Cejas

Por Luis Arias

En el principio fue el verbo; en la presente ocasión sucede al revés. Empezamos por la «z» no sólo alterando el orden alfabético, sino, peor aún, arremetiendo contra la propia ortografía. Una embestida más entre tantas de las que viene sufriendo el idioma. La izquierda española se escribe con «ñ» y con «z», ambas de Azaña, y no con la «z» de Zapatero, timorata y bailona. El paso siguiente es que ya no hay letras, ya no hay palabras. Ahora desembocamos en lo gestual, en las cejas. Muy desesperados tienen que estar quienes le hacen la campaña a Zapatero para acudir a este lenguaje de los signos, que, con perdón, parece concebido para un público ágrafo. Hay algo peor que ser analfabeto, y es no querer leer.

Ahí está, como una mala pesadilla, el informe Pisa, que habla de las dificultades de la lectura, o dicho de otro modo, del analfabetismo funcional. En lugar de enmendar y corregir, pues más madera. Vamos a los gestos, dejemos los textos. Así nos entenderemos. ¡Mola mazo!

Y, a resultas de tamaña carnavalada, unos cuantos famosos con el gesto de la ceja. Hela ahí, la apuesta por Zapatero, dirigida, sobre todo, a un público joven, o sea, al que sufrió y sufre la LOGSE. ¡Fantástico, oiga!

Cejas. Lo gestual, el signo. Haciendo esto comparecen conocidos cantantes, algunos de ellos con una obra artística admirable, lo que hace que uno lamente más y más que se presten a semejante cosa. Libertad para hacerlo, toda. Para representar la apuesta electoral que tengan por conveniente, plena. Para opinar al respecto, ídem de lienzo.

Las críticas les llueven como chaparrones. Hay quien establece una casuística, si no canalla, sí al menos tremendamente sórdida. Son los beneficiados del llamado canon digital y, como tales, defienden al gobernante que garantiza tal cosa. Permítanme, con toda rotundidad, no aceptar semejante planteamiento, que no deja de ser un juicio de intenciones, en todo caso, indemostrable.

Se entiende -y hasta se comparte- que, entre lo malo y lo peor, se prefiera a Zapatero. No seré yo quien critique algo así, que además pertenece a la libertad de cada cual. El problema no está ahí, es decir, en manifestar su preferencia electoral, algo a lo que -perdón por la perogrullada- no sólo tienen todo el derecho, sino que además resulta totalmente comprensible. Se trata de muy distinta cosa: de prestarse a semejante puesta en escena, que, para empezar, es una negación de la palabra y, para seguir, parece cumplir el guión de postergar la comprensión del lenguaje, no ya escrito, sino también hablado. Y en el susodicho ceremonial participan (perdón por la cursilería) verdaderos artistas de la palabra. Pongamos, entre otros, a Sabina y a Serrat.

Me aflige este asunto, al ver que gentes con una trayectoria artística laudable están siendo objeto de insultos y descalificaciones de brocha gorda por parte de sectores del más rancio reaccionarismo.

Pero no me duele menos que parte no desdeñable de los adalides de esta campaña vengan mostrándose tan ciegos y sordos con lo que viene acaeciendo en la vida pública en los últimos años, y no me refiero a los más recientes. Por ejemplo, cuando el felipismo convirtió la política en un patio de Monipodio, no se oyeron ni las voces ni los ecos de algunos de estos artistas pronunciándose al respecto. Por ejemplo, cuando la enseñanza pública atraviesa una situación como la actual, no consta que se manifiesten al propósito.

Se podría argüir que son muy dueños de administrar sus silencios y declaraciones como les venga en gana. Obviamente, es así. Lo que pasa es que no encaja que se tenga una visión tan selectiva, por no decir bizca y tuerta, de la inquietud por la cosa pública. Si determinados cantautores y cineastas actúan como intelectuales comprometidos, conviene que su perspectiva sea más amplia, es decir, que exista un espacio para la crítica, no sólo para el apoyo.

El artista o intelectual comprometido, si tomamos el modelo de Zola, no es sólo la claque. No debe serlo. A quienes se erigen, con sus actos, en conciencia de la sociedad, cabe exigirles independencia y lucidez. Ni siquiera la miopía les es permitida, sobre todo cuando estamos hablando de creadores de obras maestras en lo suyo, mentemos una vez más como patrón de estas costuras a los dos cantautores citados más arriba.

Cejas. Quienes hemos conocido a intelectuales emergentes que traían la semiología en su cartapacio creíamos y creemos que los signos y su interpretación eran otra cosa. Me atrevería a hablar, dadas las circunstancias, de un grado cero en la compostura, en lugar de «El grado cero de la escritura».

Y, créanme, me produce desaliento.

Categoría: Opinión Comentarios(9) febrero 2008

9 Respuestas a “Cejas”

  1. Piecho categorial Says:

    Fíjese, cuando habla usted del deterioro del lenguaje y de la frivolidad de todo lo que rodea a Zapatero, se puede pensar que se da la fatal coincidencia de que coincide con Bueno en eso del llamado pensamiento Alicia apliacdo al presidente.
    ¿Será verdad que coincide usted con ese señor?

  2. Repunantin Says:

    Hay cosas que no valen, don Luis.
    Habla usted de Sabina y de Serrat, muy bien. Pero entre esa cofadría de la buena ceja hay otras excelencias, doña Concha Velasco, por ejemplo.
    En esa farándula, no todos son buenos artistas.
    ¿Hay algo freudiano en la omisión al cantautor de Mieres, a ese que dedicó con devoción un tema suyo a Franco?

  3. Adicto al diario. Says:

    ¿Por qué no los criticó usted cuando se manifestaron contra la guerra de Iraq? ¿Sólo se mete con ellos cuando apoyan a Zapatero?

  4. Poesía de Posguerra Says:

    Lo mejor de su artículo radica en la crítica que usted hace sobre una campaña electoral en la que para un partido de izquierdas prima aquello que no es la palabra. En eso, hay una orginalidad que supera a la infinidad de columnas que hablan de este tema.
    Lo que no sé es si el personal se dará cuenta de este detalle que convierte su artículo en excelente.

  5. mencar Says:

    Me produce una tremenda tristeza que tal forma de expresión le haya puesto en bandeja al PP una crítica tan feroz como la que nuestros cantantes y actores que han expresado su apoyo a la ¿izquierda? de Zapatero estàn recibiendo.
    Como tú muy bien expresas, el verbo en este caso ha sido no el principio, sino el final de esta campaña “de rebajas, todo vale” que estamos padeciendo. ¿Cuando se plantearán ideas, programas y por que no, promesas, y no se hará campaña simplemente para perpetuarse en el poder?
    Como tú tambien muy bien dices, la izquierda española se escribe con ñ y con z de Azaña. Eso se està olvidando
    Sigue escribiendo. Te leo con verdadera delectación

  6. fer Says:

    Ésta y, sobre todo, el del otro día de CUANDO LA POLÍTICA ESTÁ DE SALDO, de los mejores artículos políticos que he leído en los últimos meses.

    Tal vez se comprometan a escoger entre lo malo y lo malísimo, y escojan lo malo… Lo que es claro es que ese vicio de no ver los defectos en los que son “los tuyos” lo tiene muchíiiisima gente (la mayoría), y los artistas no son ajenos a ello.

    Recuerdo haber leído un artículo suyo en el que opinaba sobre Ciutadans, ¿Qué opinión le merece el proyecto de Savater, UPyD?

    Saludos.

  7. Diego Says:

    Ahora todo es plástico, hasta los políticos.

  8. Politologu Says:

    También a mí me parece que es un análisis político extraordinario, que no repite tópicos.
    Le felicito

  9. Soy astur Says:

    Más allá de todas las consideraciones que sabemos,su acierto de ver lo que hay en esta campaña de la farándula a favor de los que no quieren la palabra, sino la imagen es envidiable.

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