Intrahistoria de Gijón (Sobre el libro José Antonio Mases “Todos los días Gijón”)

Por Luis Arias

  Poner orden a la hora de plasmar los trabajos y los días de una ciudad mediante 40 capítulos, tan breves como intensos, donde desfilan personas, obras y acontecimientos que han sido y siguen siendo artífices de la ciudad en la que nació la mente más brillante de la Ilustración española supone, sin duda, un reto fascinante para quien tenga ambiciones literarias que vayan más allá de la notoriedad inmediata, o del encargo de ocasión. Mases ha afrontado con envidiable fortuna el envite con el libro que acaba de ser presentado en el Consistorio gijonés. Alambicar lo esencial de la historia de una ciudad es incurrir de lleno en la intrahistoria. Tarea de síntesis, de fina y dificultosa selección, donde todo exceso distorsionaría, donde ciertas ausencias desvirtuarían. Algo así, como decimos, es un desafío lleno de escollos. De este reto, como también consignamos, sale airoso José Antonio Mases.

No estamos, ni de lejos, ante una guía turística. No estamos, ni por asomo, ante un cronicón de lo cotidiano que incurre en lo pintoresco cuyo colorido chirría. No estamos, en fin, ante ningún breviario de tópicos. Nos encontramos, antes al contrario de todo ello, con una obra literaria que alcanza de principio a fin la excelencia. Primero, ante una prosa que sólo puede ser creada por un gran escritor; prosa, a un tiempo, sobria, sin resquicio para las estridencias, y también rica y elegante; prosa que no desmerece la de las grandes obras de este mismo autor, pongamos El Palenque. Segundo, ante unos retratos y unos relatos que no nos pueden dejar indiferentes. Economía de palabras inversamente proporcional al inmenso inventario de recursos expresivos que el lector avispado puede encontrar en este libro de Mases.

De los cuarenta capítulos que configuran Todos los días Gijón, me atrevería a destacar entre otros aquel que da cuenta de la llegada de Galdós a Gijón acompañado por su ilustre amigo Leopoldo Alas. Aquí el interés no radica sólo en la gran relevancia de los personajes, sino también en la forma en que nos es contada esta estancia de los dos grandes novelistas en aquel momento histórico de 1894, vísperas de acontecimientos que cambiaron la historia y la literatura de nuestro país, vísperas también del desarrollo que alcanzaría Gijón a partir de aquel momento.
Estoy seguro de que el lector compartirá el estremecimiento con que están contados la mayoría de los episodios que tuvieron lugar en la ciudad y sus alrededores durante la dura posguerra, que, por otro lado, es un gran filón literario. No se pierdan el capítulo que tiene por título “Con derecho a cocina”, que arranca contando la tarifa rebajada de una meretriz tuerta, que alude a un recital poético de Blas de Otero y que culmina con aquel abuelo cuyo mayor aliciente cotidiano era escuchar por las noches las emisiones de la Radio Pirenaica.
Como no podría ser de otro modo, comparecen en el libro de Mases retratos y relatos de personajes que tanto significaron para Gijón. Así, las primeras horas de cada día en el hacer de Rubio Camín; así, el relato de un día muy señalado en la vida de Piñole; así el retrato admirado y admirable que hace del periodista Francisco Carantoña; así, la semblanza, tan agridulce, del poeta Alfonso Camín.
Pero no sólo los ausentes se dan cita en este libro; también los personajes del presente son objeto de semblanzas: Juan Cueto, Pedro de Silva, Luis Fernández Roces, María Elvira Muñiz, etc.
Por otra parte, hay páginas que acogen lugares que forman parte, al mismo tiempo, de nuestra historia cultural y de la trayectoria del autor. Hablamos, por ejemplo, de aquella oficina donde se gestó y se llevó a cabo una de nuestras obras de consulta más imprescindibles en esta tierra: la Gran Enciclopedia Asturiana, del proyecto de Silverio Cañada en el que tanto y tan afortunado protagonismo tuvo el trabajo de Mases.
Y -¿cómo no?- los Cafés y las tertulias; comparecen entre otros, el Dindurra y la tertulia a la que acudía Francisco Carantoña. Y -¿cómo no?- tertulias actuales en las que se dan cita, entre otros, Luis Fernández Roces y Pepe Monteserín.
Todos los días Gijón, obra de un literato que atesora un conocimiento enciclopédico sobre Asturias y sobre esta ciudad y que además es un extraordinario escritor. Que ambas cosas se den juntas trae como consecuencia no sólo que se confirmen las mejores expectativas, sino que, ítem más, se superen, con sobrantes de calidad e interés por todas partes.
Y, más allá de las semblanzas y de los episodios, de las crónicas y de las historias que aquí se dan cita, hay, por decirlo así, un resultado final que hace las delicias del lector más exigente. Resultado final que tiene que ver, y mucho, con la creación de una atmósfera genuina que define literariamente a una ciudad.
Todos los días Gijón emprende vuelos mucho más altos de los que son propios de la obra de un historiador local. Es, como venimos diciendo, la obra de un literato, de un gran narrador, que presenta muchos de los episodios en ese formato tan difícil que es el relato corto, que es la narración sin ripios ni excesos, como diría Horacio Quiroga.
Todos los días Gijón, libro escrito por alguien que nació en Cabranes, que vivió en Cuba y Santo Domingo, y que se asentó en la ciudad de Jovellanos, para alcanzar, como acaba de hacer, el placer de plasmarla literariamente.
Nada de lo esencial escapa de la pesquisa de Mases. A tal efecto, citaré el ejemplo más ilustrativo que he encontrado. Por ejemplo, la debilidad por el aumentativo, extensiva a toda Asturias, y que tiene un enclave especial en Gijón: los que se dan cita en la Escalerona para acudir al el Molinón.
Todos los días Gijón es literatura. De la mejor.

Categoría: La Nueva Quintana Comentarios(9) enero 2009

9 Respuestas a “Intrahistoria de Gijón (Sobre el libro José Antonio Mases “Todos los días Gijón”)”

  1. Lliteratu Says:

    Me alegra mucho que haya reseñado un libro de Mases. No sólo destaca en Asturias, sino que es también uno de los grandes narradores de habla hispana desde hace décadas. Otra cosa es la fama y el mercadeo.
    Aplaudo su apuesta, don Luis.

  2. Piecho categorial Says:

    Estoy de acuerdo con lliteratu: Mases es de los pocos grandes literatos que tenemos. Y, por lo demás, su reseña es excelente.

  3. Feijooniano Says:

    Además, Mases estuvo al frente de aquella colección, con tan buenos títulos, de Ayalga.
    Asturias le debe mucho a este hombre.

  4. Poesía de posguerra Says:

    Don Luis:
    Anque sólo sea por ese capítulo en el que se dan cita la prostituta con su rebaja por ser tuerta, el recital de Blas de Otero y el abuelo con su pasión por la Pirenaica, compraré mañana mismo el libro de Mases.

  5. Adicto al diario Says:

    Si algo le caracteriza a usted como reseñista es la forma en que presenta ante el lector sus impresiones ante los libros que analiza.
    En este caso, estoy seguro de que muchos de sus lectores comprarán el libro de Mases.

  6. Maestrín de escuela Says:

    Desde la Enciclpedia Asturiana hasta “Todos los días Gijón”, pasando por las colecciones asturianistas de Ayalga, a las que ya se hizo mención en estos comentarios, Mases es un hombre clave en los estudios asturianistas.
    Es de celebrar que “La Nueva Quintana” acoja textos como éste y abandone los folclorismo subvencionados que nadie lee.

  7. Vetustense Says:

    ¿A quién le encargaría, caso de que se le ocurriese, Gabino un libro sobre Oviedo que sirviese de regalo navideño? ¿Acaso a una Fundación?
    Pudiera ser.

  8. Vela Says:

    Lo que echo de menos en el libro de Mases, pues, aunque no lo he leído supongo que, de haberle dado cabida, Luis Arias lo habría consignado, es que no hable del descubrimiento que hizo Ortega en 1914 de un periodista que escribía en el Noroeste: se llamaba, y no es cohecho que lo diga, Fernando Vela.

  9. Laura Says:

    Luis, seguro que, como tú dices, el libro de Mases tiene episodios cuya lectura estremece. Pero no es menos cierto que la forma en que das cuenta del episodio de posguerra de ese libro conmueve por la forma en que has decidido contarlo.
    ¡Ay, si dejases de escribir de política!

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