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15 de junio, 2010

Goleada

Por Javier Neira

Ni decreto, porque pretenden consensuar después las medidas con una ley que será distinta a lo que mañana dispongan, ni reforma laboral, porque lo que se anuncia es un puro churro como ya dijeron los separatistas catalanes, ni empleo, porque así no se crea ni un solo puesto de trabajo, ni huelga, porque la convocarán para después de las vacaciones, lo cual ya lo indica todo, ni general, porque ya me dirán quién va a seguir a los que se autotitulan liberados del trabajo ni nada de nada de nada de nada.

Una farsa más que, estos días, cabalga en el circo de la Roja, muy útil para subir la electricidad, recortar más el gasto social, asfixiar masivamente con impuestos e, incluso, rematar administrativamente el Estatut, que en una de éstas, con la selección llena de concernidos directamente, cae como fruta madura en el descanso de una semifinal.

¿Les parece muy pesimista este discurso?

Pues agárrense. El pasado fin de semana, el economista Marc Faber, en una reunión del Instituto Ludwig von Mises, celebrada en Nueva York, dijo que «los gobiernos están al borde de la bancarrota y harán cualquier cosa para sobrevivir: primero imprimirán dinero y cuando esto no funcione recurrirán a la guerra». Faber, conocido como «Doctor Fatalidad», mide sus predicciones catastróficas por aciertos. Su consejo, ante la que se avecina, es: «Si usted vive en una ciudad, en la próxima guerra le envenenarán el agua, le cortarán la electricidad y su tarjeta de crédito y su transporte no funcionarán. Ni siquiera podrá volver a casa. Así que váyase a vivir al campo, en el medio de la nada, lejos del peligro».

En la sesión hubo un punto indiscutible: vamos de cabeza a la hiperinflación. Traduciendo, el poder adquisitivo de los salarios bajará en nada un 20 por ciento -no soy Nostradamus, pero lo vengo diciendo hace tiempo- así que la reforma laboral, la huelga general, la subida de impuestos y tal y tal y tal son perfectamente inútiles/imposibles. A lo que iba: ¡gooooool de la Rojaaaaaa!

17 de mayo, 2010

Sí, Cascos

Por Javier Neira

Aun a expensas de mañas de última hora, porque los apparatchik son incorregibles –los que manejan o creen que manejan el PP de Asturias–, y los jefes, aun peores –los que pilotan o creen que pilotan el PP de toda España desde Génova–, todo indica que Francisco Álvarez- Cascos será el próximo candidato popular a la Presidencia del Principado.
Bien mirado, será el primer candidato a esa alta magistratura desde que Asturias goza o padece la condición de comunidad autónoma, porque todos los anteriores se presentaban para perder o porque nadie
quería o por las dos cosas o para pasar el rato o…
Menuda novedad, el centroderecha astur por fin va a tener un candidato a la Presidencia del Principado, que es como decir que los liberal-conservadores por fin se creen con derechos y capacidades para gobernar este santo solar. La ocasión no la pintan calva, porque es dramática, y así no cabe hablar de buena oportunidad. Ayer volvió a caer la Bolsa en picado, ya que la clave no está en los durísimos
planes de ajuste que se anuncian –y los que en nada añadirán, aún más crudos–, sino en ZP.Mientras siga en la Moncloa estamos condenados a la peor zozobra, que se ve en los parqués y en todo.
A partir de la crisis tremenda del pasado viernes –estuvimos a punto de irnos al abismo– saltó por los aires la política desplegada por ZP durante seis años.
A partir de la crisis de ayer quizá salte ZP y el lunes estrenemos nuevo presidente del Gobierno. El caso es que la derecha asturiana, a costa y cuenta de Cascos, cree por primera vez en sus posibilidades.Y ya se
sabe que creer es poder, sobre todo, si enfrente no hay más que fracaso, retórica, despilfarro
y cainismo.
A un año justo de las elecciones es inverosímil que para entonces ZP siga en la Moncloa, y ya que Cascos será candidato, ¿a quién le apetece echárselo a la cara? Sospecho que en el PSOE van a empezar a hacer como solía el PP.

15 de abril, 2010

Sin mercado

Por Javier Neira

El debate interminable sobre la reforma del mercado de trabajo está viciado de salida. Nadie se pregunta ¿cuál es la empresa tipo española?

No se dice que vivimos en un escenario donde lo común es el cártel férreo, el monopolio crudo, la contrata apañada, la concesión pastosa, el oligopolio cerril y la subvención grosera. Un mundo donde apenas cuenta la calidad profesional del asalariado, de manera que cuanto menos salario, mejor, sin que esa reducción cause daños colaterales a la empresa. Por lo mismo, cuanto menos se pague a la Seguridad Social o cuanto menos cueste el despido, también mejor, y no precisamente para firmar nuevos contratos como, risas y más risas, se dice-promete.

En una economía liberal de competencia abierta, radical, los contratos de trabajo se deberían rescindir sin más. Como ahora los puede rescindir el trabajador sin tener que indemnizar a la empresa.

En el libre mercado el trabajador es pagado por lo que vale y, claro, la competencia feroz entre las empresas lo beneficia enormemente.

En este mundo cartelizado, sin embargo, un trabajador vale muy poco o nada. Y, por lo tanto, las empresas lo ven como carga sea a la hora de pagarle el salario -cuanto menos, mejor-, la Seguridad Social o el despido. Sólo los pelotas, chivatos, correveidiles, esquiroles y liberados del trabajo merecen mejor consideración, pero no por lo que hacen -son los peores productores, no hay duda-, sino porque resultan clave en las tareas de mantenimiento del orden público -que, por cierto, es privado- en el interior de la empresa.

Por eso en España la productividad es un desastre.

Por eso abatatar el despido nunca producirá empleo.

Por eso con estas mismas leyes en el tiempo de los gobiernos de Aznar se crearon cinco millones de puestos de trabajo.

Por eso el problema no tiene salida, ya que los cárteles son más fuertes aún que el Estado y, encima, lo tienen a su servicio.

Por eso se nos está poniendo cara de argentinos.

15 de marzo, 2010

Voto útil

Por Javier Neira

Las fuerzas en juego eran las mismas antes del accidente de tráfico sufrido por Corrales y la consiguiente dimisión que después. Sin embargo, hasta aquella noche de Comadres el alcalde era del PSOE y, posteriormente, ahora, es del PP. ¿Qué sucedió entonces?

En el océano de pequeños sucesos y anécdotas dizque trascendentes no se encuentra la respuesta. En la teoría de las catástrofes, de René Thom, sí. Por cierto, Thom estuvo hace siglos en la Laboral, en un congreso organizado por Gustavo Bueno: qué diferencia entre aquellas austeras y sesudas sesiones, de verdadero alcance internacional, y el camelancio paleto y multimillonario que ahora se ofrece en el mausoleo de Girón de Velasco.

A lo que iba, una pequeña variación -la dimisión de un alcalde- puede dar lugar a un terremoto -el cambio de signo político en la gobernación del cuarto municipio de Asturias-, según Thom.

¿Cómo es posible? Porque el contexto llevaba tiempo cambiando y la dimisión simplemente permitió que se manifestase la novedad larvada.

Concretando, que es gerundio: no hay ya duda del desplome de las expectativas electorales socialistas en Asturias, sea con Areces o Fernández, y en toda España vía ZP o Pepiño, y de la simultánea mejora de las posibilidades del PP en España, con Rajoy al frente, y aun más en Asturias, con la mera eventualidad de un desembarco de Álvarez-Cascos.

Así las cosas, los pequeños grupos independientes de Siero aprovecharon la dimisión de Corrales para cambiar de caballo y se han ido con el popular Noval. Y los socialistas del SOMA -Llaneza ya demostró hace casi un siglo su maravillosa flexibilidad- han empezado a ponerle la alfombra roja al que fuera general secretario del PP. ¡Ay, si los popes del PSOE astur hubiesen asistido a aquella conferencia de Thom!

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la obertura «Coriolano», de Beethoven).

16 de febrero, 2010

Antroxu

Por Javier Neira

Vivimos en un mundo al revés, de manera que en este Antroxu de hielo toca quitarse la careta. Ahí está, mismamente, la dimisión de Corrales, próximo pasado alcalde de Siero –el cuarto municipio asturiano y el segundo más pujante–, que crea jurisprudencia, así que el alcalde de Grandas de Salime ya está cesando por la cacicada contra Pepe el Ferreiro, y qué decir de la consejera de Cultura que no reconstruye la celda de Feijoo, destruida por su antecesora, y encima firma la purga de Pepe cual Beria, certificando que padecemos un régimen totalitario. No sobra decir que la cacicada le va a costar al PSOE, de seguro, la Alcaldía de Grandas y quizá un diputado regional por el Occidente con consecuencias catastróficas para los epígonos del arezato.
Sí, la dimisión de Corrales va a traer cola, porque, insisto, crea jurisprudencia, así que todo político pillado en un asunto feo no podrá alegar que hay que esperar a los tribunales y tal y tal y tal. La casta, en su versión asturiana, ya tiene un listón nítido y ejemplarizante para hacer medidas justas y de ahí para arriba, compañeru, sean socialistas, entristas –vamos, los de IU– o populares.
El contexto nacional, además, es trepidante, vertiginoso, cambiante y cargado de sorpresas, y benditas sean, porque de seguir así dos o tres semanas más nos reconvierten por las malas en un protectorado _franco-alemán y venga sangre, sudor y lágrimas salvo que un carbayón, como aquel Bernardo del Carpio que derrotó a las huestes de Carlomagno, salga en nuestro auxilio.
Quiero decir que si Juan Carlos I fuese Fernando el Católico, y Rouco, Cisneros, para el Miércoles de Ceniza en puertas, Campa, el nuevo Ullastres, lograría la investidura como presidente del Gobierno. Mientras tanto, recuerde el sabio consejo de la Dirección General de Tráfico: si bebes, no te dediques a la _política.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente el «Réquiem por una libertad imaginada», de Cristóbal Halffter).

15 de enero, 2010

¡Alarma!

Por Javier Neira

Hay cuatro vectores principales de comunicación: carretera, ferrocarril, avión e internet.

Las autovías asturianas fundamentales, si no rematadas lucen muy avanzadas, y la red interna siempre se puede mejorar, pero ahí está, bastante desarrollada.

Las autopistas de la información requieren banda ancha y lo que venga, y en ese terreno Asturias no está mal situada.

En cuanto al ferrocarril y el avión, si se hacen las cosas bien, podremos plantarnos en menos de dos horas en Madrid por tren, y regularmente en una hora larga en París y Londres en avión. Pero ahí el panorama pinta mal o muy mal.

A mi juicio, el AVE no lo vamos a ver nunca -entendiendo por nunca, mediados de siglo-, porque lo que ahora se maneja es pura baraja de palabras para ocultar arteros juegos de manos. La variante de Pajares va a mejorar muchísimo el escenario, que ya ha progresado con los túneles de Guadarrama, pero de ahí a bajar de dos horas hasta Madrid hay muchísimo trecho y ése es el horizonte de competitividad con otras comunidades. Es más, inventar AVE a Europa, Finisterre o Algeciras es una forma burda de escamotear el que cuenta de verdad.

Y ahora peligra el aeropuerto. Deficiencias técnicas, razones geoestratégicas, costes elevados o simplemente el escasísimo peso político de Asturias, encabezada como está encabezada, pueden convertir el aeropuerto de Oviedo -así se empezó a denominar oficialmente y se mantiene en muchas líneas, pero por culpa del morbo cantonalista a estas alturas tiene al menos cuatro nombres, que es como permanecer en el anonimato- en un equipamiento de segunda o mejor de tercera, porque ahora ya está en la serie B, que es casi como desaparecer.

Solución: el Principado debe estar capitaneado por una personalidad fuerte, que se haga respetar fuera y que lidere al conjunto de los asturianos. En nuestras manos está, pero temo que se vuelva a optar por burócratas melancólicos.

15 de diciembre, 2009

Trabajo

Por Javier Neira

Está escrito. La serpiente tentó a Eva, que mordió el fruto prohibido, después se lo ofreció a Adán, que también comió de la manzana y entonces Dios lo expulsó del Paraíso «para que labrase la tierra de donde lo había sacado. Echó al hombre, y a oriente del parque del Edén colocó a los querubines y la espada llameante que oscilaba para cerrar el camino del árbol de la vida». Así fue, lo dice bien claro la Biblia. La mujer siguió al varón. Y la serpiente, todoterreno.

Para el caso, la sentencia divina es bien conocida: «Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron, pues eres polvo y al polvo volverás».

Pues bien, según una leyenda urbana -sin duda cierta y comprobable hasta la saciedad- un día en que los querubines estaban algo despistados se coló una pareja en el Edén. Los muy avispados se reprodujeron -no tenían otra cosa que hacer- y así durante generaciones y generaciones hasta constituir una gens extensísima que ahora es conocida como la de los liberados del trabajo. Operan ocasionalmente en comandita con determinadas submarcas sean sindicalistas, titiriteros, intelectuales conscientes, cejas y vaya usted a saber.

Desde aquella terrible escena del Génesis todo el mundo trabaja porque así es la condena, maldición, orden o bendición, según se quiera ver. Pero como toda regla tiene su excepción ahí está ese colectivo -¡cómo les gusta el término!- que se autodenomina de los liberados del trabajo.

Es evidente que siguen gozando y viviendo en el Paraíso, en su caso es el Paraíso socialista, que trasciende todas las crisis, fracasos, ruinas, hundimientos, naufragios y caídas de muros.

Viven en el cielo, no dan golpe, se autotitulan representantes de los trabajadores y encima apoyan cerradamente a ZP que tiene el récord europeo de enviar obreros al paro que es el infierno.

Tremendo, ¿verdad? Pues son los que mandan.

12 de noviembre, 2009

De Castro

Por Javier Neira

El general Álvarez de Castro encabezó una de las gestas patrióticas más destacadas de la larguísima y honda historia de España: la defensa de Gerona frente al invasor francés. Por estos días, doscientos años atrás, se vivieron los combates más duros. La ciudad capituló el 10 de diciembre. El general, prisionero en Figueras, murió envenenado un mes después.

Pues bien, en Gerona se va a realizar próximamente un referéndum de independencia apoyado por la izquierda separatista y con la abstención -que es la forma genuinamente hipócrita de ayuda- de los socialistas. Y aún el PSOE mantiene la E de España en sus siglas.

Por las malas, los gabachos no consiguieron su objetivo -al final la guerra la ganó España-, pero por etapas, fabianamente, con cuentos y engaños, creando y fomentando grupos separatistas, van a lograrlo, y es que el separatismo en marcha no se traducirá, cuando alcance sus objetivos -están a punto- en la independencia de España, cuanto en la dependencia de Francia. Con los camelos jurídicos que se quiera, es obvio que Cataluña y el País Vasco, si triunfan por fin los separatistas -insisto, están a punto- se convertirán en territorios dependientes de Francia.

La operativa francesa cursa mediante el invento de unos sentimientos nacionalistas/separatistas -hace doscientos años en Gerona daban la vida por España: un test infalible-, pero, sobre todo, fomentando grupos que utilizan esa cobertura para forrarse.

No hay catalanismo que valga. Montilla es un señor de Córdoba y ni habla catalán, pero… su esposa tiene 15 empleos en el ladrillo, el urbanismo y las finanzas. Lo mismo vale para el nacionalismo vasco en todas sus variantes.

El imperialismo francés, tras fracasar con el Ejército, optó por manipular los intereses más groseros y oscuros para alcanzar sus objetivos anexionistas, y a fe que lo está logrando, salvo que surja una figura como el general Álvarez de Castro que sepa combatir la desaparición de España.

19 de octubre, 2009

Premios

Por Javier Neira

Ahora que los Nobel son ya pura carcajada -galardonan a Herta Frankel y su perrita Marilyn, a Obama a crédito…- la ocasión la pintan calva para los «Príncipe de Asturias». Hoy arranca su semana grande.

Un premio siempre es problemático. Si quien lo concede supera al galardonado es inevitable el pestazo paternalista, y si es al revés, el mal olor de autopromoción a costa del premiado. Si yo, pobre pecador, condecoro a Einstein a título póstumo, a la ONU porque sí y a Julio César por la guerra de las Galias, salto de la pura nada existencial a la élite planetaria transtemporal.

Hay que evitar siempre esas dos corrupciones. Los premios «Príncipe de Asturias» representan a la Corona y, por eso, a España. No necesitan hacerle la pelota a nadie, porque, por decirlo en términos propios de patanes, la marca España es de primerísima división.

En cuanto a Asturias -y también expresado con palabras de mesócratas horteras-, no cabe mejor promoción turística, cultural, social y tal y tal y tal.

En la hora de la retirada de Graciano García, director de la Fundación Príncipe, sólo cabe destacar con letras mayúsculas su labor. Los premios los costeó el financiero Pedro Masaveu -olvidado: la envidia es un morbo terrible-, los hizo posibles el general Sabino Fernández Campo y los trabajó, y sigue, el periodista Graciano García.

Hechos los elogios, ahí van las críticas. Se premia por sistema lo políticamente correcto, digo lo progre. Este año, nada menos que al escritor estrella del camarada Enver Hoxa, un dictador feroz. Por no recordar el laurel dado a un terrorista como Arafat o a un plumilla del KGB tal que Kaperucinsky.

Con todo, el gran borrón es el Oscar Mayer. Oficialmente no tiene nada que ver, pero es todo tan evidente como escandaloso, y puede, incluso, acabar con la Fundación. Oremus.

(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente «El hombre y su deseo», de Milhaud).

16 de septiembre, 2009

Turrón

Por Javier Neira

La espantada es espectacular, nunca se había visto nada igual. Los tripulantes más bregados -los mejor informados- son conscientes de que la nave se hunde. Obviamente, me estoy refiriendo al buque de ZP.

Las evidencias se acumulan de forma acelerada. En dos semanas han abandonado su escaño tres ex ministros aún calientes para situarse lo más lejos posible de la debacle inminente; el fuego amigo mediático hace estragos crecientes y la familia Pajín-Puñín arruina la fulgurante carrera política de Leire, porque está ya prácticamente liquidada, así que mejor dedicarse al urbanismo de Benidorm y, de paso, inaugurar una fantástica novedad política: un Ayuntamiento gobernado por trece tránsfugas.

Ni que decir tiene que España se rompe y que la economía está hecha unos zorros. El Gobierno, encima, sube los impuestos. El cortísimo plazo prima. Antes que dejar de pagar la nómina de los funcionarios en octubre vale cualquier cosa, incluso la más dañina a medio y largo plazo. Ahí está mismamente esa ley de Apocalipsis Sostenible.

España no es Cuba -no lo es aún-, todavía existen restos de opinión pública y, además, Francia y Alemania no están dispuestas a que nuestra quiebra nacional y económica las arrastre. Si los más íntimos saltan del barco, es que ZP no va a comer el turrón.

¿Puede hacer algo in extremis? La cacería de militantes del PP ha fracasado, el montaje de una extrema derecha, recién ensayado en Pozuelo, para así dividir a los conservadores, no cuela y meter en la cárcel al subdirector del diario «El Mundo» es puro bumerán.

¿Cómo será el cambio? Suárez se fue de un día para otro sin dar explicaciones. Eso o coaligarse con el PP. No hay más opciones.

Lo que sea, pero así no podemos seguir ni un trimestre más. Para la semana que viene, dicen, está prevista la espantada de Bermejo, Soria y Cabrera. Suma y sigue. ¿Hasta cuándo ZP abusarás de nuestra paciencia?