Ministra Aído

Por Luis Arias

Detesto los linchamientos. Son un obsceno espectáculo de matonismo protagonizado comúnmente por pobres diablos que anhelan participar en ellos para desquitarse, así, de su miserable poquedad. Y, como no podía ser de otra forma, de esto se aprovechan quienes menos luces tienen, los más mezquinos. Además, pasado el tiempo, el mero recordatorio de determinados linchamientos públicos pone de relieve la desmesura que había en ellos. Sin ir más lejos, quienes no hemos olvidado la campaña de chistes contra Fernando Morán, al que se trataba poco menos que de imbécil, no perdemos de vista las injusticias que en tales campañas se cometen. No es menos significativo al respecto el común acuerdo mediático que hubo en su momento en torno a Julio Anguita, al que se le tildaba de iluminado, y al que ahora se le reconocen cualidades tan importantes como honestidad y coherencia. Son dos buenas muestras de lo que venimos diciendo.
Hoy he visto en el telediario a la ministra Aído, hablando de un teléfono que se pone a disposición de los hombres, esta vez como término no marcado, que puedan estar confusos en los que supuestamente son los últimos coletazos de la sociedad patriarcal. Y, de otra parte, en más de un sitio he leído su propuesta de que el término “miembra” sea incluido en el diccionario, ya que es un vocablo de uso más o menos común en varios países de Hispanoamérica. De modo que, entre la desafortunada propuesta léxica y el invento del teléfono para hombres desorientados, doña Bibiana está consiguiendo ser objeto de linchamiento mediático y declarativo.
Frente a ella, don Javier Arenas erigiéndose en defensor del buen uso del castellano. ¡Hay que ver! Frente a ella también, la misma prensa pepera que, sin embargo, aplaude a doña Esperanza Aguirre, cuyo trato con el idioma y la cultura no es precisamente de una exquisitez asombrosa.
Haber aceptado hacerse cargo de un llamado Ministerio de Igualdad supone, ipso facto, convertirse en objeto de las críticas más gazmoñas por parte de un conservadurismo cuyo sentido del humor casi nunca se destacó por su sutileza. Y también conlleva partir de una base inequívocamente falaz, toda vez que la desigualdad entre la mujer y el hombre en la España del siglo XXI no es la mayor que existe, lo que no implica, en modo alguno, que no deba ser combatida. ¿Podría haber un ministerio que hiciese frente a todas las desigualdades presentes en la sociedad actual? Sería, de existir, el Ministerio más conflictivo, porque tendría que enfrentarse de continuo a todos los demás, que no se plantean siquiera corregir las desigualdades, sino que en el más roussoniano de los supuestos, se conformarían con conllevarlas dentro del marco político en que nos encontramos.
Partimos, pues, de una política que gusta de los parches y de efectismos descafeinados. Permítase este ejemplo: las huestes de Zapatero se frotarán las manos en el momento en que se modifique la Constitución de manera que permita a una mujer acceder al Trono de todas las Españas. Pero no se les pasa por el magín dar el paso siguiente, es decir, que se acceda a la Jefatura del Estado por decisión del pueblo soberano y no por la pertenencia a la Familia Real. No se crea un Ministerio ni se diseña política para que la sociedad sea menos desigual. ¡Ni hablar! Y, a pesar de eso, hay quien considera a Zapatero un radical de izquierdas.
Dicho lo cual, tiene todo el sentido del mundo no obviar la desigualdad que existe entre el hombre y la mujer. E, insistimos, combatirla. Pero, claro, hacerle frente más allá de patadas al idioma. Por su lado, lo del teléfono de consulta ante la supuesta agonía del patriarcado es una memez hiperbólica. Se diría que se pasa de los llamados libros de autoayuda a los teléfonos de autoayuda oficializados por disposición ministerial.
Lo peor de todo es que, en medio de estupideces antológicas, también hay una realidad trágica de malos tratos y de miedos a la que se debe hacer frente sin ningún tipo de remilgos ni noñeces.
Nos sobran los motivos, señora Aído, para luchar contra la desigualdad entre el hombre y la mujer. Pero la respetabilidad de una política se obtiene en no pequeña parte por los medios empleados, más allá de unos objetivos en cuya consecución no podemos no estar de acuerdo.
No es tiempo de “escuela de maridos” ni de consultorios tipo “Elena Francis”. Es tiempo de ser beligerantes hasta el final con una realidad social que convierte los telediarios en algo fantasmagóricamente antiguo, en “El Caso”.

Categoría: Opinión Comentarios(5) junio 2008

5 Respuestas a “Ministra Aído”

  1. mencar Says:

    Es cierto, sobran motivos para la lucha contra la desigualdad del hombre y la mujer,pero, ¿no se le ocurrirá a la ministra de igualdad, que la lucha va por la educación y la beligerancia?
    Educación, que cree una conciencia de igualdad entre niños y niñas (los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos cuán “machistillas” resultan nuestros alumnos de Primaria) y belierancia para no “tragar” ni jusificar actitudes machistas.

    Lo del “teléfono del hombre confuso” es una muestra más de que no se va a la raiz de los problemas, sino a maquillar su superficie. Educación, señora ministra, educación en este tema nos hace falta.

    Como siempre, una gozada leerte, Luis.

  2. Lliteratu Says:

    Esta vez, don Luis, discrepo. A ver, el primer párrafo del artículo es excelente como argumento contra los linchamientos. Pero aquí sobraba, tendría que haberse centrado en las patochadas de la ministra, creo yo.

  3. Piecho categorial Says:

    Razón tiene Lliteratu. El primer párrafo es de nota. Lo que creo innecesario es esa tendencia suya a repartir las críticas en cada artículo. Porque la ministra Bibiana se ha hecho acreedora a la mofa y a la befa públicas sin ayuda de nadie, ni squiera del PP.

  4. Tino Says:

    D. Luis es un placer y un lujo poder leerle. Por favor, siempre que pueda, no deje de escribir. Sigo sus artículos y nunca he opinado en este espacio. Si lo hago hoy, es para decir que todo su artículo es de una coherencia total. Creo que el primer párrafo es sublime y, discrepando de “Piecho” y “Literato”, entiendo que es la justificación perfecta de que la crítica que hace a continuación no es gratuita.
    Por favor: Nunca deje de escribir.
    Muchas gracias, D. Luis.

  5. Metacarpiano Says:

    Buena declaración de principios la del primer párrafo. Y, eso sí, acertada, aunque suave, la crítica que le hace a la ministra. Y estoy de acuerdo con usted en la inconsistencia de la política de Zapatero.
    Es política efectista, con vistas a la galería. Y no hay más.

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