Recuerdos propios frente a olvidos (y derribos) ajenos

Por Luis Arias

Frente al mirador de mi niñez, el Caserón de Santa Clara, que se estaba transformando entonces en Delegación de Hacienda. Al lado del edificio donde transcurrió gran parte de mi infancia se encontraba la Caja de Previsión. Jovellanos y Argüelles, a pesar de los dictados de aquellos tiempos, se daban, como ahora, la mano en el callejero, no así la plaza donde vivía que, según atestiguaba la correspondencia familiar, se había llamado en su momento plaza del Progreso. Lo cotidiano y lo presente se emplazaban frente a la fachada principal de la casa, y el pasado, sin embargo, habitaba en su parte posterior, desde donde podían verse galerías de edificios de la calle de la Luna con sus maderas arrasadas por el paso del tiempo, como las arrugas y las estrías en los rostros de las personas.
Y, por otro lado, si (con perdón) se giraba a la izquierda, se accedía a la calle Jovellanos, a la estación del Vasco, otra inequívoca representación del pasado donde tuve la oportunidad de ver viejos coches de trenes de madera que ya no estaban en servicio. No olvidaré nunca el tránsito por el pasadizo que evitaba las vías y, sobre todo, los andenes con sus legendarios anuncios que daban cuenta de otra época con verdadera voluntad de estilo.

Calle Jovellanos, estación del Vasco, Mesón del Labrador, cuya vida se prolongaría aún largos años. Calle Jovellanos que, pasado el tiempo, vería admirablemente descrita al inicio de la novela ayalina «La pata de la raposa», que tan excelente opinión le mereció a Unamuno. Calle Jovellanos donde también se encontraba una confitería que fabricaba excelentes pasteles y merengues de sabores diversos. Pasaron los años, casi el período de una generación, según los parámetros orteguianos, y, viviendo ya en la calle Toreno, justo en la esquina con Marqués de Pidal, me tocó ver el derribo del palacete de Concha Heres. De nada sirvieron entonces las protestas, pues la piqueta hizo su trabajo. Lo que entonces no me podía imaginar era que no transcurriría una década completa para que la vieja estación del Vasco corriese idéntico destino.

Y es el hecho que ambos derribos son dignos de formar parte de la historia universal de la infamia. Y es el hecho que doña Paloma Sainz, al hacer la propuesta de la construcción de un palacio en la antigua parcela del Vasco, consiguió remover en mí, con innegable desasosiego, recuerdos siempre presentes y olvidos aún rescatables. Ya que no se puede hacer justicia poética frente a aquellas demoliciones que nunca se tendrían que haber producido, plantea la jefa de la oposición municipal vetustense un Palacio de Justicia.

Ya que quedaron en nada una serie de proyectos, sobre todo, para fortuna de la ciudad el de las «trillizas» calatraveñas, hágase un Palacio de Justicia, pues los que actualmente a ello se destinan en Oviedo presentan, al parecer, deficiencias. Garantiza la edil socialista que se crearán muchos puestos de trabajo. Cuenta con el apoyo de Areces, mientras que el regidor vetustense da el visto bueno, siempre que su Consistorio no tenga que contribuir económicamente a su edificación.

Nada de pedir cuentas acerca de lo que gastó en esos edificios donde se ubican actualmente los juzgados en Oviedo. Nada de preguntarse a qué empresa y a qué intereses se favorece con la iniciativa de doña Paloma. En España, en Asturias y, sobre todo, en Vetusta, de lo que se trata es de construir palacios último modelo, dado que no se supo o no se quiso conservar parte importante de lo que había: léase el Vasco, léase el palacete de Concha Heres, léase el Fontán.

La Ciudad de los Palacios, que aún no tienen pedigrí para ser encantados, porque lo que contaba con empaque fue en gran parte derruido. La Ciudad de los Palacios que no se plantea qué habría que hacer entonces con lo que hay. La Ciudad de los Palacios que no se cuestiona si los graves problemas que padece de la Justicia, aunque el cinegético Bermejo haya dimitido, se resolverán con la construcción que doña Paloma propone.

La Ciudad de los Palacios, el ladrillo o vaya usted a saber qué nobles materiales, como principal forma de hacer política, con lo que doña Paloma parece ecualizarse con su adversario político. ¿Cómo no recordar que la principal apuesta de su antecesor, Leopoldo Tolivar, no estuvo del lado del ladrillo, sino de otra forma de entender la política, así como de unas conmemoraciones históricas que ya se ve en qué dieron? ¿Cómo no inquietarse, en fin, ante el hecho de que se pretende edificar un Palacio de Justicia sobre una parcela en la que está radicada una gran injusticia poética, un derribo contraproducente de algo que merecía ser conservado?

Por eso, no puedo no hablar de recuerdos propios frente a derribos ajenos que quieren ser olvidados con el pretexto de un nuevo palacio en una ciudad que algunos quieren convertir en una especie de Camelot sin la magia y sin la «t», donde lo mayúsculo es el dislate continuo y el permanente estado de obras.

Categoría: Sin categoría Comentarios(20) febrero 2009

20 Respuestas a “Recuerdos propios frente a olvidos (y derribos) ajenos”

  1. Proustiana Says:

    Las viejas maderas son a la vista como la magdalena al tacto. Excelente remembranza literaria que sirve también de análisis político.

  2. Abrumada en Brumario Says:

    ¿De qué sabor eran tus merengues preferidos? ¿No sospechas que alguna vez podamos haber coincidido en Camilo de Blas?
    Anécdotas aparte, gracias por exponer los recuerdos de forma tan evocadora, que no excluye la crítica demoledora que haces frente a tanta demolición.

  3. Carbaayona de pro Says:

    ¿Cómo es posible que alguien con apellidos tan rimbombantes, que además vivió en las calles más céntricas y señoriales de Oviedo nos haya salido tan rojo y republicano?
    ¿Nunca has pemsado que se te perdona menos tu republicanismo por no apellidarte Álvarez y haber nacido y vivido en Pumarín?

  4. María de las Asturias Says:

    ¡Cómo consigues hacer del pasado argumento para analizar cosas presentes! ¡Con qué destreza la literatura nos lleva de tu mano al análisis político!

  5. Marina del Narcea Says:

    Aunque esta vez te alejas de tus escenarios más literarios, vuelves a bordarlo al evocar así el pasado como un tiempo en que la geografía le marcaba a un niño el presente y le señalaba también el pretérito.
    ¿Te siguen gustando los merengues?

  6. Celina Says:

    Se te olvidó, creo, hablar de la Cantina del Vasco, donde paraba tanta gente en espera de que saliese el tren. Tampoco nombraste las interminables escaleras.
    Aparte de eso, consigues no sólo convencer, sino también emocionar. No es poca cosa, Luis.

  7. Socialista chamuscao Says:

    ¡Quién nos iba a decir que la AMSO tendría como principal objetivo político favorecer al señor Marrón y cía!
    Manda huevos!

  8. Semióloga Says:

    Excelente manejo de los recursos narrativos en un discurso aparentemente político.
    Por si esto fuera poco, la Estación del Vasco estaba camino de aquella Facultad en la que aprendimos tan poco y nos divertimos tanto.

  9. Isabel Says:

    Aleccionador artículo, como es costumbre ti: desde la evocación al análisis de la actualidad contando lo vivido, enjuiciando con lucidez lo que pasa.
    Muy bien.

  10. Republicano Says:

    Me sumo a todos los elogios anteriores: sólo un pero: le faltó decir que hubo alguien que no evitó siendo Alcalde la demolición del Vasco, el mismo años atrás se había opuesto, con su boquita de pitiminí, al derrumbe del Palacio de Concha Heres.
    Hablamos, naturalmente, de Antonio Masip.

  11. Elena de Goya Says:

    ¿Y Palomina? Seguro que no le entusiasmó tu artículo. ¡Mira que criticarle el novio que acaba de echarse en forma de Palacio de Justicia que se edificará, como bien dijiste, sobre una injusticia poética!
    ¡Qué gauche divine tenemos!

  12. Ana Says:

    Yo también me comí muchos merengues en Camilo de Blas y viajé en el Vasco hasta Pravia desde Oviedo.
    Removiste muchos recuerdos en mí con tu artículo, Luis.

  13. María de la A Says:

    ¿Harán un lujoso Café en el nuevo Palacio de Justicia dentro de un viejo coche de tren de madera?
    ¿Harán doña Paloma y su marido de excelsos anfritiones cuando se inaugure?
    ¿Acabará desfilando algún político por ese nuevo Palacio de Justicia?
    ¡Quién sabe!

  14. Odysseo Says:

    “los andenes con sus legendarios anuncios que daban cuenta de otra época con verdadera voluntad de estilo.” No deja de maravillarme como esa pérdida de sentido y aspiración estética va pareja al derrumbe de los valores morales. Parecería que son ámbitos separables pero la mediocridad -por término medio- de nuestra Arquitectura o cualquier otra manifestación artística es bien reveladora del empobrecimiento moral que nos ha tocado vivir. Gracias -una vez más- por elevar mucho ese listón, Don Luis.

  15. Mariceli Says:

    Yo también viví en ese entorno y te agradezco infinitamente los recuerdos que rescatas.
    ¿Cuántas veces te comentaron aquí que se agradecen tus textos literarios, mucho más que los que escribes de asunto político?
    Pues eso, Luis.

  16. Socialista chamuscao Says:

    Me consta que, a más de uno, le sentó muy mal este artículo. ¿Tanto les duele que se les recuerde que el derrumbamiento de la Estación del Vasco pudo y debió ser evitado?
    Historia amarga ésta, que no la endulzan ni siquiera tus gratos recuerdos con sabor a merengue de Camilo de Blas.
    Gracias por tu coraje.

  17. Ayalino Says:

    Ese Oviedo, aún ayalino, incluso clariniano, que usted evoca en su artículo, tenía, arquitectónicamente, un encanto que ya no existe gracias a las piquetas de los políticos.
    Y esa infancia rescatada es un logro literario que difícilmente se puede encontrar en los periódicos en estos tiempos que nos toca vivir.

  18. Vela Says:

    Hace usted que el lector de su artículo se sienta inmerso en un poema agridulce del que cuesta salir, hasta que uno se da cuenta de que hay que tomar la palabra contra todas esas sabandijas que se vienen cargando lo mejor de esta ciudad.

  19. Praviana Says:

    Yo también recuerdo la Estación del Vasco, y las escaleras, interminables, que, en Oviedo se bajaban y en Pravia se subían.
    Gracias por tu artículo.

  20. E. Caldueño Says:

    Y como olvidar,la calle Jovellanos y alli Camilo de Blas y su jamon de york cortado fino para el sanwich de jamon y queso que mi mama nos preparaba al volver del colegio,y el olor entrañable a hojaldre y milojas.
    Sentimientos de mañana como la flor de un dia desde estado unidos.
    Naci en la calle salsipuedes.

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