¿De qué liberalismo se está hablando?

Por Luis Arias

“El criterio liberal es que el Estado tiene un fin sustantivo y religioso, realizar el reino de Dios en la tierra: la cultura” (Unamuno)
“Llamo liberalismo a aquel pensamiento político que antepone la realización del ideal moral a cuanto exija la utilidad de una porción humana, sea ésta una casta, una clase o una nación”. (Ortega)
“El liberalismo reclama para existir la democracia. Son el alma y el cuerpo en que existe. Democracia quiere decir que los hombres libres defienden, ejercen, garan­tizan por sí mismos su propia libertad. … La democracia es una operación activa de engrandecimiento y bienestar moral. De­bemos considerar a la nación como un gran depósito de ener­gías latentes, de obras posibles, que sólo necesitan una buena explotación, aprovechamiento cabal. Es un deber social que la cultura llegue a todos, que nadie por falta de ocasión, de ins­trumentos de cultivo, se quede baldío» (Azaña)
¿De qué liberalismo se está hablando en el gallinero mediático a propósito de cacareada crisis que se vive en el PP? ¿Qué rigor tienen muchos de los que esgrimen su credo liberal? ¿Qué bagaje teórico pone sobre la mesa la otrora ministra de educación y actual Presidenta madrileña cuyos gazapos soberanos tanto y tanto sobresalieron? ¿Hablamos sólo de liberalismo económico llevado a sus últimas consecuencias? ¿De eso se trata? ¿Entre los que tal cosa postulan, alguien se tomó la molestia de leer lo que don Miguel de Unamuno escribió al respecto?
¿De qué liberalismo hablamos precisamente en este país? Un mero tránsito por el siglo XIX, sin necesidad de grandes profundizaciones, aclararía mucho las cosas.
Don Félix Aramburu, en la Universidad de Oviedo en 1902, dentro de un ciclo de conferencias dedicado a don Agustín Argüelles, fue muy claro al respecto: «Porque hoy más que nunca es necesario acudir al ejemplo de los hombres que en otras épocas de la vida nacional fueron modelo de honradez, de carácter y de patriotismo».
Liberalismo que buscaba la emancipación, ya que del divino Argüelles hablamos, que defendía la libertad de expresión, la abolición de la esclavitud y la libertad de imprenta. Todo ello, frente a todo lo que significaba el antiguo régimen, con la Iglesia como principal aliado.
Hay una especie de “edad de la inocencia” del liberalismo español que arranca en las Cortes de Cádiz, y que alcanza su mejor sazón en las generaciones del 98 y del 14. Sugiero a quienes tanto hablan de liberalismo que hagan siquiera un rastreo somero por lo que escribieron al respecto Unamuno, Azaña, Ortega, Madariagay Marañón. Y que, con todas las diferencias y matices, se pregunten si eso tiene algo que ver con la defensa a ultranza de un liberalismo meramente económico, con la apuesta por el sector privado en derechos considerados básicos como la sanidad y la enseñanza. Sugiero también a los tales que se lean uno de los últimos ensayos de Marichal, titulado “El Secreto de España”.
Hablar de liberalismo prescindiendo de la cultura como uno de sus principales baluartes es, al menos desde una óptica que dice ser española y patriótica, una tergiversación en toda regla. Hablar de liberalismo y tener como principal aliado en cuestiones de ética y moral la prédica de Rouco Varela supone una bofetada a la historia de nuestra cultura.
Ahora bien, si se quiere llamar liberalismo a aquello que se enfrente a lo público, a aquello que se sustente en lo moral en un conservadurismo rancio, si es esto lo que se pretende, convendría desmarcarse de toda una tradición literaria y cultural que arranca en el siglo XIX, que sufre el absolutismo de Fernando VII, que tiene entre sus cimeras figuras a Larra, a Clarín, a Galdós, y a lo mejor de las generaciones del 98 y del 14.
Que alguien intente explicar qué tiene que ver con todo esto el discurso de doña Esperanza Aguirre y de todos sus entusiastas corifeos.
¿De qué liberalismo hablamos cuando prescindimos de la cultura, cuando se intenta encumbrar a un personaje político que demostró, en el mejor de los casos, un desconocimiento preocupante de la literatura española?
¿De qué liberalismo hablamos cuando se admira a una señora que no se caracteriza precisamente por un entorno informativo en el que impera la pluralidad en las opiniones?
Dígase entonces que lo que aquí se defiende es lo contrario al llamado Estado del bienestar, a las políticas sociales. Dígase entonces que lo que aquí se postula es el discurso moral de una Jerarquía eclesiástica mucho más integrista que la que hubo en la transición.
Llamen a eso liberalismo y, parodiando a Costa, encierren bajo siete llaves el mejor periodismo y la mejor literatura de los siglos XIX y XX.
Les dejo con Unamuno: “La característica del tradicionalismo español es, en efecto, su vaciedad de contenido político y social, vacío que se llena con pura retórica, hasta como tal retórica de ordinario mala”.
Podría haberlo escrito hoy. 

Categoría: Libros Comentarios(9) mayo 2008

9 Respuestas a “¿De qué liberalismo se está hablando?”

  1. Fergus Says:

    Lamentablemente todo el artículo es una manipulación; una ristra de inexactitudes y tergiversaciones del lenguaje y de la historia… Un compendio de maledicencias sobre una política notabilísima en la Historia reciente de España.

    Estremece pensar que esto pueda llegar a ser un texto para la enseñanza de nuestra sociedad.

    Cada vez que usted menta al PP, mete la pata. Despues de lo de hoy. ya no me cabe duda que la mete de forma intencionada.

  2. Estudiosín Says:

    Se las arregla usted mejor que nadie para crearse enemigos íntimos. Sus arremetidas contra el PSOE hacen que haya gentes que comenten que usted se está escorando cada vez a la derecha.
    En cuanto a sus tesis del artículo de hoy, como desnuda, doctrinariamente hablando, a los que se llaman liberales siendo de extrema derecha y episcopales, tampoco se lo perdonarán.
    Pero lo importante es que su artículo de hoy pone orden, intelectualmente, en algo que se parece al mundo al revés, es decir, que los herederos de la Inquisición se llamen liberales.

  3. Piecho categorial Says:

    Da gusto ver artículo como éste, que demuetran, tal ves más allá de lo necesario, lo documentado que el autor está en el tema.
    Y es verdad que los que se llaman liberales tienen dos graves problemas. Uno, decirse liberales y situarse en la ultraderecha, lo que no encaja de ninguna manera con el liberalismo español. Otro, tener como lideresa a una señora que es la incultura más feliz y fresca.
    ¿Alguien se cree que Unamuno y Ortega la tendrían de referente?
    Es para morirse de risa.

  4. Tarquina la humilde Says:

    ¡Ay, don Luis! Se mete usted en los charcos con más lodo. Ahora que muchos ponen sus expectativas en la lideresa, va usted y le da una pasada con estropajo.
    Y no sólo hace eso, que ya debió levantar bastantes pasiones, sino que además embiste a los que se llaman ahora liberales y siguen a Rouco, siendo sus empleados. Entonces, la tenemos buena, hasta el punto de que salpicaduras saltaron a algún blog vecino, y está por ver en qué da.
    Es usted incorregible en sus encesas arremetidas.

  5. Lliteratu Says:

    ¡Vaya con Fergus! El que critique a doña Esperanza Aguirre, el que ose hacerlo, sólo puede ser una mente malintencionada. La argumentación de este señor es soberbia.
    Pero lo que pone los pelos de punta es el miedo que este buen señor tiene a que alguien pueda leer un texto como del señor Arias.
    O sea, que no conviene que se conozcan los textos de Ortega, Unamuno, Azaña y compañía, sería veneno para la juventud.
    Y esta debilidad por la censura la esgrime alguien que se proclama liberal y defensor de la liberal mayor del reino que es doña Esperanza Aguirre.
    ¡Cómo se les ve el plumero, señores!

  6. Llingua clerical Says:

    Se fue a meter usted en la boca de los obispos y de los carcas, que ahora, como dice bien usted, se llaman liberales.
    En España, es incompatible ser liberal y hacer de portavoz de la clerigalla. Lo es en todos los sitios, pero en este país más.
    En España, las mejores plumas contemporáneas fueron liberales, hasta que llegó Polanco y puso a Savater como intelectual orgánico.
    Verdades como puños hay en su artículo, que traerán descalificaciones como las del señor Fergus, que no entra a razonar nada.
    ¡Ay si pudieran amordazarle!

  7. Ñaca Says:

    Yo soy liberal, es expresión que define al que ayer era demócrata de siempre, anteayer de derechas de toda la vida y en el no tan lejano pasado cristiano viejo, solícito solicitante de “caenas” y atizador de hogueras varias con carne ajena.

  8. Liberalote Says:

    Yo también pensaba que los liberales teníamos mala prensa para las gentes deorden y para las sotanas. Yo también pensaba que nosotros éramos la antiEspaña. Pero, por lo visto, no es así. Los liberales son ahora las gentes de orden. ¡Hay que ver!
    Por cierto, ¿es liberal Gustavo Bueno?
    ¡JO!

  9. Esteta de Pumarín Says:

    “Un español, un liberal y un burgués”. Esa fue la forma en que Azaña se definió en una famosa entrevista. Razón le sobra en lo que dice, nada que ver con este liberalismo pepero que huele a sotana y a guerrera chusquera del franquismo.

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