Opiniones fiscales

admin (19 de septiembre, 2010)

Las encuestas fiscales evidencian ciertas pecualiaridades de los españoles. La más reciente fue publicada hace unas semanas por el Instituto de Estudios Fiscales (Ministerio de Economía y Hacienda) y hoy nos vamos en centrar en dos preguntas, una sobre el nivel de impuestos en España y otra sobre el fraude fiscal. No obstante, en futuras entradas haremos balance de otros apartados de esta interesante encuesta.

Respecto a cuántos impuestos pagamos en este país, un buen número piensa que son elevados y que pagamos más que la media europea. Por un lado, queremos resaltar que es una pregunta complicada, puesto que los impuestos serán altos o bajos en relación a los servicios públicos en los que se transforman. Pues bien, la sensación generalizada es que no son equivalentes, sino que se paga muy por encima de lo recibido. Además, la comparación con otros países no es más fácil para el ciudadano: el indicador más utilizado oficialmente es la denominada “presión fiscal” que expresa los impuestos respecto al producto del país, con el que estamos por debajo de la media. Sin embargo, existen otros indicadores más discutidos como el “esfuerzo fiscal” donde el ranking puede variar según la definición que utilicemos.

En relación al fraude, es llamativo que casi la mitad de los españoles, un 43%, justifica el fraude fiscal. Este dato está en consonancia con algunos otros como la impresionante caída de la recaudación por IVA en 2009, por encima del 30%, demasiado intensa para ser real. En la encuesta el 75% piensa que el fraude ha aumentado en los últimos años.

Otro dato relevante de la encuesta es que el 18% asegura que todo nos iría mejor sin impuestos, por lo que una gran mayoría, 82%, ve la necesidad de la Hacienda Pública, aunque como hemos visto anteriormente con muchas cosas que mejorar.

En suma, los españoles pensamos que pagamos demasiados impuestos y justificamos el fraude, ingredientes suficientes para que la administración (en su conjunto pero la tributaria y educativa especialmente) se ponga manos a la obra para soltar este lastre, la tarea se presenta difícil pero no del todo imposible.

Los caminos en la lucha contra el fraude fiscal

admin (4 de febrero, 2010)

El Sector Público nos vigila cada vez más, no hay más que recordar el carnet por puntos y la ingente cantidad de radares en nuestras carreteras, las cámaras en las calles, las normativas locales sobre buen comportamiento con multas por no comportarse cívicamente en las calles, etc.

En materia de impuestos, en los últimos años Hacienda ha emprendido campañas de información extensas en las que, más que advertir de las consecuencias, anima a tributar en beneficio de la cosa común. Sin embargo, los medios, materiales y humanos, parecen resultar muy escasos si atendemos a las reiteradas manifestaciones de los inspectores de tributos.

Otro camino ha sido emprendido en Alemania para cazar al que defrauda y, sobre todo, lanzar una clara señal de que los paraísos fiscales ya no son lo que eran ni los que eran (recientemente Andorra ha dejado de serlo para nuestro país). Estos días se ha sabido que Alemania podría comprar una interesante base de datos con jugosa información de cuentas suizas a cambio de una modesta cantidad, 2,5 millones de euros, seguro una excelente inversión para las cuentas públicas. Este caso nos obliga a recordar otro similar de 2008, también en Alemania, con datos procedentes de Liechtenstein que le costaron 5 millones de euros, y entre los cuales se encontraban unos 200 españoles.  

Aunque pagar al chivato no parece el camino más adecuado para resolver el problema de fondo (¿el fin justifica los medios?), sí debería servir al menos para incrementar los esfuerzos internacionales de coordinación iniciados tras la tremenda magnitud de la crisis actual debida, en buena medida, a la poca regulación en el sector financiero y los movimientos internacionales de capitales.

De economía sumergida y fraude fiscal

admin (15 de diciembre, 2009)

La economía sumergida en España se estima entre un 20 y un 25% de la economía declarada (PIB) y esto nos hace los campeones en esta liga, y se concentra en sectores como la construcción, donde el problema no es sólo de pérdida de recaudación sino los efectos para los trabajadores en esa situación en cuanto a las diferentes prestaciones (incapacidad laboral, prestaciones por desempleo, cotizaciones para pensiones, indemnizaciones por despido, etc.). El hecho de que el 30% de los billetes de 500 € de toda la zona euro anden por aquí es un claro síntoma de nuestro liderazgo. En el caso de las profesiones libres la batalla es más difícil de vencer dadas las dificultades de control y la facilidad con la que los consumidores podemos aceptar pagar “sin IVA, por supuesto” en algunas ocasiones (quien esté totalmente libre de “sin iva” que tire la primera piedra).

Sin duda la crisis ha fomentado la economía sumergida, si bien el parón de la construcción ha frenado en parte lo vivido en este sector en la burbuja inmobiliaria de los últimos años. El dilema de un pequeño empresario entre cerrar su negocio o entrar parcialmente en la economía sumergida es más probable que se resuelva con la segunda opción, y seguro que tiene parte de razón. Si la estadística de casi 4 millones de personas desempleadas es correcta, por mucho que se mejoren las prestaciones por desempleo y otras ayudas, creo que la economía informal ha recibido un fuerte impulso. El anuncio de subidas de impuestos en plena recesión económica tampoco contribuye a mejorar la situación. Y por supuesto tampoco los continuos escándalos de corrupción que recorren toda la geografía española.

Para disminuir a largo plazo la extensión de la economía sumergida en nuestro país para no estar a la cabeza de esta clasificación se necesitan, a mi juicio, tres cosas: una, educación fiscal en todos los niveles, desde bien pequeños hasta la universidad, para cambiar la mentalidad; dos, transparencia y austeridad en el Sector Público para que los ciudadanos vean la utilidad de pagar impuestos; y tres, señales adecuadas desde el Sector Público, es decir, lucha en serio contra la economía sumergida mediante más inspección y mayores consecuencias; en suma, prevenir pero también curar.