Y entonces llegó Aznarín

Por Luis Arias

El alcalde moscón, Antonio Rey, como primer telonero. No estuvo brillante. Sarta de tópicos y una queja en torno a cómo fue tratado en la reciente inauguración de la variante de Grao, donde no se le dio el uso de la palabra. Lo malo es que tendría que haberla tomado antes, protestando por un retraso en cuya casuística pesó más la agenda de la Ministra que el bienestar del pueblo soberano.

Ovidio Sánchez derrochó ardor. Levanta su voz, mueve el flequillo en cada final de frase. Y habla de dos grandes triunfadores: Gabino de Lorenzo y Aznar. De voluntad anda sobrado. Los partidos acaso necesiten también entusiastas. Ovidio lo es.

Y entonces llegó Gabino, a ritmo de pasodoble. Estribillo sobre las promesas incumplidas de Zapatero para con Asturias, que iba siempre seguido de unas palabras de Rubalcaba que hablaban de que los ciudadanos se merecían un Gobierno que no mintiese. Curiosamente, apenas se ocupó de Álvaro Cuesta, a quien conoce bien y sabría de sobra por dónde atacarlo. Prefirió centrarse casi en exclusiva en los incumplimientos de Zapatero para con Asturias, especialmente el peaje de Huerna. Arrancó carcajadas imitando la voz de Solbes y estuvo gracioso, en ocasiones, aunque no explotó hasta el final esa faceta suya tan conocida. Y -miren por dónde- se mostró muy preocupado por quienes perciben las rentas más bajas. Eso es sensibilidad social, y lo demás, cuento, oiga.

Y entonces llegó Aznar. Hasta el momento de intervenir parecía levitar. Apenas hacía muecas cuando le llovían elogios de todos los teloneros. Los males de España, centrados en un Gobierno que no confía en su país y que, además, pacta con fuerzas separatistas. En un Gobierno que, además, remueve el pasado, rompiendo así, según él, el espíritu de la transición. La salvación inmediata será que vuelvan a ganar los populares. En un Gobierno que tiene como aliados principales, según él, a Chávez y a Castro. En un período en el que dice haber soportado insultos y descalificaciones de continuo. Como era de esperar, ni la más mínima autocrítica. Y, como estaba en el guión, declaraciones de amor a Asturias, incluido el nombre de su nieto. Covadonguismo que no cesa.
Aznar se estrenó en Grao en esta campaña electoral. La pena es que su experiencia política no le lleve a un pequeño distanciamiento en su discurso. Entonó su versión del «Volver, volver» sin el más mínimo matiz. Lejos queda aquel Aznar que decía admirar y leer a Azaña.

Así que un Alcalde que no se salió de los tópicos, covadonguismo incluido. Un Ovidio que vibraba, un Gabino que se lució sobre todo en sus humoradas. Y un Aznar que se humanizó más con la palabra que con el gesto.

Ovidio puso el entusiasmo. Gabino, la diversión. Y Aznar, la experiencia, parece que conducente a reafirmarlo en que sus ocho años fueron los mejores que España vivió desde la muerte del dictador.

Auto de fe, acto de fe.

Categoría: Bajo Nalón Comentarios(6) febrero 2008

6 Respuestas a “Y entonces llegó Aznarín”

  1. Adicto al diario Says:

    No parece tener usted demasiada simpatía por el PP, sólo se deduce una cierta debilidad por Ovidio. De todos modos, no es la suya una crónica cañera, como seguramente se esperaba.
    No es malo insinuar y que los lectores terminen las conclusiones.
    Mejor así, ¿no cree?

  2. No a la Guerra Says:

    Por lo que usted escribe en su artículo, parece que Aznar sigue creyendo que su política al frente del Gobierno, la internacional también, es la mejor posible.
    Hay cosas que no se pueden comprender.
    ¿Cómo se puede argumentar algo así, señor Aznar?

  3. Gabinón Says:

    Así que Gabino ye graciosu, y?
    Cobra más que ningún político asturiano. En Oviedo, aunque la gente lo vote, no hizo más que despilfarrar.
    Graciosu será, señor Arias, pero también ye un peligro pa Asturies.
    ¿O no?

  4. Atos Says:

    Claro que es gastizo y prepotente, por no hablar de otras cosas. Pero arranca carcajadas, eso nadie se lo puede negar, señor Gabinón.

  5. Aznarín Says:

    La crónica suya es una forma de llamar mediocre al hombre que gobernó España durante 8 años. La pregunta es si el personal se enteró de esto.

  6. Observador Says:

    Este Aznar que nos metió en una guerra ilegal, que no reconoció, como el resto de su partido, la derrota de 2004, sigue en sus trece, sin reconocer nada, y sin distanciarse lo más mínimo de la lucha política. Nunca será estadista, sólo hombre de partido.

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