Cuando mataban a los buenos

Por Luis Arias

Cómo era posible que, en el cine y en las series televisivas que nos llegaban del mismo país, es decir, de Estados Unidos, los buenos siempre alcanzaban su merecido final feliz y, sin embargo, en los últimos años, habían sido asesinados los hermanos Kennedy y Martin Luther King, que, por lo que sabíamos de ellos, cumplían los requisitos para protagonizar películas o series en la que saldrían triunfadores, tras vencer los mayores peligros imaginables?
Infancia de cine con final feliz. Infancia en la que, sin embargo, fuera de la católica España, mataban a los buenos. Infancia en la que, para mayor complicación, sabíamos que en la que estaba considerada mejor obra de nuestra literatura, El Quijote, el protagonista, dicho en términos cinéfilos, terminaba, como la realidad, mal. De modo, que no toda la ficción describía mundos maravillosos. Tan deseados lances se quedaban para el cine y las series televisivas. Y eso que aún no habíamos podido conocer el fatum de las tragedias clásicas. A tal aprendizaje nos adelantamos con tener noticia de las continuas derrotas del personaje cervantino.
Volvimos a ver repetidas veces secuencias del magnicidio de Dallas, tras el atentado mortal contra Robert Kennedy. Dos hermanos a los que, por oscuras y criminales causas, dieron muerte entre el otoño del 63 y la primavera del 68. Por el medio, también estaba el asesinato del líder negro antes citado.
Aquel país que nos quedaba tan lejos era, sin embargo, excepción hecha del nuestro, el más cercano gracias a las series televisivas y al cine.
¡Cuántas cosas sucedieron en aquel 68, desde el tan conmemorado mayo francés hasta la entrada de los tanques en Praga, pasando por el asesinato del que ahora se cumplen cuatro décadas! ¡Qué difícil resulta, por mucho que los medios quieran ir en esa dirección, comparar aquel momento con el presente! Puede que, como dice el tango, 20 años no sean nada, pero, en este caso, cuarenta son casi una eternidad.
Mirando hacia Estados Unidos, la única comparación posible y plausible con el tiempo presente es la de un mundo al revés. Sobre el plano meramente teórico, el pacifismo de los Kennedy, frente al belicismo de papá Bush y de su hijo. Obviamente, lo segundo es innegable. Lo primero, resistiría complejos matices.
Ciertamente, situados en el mejor de los mundos posibles, el doctor Pangloss nos diría que Obama representa en la primera potencia mundial un tiempo de expectativas. Frente a ello, el marasmo que se vive en la vieja Europa, incapaz de redefinirse y de cumplir su papel en el mundo. Y aquí no habría sitio para el optimismo desmedido. Aquí el doctor del relato volteriano no tendría eco.
Pero, en todo caso, los que en 1968 teníamos once años, con el ligero equipaje cinéfilo y televisivo que llevábamos, vivimos aquellos acontecimientos como un aprendizaje que nos sirvió para empezar la andadura tendente a distinguir entre realidad y ficción.
El mundo no sólo era ancho y ajeno, sino también ignoto. ¿Qué sabíamos de la guerra fría, qué conocimiento teníamos del pasado histórico más inmediato de nuestro país más allá de las palabras inconexas que atrapábamos de conversaciones en las que no sólo no podíamos participar, sino que
ni siquiera se consideraba conveniente que las escuchásemos?
Cuando mataban a los buenos en el país que, sin embargo, nos suministraba una ficción en la que el pesimismo no tenía cabida. Cuando eso tuvo lugar, empezó, como hemos señalado, el periplo que tenía como destino alambicar lo ficticio y lo real. Travesía aún no recorrida. Sólo hay recesos en ocasiones como éstas en las que el calendario evocador nos convoca. Y entonces toca invocar.

Categoría: Opinión Comentarios(11) junio 2008

11 Respuestas a “Cuando mataban a los buenos”

  1. Adicto al diario Says:

    Mataban a los buenos en la realidad y los salvaban en el cine. Así era, así fue.
    En muchos maniqueísmos estuvimos, don Luis. El del nacionalcatolicismo en que vivimos. El del cine americano, sobre todo del Oeste. Y luego también cuando fuimos rojos.
    Mataban a los buenos y hacían cadáveres bonitos. De modo que siempre nos quedará la leyenda.
    Siga escribiendo sobre estos asuntos, por favor.

  2. Asturgalaico Says:

    Magnífico artículo como testimonio generacional. Se agradece este tipo de columnismo, frente al chismorreo político de cada día.

  3. mencar Says:

    Comparto la idea de “Adicto…” y de “Asturgalaico” en el sentido de que es un magnífico artículo y que se agradece su lectura.

    ¡Que recuerdos ha levantado ese matar “malos” y salvar “buenos”. Lástima que “buenos” y “malos” hoy estèn tan entremezclados.

    Sigue escribiendo , Luis

  4. Libresco Says:

    Estoy de acuerdo con los comentarios anteriores en que hay pocos artículos como éste que, más allá del análisis de lo que se supone urgente y actual, dan testimonio de una generación.
    No sé el número de lectores que tendrán textos como el que comentamos pero se agradecen mucho estéticamente.

  5. Tal como éramos Says:

    Este artículo podría llamarse “tal como éramos”. Es muy bueno. No sólo rinde homenaje a una generación, sino que además establece muy bien los distintos juegos de contrastes que en texto se plantean.

  6. Hunhumia Says:

    Y lo buenos que eran los buenos de seis pies y unas pulgadas, rubios y de ojos azules.

  7. Hunhumia Says:

    Y lo malos que eran los feos…

  8. Estupefacta Says:

    James Dean vino después, Luis.
    Por lo demás, cuando rescatas vivencias generacionales, o también cuando captas paisajes, se agradece mucho más que cuando te enfadas por las muchas cosas estúpidas que ocurren.
    ¿Por qué no dejas la política para otros?

  9. Laura Says:

    El tono de este artículo es suave, con un fondo musical intimista en exceso. Como una zambullida en tu Narcea, en la que buceas de principio a fin, sin emerger.
    ¿Será que te quedó algo por decir? ¿Será que te faltó asomarte a la superficie a ver quién estaba en alguna platea del Narcea?

  10. Noventayochista Says:

    Usted en muchos de sus artículos atisba retazos de lo que podría ser la educación sentimental de su generación. ¿Se animará en algún momento a escribir esa novela?

  11. Atónita y sobria Says:

    ¿Y qué me dice usted de la señora Clinton? Pedir el voto a Obama es disciplina de partido, y lo demás cuento. Si esta señora era la izquierda, esperemos que el candidato demócrata electo sea algo más profundo que ella y tenga más arraigada la ideología. Pero no sé. Son tantos los pufos políticos sufridos, que no negaría que Obama vaya a ser, si gana, otra decpeción más.
    Perdón por mi pesimismo.

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