Educación fiscal

admin (22 de diciembre, 2009)

En una entrada anterior hacíamos referencia a la educación fiscal y ahora toca desarrollar un poco esta cuestión.

La educación ha cambiado mucho en los últimos tiempos, en todos los niveles. Ahora los chavales saben un poco de muchas cosas, mientras que antes se sabía más de menos campos, lo cual creo que es bueno siempre que no se lleve por delante asuntos básicos. Por ejemplo, no es de recibo llegar a la universidad con faltas de ortografía, sin saber calcular un porcentaje o desconocer dónde estalló la primera bomba atómica…

En esta línea, creo que se debería de incluir, ya desde pequeños, alguna asignatura (o parte de ella) relacionada con los temas fiscales, de impuestos y de gastos, para formar a los futuros contribuyentes, al igual que es necesaria la educación vial para los futuros conductores, entre otras. Y por supuesto también en los niveles medios y superiores, para todos los alumnos, sea cual sea su especialidad o carrera. De hecho, en los cursos de verano de la Universidad de Oviedo ofrecemos un curso básico de impuestos para alumnos de ingenierías y similares y el resultado es francamente positivo. 

Y bajo esta premisa desde hace unos años se ha creado el Portal de Educación Civico-Tributaria de la Agencia Tributaria para acercar estos temas a los estudiantes de 5º y 6º de primaria y de la ESO, aunque se requiere la voluntad de los profesores implicados. En el portal se pueden encontrar buenos materiales, tanto para los profesores como para los alumnos, adaptados para las diferentes edades, para transmitir no sólo conocimientos iniciales, sino también valores. Con la vista puesta en Latinoamérica nos encontramos este otro más que interesante Portal de Educación Fiscal. Espero que estas iniciativas sean el comienzo de mi propuesta anterior -además indagaré cómo están funcionando en nuestro país- y culminen con la introducción de la materia fiscal en la educación de todos los alumnos españoles.

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De economía sumergida y fraude fiscal

admin (15 de diciembre, 2009)

La economía sumergida en España se estima entre un 20 y un 25% de la economía declarada (PIB) y esto nos hace los campeones en esta liga, y se concentra en sectores como la construcción, donde el problema no es sólo de pérdida de recaudación sino los efectos para los trabajadores en esa situación en cuanto a las diferentes prestaciones (incapacidad laboral, prestaciones por desempleo, cotizaciones para pensiones, indemnizaciones por despido, etc.). El hecho de que el 30% de los billetes de 500 € de toda la zona euro anden por aquí es un claro síntoma de nuestro liderazgo. En el caso de las profesiones libres la batalla es más difícil de vencer dadas las dificultades de control y la facilidad con la que los consumidores podemos aceptar pagar “sin IVA, por supuesto” en algunas ocasiones (quien esté totalmente libre de “sin iva” que tire la primera piedra).

Sin duda la crisis ha fomentado la economía sumergida, si bien el parón de la construcción ha frenado en parte lo vivido en este sector en la burbuja inmobiliaria de los últimos años. El dilema de un pequeño empresario entre cerrar su negocio o entrar parcialmente en la economía sumergida es más probable que se resuelva con la segunda opción, y seguro que tiene parte de razón. Si la estadística de casi 4 millones de personas desempleadas es correcta, por mucho que se mejoren las prestaciones por desempleo y otras ayudas, creo que la economía informal ha recibido un fuerte impulso. El anuncio de subidas de impuestos en plena recesión económica tampoco contribuye a mejorar la situación. Y por supuesto tampoco los continuos escándalos de corrupción que recorren toda la geografía española.

Para disminuir a largo plazo la extensión de la economía sumergida en nuestro país para no estar a la cabeza de esta clasificación se necesitan, a mi juicio, tres cosas: una, educación fiscal en todos los niveles, desde bien pequeños hasta la universidad, para cambiar la mentalidad; dos, transparencia y austeridad en el Sector Público para que los ciudadanos vean la utilidad de pagar impuestos; y tres, señales adecuadas desde el Sector Público, es decir, lucha en serio contra la economía sumergida mediante más inspección y mayores consecuencias; en suma, prevenir pero también curar.