Desde el país de “tócame Roque”

Por Luis Arias

¡Cuánta tinta en las ediciones impresas de los periódicos! ¡Cuánta palabrería en las tertulias radiofónicas! ¡Cuánta preocupación en todos los conciliábulos! ¡Cuántos consejos no solicitados! ¡Cuántas alucinaciones maltratadoras del idioma en los foros virtuales! Todo ello acerca de la conveniencia o no de que el señor Jiménez Losantos continúe en el estrellato de la emisora episcopal. Claro, la Iglesia somos todos. Ergo, cada parroquiano se siente obligado a opinar al respecto. Y, en este país de «tócame Roque», se diría que todos somos católicos, apostólicos y romanos, pues a todos nos turba el sueño lo que decidan las autoridades episcopales. ¡Qué maravilla, Dios mío, qué maravilla! ¿No garantiza la monárquica Constitución que «nos dimos» en el 78 la libertad que tienen sus ilustrísimas para poseer una emisora de radio y para contratar a quien tengan a bien como estrella de su firmamento sonoro? ¡Qué desmedido afán de aconsejar a quienes se consideran en el deber de tutelar la moral pública y privada de todos nosotros, seamos o no creyentes! ¡Qué debilidad curil más incurable se detecta aquí! Todos somos portadores de moralinas, todos nos consideramos con derecho a señalar caminos, a influir en las decisiones de otros, nos pidan o no nuestra opinión. Lo dicho, sigue siendo éste el país de «tócame Roque».

Y, con respecto al señor Jiménez Losantos, no seré yo quien insista en esa zuna nacional de «solemnizar lo obvio». Ya sabemos que crispa. Ya sabemos que sus alocuciones sublevan a sus oyentes. Y, mala cosa es, si como algunos se malician, cuenta entre sus fieles con gentes que se dedican a profesiones relacionadas con el transporte de viajeros. Pero existe la sacrosanta libertad de no escucharlo. Y, de otro lado, no seré yo quien le niegue algo que para mí es muy importante. Y es que, al menos, cuando escribe, sabe manejar el idioma. Y es un ciudadano que ha leído.

De otra parte, su deriva desde la extrema izquierda hasta el lugar donde ha llegado sí que es espectacular. Lo que ocurre es que no todos los que reprochan su trayectoria más que errática saldrían muy bien parados si se sometieran a una hemeroteca.

Jiménez Losantos, como otros, es un exponente y una consecuencia de la guerra mediática que tuvo lugar a principios de los 90, guerra que aún no ha concluido. A cuya consecuencia hubo gentes que se radicalizaron de forma inquietante perdiendo todos los puntos cardinales. Ahora bien, el juego sucio no fue patrimonio de una sola de las trincheras en liza.

Lo que me asombra de este señor es que, con las posiciones que defiende, se declare adalid del liberalismo. Porque don Federico es de los pocos que a este respecto no puede aducir, suponiendo que tal cosa se pudiera considerar eximente, ignorancia. ¿Alguien recuerda, por ejemplo, que estamos hablando de un señor que, a principios de los 80, hizo unas antologías más que estimables de los discursos y ensayos de Azaña, y que en las tales muestra su gratitud a don Javier Pradera, como responsable entonces de Alianza Editorial? ¡Vivir para ver! Muy distinta cosa fue una década después el libro que escribió sobre el que fuera presidente de la República, pues coadyuvó lo suyo a aquel furor azañista que tuvo el bueno de don José María Aznar allá por el 93. ¿Qué habrá quedado de aquello?

Bien conoce el «liberal» don Federico que Azaña en 1933 se definió de esta guisa en una famosa entrevista: «Soy un intelectual, un liberal y un burgués». ¡Quién le iba a decir a don Manuel que siete décadas más tarde la conferencia episcopal tendría como uno de sus principales voceros a un señor que se declara liberal por los cuatro costados!

Propongo al lector de mis entretelas que, con la ayuda de su imaginación, decida hacer turismo en el tiempo. No le pido que haga un viaje demasiado largo. Que elija determinados momentos del siglo XIX o del siglo XX. Y que les explique a los liberales de entonces, como enviados del futuro, que llegará un momento en la historia de España en que el liberalismo se refugie en una empresa de titularidad eclesiástica.

Claro está que, antes de transmitir tan sorprendente mensaje, harán falta dos cosas. Primero, que se cerciore de que su interlocutor goza de buena salud cardiaca. Segundo, y más difícil aún, que se gane su confianza. Sería lamentable regresar al presente habiendo provocado una muerte por infarto. Y no lo sería menos que la experiencia turística acarrease cárcel o «casa de salud». Cualesquiera de esos lances nos llevaría a pensar que mejor hubiera sido no emprender tan exótica peripecia viajera.

País de tócame Roque, donde los izquierdistas de tertulia y café a sueldo aconsejan a los obispos. País de tócame Roque, donde se proclaman liberales los descendientes del absolutismo más extremista y del reaccionarismo más rancio.

País de tócame Roque que cada vez se parece más a aquella España bipartidista con sus trincheras mediáticas que al liberal Ortega le mereció en 1914 las palabras que siguen: «La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación».

Lo dicho: país de tócame Roque.

Categoría: Libros Comentarios(9) junio 2008

9 Respuestas a “Desde el país de “tócame Roque””

  1. Lliteratu Says:

    En efecto, don Luis, el país de “tócame Roque”, donde los redimidos quieren salvar a los redentores, pues los más rojos del lugar aconsejan a los obispos.
    Y, eso, si a Azaña le dicen que el fortín del liberalismo iba a ser una empresa episcopal, el buen hombre se hubiese quedado in situ de un infarto.
    Pero, aquí a diferencia de París, es posible lo imposible.

  2. Estupefacta Says:

    En el catecismo que nos enseñaron las monjitas ursulinas, y también en sus consejos (algunos en la lengua de Voltaire, mire usted por dónde) decir liberalismo era mentar al maligno.
    Y ahora es liberal el predicador más carpetovetónico de la COPE.
    ¿Cómo no voy a estar estupefacta?

  3. Llector Says:

    Aquí en Asturias, aunque voluntad no les falta a algunos, a uno en particular, no hay un Jiménez Losantos, porque sus seguidores encima escriben mucho peor que él.
    Pero nada me extrañaría que el ursulino Valledor, o que la monjil Laura decidiesen en su momento dar consejos a los obispos.
    Son de los suyos, lo son.

  4. Mariló Says:

    Me cae bien Federico. ¿Qué sería de los izquierdistas si no hubiese alguien como él? ¿A quién iban a criticar entonces? ¿Acaso su ruina moral? ¿Tal vez su continua farsa?
    Federico, como el otrora terrorista arrepentido, son inventos de la derecha nacidos de la izquierda.
    Más que el país de tócame Roque, éste es el país de las imposturas, obscenas casi todas ellas.

  5. Piecho categorial Says:

    Don Luis:
    De la infinidad de cosas que pueden decirse y que se dicen de don Federico, parece que sólo usted es capaz de aportar un dato bibliográfico de sumo interés para conocer esa guerra mediática de la que habla.
    Antes de que Alianza editorial fuese vendida a un grupo francés, en efecto, el señor Pradera era de sus principales dirigentes. Y, de aquella, Losantos andaba por el Grupo 16 y no por la Cope, ya había dejado se ser izquierdista, pero no era un extremista como en la actualidad.
    Lo malo de usted para quienes lo tienen en el punto de mira es que sus datos de hemeroteca puden ser fulminantes. Por eso, sólo lo atacan los ignorantes, no los que saben bien el peligro que supone restregar unos datos.
    Su memoria es su artillería, don Luis. Consérvela.

  6. Trasgu-Pravia Says:

    Como siempre magnifico tu escrito sobre un personaje peculiar en la vida periodistica y politica española,como lo es Jimenez Losantos.
    Tu escrito,en el que relatas la estraña metamorfosis ideoligica del polemico escritor y periodista,trae a mi recuerdo a otros personajes salenses,hoy con importantisismos cargos en la empresa privada,que allá por la decada de los años 70, militaban en el MCE,(Movimiento Comunista Español) y en la ORTE (Organizacion Revolucionaria de los Trabajadores de España) . Hoy, sin embargo, casi 40 años despues, sus ideas marxistas leninistas las han dejado aparcadas en el viejo baul de su juventud, y gestionan y dirigen dos de las mas importantes empresas asturianas, ligadas al mas puro capitalismo de la derecha asturiana.
    Y es que , amigo Luis, como dicen los catalanes: “la pela es la pela”.Creo que algo parecido le debe de pasar al señor D.Federico. En fin, país , bendito país.

  7. atos Says:

    A partir del personaje que describe, su artículo es magnífico por la perspectiva que consigue darle. Lo mejor y lo más desasosegante es lo que no escribe, don Luis. Ese “turismo en el tiempo” que propone puede dejar para el arrastre a nuestros antiguos y sufridos liberales. Entre una derecha que se parapeta tras Fraga y una izquierda entregada al nacionalismo y al “flower power” más inane,a lo peor, los liberales españoles sobreviven bajo las sotanas. Pa mear y…(perdón). No dice mucho a nuestro favor, españolitos del siglo XXI

    Trasgu, enhorabuena por su memoria. A ver: MCE, Salas, consejero de todas las empresas asturianas, uhmmm. Le advierto, con cariño, que por memorias como la suya Milikito o Vito Corleone(ahora no me acuerdo) te envían a Luca Brassi para que te arroje desde el puente de Quinzanas con las actas del congreso de Perlora al cuello. Termino con la ironía y con un saludo.

  8. Adicto al diario Says:

    Los mismos que echan en cara al cantautor mierense, otrora comunista, la canción que en su momento dedicó a Franco alaban a Moa y a Losantos. Claro, siempre que se tome el camino recto hay que perdonar y acoger.
    Lo cierto es que ha dejado usted boquiabiertos a muchos. En contra de lo que podían esperarse casi todos, no fulminó en su artículo a don Federico, tan sólo vierte datos que están ahí, que sólo parece conocerlos usted.
    El artículo no sólo es bueno; cuenta además con el valor añadido de la sorpresa. Bien, don Luis, bien.

  9. No guerrista Says:

    Bueno, lo que dice del señor Losantos, además de cierto, es distinto a los tópicos. Y coincido con Atos en que en ese turismo en el tiempo las sorpresas ingratas a los liberales de verdad no se las darían sólo los derechistas ahora llamaos liberales, sino también esa izquierda que en nada se parece a don Pablo.
    Que le contaran a don Pablo el socialismo de Solchaga y compañía, ya veríamos.

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