Confesiones de un bibliófilo

Por Luis Arias

(Si preguntáis por mí. Autobiografía y memorias, de Santiago Riopérez y Milá)
Pocas memorias y autobiografías se hacen merecedoras de poder ser consideradas literatura en lo que a la voluntad de estilo se refiere. Pocas autobiografías y memorias tienen por objeto mostrar vivencias que son tesoros que el autor pretende compartir con sus lectores. Pocas autobiografías y memorias hablan de lo mejor que hubo en un tiempo y un país, con una inequívoca voluntad de enaltecerlo y de reivindicar su interés para una sociedad que desconoce tanto y tanto, no siempre por responsabilidad ajena. El libro que hoy se presenta en el Club de Prensa de LA NUEVA ESPAÑA* se ajusta a todas las singularidades señaladas.
   Don Santiago Riopérez y Milá es la máxima autoridad en la figura de Azorín, referencia obligada son los libros que tiene publicados acerca de la obra del escritor alicantino. Como no podía ser de otra forma, en esta autobiografía quiere compartir con el lector su admiración y conocimiento del autor de La Voluntad. Pero también nos acerca a quienes nos asomemos a sus apasionadas páginas retratos y semablanzas de personajes de la categoría de Unamuno, Baroja, Machado, Ortega, Pérez de Ayala, Marañón, entre otros. 
Estamos hablando de un abogado, especializado en Derecho matrimonial que, además, ejerció la literatura y el periodismo a lo largo de una dilatada y brillante trayectoria. Estamos hablando de alguien que, desde muy pronto, se volcó en la lectura de la generación del 98 y del 14, y que, al modo de aquellos grandes escritores e intelectuales, ejerció el periodismo con una voluntad de estilo notoria, es decir, periodismo literario, no sólo desde la columna propiamente dicha, sino también desde la entrevista entendida con una carga de profundidad que va mucho más allá de los tópicos.
El libro tiene un interés añadido muy importante en Asturias, ya que nos habla no sólo de la relación entre Leopoldo Alas y Azorín, sino también de la amistad que hubo entre el autor de La Ruta de don Quijote y Pérez de Ayala. Recomiendo vivamente al lector que no se pierda las páginas que se dedican en esta autobiografía a describir al Pérez de Ayala maduro y lúcido que vivió sus últimos años en Madrid. Al don Ramón más ácido y elegante, al que visitaba el autor de este libro.
No deben pasar desapercibidas las alusiones a Clarín, al que había sido el crítico literario más exigente de la España de su tiempo y que, sin embargo, dispensó una acogida más que favorable a los primeros escritos azorinianos. Azorín en Oviedo visitando al autor de La Regenta. Azorín en Oviedo, al que Pérez de Ayala le dedicara unos inolvidables versos. Azorín y Asturias, entre Clarín y Ayala.
Por otro lado, de la compración de aquella España que conoció el señor Riopérez, nacido el año en que se proclamó la República, a ésta, hay amargas reflexiones acerca de lo mucho que hemos perdido en algo que, tanto en la literatura como en periodismo, convendríamos en llamar “calidad de página”
Por este libro desfilan también figuras del periodismo y la literatura más cercanas cronológicamente al autor. Así, periodistas desde González Ruano hasta Ansón, pasando por Luis Calvo. Así, políticos como Serrano Suñer y Fraga Iribarne.
En momento alguno incurre don Santiago en un egocentrismo sonrojante al que por desgracia estamos avezados: las personalidades que por aquí desfilan no le sirven al autor de pretexto para alardear de tan importantes conocimientos personales. Nada de eso hay, sino el afán de compartir con sus lectores el fervor hacia ellos.
En el libro de Riopérez, parodiando a Machado, nos encontramos con que el 98 es siempre todavía. El 98, sí, aquella denominación generacional que, a juicio de Gullón, había sido una invención azoriniana, desfila por estas páginas, desde las primeras ediciones que don Santiago, literalmente, atesora, como el resurgimiento de otra época dorada de nuestra literatura, como lo mejor de nuestra Edad de Plata. El 98 y, cómo no, Cervantes, cuya inmortal obra fue reinventada, como dijo Azorín, por la modernidad.
Una vida que va, como dijera Ortega del intelectual, “de sorpresa en sorpresa”. Una vida literaria y periodística que pone lo político, en el mejor de los casos, en segundo plano. Una vida que observa, con consternación, lo mal parado que sale el presente, en cuanto a la literatura y el periodismo, en contraste con el pasado que rememora y que sigue vivo en su magnífica biblioteca. Una vida que, para contarla, tiene como armazón primordial la literatura.
Una vida en que, también, lo profesional ocupa, como es obligado, su espacio. Más allá de lo puramente legal, las reflexiones acerca de la vida en familia y de los cambios legislativos y sociológicos que se vienen produciendo, al margen de nuestro mayor o menor grado de de acuerdo y desacuerdo con ellas, tienen un enorme interés cuando están formuladas no sólo desde el conocimiento jurídico, sino también desde la experiencia.
El prologista de esta obra, el prestigioso psquiatra Enrique Rojas, advierte que se trata de un libro que se lee de un tirón. En efecto, así es, no sólo por la innegable calidad literaria de sus páginas, sino también por la relevancia de las cosas que se cuentan con una pasión que contagia.
Estamos, pues, ante un acontecimiento literario en el que Asturias se encuentra magníficamente representada.

Si preguntáis por mí (Autobiografía y memorias), de Santiago Riopérez y Milá se presenta hoy en el Club de prensa de LA NUEVA ESPAÑA a las 8 de la tarde.

Categoría: Libros Comentarios(4) junio 2008

4 Respuestas a “Confesiones de un bibliófilo”

  1. Lliteratu Says:

    Muy bien el artículo. Su pasión literaria, don Luis, está fuera de toda duda. La pena es que el periódico haya destacado un párrafo, el único del artículo, donde no se habla de literatura.

  2. Noventayochista Says:

    Se ve que usted no es sectario al elogiar un libro que, en lo ideológico, no está muy cercano a usted, pero que, sin embargo, aborda una época y unos personajes que deben ser reivindicados en todo momento.

  3. Piecho categorial Says:

    Bien, bien. Siuga usted con Unamuno, Ortega, Ayala y compañía, sin ocuparse de lo sistemático y riguroso. Verá cómo aumenta en determinados círculos el amor que le tienen.
    Siga con su guerrilla intelectual en solitario.
    Otros no nos atrevemos.

  4. Poesía de Posguerra Says:

    Admiro su apuesta por la buena literatura. Riopérez -que no Riopedre- debió quedar encantado con su reseña, máxime teniendo en cuenta que tienen ustedes pocas ideas en común.
    Lo malo es que artículos como éste pasan desapercibidos para sus “amigos” carcas.

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