Sobre «cajas B»

Por Luis Arias

¿Qué sonaba, Dios mío, qué sonaba? Seguro que quienes se reunían en locales ad hoc, allá en los ochenta, para llevar a cabo aquel ritual que recibió el nombre de «pelotazo», no escuchaban en ese momento la voz de Sinatra, aunque acaso ellos mismos se sintiesen extraños, no entre sí, sino ante sí mismos. Aquellos, que años atrás habían hecho sesudos análisis sobre la situación del mundo y de España, se encontraban de repente convertidos en hombres de negocios, en hacedores máximos, nada borgianos, de los panes y los peces crecidos y multiplicados. ¡Claro que conseguían lo imposible, haciéndose ricos rápidamente! ¡Qué milagroso era aquello! ¡Tanto, que a poco que se lo preguntasen no podrían reconocerse en lo que habían sido años atrás!

Extraños en la noche, o, también, al caer la tarde. De todos los ismos ideológicos que en el rojerío habían sido se convertían en primeros actores de aquello que se dio en llamar, impropiamente, «la cultura del pelotazo». Desde aquellos años ochenta hasta el momento hemos venido viviendo entre el ya nombrado pelotazo y el ladrillo, por no hablar, que vendría a ser lo mismo, de la llamada «burbuja inmobiliaria». Aun así, el pelotazo, conceptualmente, era algo más abstracto y metafísico: es decir, la gestión. Luego llegaría lo más tangible: el ladrillo y el cemento. Efecto más que previsible y anunciado. ¿En qué dieron determinadas gestiones y gestores de aquellos años, más que en la estafa y en la cárcel? ¿Quién se podía esperar una especie de nuevo SOFICO, con una procedencia no precisamente «capitalista»? Aquello, como se recuerda, sucedió. Pero centrémonos en el escándalo de Estepona. Nada nuevo bajo el sol. Se habla de una «caja B», que, como acrónimo, no estaría nada mal si de ello hiciésemos transcripción fonética. Se habla de turbios asuntos urbanísticos. Se habla de lo que es archiconocido y está en boca de todos. Bien se sabe que lo de Marbella podría ser hipérbole, pero en modo alguno excepción. Bien se sabe que, entre los asuntos a pactar, no tiene prioridad modificar la ley del Suelo, ni tampoco la financiación de los partidos políticos. Bien sabemos que, como si de fantasmas se tratara, nos figuramos maletines, cuyos interiores tan fácilmente intuimos. Tampoco nos sorprende que, por el camino, adelgace algo el «convoluto» que va dentro de los maletines. Una «caja B» en el Ayuntamiento de Estepona. ¿Cuántas habrá en todas las Españas? «Caja b», como caja negra, como agujero, como grietas en los cimientos donde se asienta gran parte de la economía. Azogue, espejo oscuro, turbiedad, turbulencia, opacidad en lugar de lo claro y transparente que se espera como panorama de la vida pública. Entre los muchos pasajes inolvidables de la novela de Mendoza «La ciudad de los prodigios», hay uno en el que los máximos responsables públicos de aquella Barcelona novelada se imaginan atemorizados titulares acusatorios con su propio nombre en los periódicos por no haber podido evitar un terrible atentado. Me pregunto acerca de lo que, viendo imágenes y leyendo titulares, más de uno se habrá imaginado con temor y temblor. Sé que hay muchos políticos honestos, y que nada habría más injusto y más demagógico que insinuar que lo sucedido en Estepona es extrapolable a la gran mayoría de ellos. No menos cierto es que algo muy grave falla cuando el sistema no evita que acontezcan estas cosas. Cuando los partidos no ponen el veto a que determinados personajes encabecen listas electorales. Cuando, según me temo, se mira para otro lado, pues lo fundamental es que los tales y las tales tengan muchas probabilidades de ganar elecciones. Y, en todo caso, hay algo en lo que quiero insistir. Parece haber llegado el momento de recesión en el negocio inmobiliario. Y, con ello, es posible que terminen algunas cosas, aún a regañadientes de muchos. Por ejemplo, que la política sea cemento. Por ejemplo, que las administraciones públicas actúen, más que nada, como promotores inmobiliarios. Llega otra forma de hacer política, porque «las condiciones objetivas» así parecen imponerlo. Y de algo tan obvio como esto no hay el menor interés en tomar nota.

Categoría: Opinión Comentarios(4) junio 2008

4 Respuestas a “Sobre «cajas B»”

  1. Maestrín de Escuela Says:

    Muy bien el comienzo del artículo. Sólo le faltó hablar de mujeres estupendas en busca de clientes en aquellos ambientes del pelotazo.
    Por lo demás, denuncia lo que hay: los partidos apuestan por el caballo ganador, aunque esté podrido y haga trampas.
    Es la democracia que tenemos.

  2. Piecho categorial Says:

    Supongo que este artículo suyo nadie habrá querido leerlo aquí en clave de lo que pasa en Asturias. Lo de Estepona podría ocurrir aquí, aunque puede que algunos lo disimulen más.
    Buena ambientación estética del artículo. La pena es que no haya podido extenderse más en ello.

  3. Lliteratu Says:

    El ventilador del pub que usted conoce, aquel que fue tan transitado por la gauche divine en los 80. Pero, por lo que sé, allí concurrían gentes divinas en estado de ebriedad, pero no para perpetrar pelotazos.
    ¿La escena del local se la imaginó, o la observó, don Luis?

  4. Perico el de los Palotes Says:

    Muy bueno su artículo.

Escribir comentario