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Por admin

Sin mercado

abril 15, 2010

El debate interminable sobre la reforma del mercado de trabajo está viciado de salida. Nadie se pregunta ¿cuál es la empresa tipo española?

No se dice que vivimos en un escenario donde lo común es el cártel férreo, el monopolio crudo, la contrata apañada, la concesión pastosa, el oligopolio cerril y la subvención grosera. Un mundo donde apenas cuenta la calidad profesional del asalariado, de manera que cuanto menos salario, mejor, sin que esa reducción cause daños colaterales a la empresa. Por lo mismo, cuanto menos se pague a la Seguridad Social o cuanto menos cueste el despido, también mejor, y no precisamente para firmar nuevos contratos como, risas y más risas, se dice-promete.

En una economía liberal de competencia abierta, radical, los contratos de trabajo se deberían rescindir sin más. Como ahora los puede rescindir el trabajador sin tener que indemnizar a la empresa.

En el libre mercado el trabajador es pagado por lo que vale y, claro, la competencia feroz entre las empresas lo beneficia enormemente.

En este mundo cartelizado, sin embargo, un trabajador vale muy poco o nada. Y, por lo tanto, las empresas lo ven como carga sea a la hora de pagarle el salario -cuanto menos, mejor-, la Seguridad Social o el despido. Sólo los pelotas, chivatos, correveidiles, esquiroles y liberados del trabajo merecen mejor consideración, pero no por lo que hacen -son los peores productores, no hay duda-, sino porque resultan clave en las tareas de mantenimiento del orden público -que, por cierto, es privado- en el interior de la empresa.

Por eso en España la productividad es un desastre.

Por eso abatatar el despido nunca producirá empleo.

Por eso con estas mismas leyes en el tiempo de los gobiernos de Aznar se crearon cinco millones de puestos de trabajo.

Por eso el problema no tiene salida, ya que los cárteles son más fuertes aún que el Estado y, encima, lo tienen a su servicio.

Por eso se nos está poniendo cara de argentinos.