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Archivo: enero, 2009

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Valdediós

enero 31, 2009

La operación Valdediós, diseñada hace más de veinte años, formaba parte del gran deporte asturiano: marginar a Oviedo. Nada mejor que articular un contrapoder espiritual a la capital santa. Llegaron a planear allí incluso un panteón de asturianos ilustres dentro del ciclo de cómicas utopías progres de los ochenta y siguientes que acabaron desembocando en la mayor de todas: el «Petromocho».

Eso no quita para que la recuperación del monasterio estuviese más que justificada y que muchos de los actores concernidos fuesen completamente ajenos a la maniobra.

Quienes urdieron la jugada creían que bastaba con la restauración del monasterio, la instalación de una comunidad religiosa y el concurso de unos ciudadanos ad hoc. Ni que decir tiene que los cistercienses eran y son ajenos a toda maniobra y que el prior, el padre Jordi Gibert, es una persona de primerísima.

La plataforma civil falló, porque es imposible que sirvan de apoyo a un lugar santo quienes son en su mayoría descreídos -o, para el caso, aún peor: ateos sobrevenidos, que en su primera juventud andaban incluso con cilicio- y/o que tengan como seña de identidad reírse del Papa, poner a caer de un burro a los obispos, considerar que los católicos comunes son un hatajo de fachas y tal y tal y tal.

El cinturón ciudadano urdido por quienes todo lo traman en Asturias, lejos de apoyar, estranguló el proyecto.

Así las cosas, se puso en marcha in extremis una fase alternativa. Ya que la comunidad es muy reducida, en nada se podrá desamortizar Valdediós y crear allí algo así como un centro de las tres culturas, de la Alianza de Civilizaciones o de la New Age, quizá denominado Val de Gea o algo semejante, que enlazaría con el santuario laico de la Laboral, el nasciturus Oscar Mayer y demás chiringuitos.

Menos mal que don Carlos Osoro ha estado listo. Su decisión, sin duda, es dura y dolorosa, pero se trataba de salvar lo esencial.

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Burguesía

enero 18, 2009

La magnolia japónica, contigua a la escultura que, en el Campo, recuerda al inolvidable Manolo Avello, ya apunta algunos brotes; las mimosas empiezan a amarillear, que en su caso es nacer, y los narcisos, a fin de cuentas flores de invierno, se anuncian sin miedo. Antes, bastante antes de Carnaval, florecerán. Los narcisos, los «daffodils», dan título a uno de los inmortales versos de Wordsworth -el gran poeta de los lagos: ¿llegó a adivinar a Nessie?- donde anota su medicina para la amargura -«entonces mi corazón se llena de alegría y danza con los narcisos»-, muy propia para una jornada que era naturaleza pura, con una fiesta tan cristiana y al tiempo tan pagana: San Antón, y la consiguiente bendición de los animales. Fui hasta la Catedral y, ay, la imagen del santo, en la girola, acompañado de su fiel gochín -genuino animal divino en un espacio de redundancias- no tenía ni un manojo de rosas. Ni siquiera un eco de narcisos.

A lo que iba. El otro día, metidos como estamos en un zarzal de reflexiones -quiénes somos, de dónde venimos, hasta qué abismos endemoniados nos vamos a despeñar…- tuve ocasión de hablar con varios ciudadanos agrupables en torno a Clarín. Los propios Alas, familiares del que fue su médico -y sobrino-, el doctor Martínez, y descendientes de Melquíades Álvarez, el discípulo amado. Alas, Martínez y Melquíades, tres gigantes asesinados por criminales de una y otra España en apenas un año. Pues bien, el nivel intelectual y moral de mis interlocutores, la inteligencia, liberalidad, modestia -y eso que militan en una de las mejores estirpes intelectuales de los últimos 150 años-, trato exquisito, benevolencia… todo apuntaba en un sentido inequívoco: la condición burguesa.

Tal es la carencia de Asturias. No hay burguesía o ha sido relegada al ostracismo. Baste mirar a la actual clase dirigente, plagada de patanes, soberbios, logreros, paranoicos y caraduras.

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Gaza

enero 5, 2009

El Diván y otras orquestas bajo la batuta de Barenboim no han evitado la muerte en Gaza. No se por qué se supone que la música es útil para la paz. Además ¿qué paz si los terroristas de Hamas han lanzado, lanzan y lanzarán, si nadie lo remedia, decenas de cohetes a diario sobre la población civil israelí? Mejor que un alto el fuego, un alto al terrorismo. La causa de la causa es causa del mal causado.

La música, en tal caso, está más del lado de la guerra que en el bando de la paz. Baste recordar aquella anécdota de un embajador chino que a medidos del siglo XIX recorrió las principales cancillerías europeas. Quedó encantado. Todo le pareció excelente. Y cuando insistieron en que señalase algo que no le había gustado dijo: «¿Por qué toda su música es militar?». Mozart, Schubert y tal le sonaban a pólvora.

Recuerdo a Barenboim, en televisión, en los primeros setenta, interpretando la integral de las sonatas de Beethoven. Fantástico. Mejor que con el Diván: la música se lame sola.

Pero con la democracia llegó la telebasura. De aquellos conciertos pasamos al lodazal cotidiano. ¿Cómo es posible? Lo explicó Aristóteles hace 25 siglos: la corrupción de la democracia es la demagogia.

De ahí ZP. Hace un año afirmaba que no existía crisis y prometía pleno empleo. Pues bien, después de ganar las elecciones con esas mentiras masivas, encima dio 25 billones a los pobres banqueros y nadie ha dicho ni pío.

La demagogia lo puede todo. Es inútil luchar contra esa hidra de cien cabezas.

Las movilizaciones deberían orientarse a liberar a los palestinos de los terroristas de Hamas. Pero el mundo, bien se ve, sigue estando al revés y Europa continua enferma de judeofobia. Aun así, feliz duodécima noche, que es como Shakespeare denominó a la vigilia de los Reyes Magos.

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la sonata «Waldstein» de Beethoven, interpretada por Barenboim).