Tras «la derrota» de Gallardón

Por Luis Arias

Rara vez se sitúa la brega política en el género trágico. Eso sólo sucede en momentos históricos muy contados y no menos singulares. Acostumbra más bien a asentarse tal pugna en el drama y en la comedia. Y también puede incurrir de lleno en el melodrama, incluso en la comedia bufa. La derrota que Ruiz-Gallardón declara haber sufrido no se inclina del lado de lo trágico. Tampoco en lo bufonesco ni melodramático. Ítem más: teniendo en cuenta quién le hizo perder la batalla, su figura pública se fortalece, sin ningún género de dudas.

Lo que trasciende de los medios, sean más o menos afines al personaje que nos ocupa, es que doña Esperanza Aguirre forzó a Rajoy a que excluyese de la lista electoral al Congreso de los Diputados al actual regidor de Madrid. Ello, con independencia de que pudieran tener su peso sectores y personajes del PP que no viesen con buenos ojos la presencia de Gallardón en el Parlamento. Y que ese peso contase en la decisión de don Mariano.

Por mucho que se airee lo contrario, tengo serias reservas a la hora de aceptar que Gallardón sea más centrista que doña Esperanza. De lo que estoy persuadido, en cambio, es de que la capacidad intelectual del alcalde de Madrid, así como su bagaje de conocimientos e inquietudes, distan años luz con respecto a la señora Aguirre. ¿Alguien se imagina a don Alberto incurriendo en gazapos tan soberanos como los que llevó a cabo doña Esperanza siendo ministra de Educación?

Don Alberto no es inculto y está en condiciones de emprender vuelos intelectuales nada gallináceos. Doña Esperanza es muy distinta cosa. No le importa desconocer los títulos de las trilogías barojianas. Y es capaz, a pesar de su posición social de siempre, de sensibilizar a los sectores más populares con el alza de los precios. Y no nos engañemos: que un personaje público tenga un nivel cultural alto, así como una cabeza capaz de especulaciones mínimamente abstractas no supone garantía de más votos ni de mayores apoyos populares.

Doña Esperanza pudiera ser el prototipo del Madrid castizo, particularmente de aquella aristocracia que desde el siglo XVIII se inclinó por lo plebeyo en sus diversiones y gustos. Y eso no la hace en modo alguno impopular. Gallardón es cualquier cosa menos castizo. Ahí están las diferencias: en lo estético, que no en lo ideológico, digan lo que quieran politólogos y tertulianos de oficio y beneficio.

Dicho esto, hay otra cosa que no debemos pasar por alto. Es cierto que supone una importante novedad que determinados alcaldes den el paso a figurar en las candidaturas en el Parlamento. Es el caso de Gabino de Lorenzo en Oviedo. Habría que preguntarse por la casuística general de este fenómeno, cosa que tampoco se ha hecho en los mentideros políticos. De un lado, teniendo en cuenta que la mal llamada «clase política» es cada vez más mediocre, hay líderes municipales que se sienten con todo el derecho a estar presentes en el foro institucional más importante -legislativamente hablando-, puesto que el parlamentarismo español se viene convirtiendo en una práctica consistente en votar aquello que se ordena, y poco más. El Parlamento como lugar para el debate ideológico se está devaluando de forma preocupante. Así las cosas, no sería de extrañar que los líderes de los partidos prefieran a aquellas personas que votan lo que se les dice y que no están por la labor de emprender discusiones de ningún tipo.

Gallardón podría ser, en este sentido, un político incómodo para Rajoy. Si a esto añadimos la posibilidad, nada quimérica, de que don Mariano pierda las elecciones, la cosa podría complicarse mucho. En consonancia con todo ello, habrá quien piense que el órdago lanzado por doña Esperanza supuso un alivio para el líder conservador.

No se enfrentan, pues, dos tendencias ideológicas dentro de un mismo partido, sino dos estilos: uno más populista y otro con mayor voluntad de altos vuelos. Insisto en esto, toda vez que el supuesto debate ideológico es, en este caso más que nunca, una cortina de humo. Téngase en cuenta que, en los momentos presentes, las cosas no pintaban demasiado bien para Gallardón. Así, el escándalo urbanístico (otro más) denominado «operación Guateque», no debería dejar, en buena lógica, en un buen lugar al alcalde de Madrid, puesto que la responsabilidad política del asunto parece innegable.

No hagamos, pues, a Gallardón víctima de una tremenda guerra ideológica dentro del PP. Se trata de muy distinta cosa: de la apuesta entre lo castizo frente a una voluntad de estilo más ambiciosa. Y salió vencedora la mediocridad.

Atentos habrá que estar a la deriva con hechos del período de reflexión que anuncia el regidor de Madrid para después de la batalla electoral. También habrá que analizar en su momento que, pensando en un plazo no inmediato, Gallardón puede salir vencedor tras esta derrota que declara haber sufrido. En nuestra cultura, la figura del perdedor, desde Lucano a esta parte, resulta, por lo común, muy atractiva. Eso lo sabe bien don Alberto.

En todo caso, el entramado político de Madrid se decanta por la zarzuela, por lo castizo. Doña Esperanza y doña Ana, como la Casta y la Susana. ¿Será Rajoy don Hilarión?

Gabino de Lorenzo se lo pasará en grande por los madriles. Estará en su salsa. Ya lo verán.

Categoría: Opinión Comentarios(9) enero 2008

9 Respuestas a “Tras «la derrota» de Gallardón”

  1. atos Says:

    Verá don Luis, le agradezco mucho que ponga en sus justos términos la pugna popular (estética)Leyendo a algunos columnistas el affaire Gallardón parece una auténtica conmoción ideológica y, como Vd dice, no pasa de tradicional toma de posición en unos partidos políticos estancos y burocratizados.Nadie habla, por ejemplo, de crisis ideológica en la purga del Psoe de Madrid(los guerristas caput) o en el de Valencia. Si le soy sincero ni siquiera observo diferencias (¿cañís, modernas?) en los protagonistas. Lo de Gabino ya es otro cantar. Los del PP nacional tenían buen cuidado de no hacerse muchas fotos con él y ahora ya ve…

  2. mencar Says:

    Atinado como siempre, Luis tu comentario sobre la “derrota” de Gallardón. Ni España cañí, ni España moderna, es el enfrentamiento claro de dos tendencias peperas, en las que don Mariano quiere a su lado a la línea menos democrática y dura del PP para que le arrope en su intento de alcanzar La Moncloa. Y como siempre, doña Esparanza, con su alargada sombra dictando lo bueno y lo malo de su partido.
    Sigue escribiendo tan bonito, amigo

  3. lliteratu Says:

    Primera cuestión, don Luis. En realidad, ¿a usted le importa algo el affaire entre Gallardón y doña Esperanza? Sospecho que le trae al pairo. Y, sin embargo, escribe sobre ello. Hace usted mal en seguir la corriente a las funciones de circo que le ponen al personal. Un orteguiano como usted debería estar al margen.
    De todos modos, se salva por dos motivos. Hace un análisis distinto al de los corifeos mediáticos y, además, como siempre, escribe bien.
    Pero no siga tanto la corriente a la actualidad., por favor. De usted esperamos otras cosas y otros temas.

  4. politólogo Says:

    Divertido el espectáculo de la pelea entre esos dos personajes del PP. Dice usted bien al matizar que las diferencias ideológicas no son tales. Claro que no lo son. Si tampoco las hay entre el PP y el PSOE.
    Al menos, va usted más allá de los tópicos. Eso está bien.

  5. desde Vetusta Says:

    Díganos algo más sobre Gabino.
    ¿De veras se lo imagina usted en Madrid como personaje de zarzuela? ¿Está usted seguro de que aparecerá por allí, cuando apenas acude a los plenos en Oviedo?
    Pero lo importante es que sacará muchos votos y humillará a Cuesta.
    Por eso no entiendo que Cascos pueda estar en contra.

  6. atos Says:

    Totalmente de acuerdo con lliteratu y con politólogo. Mencar, por favor, aléjese del tópico ¿Qué tiene doña Esperanza que no tenga don Alberto? ¿Qué tendencias? ¿Acaso no es el segundo el chico predilecto de Fraga?

  7. observadorín Says:

    ¿Y ahora?
    Un periódico de que Gallardón abandonará la política. En otro diario de Madrid, lo ponen de ambicioso y conspirador. Y en otro, el más próximo al Gobierno, dicen que este affaire ayudará electoralmente al PSOE.
    ¡Qué divertido!
    Mientras tanto, ¿qué hay de aquellas gentes con visión de Estado que tanto se necesitan?
    ¿Por qué se ocupa usted, señor Arias, de los culebrones políticos?

  8. asturmadrid Says:

    Mi siempre con interés leído Luis: Si vivieras en Madrid te darías cuenta de que las diferencias entre Aguirre y Gallardón son más que de altura intelectual, de “talante” y de imagen. Cierto que Gallardón descuida el disimular la ambición natural de todo político, pero cuando gobernaba la Comunidad de Madrid, Telemadrid era casi un modelo de lo que debe ser una televisión pública. No se construían campos de golf, sino algún que otro teatro. La sanidad pública era tratada con respeto. Y la enseñanza pública. Ahora se las maltrata sin máscara alguna y se las ataca al límite de la ley.

  9. asturmadrid Says:

    Y, en fin,a las clínicas que realizan abortos ha intentado crucificarlas.

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