Figos

Por Luis Arias

Tengo escrito que, por lo común, donde quiera que haya una figal, podemos pensar que forma parte de un entorno antiguo que se prolonga con ella. A veces, estos árboles perduran más allá de las casas a las que acompañaron desde su edificación. Es el caso que en las presentes fechas los figos maduran, y resulta llamativo que al alcanzar su mejor sazón ofrecen un aspecto avejentado, en consonancia con el árbol en que crecieron. Un figo maduro no tiene la consistencia de otras frutas; apenas resiste la sujeción con la mano sin deshacerse. Ítem más: cuando caen al suelo, se rompen, o están a punto de hacerlo. Algo así tenía que estar destinado a ser un fruto otoñal, un anuncio de nuestra seronda, un adelanto de aquellos otros que están a punto de madurar, sobre todo manzanas y castañas.
Tengo para mí que las figales son las abuelas de nuestra arboleda más doméstica. Y que los figos propenden, como el vino, a ser saboreados en una satisfactoria vejez.
Me atrevo a sugerir que se preste atención a la presencia de las figales en nuestros pueblos en las tardes de octubre. No sólo siguen constituyendo una parte importante del paisaje, sino que además, precisamente ahora, con sus frutos madurando, anuncian esa delicia de la estacionalidad otoñal que aspira a ser disfrutada en las aldeas.
Dulces como el otoño. Blandos como confituras. Hablamos de una de nuestras delicias en tiempo de seronda.
Un placer, sí, señor.

Categoría: Bajo Nalón Comentarios(9) octubre 2008

9 Respuestas a “Figos”

  1. Lliteratu Says:

    Consigue usted crear atmósferas de forma extraordinaria,y lo hace cuando cuenta aquello que tantas veces ha contemplado y en un momento dado decide, como dirían ahora, ponerlo en palabras.
    Es una pena que se prodigue tan poco describiendo.
    Algunos, como le tengo dicho, se lo agradeceríamos mucho.

  2. Laura Says:

    En artículos como éste, me parece que, más que ventanas, lo que abres son balcones para oxigenarte frente a una realidad política y social que se te vuelve irresperable, pero de la que no puedes ni quieres prescindir.
    En todo caso, coincido con Lliteratu en que se agradecen estos artículos tuyos donde la política no ocupa lugar. Describes bien y ventilas mejor, Luis.

  3. Piecho categorial Says:

    Excelente texto, con ese tono agridulce que usted sabe darles a los textos descriptivos, especialmente a aquéllos que tratan de Asturias.
    Sin ruido y sin furia, con tersura.

  4. Alicia Says:

    Es verdad que las figales suelen ser viejas y que los figos se “estrapayan” al tocar el suelo. Y, ante todo, es cierto que, cuando dejas la política, muestras mejor el escritor que eres.

  5. Ana Says:

    Cuando era pequeña, recuerdo que me decían que la “leche” de higo era muy buena contra las verrugas. Puede que por eso no haya saboreado los figos hasta casi el final de la adolescencia.
    Gracias por tu artículo.

  6. Atónito y sobrio Says:

    Bien está que un republicano irredento como usted se dedique un día como hoy en que Oviedo parece Camelot a hablar del paisaje astur, obviando los fastos que tienen lugar en la heroica capital clariniana.
    ¡Qué buena ocasión aprovechada para escribir sibre los figos!

  7. Isabel Says:

    No es fácil encontrar en la prensa una descripción más bonita y concisa de lo que es el amueblamiento natural de nuestro paisaje rural.
    Se agradecerían más artículos así.

  8. Cornelius Says:

    Le falta a usted hablar de los higos pasos que están en los tarros, que no sería mala metáfora para hablar de la política municipal de la Asturias que usted conoce tan a fondo.
    Son muchos los higos pasos que ofician de alcaldes en el occidente asturiano, don Luis.

  9. fabiola Says:

    Una vez más, como el buen artesano, con palabras ha tejido un texto que refleja la belleza serena del otoño.Siga describiendo estos paisajes otoñales,que suponen un respiro para ese master sobre economía que parece que últimamente todos estamos obligados a hacer.Gracias por este precioso texto.

Escribir comentario