Tras los apagones

Por Luis Arias

Alerta naranja, vendaval anunciado, endiablada ventolera nocturna en el suroccidente asturiano. Noche del pasado viernes, con árboles que fueron doblegados de continuo, con ventanales y balcones que tuvieron una oportunidad pintiparada para dar buena prueba de su resistencia. Con el miedo a que algunos tejados sufrieran desperfectos considerables. Noche en que las casas de estos parajes no vivieron atmósferas sosegadas.


El paisaje tras la ventolera fue más allá de los esperable. Más allá de los ramajes esparcidos, más allá de los contenedores derrumbados, más allá de los destrozos de ocasión, lo más destacado fueron los apagones que, en algunos pueblos se prolongaron a lo largo de varias jornadas, con los consiguientes trastornos en un mundo en el que la dependencia de la red eléctrica es total.

Apagones en el suroccidente asturiano. ¡Cuánto gusta la realidad de mostrarse paradójica! En plena fiebre de parques eólicos, con polémicas en algún que otro Ayuntamiento que pretende abogar por eso que tan solemnemente se llama desarrollo sostenible, resulta que las averías tardaron en ser subsanadas mucho más de lo razonable. No nos referimos a las dificultades inevitables para restablecer el fluido eléctrico, sino al tiempo en que tardaron en acudir los servicios técnicos de turno para ponerse manos a la obra. Se demostró, una vez más, nuestra condición de ciudadanos de tercera clase.

Vaya, vaya, vaya. Oficinas de correos que se clausuran, o casi, retenes para las averías eléctricas que desaparecen. Todo ello en unos tiempos en que a muchos se les llena la boca hablando de progreso y modernidad, sin el pos, porque acaso la utilización de los prefijos les cause graves dificultades.

Da noticia este periódico de que son muchos los ganaderos dispuestos a emprender acciones legales para que se les compense, al menos en parte, por las pérdidas ocasionadas, no por los apagones en sí, seguramente inevitables tras el vendaval, sino por la tardanza en acudir a restablecer la normalidad.

De otro lado, lo que la vox pópuli viene diciendo es que no se sabía muy bien a quién acudir cuando veían que los servicios técnicos no comparecían. Tiene que ser desesperante tener como interlocutora a una voz enlatada de un contestador automático.

¿Qué tiene que pasar aquí para que se derrame la última gota de la paciencia? ¿Qué tiene que suceder para que se ponga freno al abandono que se sufre en determinadas comarcas de Asturias a la hora de prestar servicios imprescindibles para el desarrollo de la vida actual?

¿Acaso puede pretenderse conformismos y pasividad ante todo? Cierres de unidades escolares, de oficinas de correos. Invasión eólica que puede espantar el turismo. Retrasos injustificados en las obras de las autovías que están en marcha. Saneamientos que ni siquiera están en proyecto en muchos casos, contenedores de basura selectiva que no existen. Muchos pueblos sin cobertura para los teléfonos móviles, también para buenas conexiones a Internet. Y, a todo esto, si el vendaval causa estragos en el tendido, se actúa pasito a pasito, piano, piano, sin prisa para dar la orden pertinente a los servicios técnicos.

Tras lo apagones, sólo queda el malestar y la acidez, sólo queda conjeturar que acaso alguien pensó que podían tener efectos similares al que en su momento se produjo en Nueva York, y que, al final, dado el bajón demográfico, podría tener resultados beneficiosos.

Tras los apagones, a ver quién tiene cuajo para hablar de progreso, para justificar lo injustificable destrozando el medioambiente.

Tras lo apagones, sólo cabe esperar que la indignación se transforme en respuesta cívica en contra de tanto atropello, de tanto abandono, de tanta dejadez.

Tras los apagones, nuestros ríos y montañas generan energía eléctrica, lo cual ni siquiera revierte a la hora de actuar con premura cuando se producen averías. ¿Cabe desfachatez mayor?

Hora va siendo ya de que el occidente de Asturias escriba y presente su libro de reclamaciones. Materia para ello hay más que sobrada.

Categoría: Bajo Nalón Comentarios(10) enero 2009

10 Respuestas a “Tras los apagones”

  1. Ayalga de Salas Says:

    Gracias por ser, una vez más, la única voz que denuncia los atropellos que sufrimos. Lo de Villazón y Cornellana fue de juzgado de guardia.
    Espero que no tarde mucho en hablar de la mina a cielo abierto que pretenden abrir en la Espina.

  2. Merche Says:

    ¿Qué hace un escritor en una noche sin luz eléctrica? ¿Leer a la luz de una vela? ¿Anotar vivencias con una estilográfica?
    ¡Qué facilidad para pasar de esas vivencias íntimas a lo que es la denuncia de unos derechos pisoteados!
    Aunque, confieso, viniendo de ti, hubiera preferido un escrito más intimista.

  3. Tinetense Says:

    Gracias, don Luis, por salir a la palestra una vez más con los problemas que tenemos en esta parte tan olvidada de Asturias.
    Los ganaderos que nos hemos visto privados de luz reclamaremos al maestro armero.
    Luego vendrán a pedirnos el voto.
    ¡Qué asco!

  4. Mario Infante Says:

    Con la boca pequeña, hay politiquillos que protestan por la falta de celeridad de los servicios técnicos de Hidrocantábrico, pero están todos a una, lo sabemos.
    Gracias por su artículo.

  5. Salense Says:

    Gracias por denunciar en tu columna los abusos de la empresa Hidroeléctríca. ¿Por qué no aparecieron en Cornellana los servicios técnicos hasta el domingo cuando la avería fue el jueves?
    Fue una vergüenza.

  6. Occidental Says:

    Los pocos que por aquí quedamos haremos algún día una marcha sobre Oviedo. Seguro que Gabino saldría a recibirnos.

  7. Dra. Rauschii Says:

    La idea de la explosión demográfica en la zona como consecuencia de un apagón es … tan tercermundista como el mismo apagón.
    ¡Pero no deja de tener su gracia!, claro que tres días… igual es hasta sobredosis.
    Es broma, y no pretendo en absoluto hacer leña del árbol caído, sólo ponerle un contrapunto irónico, y hasta sarcástico, a la vergüenza que me produce pensar que aun pasan cosas como ésta. Y que estamos indefensos ante ellas.
    Por si acaso, y hablando de prefijos que la que suscribe no tiene ninguna dificultad en utilizar, añadiré que me parece In_creible,Im_presentable, In_justificable e In_excusable. Por más que traten de maquillarlo… que seguro que lo harán.

  8. Trasgu-Pravia Says:

    Muy bien D.Luis, le felicito a usted por su escrito.Solo una pregunta:¿Si un dia el Narcea se desborda, y en su furia se lleva por delante su vivienda, a quien piensa reclamar los daños?,¿ Al Dios todo poderoso por soltar tanta agua sin pensar en usted?.No quiera, una vez mas, utilizar la demagogia barata, echando la culpa a los politicos ,de lo que son simples catastrofes naturales.Si mañana hay un terremoto(que por desgracia a veces ocurren),y su casa se convierte en un monton de escombros(dios no lo quiera) ¿ echaria la culpa alos que la construyero? ¿ o tambien la tendrian los politicos por no predecirle que habria un temblor de tierra?.
    D.Luis, por favor, menos demagogia. Contra los agentes atmosfericos desatados, ni usted ni yo podemos hacer nada. Pero ya veo que usted siempre encuentra un culpable. Raro que en esta ocasión no le eche la culpa de los destrozos al cielo, que es desde nos llegaron los fuertes vientos que tantos destrozos nos causaron.

  9. Cornelius Says:

    A usted, eminentísimo Trasgu, le puede la inquina que tiene contra el señor Arias.
    En el artículo, no se habla de los políticos, sino de los servicios técnicos de las empresas eléctricas.
    Mire, en Cornellana, el apagón fue el viernes por la noche, y los servicios técnicos arreglaron la avería el domingo en hora y media. ¿No pudieron y debieron acudir antes?
    ¿Desconoce usted, si es de Pravia, como dice su seudónimo, que en Cornellana mismamente antes había un retén y ahora lo desmantelaron?
    Relájase antes de escribir.
    Una cosa son las opiniones y otra los ataques, que es lo que usted hace.

  10. Curiando que ye gerundio Says:

    Gracias por su artículo. Que alguien nos explique cómo es posible que esta gran empresa haya reducido sus servicios técnicos con el visto bueno de las autoridades competentes.

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