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DERECHO A MORIR vs DERECHO A VIVIR

admin (4 de julio, 2010)

Daniel Mateo Martinez

Daniel Mateo Martinez

Yo era muy activo y fuerte y pensaba que era invencible, pero la ELA me ha vencido, dice Daniel que después de mucho luchar se ha rendido prefiriendo morir a seguir con los tratamientos médicos paliativos. La decisión fue tomada cuando le anunciaron que para respirar había que practicar una traqueotomía, algo realmente discapacitante a lo que se negó.

Si no fuera por las características de este caso, podríamos decir que nos encontramos ante otro más de los episodios manejados por la organización DMD (Derecho a Morir Dignamente) con la que Daniel se puso en contacto a partir, suponemos, de enterarse del trayecto del tipo de dolencia que le afectaba y por lo tanto, carente de interés para nosotros desde el punto de vista del presente blog.

Daniel se puso en contacto con DMD antes que hacerlo con FVI (Foro de Vida Independiente) donde habría encontrado activos luchadores por la vida independiente enchufados a un respirador artificial desde hace años que dedican las energías disponibles para luchar por los derechos de las personas en situación de dependencia.

A estas alturas sería absurdo manifestarnos contra el derecho a morir pero lo hacemos cuando se utiliza la dependencia como argumento justificador. Dicho de otro modo, antes que ayudar a una mujer o a un hombre a morir dignamente, lo hemos de ayudar a vivir dignamente. Desde el Foro de Vida Independiente defienden la asistencia personal, es decir, la figura del Asistente Personal como elemento complementario para que las personas con diversidad funcional que se encuentren en estado de dependencia puedan ejercer una vida activa, puedan salir a la calle, viajar, ir al cine, a pasear, sin depender del favor o el esfuerzo de la familia o los amigos.

Defendemos una vida independiente plena mediante la cual el dependiente pueda pasar a ser independiente para vivir o, entonces sí, si lo desea, morir dignamente pero solo entonces y desde la absoluta libertad e independencia.

Vivimos dentro de una sociedad que está dispuesta a facilitar o permitir la muerte por falta de atención, con sedación o sin ella, pero que es reacia a facilitar el derecho a la vida independiente promulgado por la Convención de las Naciones Unidas. Y, desde nuestro punto de vista, mientras este derecho no pueda ser ejercido plenamente, facilitar la muerte por el sufrimiento que conlleva la dependencia, no deja de ser un asesinato.