Dos generaciones (En el 30 aniversario de la Constitución)

Por Luis Arias

“Carácter o tradición son, pues, las fuerzas de la resistencia; por mucho que, de frente o de soslayo, se haga en contra suya, siempre estarán presentes, tirando hacia atrás. La inteligencia activa y crítica, presidiendo en la acción política, rajando y cortando a su antojo en ese mundo, es la señal de nuestra libertad de hombres, la ejecutoria de nuestro espíritu racional. Un pueblo en marcha, gobernado con un buen discurso, se me representa de este modo: una herencia histórica corregida por la razón» (Azaña).

Se pasa por alto, creo que inexplicablemente, que la llamada Carta Magna no fue sólo el resultado de un pacto entre la mayor parte de las fuerzas del espectro político de entonces, sino que fue también, y eso no tiene menor relevancia, un acuerdo entre distintas generaciones que en aquel momento dieron forma a un proceso que se había venido gestando desde la muerte de Franco, conducente a convertir España en un país democrático. Había que hacer ese «sugestivo proyecto de vida en común» en el que pudieran sentirse cómodos también los ciudadanos de unos territorios que habían sentido su cultura perseguida. La España democrática, pues, no tenía que atender sólo a la recuperación de las libertades formales, sino también a las aspiraciones nacionalistas de determinados territorios que no habían sido eliminadas por la dictadura.

Una España democrática, una España plural y diversa. En teoría, a eso intentó dar respuesta aquella Constitución del 78, que, por un lado, daba paso al Estado autonómico y, por el otro, atribuía al Ejército una misión que no consistía sólo en la defensa ante un posible enemigo exterior. Así las cosas, ambigua Constitución, que, según quisiese ser valorada, contentaba a todos y no satisfacía de lleno a nadie. Se diría que, siguiendo a Burke, la Constitución plasmaba que la política era «el arte de lo hacedero», en un momento como aquel en el que los poderes fácticos no eran una metáfora, sino una realidad, que hacía imposible, por ejemplo, celebrar una consulta democrática preguntando a la ciudadanía si se decantaba por la Monarquía o por la República.

¿Y ahora? La España autonómica, la actual vertebración territorial, no contenta a nadie. Hay quienes, desde el lado nacionalista, no ven sus aspiraciones colmadas. Hay quienes, desde una óptica general, desde una visión de Estado, observan que el desarrollo autonómico colisiona con ese principio de igualdad que, en teoría, consagra la misma Constitución. Tener una titulación idéntica, superar las mismas oposiciones, desempeñar el mismo trabajo no supone la misma remuneración en todas las comunidades autónomas. Ello por no hablar del reparto de los dineros, asunto con el que tanta demagogia se hace desde diversos y opuestos discursos. Y hay carencias imperdonables por parte de los partidos mayoritarios en el ámbito nacional. Del lado de la izquierda, no se ha articulado una concepción de España al hilo de lo que fue el legado de la mejor literatura del siglo XX: desde la Generación del 98 a Blas de Otero. Se diría que, para muchos, no existe otra España que no sea la de charanga y pandereta. Y vive el cielo que la hay. Del lado de la derecha, al PP le falta mucho para convertirse en un partido conservador europeo despojado de la caspa de la España cañí y de la majeza a la que tanto ama y emula la Presidenta madrileña, despojado también de un clericalismo rancio.

Treinta años después el «sugestivo proyecto de vida en común» sigue sin alcanzarse. Treinta años después hay discursos que anteponen el territorio a la ciudadanía. Treinta años después las reformas que parecen necesarias no quieren ser llevadas a cabo, tal vez porque para ello se necesitaría un clima de acuerdo generalizado que hoy no existe. Treinta años después las dos generaciones que se incorporaron a la población contemplan sin entusiasmo la existencia de problemas que parecen enquistados de forma inquietante.

Aquí no nos apodera la nostalgia, sino la tristeza. Y es que, dejando de lado que la Constitución del 78 no es un dechado de perfecciones, el problema radica en que, vistos los fallos, padecidas las ambigüedades, no hay en la vida pública capacidad para la corrección, para salir al encuentro de los problemas y descontentos con voluntad de atajarlos. Lo que hay es resignación, no tanto porque los mayores problemas planteados sean irresolubles, sino porque no existe voluntad para que dejen de estar irresolutos.

De entonces a esta parte la vida pública, en especial la vida política, es mucho más mediocre. De entonces a esta parte la mal llamada clase política se ha llenado de profesionales que la parasitan. De entonces a esta parte el clientelismo ha ido yendo a más. De entonces a esta parte, en la medida en que la política socioeconómica de los distintos partidos es cada vez más similar, la crispación más burda subió más enteros. De entonces a esta parte va in crescendo la impresión de que esta segunda restauración borbónica se parece mucho -mutatis mutandis- a la primera.

De entonces a esta parte se demanda un espíritu regeneracionista, que el legendario Diógenes no encontraría por mucho que lo buscase en todos y cada uno de los rincones de la vida pública.

Categoría: Opinión Comentarios(26) diciembre 2008

26 Respuestas a “Dos generaciones (En el 30 aniversario de la Constitución)”

  1. Roberto Says:

    Hola,
    Tineo está sumido en un un grave enfrentamiento. Vamos a acabar todos a palos. Nos gustaria saber su opinión. Gracias

  2. Cornelius Says:

    En efecto, la Constitución no contenta a nadie: lo único que se puede añorar es aquel momento en que la sociedad española se sentía mucho más libre y democrática que ahora.
    Todo lo demás es palabrería.

  3. Piecho categorial Says:

    Las palabras de Azaña son de una lucidez que impresiona. Su análisis del ayer y del hoy no está marcado por los topicazos.
    Muy bien, pues.

  4. Republicano Says:

    Es usted de los pocos que en la prensa española hace constantes guiños al republicanismo.
    Si alguien se fijase en la lucidez de sus análisis, así como en las fuentes que manejan, no sería difícil percatarse de que la escuela de cada cual dice mucho de loque tenemos y también de lo que hemos perdido.

  5. sixto Says:

    y .. cuándo usted se presenta a unos elecciones.. de acuerdo con el artículo…

  6. Maestrín de escuela Says:

    ¿En qué parte del artículo se habla de la voluntad de presentarse a las elecciones por parte de su autor?
    ¿Usted, don Sixto, sabe leer?

  7. Republicano Says:

    ¡Viva la República!

  8. Isabel Says:

    Sobran comentarios como los de Sixto que no analiza el artículo y que, simplemente, le pide al autor que se dedique a la política. ¿No tiene otro argumento este señor?
    También están de más las proclamas republicanas que yo puedo compartir y comparto, pero esto está para analizar argumentos, no para dar vivas.

  9. atos Says:

    Muy bien, don Luis. La verdad es que hasta el Borbón comienza a parecerse a su abuelo con esos fulanismos y ese “hablando se entiende la gente”.Coincido con Cornelius, creo que hemos perdido aquel ramalazo de libertad y sentido de estado a cambio de unos partidos que recuerdan cada vez más a los de la Restauración. Y en medio los nacionalistas. Sólo espero que esta farsa de repetición no acabe con unánimes “no era esto, no era esto”. Eso, que me ha encantado el artículo

  10. Republicano federal Says:

    Veamos, señor Arias; veamos, señor Atos, si el PP y el PSOE no tienen otro proyecto de España que no sea el de charanga y pandereta, ¿cómo no van a florecer los partidos nacionalistas?

  11. Metacarpiano Says:

    Se agradece que haya columnistas no cortesanos. Gracias por seguir siendo casi, casi, la excepción.

  12. atos Says:

    Si ya lo veo, señor Republicano federal (me gusta su nick, por cierto,) y como lo veo, me duele. Porque los nacionalistas van del carlismo más facha al caciquismo más casposo.

  13. Notario Says:

    Se puede dar fe pública de que la Constitución se elaboró con condicionantes´.
    Otrosí, los hechos demuestran que el bipartidismo es muy similar al de la primera restauración, al canovismo, esta vez, sin Cánovas.

  14. Vela Says:

    Siempre estamos con lo mismo, preguntándonos qué es España.

  15. Ana Says:

    Y, en efecto, estoy de acuerdo en que el mayor problema es que el clima de acuerdo que había entonces hoy es impensable.

  16. Republicano federal Says:

    Señor Vela, (supongo que don Fernando): la pregunta será eterna mientras no se ponga sobre la mesa un proyecto común de país, en el que tengan el mismo peso político y cultural todos territorios

  17. atos Says:

    Y yo que creo que el problema es que hay demasiados territorios y muy pocos ciudadanos.

  18. Trasgu-Pravia Says:

    Es logico que ,treinta años despues, nuestra constitución se haya quedado absoleta y que necesite unos breves retoques.¿A caso las personas que han crecido durante este periodo, pueden pensar de igual forma que los que la redactaron hace tres decadas?. Si nuestra sociedad ha cambiado en estos años,parece razonable suponer que nuestra carta magna se ha quedado anticuada en algunos asuntos que hoy preocupan a la sociedad española.
    En cuanto a los continuos cantos de sirena que el articulista suele hacer ,siempre que puede, sobre el sistema politico republicano; solo cabria remitirle a las situaciones de aquellos paises que viven bajo ese sistema;por ejemplo, nuestros vecinos los franceses, y tambien los alemanes. En ninguno de los dos estan mucho mejor en estos momentos que en España. Asi que el señor Arguelles ,si tanto le gusta la republica, que se vaya a vivir a uno de esos dos paises.País, bendito país…..

  19. Curiando que ye gerundio Says:

    Vamos a ver, señor Trasgu. La primera parte de su comentario es una obviedad y, como tal, nada hay que decir al respecto.
    Acerca de su ataque al señor Arias, por lo que usted llama sus “cantos de sirena”, aparte de mostrar una acritud que va más allá de lo que pueden ser discrepancias, se columpia usted de mala manera. ¿No tiene ese señor derecho a defender su republicanismo, el mismo que tienen otros, puede que usted también a mostrar su entusiasmmo por la monarquía?
    El exilio, señor, en teoría se acabó con la dictadura.

  20. Vela Says:

    Al señor Atos le recordaría que los ciudadanos viven en territorios y que éstos tienen su historia, cierto que a veces muy manipulada, pero que la ciudadanía no es tampoco Manolo el del Bombo.
    Al republicano federal le planteo una objeción del maestro Ortega: el único sentido que tiene un Estado federal es que se unan territorios que hasta ese momento han estado separados. Ése no es el caso de España.
    La cosa, en verdad, es y está complicada.

  21. atos Says:

    Trasgu, sin acritúd, su segundo párrafo no tiene un pase.
    Ya, señor Vela, pero ni usted ni yo, ni el resto del blog somos Manolo. Lo de que los territorios tienen su historia…Yo he vivido en cuatro y no entiendo que mi historia o mis derechos hayan de cambiar por ello. A no ser que aceptemos vivir en un estado feudal.

  22. Vela Says:

    Es razonable lo que dice, señor Atos. Lo que sucede es que, como usted habrá podido percibir en su experiencia de haber vivido en cuatro territorios de eso que seguimos llamando España, está muy arraigado el sentimiento de una cultura opresora frente a una cultura oprimida. Y, para desgracia de todos, la izquierda no ha puesto sobre la mesa esa idea de España que nada tiene que ver con lo cañí y lo casposo.
    Y así nos va.

  23. Fermín de Pas con el catalejo Says:

    ¿Por qué nadie quiere darse cuenta de que España es católica, o no es España?

  24. Noventayochista Says:

    ¿Ha superado este país la crisis del 98? ¿Algún dirigente político la tiene en cuenta, la sabe, la conoce?

  25. Ulises Says:

    Dígame, don Luis, republicano de pro, ¿qué le parece a usted que Martín Villa, de joven más azul que don Dionisio en sus tiempos más entusiastas, proponga que se les condedan títulos nobiliarios a Alcalá- Zamora y a Azaña?
    ¿Este señor delira, o quiere reírse de todos nosotros?

  26. Zaratustra Says:

    La Constitución propugna una idea de España que no se tiene en pie. Por un lado, determinados territorios (Euzkadi, Catalunya, Galiza…) mantienen sus propios derechos forales, y además su lengua es oficial. Mientras tanto, otros, como Asturies, o Castilla, nos regimos por el Derecho común. Así, mientras algún territorio tiene un estatus casi federal, otros somos súbditos de las decisiones adoptadas en Madrid. O federalismo, o centralismo, pero para todos, porque todos los integrantes de España tienen un pasado cultural propio, y ni el asturiano es “menos lengua” que el catalán (ni que el castellano) ni el derecho consuetudinario asturiano tiene menos importancia que el vasco. Y, viendo, como Navarra, Euskadi o Catalunya tienen un régimen económico que les beneficia frente al resto de España, no es de extrañar la proliferación de nacionalismos.

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