Ya llega el 1 de Julio

admin (29 de junio, 2010)

Quedan apenas 36 horas para la llegada del anunciado 1 de Julio, fecha de entrada en vigor de la subida del IVA del 16% al 18% en el caso del tipo general, y del 7% al 8% en el tipo reducido. El efecto anuncio ha posibilitado a los consumidores adelantar algunas compras relevantes, como es el caso de los vehículos o las viviendas o incluso las vacaciones veraniegas (a este respecto se pueden consultar algunas dudas en varias páginas). En algunas compras (ropa, calzado… ) esta subida coincide con las rebajas por lo que hasta septiembre no notaremos demasiado el efecto. Y habrá que analizar el caso de la alimentación si esta subida se traslada íntegramente al consumidor o la carga se reparte entre todos los que intervienen en la cadena, proveedores, tiendas o grandes superificies…  

Este incremento del IVA se ha justificado por la necesidad de reducir el déficit público, desbocado allá por encima del 10%. Junto a este criterio de peso, también se añade el hecho de que nuestro país estaba “a la cola” del ranking europeo -el mínimo posible es el 15% y teníamos el 16%- y además estos días otros países han tenido que aprobar medidas similares, como es el caso de Reino Unido (del 17,5 al 20% desde 2011), Grecia (desde el 19 hasta el 21% y luego 23%), Portugal (del 20 al 21%) o el más intenso de Hungría (hasta el 25%, al igual que tienen desde hace tiempo Suecia y Dinamarca). No debemos olvidar que la locomotora europea, Alemania, incrementó el IVA desde el 16% (como España) hasta el 19% hace ya tiempo, cuando la economía estaba animada, momento mucho mejor que el actual para este tipo de decisiones.

Dado que lo que hagan otros países importa, tomemos nota de la medida de Reino Unido que aumenta, 10 puntos, sí, 10, el gravamen de los rendimientos del capital, desde el 18% hasta el 28%. En esta línea nos hemos manifestado anteriormente en este blog, aunque de forma menos drástica, y pone de relieve que la temida fuga de capitales no puede justificar el desequilibrio entre los impuestos del trabajo y del capital, máxime cuando se trata de buscar recursos adicionales. 

Confiemos en que esta medida necesaria para reducir el déficit público no suponga un lastre para la recuperación de nuestra maltrecha economía, el principal argumento que se puede esgrimir en su contra, y pueda contribuir a mejorar la situación de las aún más maltrechas arcas del Estado.

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