La reforma fiscal que se avecina

admin (9 de diciembre, 2009)

Soplan aires de cambios en los impuestos. La severa crisis económica, con tasas de desempleo aproximándose al 20% y los precios en negativo hasta octubre, y un déficit público rondando nada más y nada menos que el 10-12% del PIB, obligan a tomar decisiones en materia fiscal. Pocos meses después de introducir la deducción de los 400 euros en renta, de subir los impuestos especiales sobre tabaco e hidrocarburos, de eliminar el Impuesto sobre el Patrimonio (imagino que habrá arrepentimiento por desterrar en lugar de revisar), toca de nuevo modificar tributos al alza, tras el bajón de la presión fiscal en 2008 como consecuencia de estas medidas y sobre todo de la profunda depresión económica. Pero antes es imprescindible pasar revista al gasto público para ver los ajustes antes de pedir sacrificios a los ciudadanos en estos momentos. Los deberes: depurar el gasto (cuasi-congelación salarial de los funcionarios, recortes de gastos corrientes, revisión de subvenciones a ciertos sectores, etc.) y pelear más y mejor contra la economía sumergida y el fraude fiscal. Y así se conocería la necesidad de recursos adicionales para las necesarias políticas públicas anticrisis. Agotado ya el margen de déficit, sería  hora de discutir qué impuestos subir y a qué contribuyentes para que no suenen tambores de guerra. Eso sí, el aluvión normativo que afecta a la fiscalidad –normativa propia de cada impuesto, reforma de la financiación autonómica, ley de economía sostenible…- exigirá un notable esfuerzo para conocer el alcance de todas las medidas del gobierno.

 

Las rentas del capital

El incremento anunciado del gravamen sobre las rentas del capital, desde el 18% al 19% y 21% si superan los 6.000 euros, me parece una medida acertada, si bien podría llegar más allá, hasta el 20% y 22% respectivamente. Con los bajos rendimientos por intereses y la exención de hasta 1.500 euros de dividendos, el impacto sobre las rentas bajas será muy limitado. Al contrario, los rendimientos asociados a las famosas SICAVs, que tributan al 1% en el impuesto de sociedades, ya no tendrían un gravamen tan reducido tras su protagonismo en los medios en las últimas semanas.

 

Se podría aprovechar el momento para reducir el primer tramo de la tarifa del 24% al 22% y crear asimismo un quinto escalón de renta con un gravamen del 46% para rentas superiores a cierto umbral, digamos 90.000 euros (transitoriamente). Asimismo la deducción por aportaciones a planes de pensiones podría limitarse, los ingresos aumentarían –y la equidad del impuesto también- si el límite superior de deducción, en lugar de 10.000 euros, se establece en un nivel más próximo a las rentas medias, digamos 3.000 euros (la aportación media de los 5 millones de declarantes que la utilizan se sitúa en unos 1.800 euros, y alguien que ahorre 10.000 euros puede dejar de pagar hasta 4.300 euros en la declaración de la renta, en mi opinión excesivo). Y qué decir de la deducción por vivienda, su reforma es necesaria porque se ha comprobado, hace ya mucho tiempo, su ineficacia para lograr su objetivo (el contribuyente-comprador padece la ilusión fiscal de la deducción a cambio de pagar más por su vivienda de lo cual se benefician otros…). Parece ser que desde 2011 la deducción se eliminará para rentas superiores a unos 24.000 euros y se ajusta por renta hasta ese umbral, introduciendo medidas que favorecen el alquiler y la rehabilitación en la pomposamente denominada Ley de Economía Sostenible, que bien merecerá en el futuro una entrada monográfica en este blog.  

 

La eliminación de la deducción de los 400 euros

La poco justificada deducción de 400 euros introducida el año pasado parece tener las horas contadas. Ahora bien, si su inclusión fue vendida como una importante rebaja fiscal, su eliminación no puede sino verse como una importante subida. En la medida que los 400 euros suponen 33 euros al mes para aquellos que la disfrutan plenamente, se podría revisar en función de la renta del ciudadano para no incrementar la factura fiscal de rentas bajas-medias. No olvidemos que muchos pensionistas y asalariados se verán afectados por el recorte. El anuncio de que la eliminación se produce con bases superiores a 12.000 euros conlleva la práctica eliminación de esta deducción puesto que por debajo de ese nivel la mayoría de los contribuyentes o no se benefician de ella o lo hacen sólo de modo parcial.

 

La subida del IVA

Aunque la decisión de incrementar el IVA se tenía que haber tomado hace ya tiempo, cuando las cosas nos iban tan bien y sus efectos serían más llevaderos (quizás la inflación española actuó de freno al contrario de Alemania donde la canciller Merkel elevó el impuesto desde el 16% hasta el 19% de un plumazo nada más llegar al gobierno), ahora se han decantado por subir 2 puntos el tipo general del IVA a partir de julio de 2010. Lo que ocurre es que no sabemos si habremos dejado atrás la crisis, y por tanto no me parece oportuno anunciar la subida nueve meses antes. En mi opinión, podría acordarse ya una subida inicial de un punto a la espera de ver su impacto, retrasando el otro punto hasta ver sus efectos (uno claro e inmediato será poner la inflación en positivo). Con lo que no estoy de acuerdo es con la subida del tipo reducido del 7% al 8%, puesto que los tipos reducidos sobre bienes y servicios esenciales, 4% y 7% actuales, son el mecanismo de protección para las rentas más bajas.    

 

¿Y los impuestos especiales?

En la medida en que nuestros impuestos especiales están a la cola europea, también habría que elevarlos, aunque de forma ligera, dado su gran potencial de recaudación. Con sólo un céntimo por litro de combustible o cajetilla de tabaco se puede recaudar mucho.

 

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