Julián Marías: Memorias de un orteguiano en tiempos difícles

Por Luis Arias

Vino al mundo Julián Marías en 1914, en el mismo año en que su maestro publica su primer libro, “Meditaciones del Quijote”. También en 1914, Ortega pronunció una de sus conferencias más importantes, “Vieja y Nueva Política”. Es además el año que da nombre a la generación de Ortega, Azaña y Pérez de Ayala.

En 1919, la familia se traslada a Madrid. Una infancia lectora, gracias en gran parte al entorno familiar. Unos estudios de bachillerato en un Instituto que remiten al autor a gratos recuerdos.

Hasta que llegó el inicio de la vida universitaria, en un año históricamente inolvidable, en 1931. Se matricula en dos Facultades a la vez: Ciencias y Filosofía y Letras. A pesar de haber obtenido excelentes calificaciones en la primera, decide volcarse en la segunda, descubriendo su vocación. Sus primeras experiencias como alumno de Filosofía son con Morente y Zubiri. De este último, cuenta una divertida anécdota. Se sentó al lado de una muchacha y le preguntó cómo eran las clases de aquel profesor. Fíjense en la respuesta: “Estupendo. No se entiende una palabra”. Parece, además, que solía llegar con retraso.  Y también habla de un profesor asturiano, de José Gaos, que ya entonces militaba en el Partido socialista, y que fue, acaso, el discípulo de Ortega más importante. 

Cuatro grandes maestros: Ortega, Zubiri, Morente y Gaos. Besteiro se reincorporó a sus tareas docentes cuando dejó la Presidencia del Congreso. La relación del catedrático de Lógica con Marías habría de ser muy importante en el Madrid sitiado durante la guerra civil.

Marías alterna sus recuerdos de alumno universitario con su forma de vivir los grandes acontecimientos que tuvieron lugar durante la República. Su visión del Estado republicano no dista mucho de la que sostuvo su maestro. Pero mientras éste abandonó España en el verano del 36, Marías se quedó en aquel Madrid asediado y tuvo una estrecha relación con Besteiro, colaborando con el político socialista en todo momento hasta el final de la guerra. Escribió artículos de opinión en el diario “ABC”, en poder de las fuerzas republicanas.

A propósito de la guerra civil, siendo ciertas sus grandes reservas a la política seguida por los principales dirigentes republicanos, es conveniente detenerse en estas palabras: “Si hay un caso que me ha parecido siempre inadmisible es el de la “inevitabilidad” de la Guerra Civil”.(Página 139) Una vez que dio comienzo, Marías no se ahorra críticas con las atrocidades de ambos bandos, sin perder de vista, no obstante, la responsabilidad de los sublevados al iniciarla: “Mi repulsión hacia la sublevación fue inequívoca”(140)

De infamias y delaciones

Javier Marías recordó más de una vez las delaciones de las que su padre fue objeto por parte de un profesor de Historia del Arte y, también, de un antiguo “amigo” y compañero de estudios. El discípulo de Ortega, al ocuparse de esto en sus memorias, tiene la elegancia de no mentarlos.

Un día de San Isidro del 1939 lo detienen. Va a parar a un enorme sótano. El relato de ese período es aterrador. Gentes que llaman para interrogarlas y que nunca regresan. A la pena de muerte, había quien la llamaba “La Pepa”. ¡Quién se lo iba a decir a los constitucionalistas de Cádiz!. De aquel sótano, a una prisión en la que al menos había más sol. Los suyos consiguen testimonios favorables antes de que el juicio fuera a celebrarse. Como anécdota, entre los informes que le ayudaron, había uno de Cela, escrito con enorme barroquismo, al decir de Marías. Abandonaría la prisión un 7 de agosto de 1939.

Comienza un largo exilio interior en el que no se le permite ejercer la docencia universitaria. El episodio de la suspensión de su tesis doctoral es ilustrativo de la miseria moral de la Universidad española de entonces. Preside el Tribunal Morente; lo forman también otros dos miembros, García Hoz, pedagogo de la España franquista, y Yela Utrilla. Este personaje gritó y declaró que odiaba al Padre Gratry, objeto del estudio. Le suspendieron la tesis doctoral, sin que Morente hubiera podido evitarlo.

La Universidad española le está vetada, y comienza su etapa como profesor universitario en Estados Unidos.

En 1964, entra, sin el apoyo del régimen, en la Real Academia española.

Marías en la España democrática 

Les aconsejo vivamente que no se pierdan las consideraciones que hace en torno al nacimiento del diario “El País”, del que se fue distanciando paulatinamente. Tienen interés también las referencias que hace a sus encuentros con Adolfo Suárez, con el que, según testimonia, mantuvo una cordial y amistosa relación.

El hombre que desde España nunca dejó de defender la vilipendiada figura de Ortega empezó a distanciarse en más de un sentido de la vida pública desde los años 80.

Siempre habrá que reconocerle su valor cívico, su coherencia, su vasta cultura y su claridad como ensayista. De su maestro asumió que “la claridad es la cortesía del filósofo”. Sin embargo, estuvo muy lejos de la genialidad de Ortega.

Estas memorias, densas y llenas de importantes episodios de nuestra reciente historia, son una referencia inexcusable para dar cuenta de un tiempo y de un país que pasó de vivir su edad de plata a sepultarse durante cuatro décadas en un cenagoso nacional catolicismo.

En clave asturiana

El asturiano más citado entre los filósofos es Gaos, al que se trata con todo respeto. Se alude a Fernando Vela, cuando Marías pronunció en Oviedo una conferencia sobre el que fuera secretario de la Revista de Occidente y hombre de la máxima confianza de Ortega. En esa alusión aparece también don Pedro Caravia.

También da cuenta de su conferencia en Gijón en 1953, en el cine Albéniz, cuando se inauguró el Ateneo Jovellanos.

Para los amantes del pintoresquismo literario, circula por Internet un texto de un canónigo de Oviedo, autor de un curioso escrito donde se enumeraban las razones por la que Franco debería ser nombrado rey de España, enemigo declarado de Ortega que también fustiga a Marías.


Categoría: Libros Comentarios(8) marzo 2008

8 Respuestas a “Julián Marías: Memorias de un orteguiano en tiempos difícles”

  1. Lesmes Says:

    Imagínese que soy el chófer de Ortega que así se apellidaba. Me gustaría saber qué nos recomendaría recorrer de Asturias al maestro y a mí y a qué personas nos sugeriría conocer como representativas de este momento.

  2. Valdesano Says:

    En Luarca y sus alrededores todavía se ven hermosos paisajes y queda algún que otro pueblín que parece de otro tiempo.
    Parece que fue ayer cuando andaba por aquí Casariego insultando al liberalismo y a Ortega.
    Yo tengo sus libros, los de Ortega y alguno de Marías. Los conservo como estos paisajes.

  3. Lliteratu Says:

    Buena idea, don Luis, ocuparse de Marías. Hubo un tiempo en que leer a este hombre significaba no comulgar con el nacionalñcatolicismo.
    Da asco ahora ver que no quieren recordarlo algunos que entonces tenían camisa azul, incluso en esta Universidad de Oviedo.

  4. Esteta de Pumarín Says:

    Creo que Marías no es una gran figura en el pensamiento, pero sí que es obligado conocerlo como crítico y teórico de la literatura. Su libro sobre Unamuno así lo demuestra.

  5. Jovellanista Says:

    Es verdad que don Julián inauguró el Ateneo Jovellanos y que estuvo brillante en su conferencia. Yo la recuerdo muy bien.
    Lo que algunos no saben es que otro conferenciante de este Ateneo, Gonzalo Fernández de la Mora, le hizo mucho daño al discípulo de Ortega censurándole artículos en ABC. Aquellos tiempos eran así de miserables.

  6. Piecho categorial Says:

    ¿Dónde estaban los maestros de la filosofía sistemática cuando Marías sufría censuras en la prensa y tenía vetada la Universidad española? ¿Cómo es que los materialistas, de la mano de Muñoz Alonso, que no Grandes, pero para el caso, es lo mismo, sí tenían acceso a la Universidad del nacional catolicismo?
    Así nos va, don Luis.

  7. Gijonudo Says:

    Marías fue un ejemplo a seguir para muchos liberales de entonces que no aceptábamos el nacional catolicismo. En la democracia, fue un carca. Pero su ejemplo y su coherencia están ahí.
    Me alegro que el suplemento de LA NUEVA ESPAÑA haga justicia con su reseña a este hombre.

  8. Katia Says:

    Al regresar de vacaciones y entrar en tu blog, como siempre me pasa, al leerte, te oigo darnos clase. Una vez en clase de COU, en el curso 93, hablabas de Pedro Salinas y del exilio, aludiste también al exilio interior, creo que nombraste a Buero Vallejo, no sé si también mencionaste a Marías, pero la música es la misma al leer tu reseña.
    Conocí el siglo XX español primero por su literatura, luego estudié historia.
    Vuelvo a decírtelo: tus artículos son clases.

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