Riopedre y sus oráculos

Por Luis Arias

Cruzado de la causa (parodiando el título de una novela valleinclanesca) en pro de la asignatura que tiene por nombre Educación de la Ciudadanía y principal mandatario de una Consejería con abultado número de asesores sobre cuyo argumentario para sus nombramientos no quiere usted pronunciarse.

Entusiasta defensor de una materia que, sobre el papel, quiere forjar ciudadanos para la democracia y, al mismo tiempo, empecinado en guardar silencio acerca de su política de designaciones en el ámbito político del que es usted principal responsable.
No estamos hablando de un gabinete que le ayude en su tarea al frente de la enseñanza en el Gobierno de Asturias, sino de un amplísimo equipo de personas que fueron nombradas conforme a criterios que usted no tuvo a bien explicar desde que el diputado Valledor le interpeló al respecto en el Parlamento asturiano. En días muy recientes, se han publicado dos cartas al director en este periódico que, hasta el momento, tampoco han tenido respuesta.

Quiero ser ecuánime, pero también claro. No pongo en duda ni por un instante que entre esos 67 o 69 asesores (el número exacto lo desconozco), aunque es, vive el cielo, desproporcionado, hay personas cuya tarea es encomiable y cuya valía está contrastada a lo largo de su carrera profesional. Estamos hablando de compañeros de profesión (suyos y míos). Y no seré yo quien les dirija ataque alguno. El problema no está en ellos, sino en usted como principal dirigente de la Consejería de Educación.

Para empezar, aun en el supuesto de que fuesen necesarios tantos asesores, no podemos no preguntarnos por qué no se actuó de otra forma a la hora de decidir los nombramientos. Seamos claros, señor consejero, si sus sueldos son mayores que los que percibirían impartiendo clase y si, además, a la hora del concurso de traslados, el hecho de ser asesores les facilita mayor puntuación que la docencia propiamente dicha, es inevitable preguntarse, y sobre todo preguntarle a usted, por qué no se ha habilitado para ello un sistema al que pudieran concurrir todos los docentes a quienes les interesase desempeñar esa tarea, dadas las ventajas que ello acarrea. De muy distinta cosa estaríamos hablando si esas plazas de asesores riopedrianos salieran a concurso público entre docentes. Pero no se ha seguido esa política.
¿Qué razones hay para que usted no se tome la molestia de dar cuenta a la ciudadanía, por cuya formación democrática tanto se afana y se desvela, de su modo de proceder en los referidos nombramientos? Y también habría que saber por qué los sindicatos de enseñanza, que luchan por nuestros derechos profesionales (ji, ji), no han dicho ni palabra. ¿Quiere esto decir que «nuestros representantes» están a favor de la forma en que usted nombró a sus asesores? Si es así, ¿por qué no se toman la molestia de visitar los centros antes de la acostumbrada cita navideña con su consuetudinaria venta de lotería a contarnos lo que piensan al respecto?

¡En qué encrucijada se encuentra usted, don José Luis! ¡Defensor a ultranza de la formación de ciudadanos para la democracia, que no tiene a bien dar cuenta de sus decisiones más controvertidas en el Parlamento, ni tampoco en la prensa!

Si usted quiere fomentar una ciudadanía beligerante en pro de los derechos democráticos, no podrá pretender que los docentes, encargados, como ustedes dicen, de «educar en valores», sean gentes, parodiando a Ortega, «mansurronas y lanares», porque así difícilmente podrán forjar ciudadanos que hagan de la dignidad democrática bandera.

Una de las peores cosas que podrían ocurrirnos sería que cundiese la sospecha de que aquí hay una «gauche divine» en el sector de la tiza que está por encima de todo, incluso de ese principio de igualdad que, en términos leguleyos, hasta el derecho administrativo consagra. ¿Por qué no tenemos todos los docentes las mismas posibilidades de ser asesores riopedrianos, cuando hablamos del mismo trabajo y de idéntica titulación académica? ¿De qué estamos tratando: de oráculos o de chiringuitos?

Y, mire usted, a pesar de la indefensión en la que estamos, a pesar de nuestras condiciones de trabajo, manifiestamente mejorables, somos muchos los que nos pasamos la vida en las aulas y estamos orgullosos de ello.

Pensando en esto, en el tránsito por el pasillo del instituto, me sentí humillado y ofendido al tener la sospecha de vivir la paradoja que sigue. Se nos paga, entre otras cosas, por ser y parecer justos y ecuánimes a la hora de calificar al alumnado y, al mismo tiempo, nuestros «superiores» políticos no lo son con nosotros.

¿La «gauche divine», usted y otros desertores de la tiza, derivan en esto? Si no fuera tan triste, sería para reírse al quevediano modo, o, como diría el Ortega de 1930, para vomitar encima de lo que viene siendo su proceder como consejero.

Cruzado de la causa de forjar ciudadanía democrática y consejero que parece conducirse al nepótico modo. ¡Qué contradictoria su cruzada y qué agónicos los trabajos y los días de los que seguimos utilizando la tiza!

Categoría: Enseñanza Comentarios(6) febrero 2008

6 Respuestas a “Riopedre y sus oráculos”

  1. Piecho Categorial Says:

    Al final,conseguirá usted que elConsejero dé explicaciones sobre su chiringuito. Lo admirable que sólo usted haya conseguido que un asunto como éste no pase desapercibido.
    En este caso, la insistencia es útil

  2. Profe cabreau Says:

    ¿Cómo pueden tener tanta jeta? ¿Cómo estamos los profes aguantando tanto?
    Es usted el único que lucha contra el chiringuito riopedriano, y, al final, se reconocerá su labor.
    Siga así, por Dios,siga así.

  3. Maestrín de Escuela Says:

    O sea,que, según me dicen,ganan 80000 pesetas más al mes,y,según escribe usted, tienen más puntos en los traslados.
    Y nosotros, sin huelgas, sin protestas, sin nada.
    Somos sumisos, hace bien en citar a Ortega

  4. Repunantín Says:

    Pues sí, dice algo interesante,y lo expresa con brillantez. Nada que objetar a este artículo suyo.
    Lo que más me gusta es la contraposición que usted hace entre la cruzada por formar ciudadanos y el comportamiento nepótico. Todo por parte del mismo consejero.
    Desquiciante, esquizofrénico, diarreico.

  5. Funcionarillo del montón Says:

    Se me ocurren para que los asesores, altos cargos y demás morralla del funcionariado dejen de tomar el pelo a los que trabajan en serio:
    1)Que no se compute el tiempo en esos cargos para el reconocimiento de antigüedad.
    2)Que no tengan derecho a reserva plaza en la misma localidad a su término.
    3)Que no se tenga en cuenta para su promoción.

    Pero como lo regula la ley, no va a ser posible.

    Ya que son cargos a dedo, por lo menos que no nos tomen tanto el pelo. Con que cobren más es suficiente, vamos, me parece a mí.
    A los que sabemos cómo funciona todo, sólo nos queda votar siempre al partido que no esté en el poder, con la esperanza de que esos cargos no se perpetúen.

  6. Ramón Says:

    Por mucho que insista el Sr. Arias, del Sr. Riopedre no va a obtener respuesta alguna. Esta es la Consejería del silencio, del oscurantismo, del amiguismo… Ante cualquier escrito que se les remita siempre dan la callada por respuesta.Y la única salida que nos queda es acudir a los tribunales.Los asuntos judiciales les traen al fresco. Hay maestros que con veintitantos años de servicio no ven manera de llegar a Oviedo en un concurso de traslados; claro teniendo tanto asesor por delante…
    ¡Y dicen ser socialistas! No obstante, Sr. Arias, siga dando caña. Si tuvieran un poco de dignidad contestarían, pero les falta eso.

Escribir comentario