Vivienda y fiscalidad: una difícil convivencia (para el comprador)

admin (23 de febrero, 2010)

El tema que hoy nos ocupa es muy trascendente, porque tarde o temprano todos nos vemos envueltos en la adquisición de un inmueble, especialmente, la vivienda habitual. Ya hemos hablado en una entrada anterior sobre la deducción en el impuesto sobre la renta que se prevé reformar a partir del año que viene, y de la subida del IVA (del 7% al 8%) para viviendas nuevas a partir de Julio de 2010.

Sin embargo, hoy vamos a ir un poco más allá y analizar, en unas pocas líneas -con mucho esfuerzo de síntesis por tanto-, la fiscalidad que rodea a la compra de una vivienda y algunas propuestas de reforma.

El tema central es que la vivienda es el maná de los recursos tributarios de las diferentes administraciones (para un análisis más detallado puede verse este informe donde se revisa desde otros puntos de vista relevantes, sobre todo la promoción o construcción que repercute por supuesto en el precio que paga el comprador). Simplificando mucho, el Estado recauda el IVA de las viviendas nuevas. La Comunidad Autónoma recauda el impuesto sobre transmisiones -viviendas usadas- y actos jurídicos documentados. Los ayuntamientos recaudan el IBI -la contribución- y la plusvalía. Y hemos dejado fuera otros menos relevantes para no extendernos demasiado. Los notarios cobran sus minutas, el Registro las suyas, y las gestorías las propias. Al final hay una regla de oro que dice que al precio inicial de la vivienda hay que sumarle aproximadamente un 10% en concepto de estos gastos y tributos, casi nada.

Me gustaría centrarme en el tributo principal en la compra del inmueble, el IVA en la vivienda nueva y transmisiones patrimoniales en la vivienda usada, el 7% en ambos casos en general. El problema de fondo es que actúa de una forma acumulativa. Es decir, una vivienda nueva de 100.000 euros conllevará un 7% de IVA, finalmente 107.000 euros, más unos 3.000 euros de los “otros” gastos. Si esa vivienda se transmite en el futuro, pongamos a 150.000 euros -el vendedor quiere ganar 40.000 euros sin descontar la inflación-, aparece transmisiones patrimoniales al 7%, que grava los 150.000 con lo que suma 160.500, es decir, los 100.000 iniciales ya llevan “dos 7%” (más el 3% de gastos por supuesto). Y así sucesivamente. Una vivienda que en 20 años se haya transmitido 4 veces incorpora una fiscalidad (y gastos) salvaje.

¿Y cuál es mi propuesta para corregirlo? Que actúe como el impuesto sobre el valor añadido, es decir, que se grave sólamente la parte del precio de venta no gravada anteriormente. En el ejemplo anterior, al vender la vivienda a 150.000 euros, el impuesto podría recaer sobre la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra con IVA, es decir, 150.000 – 107.000 = 43.000, por lo que el 7% sería “sólo” 3.010 y quedaría en 153.010 en lugar de 160.500. Las cuentas con las sucesivas transmisiones son aún más significativas.

Soy consciente de que esta propuesta no le gustará al recaudador, pero precisamente a los gobiernos hay que exigirles ir un poco más allá de su rutina, inercia y afán recaudatorio en si mismo. De esta forma, además, podría animarse el mercado de la vivienda -y la maltrecha economía- y compensar la disminución de la deducción.

Por supuesto, esta propuesta de bajar impuestos actúa sobre la compraventa. Otra cosa diferente es el tratamiento fiscal de la ganancia al vender el inmueble, donde diferenciaría claramente entre vivienda habitual o no, y por supuesto, el carácter especulativo o no de la venta, con tipos diferenciados que penalicen determinados comportamientos.

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Nuevo tratamiento fiscal en los EREs

admin (22 de febrero, 2010)

Tras años de discriminación fiscal en el tratamiento de las indemnizaciones por despido o cese en los EREs, por fin se ha corregido esta situación tan extendida en los últimos meses de crisis.

Hasta la reciente reforma, la indemnización estaba exenta sólo en 20 días por año con un máximo de 12 mensualidades. Con el cambio, se iguala a otros despidos, con exención de hasta 45 días por año trabajado y un máximo de 42 mensualidades, y se aplica a las situaciones desde el 8 de marzo de 2009.

Por ello, Hacienda recuerda que los contribuyentes en esta situación pueden recuperar las retenciones practicadas cuando percibieron el pago a través de la declaración de la renta 2009, que toca en el segundo trimestre de este año, por lo que deberían estudiar presentar la declaración aunque no tengan obligación de hacerlo.

Una “buena” (justa) noticia tributaria en estos “malos” tiempos.

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Los caminos en la lucha contra el fraude fiscal

admin (4 de febrero, 2010)

El Sector Público nos vigila cada vez más, no hay más que recordar el carnet por puntos y la ingente cantidad de radares en nuestras carreteras, las cámaras en las calles, las normativas locales sobre buen comportamiento con multas por no comportarse cívicamente en las calles, etc.

En materia de impuestos, en los últimos años Hacienda ha emprendido campañas de información extensas en las que, más que advertir de las consecuencias, anima a tributar en beneficio de la cosa común. Sin embargo, los medios, materiales y humanos, parecen resultar muy escasos si atendemos a las reiteradas manifestaciones de los inspectores de tributos.

Otro camino ha sido emprendido en Alemania para cazar al que defrauda y, sobre todo, lanzar una clara señal de que los paraísos fiscales ya no son lo que eran ni los que eran (recientemente Andorra ha dejado de serlo para nuestro país). Estos días se ha sabido que Alemania podría comprar una interesante base de datos con jugosa información de cuentas suizas a cambio de una modesta cantidad, 2,5 millones de euros, seguro una excelente inversión para las cuentas públicas. Este caso nos obliga a recordar otro similar de 2008, también en Alemania, con datos procedentes de Liechtenstein que le costaron 5 millones de euros, y entre los cuales se encontraban unos 200 españoles.  

Aunque pagar al chivato no parece el camino más adecuado para resolver el problema de fondo (¿el fin justifica los medios?), sí debería servir al menos para incrementar los esfuerzos internacionales de coordinación iniciados tras la tremenda magnitud de la crisis actual debida, en buena medida, a la poca regulación en el sector financiero y los movimientos internacionales de capitales.