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Archivo: abril, 2008

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Polvos, lodos

abril 7, 2008

Genial, absolutamente genial -incluso mejor que de costumbre, que ya es decir-, el comentario del pasado sábado de Ignacio Gracia Noriega -nuestro Chesterton- sobre aquellos glu glu glu poetas del 50.
Una troupe de señoritos ricos y/o gorrones sobre los que, como dice Gracia Noriega, pesaba la derrota de la guerra, así que «les habría gustado que la ganaran quienes la perdieron, para poder suicidarse a gusto, como Maiakovski, Esenin o Ajmatova, o perecer en un campo de concentración siberiano como Mandelstam».
Y qué decir de la suma de mala conciencia por pasividad culpable y tendencia patológica a la mentira, ya que «por lo menos tres de ellos contaban que habían tenido escondido en su casa a Julián Grimau».

Como indica C. S. Lewis en «Cartas del diablo a su sobrino», la peor pasión es la cobardía porque se convierte en autoodio y en agresiones delirantes para así camuflar la vergüenza propia.
Mismamente, Franco se murió en la cama porque apenas nadie le hizo frente y de tamaño canguelo patrio nació lo que ahora vemos: tres décadas de «autoodio» -hasta el punto de que España resulta insoportable a cientos de miles de españoles- y de invención enfermiza de enemigos tal que los curas.
Recuerdo remotamente una «soirée» del 50 en el Campoamor con tres o cuatro ejemplares sentados en el escenario, evocando sus peonzas, que si una vez perdieron el tren de las doce, pero no el del domingo, sino incluso el del lunes, que si en otra ocasión… el público, arrobado, cada poco aplaudía como si semejantes sinsorgadas sonrojantes fuesen virtuosos solos de una «jazz session». ¡Ay el complejo de inferioridad social ante aquellos megapijos barceloneses!

Para qué seguir. Como vates eran una calamidad, pero con tales mimbres está construido el presente oficial de ignorancia y rencor.

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente «Anábasis», de Tomás Marco).

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Pobre Valdés

abril 5, 2008

Lástima no haber podido asistir a la sesión cómico-electoral que el pasado jueves protagonizaron los candidatos al Rectorado de la Universidad de Oviedo.

Una verdadera lección magistral de demagogia a cuatro voces. Por algo la Universidad de Oviedo no figura ni siquiera entre las 500 primeras del planeta -por detrás de montones de universidades del Tercer Mundo- o celebra sus 400 años cuando van solo 399, demostrando que sus responsables no saben ni siquiera sumar.
El debate, como ayer se informaba en estas páginas, giraba exclusivamente en torno a la cooperación al desarrollo, una cuestión surrealista, si se trata de la Universidad asturiana, porque es una institución subdesarrollada, así que ya me dirán «de un tirano, qué piedad» se puede esperar, que dijo el poeta hablando del amor.
Más aún. Si los ingresos de la misma proceden de impuestos de los ciudadanos, ¿quién demonios da vela a la Universidad para, a su vez, redistribuirlos en la Cuba castrista o donde sea, y al punto volver a pedir más dineros para gastos varios?

Aun así, la cima verdaderamente delirante se produjo cuando un estudiante preguntó si seguirían apoyando investigaciones militares. Los comparecientes negaron conocer esa torpe actividad y cuando alguien precisó que se trataba de la pieza de un carro de combate… ¡ah!, ¡oh!, ¡uy!, menudo juego de exclamaciones y mohínes.

¿Quieren los candidatos al Rectorado cerrar las dos fábricas de armas que hay en Asturias y mandar al paro a 800 obreros?

¿No saben que más de la mitad de la investigación que se realiza en el mundo es de doble uso, luego militar o susceptible de aplicaciones militares directas?

¿Mejor no tener carros de combate ni cazas ni nada y que los yihadistas entren de nuevo por Algeciras, y hala otros ocho siglos de burka, mutilaciones sexuales, lapidaciones de adúlteras y demás gracias progresistas de la Media Luna?

Pobre Valdés Salas, qué arrepentido debe de estar.

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Atlánticos

abril 3, 2008

La inteligencia francesa, que antes era de izquierdas y ahora de derechas -un fenómeno universal, España incluida, aunque aquí sea pecado incluso recordarlo- apuesta por el ingreso de Ucrania y Georgia en la OTAN.

Hace nada, apenas un puñado de años, se hablaba de una nueva guerra fría pero a cuenta de la desestabilización provocada por el creciente del Islam, y valga el juego de palabras que no hace falta explicar, claro.

Ahora, sin embargo, pocas dudas caben de la vuelta de la guerra fría pero en los términos clásicos: EE UU y la URSS, ay, perdón, Rusia.

El otro día, charlando con un ruso que vive en EE UU, -cuando se fue era prácticamente un exiliado- le pregunté si no le parecía que Rusia figuraba otra vez como siempre, en las coordenadas de una gran potencia.

Me respondió que mientras el petróleo estuviese a cien dólares el barril quizá, pero si bajaba, adiós pretensiones. También comentó que el poder nuclear ruso no era comparable al de hace dos décadas.

Razón de más, como quiere la inteligencia francesa, para tomar posiciones en Ucrania y Georgia y para instalar misiles defensivos en Polonia y Chequia, como quiere Bush.

Es interesantísima y por eso apenas se comenta la convergencia entre la inteligencia francesa y la fuerza americana -nótese que no me atrevo a hablar de inteligencia americana en referencia a Bush: no me arriesgo a ser agredido por la calle- y por eso el abismo que se abrió cuando Rusia se hundía se está cerrando.

Efectivamente, cuando el imperio de la Unión Soviética se empezó a disgregar, Alemania se unificó y renació la idea de la gran Europa -más que un mercado unido- y de ahí que desde Berlín y París fundamentalmente se pusieron a echarle un pulso a Washington.

Ay, que poco duran las alegrías en la casa del pobre. Con una Rusia renacida se han acabado las aventuras europeas. Todos a mirar al otro lado del Atlántico. ¿Caerá ZP de la burra?