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ISONOMÍA, DISCRIMINACIÓN POSITIVA Y RACISMO

admin (26 de junio, 2010)

Dibujo de una señalizacion para personas con movilidad reducida

Dibujo de una señalizacion para personas con movilidad reducida

Podía haber ocurrido en cualquier parte pero fue en el estacionamiento de unos grandes almacenes. El individuo, de unos 45 años introducía bolsas con alimentos en el maletero de su coche que tenía estacionado en una de las plazas reservadas para personas con movilidad reducida.

Esto en sí mismo no tiene mayor relevancia por el numerosísimo número de ocasiones en que se vulnera la normativa pero hubo más.

Observé que no tenía distintivo de autorización para hacer uso de la plaza y que tampoco parecía sufrir carencias de movilidad, no obstante, como no se introdujo en el auto sino que esperaba, pensé que acaso estuviera por venir algún familiar acreedor a la discriminación positiva que supone disponer de plazas reservadas para quienes como yo precisamos de espacio, tiempo y recursos a la hora de poder competir en igualdad. Pero no fue así. Llegó una señora, andando normalmente y que se sentó en el asiento delantero acompañante mientras él se dirigía al de conductor, entonces, me dirigí a ellos para advertir que estaban haciendo uso de un privilegio al que no eran acreedores por estar destinado a personas que lo necesitan.

Claro y en voz alta dijo que eso era lo que teníamos nosotros, demasiados  privilegios, que nunca teníamos bastante, que comíamos de la sopa boba, que ya recibíamos bastante del estado, etc… Superados los primeros momentos de cólera ante la impotencia, pensé mucho en ello. Pensé, por ejemplo, que aún a bordo de una silla de ruedas, nunca he dejado de trabajar, de los treinta años que con orgullo exhibo de cotización a la Seguridad Social para que acaso ese tipo pueda disfrutar de su pre-jubilación porque eran las once de la mañana de un día laborable y estaba haciendo la compra, y pensé muchas cosas más pero sobre todo en lo poco que me ha dado el estado, en lo poco que le exigido y en el modo que no he contado con asociaciones a la altura de las circunstancia para exigir nuestros derechos.

Me consta que lo manifestado por este tipo lo piensan muchos otros. Yo lo llamo racismo. En otros tiempos de las personas como yo se prescindía para que no resultáramos una carga. También se ejerce contra grupos étnicos, inmigrantes y gitanos pero cuando se habla de estos hay organizaciones que les defienden a nosotros no. Las asociaciones de personas con diversidad funcional debieran hacerlo pero están muy ocupadas intentando lograr suculentas subvenciones de las que se aprovechan cuatro pero las personas con movilidad reducida estamos adoctrinados, atemorizados y sedados por las circunstancias.

La discriminación positiva que supone el privilegio de disponer de plazas adaptadas no se explica suficientemente y crea confusión.

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