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Archivo: octubre, 2008

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Prohibido despedir

octubre 30, 2008

Sigo a Juan Iranzo, economista, liberal y católico, desde hace mucho tiempo y lo que dijo anteayer en el club de este periódico me pareció tan interesante como materia para discrepar a fondo. A eso voy.

Primero afirmó que en economía se debe intervenir sólo en caso de emergencia pero ¿qué es una emergencia? O peor aún ¿quién determina cuándo se produce una emergencia? Sólo un intervencionista puede razonar así.

Frente a la crisis, propuso bajar impuestos y abaratar despidos porque considera que a mediados de 2009 habrá cuatro millones de parados. A mí me salen cinco en dos años pero aún así ¿se pueden bajar significativamente los impuestos tal y como están las cosas?

Ítem más ¿flexibilizar el mercado de trabajo?

Ahí quería llegar. En buena ortodoxia liberal el despido tendría que costar cero euros. O mejor, las partes al firmar un contrato deberían fijar libremente las condiciones de rescisión, sean cero euros para el contratado o 17.000 millones de pesetas, que fue lo que cobró Corcóstegui. Me da igual.

Lo que no cabe es cambiar las reglas de juego a mitad del partido. Además ¿repartían beneficios las empresas cuando ganaban cantidades ingentes de dinero?, ¿practicaron el capitalismo popular dando acciones a la plantilla? En absoluto o apenas, por eso no cabe abaratar el despido ahora. Si las entidades financieras van a recibir 25 billones de pesetas bajo manga habrá que hacer, simultáneamente, no sólo más rígido el despido, sino sencillamente prohibirlo.

-¡Pero si no se va a destruir aún más empleo!

Ah, el mantra de siempre. Pues no, antes que diezmar plantillas que quiebre el que tenga que quebrar, que ya surgirán nuevos empresarios que merezcan ese título y no caraduras bajo mil paraguas proteccionistas.

La solución, señor mío, es el libre mercado: que las empresas compitan y entonces el despido podrá ser ultralibre. Pero nadamos en oscuros pantanos monopolistas.

Eso es lo que a mi juicio debería haber dicho un liberal y con más razón un liberal cristiano, y valga la redundancia.

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Mangas verdes

octubre 17, 2008

Atención, Zapatero quiere concentrar entidades financieras. Como el asunto no es nuevo, busqué por casa alguna referencia y me topé con «Los monopolios en España», de Ramón Tamames.

En un cuadro con datos de 1965 se recoge la lista de los principales bancos por recursos propios en millones de pesetas. El primero, el Hispano Americano, con 3.883; le siguen Banesto, 3.879; Vizcaya, 3.213; Bilbao, 2.977; Central, 2.796; Urquijo, 1.545, y Santander, 1.072 millones de pesetas. El total de la banca española, 36.687 millones. Lo que es la inflación y cómo, asimismo, ha crecido la riqueza nacional: tiene ahora Blas Herrero más que toda la banca española junta hace 43 años.

A lo que iba, el Santander era el séptimo y se merendó al primero, al segundo y al cuarto, que entonces sumaban diez veces más que la entidad cántabra. Quiero decir que el mercado solito hace esas cosas. El Gobierno no pinta nada, salvo que lo que pretenda ZP sea reflotar cajas de ahorros mal manejadas durante décadas por los políticos.

En cualquier caso, los mercados son insensibles a las medidas gubernamentales, sólo reacciones espasmódicas, así que no aprecio más que intenciones aviesas en la iniciativa de ZP.

Por cierto que en el libro de Tamames hay un listado con los 275 plutócratas con más presencia en los principales consejos de administración. ¿Saben quién bate todos los récords? Ignacio Herrero Garralda, presidente del Herrero, consejero del Hispano, Urquijo y Bilbao, presidente de Hidrocantábrico, Industrias Químicas Asociadas, Derivados del Cok, Unión Española de Explosivos, Abonos Sevilla, Inmobiliaria Asturiana y La Estrella, y vicepresidente de Asturiana de Zinc, Ferrocarriles de Langreo, Duro Felguera, Santa Bárbara, CAF, Euskalduna,… y así, hasta 23 sociedades más. Total:

1) La concentración es muy antigua.

2) Antes tenía apellidos asturianos.

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Decía Marx

octubre 10, 2008

En el otoño de 1857 se desató una crisis económica que, según las crónicas, «empezó con la bancarrota de una entidad financiera de Nueva York y se propagó por Austria, Alemania, Francia e Inglaterra, como los cuatro jinetes del Apocalipsis». Toma paralelismos con la terrible actualidad. Tal golpe teatral hizo que «Marx retomara finalmente el estudio de la economía».

Engels regresó precipitadamente a Manchester y escribió a su amigo: «El aspecto general que ofrece la lonja del algodón es verdaderamente maravilloso. Mis colegas están enfurecidos por mis súbitas e inexplicables muestras de alegría», vamos que el resto de empresarios y ejecutivos textiles se indignaban al ver cómo Engels, fundador de la cofradía de los pijos progres, se alegraba con la ruina de los negocios, el suyo incluido.

Marx se puso como un poseso a estudiar álgebra -en la siguiente crisis estudiaría ruso para entender mejor la comuna agraria oriental- y escribió más de 800 folios hiperenrevesados que no verían la luz hasta 1953, los famosos «Grundrisse», que concluía orgulloso: «He demolido por completo la teoría del beneficio tal como se ha planteado hasta el momento».

La supuesta crisis terminal del capitalismo fue solo un episodio; así que el frustrado revolucionario metido a algebrista, filósofo, economista y lo que hiciese falta, acabó anotando: «No creo que nadie haya escrito nunca sobre el dinero teniendo tan poco como yo». Y es que Marx largaba con una ironía y energía pocas veces igualada.

Estamos viviendo otra gran ocasión siniestra, incluida la línea de los pijos progres que fundara Engels. Solo sabemos que millones de personas van a ver convertida su vida en un infierno y que quizás entremos en una reedición del siglo XX, donde la libertad, acosada por izquierdas y derechas, apenas pudo respirar. Como decía Marx…

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Ñam, ñam

octubre 5, 2008

Cumbre en el Capitolio para consensuar un macro rescate de los bancos norteamericanos en quiebra; cumbre en París entre Francia, Inglaterra, Italia y Alemania para preparar un plan europeo similar; cumbre entre Zapatero y Rajoy para hacer frente a la crisis en España y cumbre y acuerdo por unanimidad -algo verdaderamente insólito por estos pagos- en la Junta General del Principado para… ¡declarar a la fabada y compañía «bien de interés cultural inmaterial»!

No, nunca pude sospechar que bien sembrado de canas llegaría a ver semejante espectáculo que sitúa a la clase política asturiana no ya a la altura de aquella de la vieja Albania sino en el nivel del hombre de Sidrón, caníbal y a mucha honra.

En el poema «Ande yo caliente y ríase la gente» Góngora ya anticipa esta extrema alabanza de aldea y desprecio de corte: «Traten otros del gobierno / del mundo y sus monarquías / mientras gobiernan mis días / mantequillas y pan tierno / y las mañanas de invierno / naranjada y aguardiente / y ríase la gente».

Y sigue: «Coma en dorada vajilla / el Príncipe mil cuidados / como píldoras dorados / que yo en mi pobre mesilla / quiero más una morcilla / que en el asador reviente / y ríase la gente».

Morcilla Areces, chorizo Ovidio, tocino Iglesias y cuarenta y cinco fabes por plato, tantas como diputados, para colmar la felicidad, cumplir la plenitud y saturar la realización personal de los políticos asturianos.

Item más. Hablan de bien de interés cultural inmaterial ¿Qué es eso? Desde Einstein todo es materia incluida la energía: e = m.c2. ¿Ni siquiera Lastra, quizá el único diputado ilustrado, recuerda los géneros de materialidad de Gustavo Bueno? Les fabes, ya que dudosas ¿serían M1 tal cual o M2 solo imaginadas o M3 y sus verdades eternas? ¿O sencillamente M la totalidad que permanentemente se desdobla y reaparece, regresus-progresus, reducida a las partes del compango?

¡Sidrón, vuelve y cómetelos a todos!

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Innovación (risas)

octubre 2, 2008

Innovación es una de las dos palabras mágicas del nuevo milenio. La otra es «felicidad», y ya se sabe que sólo hablan de la felicidad quienes no son felices.

Para el caso de la innovación -y sus réplicas cómicas: I+D+i y tal y tal y tal- hay una ley de oro: sólo se innova si merece la pena. Por eso no estoy de acuerdo con lo que afirmaba ayer en estas páginas el economista Diego Puga: «Para innovar hacen falta incentivos, que se recompense la investigación». Debería haber dicho que la investigación sea recompensada, pero no por los poderes públicos -ayudas, subvenciones y demás muletas a la larga invalidantes-, sino por el mercado.

Dicho a modo de cuentecillo. Juan Asturiano, promotor de lance, compra un prau de diez hectáreas por 50 millones de pesetas, «habla» con el alcalde del lugar, se lo recalifican y lo que servía apenas para pastar unas cuantas vacas pasa a ser un jugosísimo solar donde construir 250 viviendas que de golpe vale 1.000 millones. Así las cosas ¿a qué le suena eso de la innovación a Juan Asturiano? Pues a música celestial desafinada. Muerto de risa, hay que ingresarlo en una uvi porque la palma del ataque de hilaridad.

En una sociedad donde se puede ganar una barbaridad de dinero con sólo tocar determinados resortes -subvenciones, recalificaciones, contratas, subcontratas, concesiones, concertaciones…- es de una comicidad rayana en el esperpento hablar de innovación. Parafraseando a Lenin, ¿innovación para qué?, dirá Juan Asturiano, promotor de lance, capa y espada.

Estamos atrapados entre monopolios y sus corrupciones. Pan para hoy para unos cuantos, y hambre generalizada para mañana. Por eso, y ya a escala global, estoy con Miron y esos 166 profesores de economía de EE UU que prefieren la bancarrota de cincuenta bancos -la ruina del mayor oligopolio del planeta- al rescate que ofrece Bush.