la referida efeméride, se vienen prodigando hasta la extenuación.

Marichal califica a Feijoo como el desengañador de las Españas y añade: «El móvil literario de Feijoo no es tanto desengañar a los españoles como explayar su personalidad por el vasto campo de los Errores Comunes. Su obra, más que un repertorio de ideas dieciochescas, es su propia novela». Pérez Rioja escribió: «No deja de ser un tanto sorprendente que una vez más la rezagada España, por obra y gracia de un monje que escribe desde un provinciano y apartado convento, se anticipe a lo que tres cuartos de siglo después iba a entenderse como la proyección social de la literatura». Alborg consignó: «Encerrado en aquella modesta celda de un convento provinciano, llegó a ser uno de los españoles más cultos de su tiempo, y su insaciable avidez de adquirir conocimientos y de comunicarlos le permitió llevar a cabo una de las obras de mayor influjo y trascendencia que conoce nuestra historia literaria».

Feijoo y Clarín, llevando ambos una vida sedentaria, fueron capaces de asomarse a su tiempo para conocer lo que estaba sucediendo en el mundo. Larra y Clarín, con su ardiente lucidez, fustigaron los principales males de la España que les tocó vivir desde sus tribunas periodísticas. Alas declararía en su momento que había sido, por encima de todo, un periodista, y fue consciente de la importancia que había tenido Larra en la labor periodística.

Esta vieja capital de provincias, en el siglo XVIII y en el XIX, gracias a Feijoo y Clarín, fue acaso la mejor atalaya española desde donde se vislumbró lo que entonces acontecía en el mundo, infinitamente mucho más ancho y ajeno que ahora.

De Feijoo a Larra, llegando hasta Clarín. Polemizar, en el primer caso, contra la superstición. Enfrentarse, en el segundo caso, a las miserias de un país que no lograba desasirse de sus peores males. Fustigar, en el tercer caso, no sólo a la mala literatura, con ciertas y sonadas excepciones, a decir verdad, sino también a la España de la Restauración, así como a su principal artífice, Cánovas del Castillo.

Cuando el periodismo de opinión no pasa por su mejor momento, entre otras razones por la falta de independencia de criterio, al recordar esas vidas consagradas al estudio y al compromiso público es inevitable que nos invada esa nube de melancolía de la que Larra nos habló poco antes de despedirse de la vida.

De Feijoo a Larra. Cinco años antes de que el fraile gallego afincado en Oviedo publicase su «Teatro «crítico universal», Montesquieu había escrito que en una biblioteca española solamente se encontraban novelas y tratados escolásticos que parecían haber sido puestos allí por «un enemigo secreto de la razón humana». Es la carta 78 de sus «Cartas persas», que tan del gusto fueron más tarde de Cadalso. Sin entrar en asuntos que nos llevarían más lejos, recordemos que Feijoo combatió el escolasticismo.

De Feijoo a Larra. El que estaría llamado a ser el primer gran referente del periodismo español, hijo de un afrancesado e insobornablemente liberal, hizo del costumbrismo algo más que divertimento literario, denunciando los males de un tiempo y un país, sin halagar a nadie, como bien muestra en aquel artículo donde arremete, podría decirse, contra todos los públicos y todas las clases sociales de las Españas.

Con todo, es éste un país de admirables figuras adelantadas a su tiempo. Feijoo es el primer caso de tan distinguida lista. Larra consiguió en menos de 28 años de vida ser considerado precursor de la llamada generación del 98. Unamuno, antes de que el término intelectual se pusiese en boga en Francia con Zola y el «caso Deyfrus», acaso fue el primer intelectual europeo. Y, si todo ello fuese poco, siempre nos quedará Clarín, al que Pérez de Ayala recuerda hablando en una de sus clases sobre Nietzsche. ¡Nada menos que en Vetusta!

¡Nada menos que en Oviedo, tuvimos un Feijoo! ¡Nada menos que en Oviedo, antes de que el 98 lo reivindicase, Clarín fue consciente de la importancia de Larra!

Así pues, de Feijoo a Larra, llegando hasta Clarín. ¡Vive el cielo que no es poco!

Categoría: Libros Comentarios(19) marzo 2009

19 Respuestas a “De Feijoo a Larra llegando hasta Clarín”

  1. No requerida Says:

    Admirable la relación que forjas entre los tres autores. Abrumadora la erudición que muestras, tan infrecuente en los artículos de opinión de cualquier diario.
    Y, sobre todo, es todo un hallazgo que muestres cómo desde uan aislada capital del provincias un monje haya podido atisbar tanto de un mundo que cambiaba.

  2. Estudiantón Says:

    Yo, que tanto transité bajo esa celda, agradezco mucho este artículo que pone de relieve que hay gente que el paso por la Universidad no le impidió leer e ir más allá de los apuntes ennegrecidos que se vienen repitiendo desde décadas.

  3. Abrumada en Brumario Says:

    Lo que me abruma de ti no sólo son los conocimientos que tienes, sino el sentido que muestras a la hora de saber lo que es más oportuno citar para cada artículo que escribes.

  4. Piecho Categorial Says:

    Resulta que cita usted lo mejor que se escribió sobre Feijoo, con silencios clamorosos hacia los que más han gritado. Resulta que reproduce usted eso que escribió Montesquieu que es toda una afrenta contra los que defienden el escolasticismo del que, en realidad, nunca se salieron.
    No se puede pedir más, don Luis.

  5. Elena de Goya Says:

    Echo en falta, Luis, que hayas hablando de aquellas mañanas neblinosas en los amaneceres en la Plaza Feijoo, cuanto tantos desganados llegábamos a la Facultad, sin saber apenas nada dela obra de Fray Benito.
    Lo que se llevaba era discutir sobre Benet, y nadie se atreveía a decir lo pesarosa que resulta su lectura, cualidades aparte.

  6. Feijooniana Says:

    Y, ya puestos, ¿por qué no hablaste también del liberalismo de Feijoo, liberalismo del que habló Marañón en una conferencia sobre el fraile que se pronunció en Oviedo en tiempos difíciles para el estudio y las libertades, aunque el doctor parecía estar encantado en la España de Franco?

  7. Jugo de Unamuno Says:

    Es muy de agradecer lo bien que sabe elegir usted las citas de Unamuno, cuya obra, tan prolija, casi nadie en este país conoce a fondo.

  8. Adicto al diario Says:

    Pepe Monteserín lleva publicando, como dice usted en su columna, unos cuantos artículos sobre Feijoo en verdad excelentes, y ahora llega usted poniendo de relieve una parte nada desdeñable de esos españoles raros y maltratados que, contra todo pronóstico, se adelantaron a su tiempo.
    Es un verdadero placer la lectura de artículos como éste.

  9. AFI Says:

    Me parece muy justo recordar la magnífica tarea del lúcido Feijoo desde un Oviedo geográfica y culturalmente aislado. Pero, por utilizar respecto de tu artículo, y con la lógica adaptación a las presentes circunstancias, una frase del último Clarín referida a los jóvenes -“Admiro a la juventud [léase “tu artículo”] pero no la adulo”-, creo que es un texto muy logrado en la trabazón de los conceptos y en la exposición formal,pero con algún detalle discutible, al menos en mi opinión. P. e., dada la justa importancia que concedes a aquel aislamiento, echo en falta una pequeña referencia a quien tanto ayudó a Feijoo a superar tales dificultades: me refiero a otro gallego -o como si lo fuese-, el Padre Martín Sarmiento.
    Y no creo que en 1898, cuando Zola publica su “Yo acuso” en defensa de Dreyfus -a favor del que también escribió Clarín-, Unamuno ya fuese aquella gran personalidad cultural europea de que hablas. Más bien, por esas fechas salía del marxismo y daba los primeros pasos en su tan peculiar preocupación religiosa.
    Un muy cordial saludo.

  10. Jugo de Unamuno Says:

    A AFI:
    Lo del concepto de intelectual aplicado a Unamuno antes que a Zola no es una idea original del articulista, pues la expone Marichal en su libro “El Secreto de España”.

  11. pepemonteserin Says:

    Gracias, Luis, por tus palabras, las que me dedicas y las que escribes, en general; ejemplo de erudición y de pedagogía y de buena literatura. Gracias también a uno de tus lectores, que nos comparte. Abrazos a ambos. P.

  12. Alberto del Río Says:

    Artículo digno de Larra. Es un magnífico escrito que tiene ademas la virtud, impagable, del didactismo.

  13. Generalato de la mollera Says:

    El didactismo es, sin duda, importante en un artículo periodístico como éste que toca asuntos de historia de la cultura. Y tiene más mérito todavía cuando se consigue ser claro para personas que no están muy documentadas en los temas que se abordan. Y, creo, éste es el caso.

  14. AFI Says:

    No discuto que ya antes de 1898 Unamuno sea un intelectual en el sentido que se le dio a este término tras el “Yo acuso”, es decir, persona que con las armas de la escritura y el entendimiento analítico interviene en la vida social y política de su país. Pero, al menos para mí,la expresión “primer intelectual europeo” puede inducir a error: ¿”primero” como ordinal, cronológicamente hablando, o como el más relevante? Sin salir de España, a su manera fueron “intelectuales”, antes que Unamuno, el propio Larra y no digamos Clarín, quien en los años noventa había acreditado abundantemente su tarea de crìtica sociopolítica, sin olvidar la narración extensa o breve o, incluso, el teatro levemente social (“Teresa”).
    Seguro que seguiremos coincidiendo muchas veces pero también discrepando -civilizada y afectuosamente- en alguna otra ocasión.

  15. Fermín de Pas con el catalejo Says:

    El tal don Benito mejor hubiese estado rezando que escribiendo tanto y hablando de libros que, al final, hicieron que el hombre pecase de soberbia frente a Dios, en especial, esos que fueron llamados intelectuales.
    Por cierto, ¿actualmente existen?

  16. Vela Says:

    La trabazón de este artículo es excelente. El conocimiento de la eterna Vetusta, también.
    Es “la España que pasó y no ha sido”.

  17. Noventayochista Says:

    Estoy en gran parte de acuerdo con AFI: la labor del intelectual como conciencia pública de la sociedad desde una voz independiente la desarrolló en su momento Clarín; también podríamos remontarnos a Larra. Lo que sucede es que en España serían Unamuno y Ortega los intelectuales más influyentes, acaso por salir a la palestra en un contexto social y político más favorable para ser escuchados.

  18. Notario Says:

    ¿Ha tenido que suceder la polémica, más o menos fundamentada, acerca de la celda de Feijoo para que en esta ciudad se le ercuerde?

  19. Republicano Says:

    Extraordinaria la lección que nos da, demostrando, sobre todo, que es la España liberal y republicana lo mejor que, intelectualmente hablando, hemos tenido.
    Como diría Ortega, a quien usted tanto cita, los personajes de su artículo estuvieron, cada cual a su modo, incluso el Padre Feijoo, contra la España oficial de su tiempo.

Escribir comentario