De economía sumergida y fraude fiscal

admin (15 de diciembre, 2009)

La economía sumergida en España se estima entre un 20 y un 25% de la economía declarada (PIB) y esto nos hace los campeones en esta liga, y se concentra en sectores como la construcción, donde el problema no es sólo de pérdida de recaudación sino los efectos para los trabajadores en esa situación en cuanto a las diferentes prestaciones (incapacidad laboral, prestaciones por desempleo, cotizaciones para pensiones, indemnizaciones por despido, etc.). El hecho de que el 30% de los billetes de 500 € de toda la zona euro anden por aquí es un claro síntoma de nuestro liderazgo. En el caso de las profesiones libres la batalla es más difícil de vencer dadas las dificultades de control y la facilidad con la que los consumidores podemos aceptar pagar “sin IVA, por supuesto” en algunas ocasiones (quien esté totalmente libre de “sin iva” que tire la primera piedra).

Sin duda la crisis ha fomentado la economía sumergida, si bien el parón de la construcción ha frenado en parte lo vivido en este sector en la burbuja inmobiliaria de los últimos años. El dilema de un pequeño empresario entre cerrar su negocio o entrar parcialmente en la economía sumergida es más probable que se resuelva con la segunda opción, y seguro que tiene parte de razón. Si la estadística de casi 4 millones de personas desempleadas es correcta, por mucho que se mejoren las prestaciones por desempleo y otras ayudas, creo que la economía informal ha recibido un fuerte impulso. El anuncio de subidas de impuestos en plena recesión económica tampoco contribuye a mejorar la situación. Y por supuesto tampoco los continuos escándalos de corrupción que recorren toda la geografía española.

Para disminuir a largo plazo la extensión de la economía sumergida en nuestro país para no estar a la cabeza de esta clasificación se necesitan, a mi juicio, tres cosas: una, educación fiscal en todos los niveles, desde bien pequeños hasta la universidad, para cambiar la mentalidad; dos, transparencia y austeridad en el Sector Público para que los ciudadanos vean la utilidad de pagar impuestos; y tres, señales adecuadas desde el Sector Público, es decir, lucha en serio contra la economía sumergida mediante más inspección y mayores consecuencias; en suma, prevenir pero también curar.

3 Respuestas a “De economía sumergida y fraude fiscal”

  1. Sevach Escribió:

    De acuerdo con tus recetas frente a la economía sumergida, comenzando por la de la “educación fiscal” (me encanta esa expresión). Sin embargo, hay que pensar que la bola de nieve de la economía sumergida no se deshace fácilmente. Veamos a título de ejemplo, un dato objetivo y además notorio para la Administración. Si se coteja en España el Registro de extranjeros con permiso de residencia y trabajo con el número de extranjeros empadronados descubrimos que hay…¡¡un millón!! de extranjeros sin permiso de trabajo, y que lógicamente tienen que subsistir con lo que la economía sumergida está y se mantiene, pero además, ese grupo de personas, con la lógica desesperación por el trabajo, prestarán su labor por salarios inferiores, con lo que el empresario se aprovechará de esa situación, y cuando ese empresario preste servicios no aplicará el IVA y así sucesivamente.. Y si nos fijamos en otro dato, como es el de las Fundaciones y sociedades mercantiles, descubriremos auténticos yacimientos de fraude… Y lo grave es que es notorio, pero nunca pasa nada… A ver si los expertos dais cno la receta… Saludos y enhorabuena por el blog

  2. Francisco Blanco Escribió:

    Sobre todo hace falta la tercera medida: luchar en serio contra el fraude fiscal. Haciendo un poco más de caso a los propios inspectores de hacienda en las medidas que proponen, por ejemplo.

  3. fercol Escribió:

    Fran, enhorabuena por el Blog y mucho ánimo con la iniciativa. Post como este merecen la pena. 😉
    De cualquier forma, me parece que la mejor manera de combatir el fraude fiscal es minimizar su utilidad. Para ello menos gasto público y menos impuestos.

    Y una nota para Sevach. Llamar empresario al que contrata a extranjeros sin permiso de trabajo, aprovechándose de la situación para pagar salarios miserables no me parece adecuado. Llámalos delincuentes, chorizos, indeseables, ventajistas o como quieras, pero no creo que esas prácticas sean representativas del empresariado nacional.

    Salud.

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