Gijón, calle Corrida, el reloj en marcha

Por Luis Arias

gijon.jpgHay momentos en los que la historia se conduce con un irrefrenable ímpetu de avance, de desarrollo, de cambio en busca de esplendores. Hay ciudades donde la omnipresencia de un solo hombre y de un solo nombre es manifiesta. Así, cuando arranca el siglo XX empujado por el afán de modernidad de los últimos años de la centuria anterior, la fisonomía de las ciudades
da cuenta de los nuevos tiempos que se están viviendo. Así, Gijón, donde nació la figura que fue la cabeza más clara de su época en España, siguió durante mucho tiempo la estela que marcó su hijo más ilustre camino del progreso y del estudio.
Podría decirse que Gijón echó a andar con Jovellanos. Aunque, ¡ay!, la España oficial de su tiempo fue tan tremendamente mezquina y cicatera con él…
Un antes y un después de Jovellanos en Gijón. Una última mitad del XIX que eclosionó a principios del XX con una voluntad inequívoca de convertirse en una ciudad industrial y abierta, de erigirse en el faro del progreso en Asturias.
El estudio, el desarrollo industrial, el camino del progreso. Todo ello, en Gijón.
Todo ello en una ciudad que hizo de la calle Corrida el mejor reflejo de esos afanes de los que venimos hablando.
En 1900, contaba Gijón con 46.813 habitantes; diez años más tarde, la población
era de 55.088. Con respecto al siglo XIX, el aumento demográfico fue considerable.
Y es en esta ciudad con vocación de crecimiento donde se encuentran los transeúntes
que capta la fotografía que glosamos a continuación.
Calle Corrida
Como todo paseo que hace de confluencia en la vida de una ciudad, a poco que se repare en el paisaje humano que muestra la fotografía, el mosaico social es amplio. Bajo los miradores, mujeres que llevan sobre sus cabezas enseres de su trabajo.
Muy cerca de ellas, viandantes que se detienen con periódicos desplegados.
Podría pensarse que el asunto de la conversación es la noticia, la novedad que llega
en las volanderas hojas de los periódicos, según la hermosa definición deAzorín.
Hay otro grupo de personas que departe sin periódicos, pero que están muy cerca de las anteriores. Sombreros que apuntan a un determinado estatus social. Medios de transporte, como el carro que, entonces, transita por el mismo lugar de quienes caminan a pie. Miradores, obras, instrumentos de una vitalidad añadida en una calle de una ciudad que vive un presente
de progreso y de expansión.
Calle donde es muy importante la arquitectura modernista. Calle cercana a los enclaves más representativos de Gijón. Calle que no sestea, sino que es puro movimiento.
El reloj
Un mínimo conocimiento de la historia contemporánea de Asturias forzosamente
nos llevaría a pensar en la enorme carga simbólica que tiene el reloj que tanto destaca
en la fotografía que venimos glosando, porque indica que estamos contemplando
una ciudad que no quiere sestear, que tiene el rumbo puesto en la acción, en el futuro.
Ese reloj que marca la una y cinco tiene una función que va mucho más allá de lo ornamental: se emplaza en esta calle como testigo del tiempo que avanza, de la singladura de progreso a seguir.
Podríamos llegar a pensar que Gijón era en ese momento la ciudad de Asturias más comprometida con su apuesta de futuro.
Atrás se quedaba, siempre alentando, la huella de Jovellanos y su visión de futuro, con los proyectos que llegó a poner en marcha.
Mucho más cercana aún, la riqueza que provenía de los indianos que habían regresado con el propósito de modernizar la ciudad.
La ciudad que no miraba al mar con la nostalgia del bolero, sino que veía en él uno de los principales baluartes, hacia fuera y hacia dentro, del afán emprendedor de Asturias.
Si el lector recuerda las palabras que Melquíades Álvarez le dijo a Azorín en 1905 en el paseo de los Álamos de Oviedo, que publicamos en esta misma sección semanas atrás, donde el tribuno confesaba que en la capital de Asturias nunca pasaba nada, esto es, que Oviedo seguía la
estela regentiana, sería interesante plantearse qué hubiese respondido el fundador
del partido reformista de haberse formulado esa pregunta en Gijón. Podría aventurarse
con escaso riesgo que muy otra hubiese sido la contestación. Gijón, que creció frente aAvilés y que encontró un camino muy distinto al de Oviedo. Gijón, donde es más que improbable pensar que se hubiese podido escribir una novela como «La Regenta », se afanaba en alcanzar una importante potencialidad industrial.
La calle Corrida,con sus edificios modernistas, con sus medios de transporte, con su reloj que atestigua algo más que la utilidad meramente informativa en la que pudiera pensarse. Soberbias edificaciones donde sus miradores tenían suma importancia. Donde las obras, como puede verse en uno de los edificios que se muestran en la fotografía, exhibían ya carteles entre la información y la propaganda.
Arboleda que jalona el paseo bajo los edificios. Una cervecería que tiene muy cerca un reloj que parece cobijarse a un lado de la calle. Un viandante que está muy cerca del reloj y que parece caminar sonriente con su periódico.
Más que la ciudad alegre y confiada, acaso sería mejor hablar en el muestrario que ofrece la fotografía de gentes que llevan consigo la información, la novedad. Reloj, relojes y periódicos. Es el tiempo paseando, el tiempo fluyendo, el imperativo de modernidad. ¡Qué tentador y sugerente sería establecer aquí paronomasias entre modernidad y modernismo, entre vida y arquitectura! ¡Qué ilustrativa lección de historia nos da la fotografía que aquí nos trae acerca
de una ciudad que caminó de la mano de la ilustración y de la modernidad en sus
sucesivas etapas, a partir del empuje que le dio su hijo más ilustre! Es la ciudad que camina con el periódico en la mano. Es la calle en la que no sólo se transita a pie. Es el impulso de la modernidad.Es Gijón. Es la calle Corrida. Es, empieza a ser, la prisa, entonces
muy llevadera, pero ya impetuosa. Es el corazón latiente que pone en marcha
el progreso de Asturias. Es, insistimos, la calle Corrida. Es Gijón.

Categoría: Asturias de ayer a hoy Comentarios(4) septiembre 2008

4 Respuestas a “Gijón, calle Corrida, el reloj en marcha”

  1. Noventayochista Says:

    Es brillante su intuición en torno a ese reloj que marca un “tempo” de progreso en Gijón cuando principaba el siglo XX. Y, como de costumbre, su texto está muy bien escrito.

  2. Adicto al diario Says:

    Periódicos desplegados y reloj en marcha. Noticia como novedad. Así, el transcurrir de la villa de Jovellanos a principios del XX. Bella glosa de la Calle Corrida.
    Y de la Asturias de principios del XX.

  3. Lliteratu Says:

    Magnífica prosa, admirable hallazgo de lo que metafóricamente representa ese reloj, como el símbolo de una ciudad donde la historia está en marcha.
    Creo que con este texto usted ha superado los anteriores de la serie, porque es el más literario de todos.

  4. Fermín de Pas con el catalejo Says:

    ¿Y qué diría don Fermín de Pas, señor Arias, si desde su atalaya vaporosa y metafísica viese que las gentes un domingo en lugar de salir de misa con el recogimiento obligado, saliesen de los bares y leyeran periódicos?
    Sin duda, su feudo no podría ser nunca la calle Corrida.
    Gracias por atisbarlo.

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